martes, 25 de febrero de 2014

Harold Ramis: nos deja una gran figura de la comedia

(1944-2014)
Fue uno de los mayores artífices de la comedia norteamericana de los años 80, escritor y director influyente de una generación que es la base del género que hoy conocemos dentro de las parcelas cinematográfica y televisiva. Harold Ramis nos ha dejado con 69 años, víctima de una vasculitis inflamatoria autoinmune. En su camino, que todavía tenía muchas sorpresas que ofrecer, deja la maestría de creaciones inolvidables pobladas por ese tipo de personajes indelebles que superaban el estereotipo del perdedor a base de carcajadas, caracterizando una negativa a aceptar cualquier tipo de reglas, rebeldes destinados al fracaso, pero sin perder de vista esa idea romántica de la transgresión y el divertimento que supone jugar con reglas propias y no con las impuestas. Ése podía ser el paradigma de los antihéroes creados por Ramis.
Como actor, se convirtió en una rostro identificable a mediados de los 70 gracias a sus apariciones dentro programas de variedades legendarios como ‘The National Lampoon Show’, con John Belushi, Gilda Radner y su amigo Bill Murray (a la postre figuras de primer orden en el Saturday Night Live) o Second City TV (SCTV), pero además, a una columna de la revista Playboy titulada ‘Party Jokes’, donde ya sugería un talento fuera de lo común para sutilizar la comedia hasta límites hilarantes e inteligentes. Lo demostraría como guionista de la revolución genérica de finales de los 70 y principios de los 80, con comedias que marcaron una época ubicada en esa melancolía del viaje iniciático al mundo adulto a golpe de buena juerga excesiva y caótica; de su imaginación emergieron ‘Desmadre a la americana’, ‘Los incorregibles albóndigas’ o ‘El club de los chalados’. Y, por supuesto, el ‘El pelotón chiflado’, cinta que encumbraría a Murray y que él mismo coescribiría con Len Blum y Daniel Goldberg. Un punto de inflexión como lanzamiento interpretativo a Hollywood. Aunque como actor, saltaría a la fama dando vida al Dr. Egon Spengler, uno de los componentes de la antológica película de Ivan Reitman ‘Los Cazafantasmas’ (cinta que también escribió junto a Dan Aykroyd y Rick Moranis), saga a la que estuvo unido hasta el final, ya que desde hace años se especuló con el regreso de su personaje junto a los doctores Peter Venkman (Murray) y Raymond Stantz (Aykroyd). Ya nunca será posible esta ansiada recuperación del mito del fantástico ochentero.
Mientras que sus compañeros de reparto, con Murray a la cabeza, se consolidaron como estrellas de la comedia de aquella añorada década, Ramis prefirió dejar a un lado su faceta actoral para dedicarse de pleno a escribir comedias como ‘Regreso a la escuela’, con Rodney Dangerfield (humorista con el que colaboró en varias ocasiones) y ya instarurado como director, con ‘Club Paraíso’ y una comedia que marcaría su trayectoria como cineasta, ‘Atrapado en el tiempo’, infravalorada comedia que supone la mejor muestra de sus dotes como escritor y cineasta y que hoy puede ser considerada tanto como una obra de culto como su mejor filme. Su trayectoría seguiría con ‘Rescate familiar’ y con otras cintas muy valorables como ‘Mis dobles, mi mujer y yo’ o ‘Una terapia peligrosa’, pero que dejarían paso a un cierto declive que llevarían a firmar obras del calado de ‘Al diablo con el diablo’ (plagado de momento de puro absurdo), ‘Otra terapia peligrosa ¡Recaída total!’, ‘La cosecha de hielo’ o ‘Año uno’. Sus últimos trabajos como realizador se produjeron en la comedia televisiva de la NBC ‘The Office’. Como actor intervino, siempre como secundario de lujo, en películas como ‘Un asunto de amor’, ‘Mejor... imposible’, ‘Orange County’, ‘Lío embarazoso’ o ‘Dewey Cox: una vida larga y dura’.
Harold Ramis pasará a la historia del cine como un reestructurador de un género en el que irrumpió con una fuerza comercial sin la que el cine de los 80 no hubiera dado el giro necesario que provocó que la comedia también entrara en los cánones del ‘blockbuster’. “Supe que no iba  a ser un actor cómico de altura cuando coincidí en un escenario con John Belushi por primera vez. Lo mío iría por otros derroteros vinculados a la comedia”, dijo en 1999. Su aportación deja una importante herencia como ejemplar carrera dedicada a este género, surtido de instantes mágicos, alguna obra maestra y la sensación de que ha sido vital para dotar a aquel seminal ‘gross-out comedy’ de un carisma necesario para que sentido cómico adquiriera un humor desinhibido e iconoclasta. Echaremos de memos a Ramis y viviremos con el estigma de si se hubiera producido la improbable ilusión de millones de fans que anhelaban el regreso de ‘Los Cazafantasmas’. Nunca lo sabremos.