lunes, 17 de febrero de 2014

All Star Nueva Orleans 2014: La pachanga de la permisividad, el espectáculo Globetrotter y los récords

Precisamente, hace diez días se cumplían 26 años de un momento que marcaría nuestras vidas. El 7 de febrero de 1988 se producía un acontecimiento cósmico. Se trata de aquel ya lejano All Star que se disputó en Chicago y que irrumpió provocando dos situaciones trascendentales: la reafirmación de que Michael Jordan iba a ser un emisario de instantes de felicidad plena delante de un televisor y que aquel evento se retransmitiera por primera vez en España. Fue el año del concurso de mates en el que Dominque Wilkins mereció ganar a su majestad MJ23 y cuando Larry Bird levantó el brazo sabiéndose ganador con un solo punto ante el rostro incrédulo de Dale Ellis en un concurso de triples memorable. La NBA ha cambiado mucho. Ahora se juega mucho con el físico, los jugadores son más contundentes, pero la diferencia es que todo se reduce a una tendencia casi obsesiva al contraataque. Se meten muchos más puntos porque las defensas no se cuidan tanto como antes, hay muchísimas faltas personales y pese a lo estético, ya no es tan heroico. Cuando aquel tránsito se desvaneció con el lógico paso de los años, la NBA se volvió menos fluida y cambiaron reglas, como la regla de los tres segundos defensivos. Precisamente por eso. O el controvertido 'hand-checking rule' (lo del juego lejos del aro limitando el contacto del defensa). La evolución del juego ha ido claramente hacia una obsesión de efectividad ofensiva del equipo, con mucho 'pick-and-roll' y demás... Todo evoluciona y hay que reconocer que sigue siendo igual de apasionante. La nostalgia puede con todo. En cualquier caso, la NBA sigue siendo un deporte absolutamente fascinante, más allá de que se llame baloncesto o se adjetive de cualquier modo.
El partido de ayer en el Smoothie King Center Nueva Orleans poco tuvo que ver con aquellas reivindicativas noches de baloncesto de antaño. No existió el juego colectivo, ni el desafío de un encuentro disputado. La desidia defensiva provocó todo tipo de lucimientos e individualidades, a lo Globetrotter, sin ningún sentido de la competición más allá de ir sumando puntos de forma ingente. De entrada, se vio que la actitud iba a ser el constante ir y venir de mates consentidos, con ‘alley oops’ de todas las clases y condiciones o de triples sin oposición. En definitiva, una pachanga que apostaba por el show espectacular y lucimientos varios. Los primeros en acaparar la atención fueron Blake Griffin y Carmelo Anthony, que hacían lo que querían en ambos bandos; uno a base filigranas y el otro hinchándose a meter puntos desde el exterior. LeBron James robaba balones y ejerció de saltimbanqui ante un Oeste que no encontró el liderazgo de Durant hasta bien entrado el partido. Era Griffin el que parecía que iba a dinamitar cualquier marca anotación, ya que en el tercer cuarto estaba con 38, a cuatro de establecer el récord individual en esta velada baloncestística que sigue ostentando el mítico Wilt Chamberlain con 42 en 1962. Griffin se quedó en esa anotación, Kevin Durant le igualaría una vez finalizado el partido.
Pese a que la permisividad era total, hubo alternancia en las ventajas del marcador, aunque en la segunda parte el combinado del Oeste apretó las tuercas y lograron abrir brecha en el luminoso. Sin embargo, un invitado sorpresa empezó a hacer acto de presencia entre tanta megaestrella; Kyrie Irving, de forma discreta fue determinando con su actuación ese final apretado que acabó con los números dilatados hasta destrozar todos los récords de anotación. El jugador de los Cavs, con sólo tres años en la NBA y 21 años, hizo una segunda parte de segunda parte de 24 puntos. Acabó con 31 puntos, 14 asistencias y 5 rebotes, destacando ese porcentaje de 14 de 17 en tiros de campo. Obviamente, se llevó el MVP de calle. También brillaron (o ecnhufaron puntos, por decirlo de alguna forma) Paul George con (18 puntos), Kevin Love (13 puntos) o en menor medida Stephen Curry (que debutó en un All-Star Game con 12 puntos) o el MVP del año pasado, Chris Paul con 11 puntos y 13 asistencias.
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Finalmente la cosa acabó 163-155 para la Conferencia 318 puntos entre ambos equipos, un récord que se estableció en 1987, cuando Tom Chambers obtuvo el MVP en Seattle y, tras una prórroga, los combinados de ambas conferencias saldaron el partido con 303 puntos (154-149). Se ha escrito que fue el All Star del relevo generacional en la NBA, pero todos recordaremos este partido no por el juego, ni siquiera por Irving, sino por otros aspectos más prosaicos como que fue el primer All Star en el que los dos equipos jugaron con la controvertida camisetas con mangas o que Violet Palmer se convirtiera en la primera mujer que arbitra uno de estos partidos en toda la historia. También que Trombone Shorty, Doctor John, Gary Clark Jr., Janelle Monaec y Earth, Wind and Fire pusieron una de las mejores actuaciones en el ‘half time’, muy por encima de los que se gastan en la Superbowl y que congregó el genuino saber de los clásicos del soul. Para algo estaban en Nueva Orleans. Por lo demás, otro partido de cara a la galería que demuestra que, definitivamente, los tiempos han cambiado. No para mal, por supuesto. Todo evoluciona y la NBA y este tipo de acontecimientos estelares no iban a ser una excepción.