lunes, 28 de octubre de 2013

Lou Reed, poeta del rock

1942-2013
A principios de los 70 The Velvet Underground dejó de ser la banda de sustrato revolucionario musical, evento representativo de una época de excesos orgiásticos, sadomasoquistas, alucinógenos e irreverentes que abanderaron el espíritu de la generación ‘beat’. Las letras de un grupo que rompió, de repente, los límites influyentes que tantos grupos marcaron durante aquellos años de desenfreno e indisciplina. Y dejó de serlo no por el agotamiento de sus proclamas irreverentes bajo el mecenazgo de otra figura agitadora como lo fue Andy Warhol, ni porque su futuro no siguiera aquella canonización de sus discos ‘White light/White heat’, ‘The Velvet Underground’ o ‘Loaded’, el fin oficial del grupo. El hecho conmocionó al universo musical, fundamentalmente por la marcha de sus integrantes más carismáticos; Nico quería ser actriz y dedicarse al cosmos cinematográfico y John Cale también abandonó la banda por otros derroteros que derivaron en discos en solitario como 'Vintage Violence' y 'The Academy in Peril'.
Lewis Allan Reed, más conocido como Lou Reed, tendría un camino mucho más abrupto y lleno de complicaciones. Después de una serie de malogrados intentos por sacar adelante su desalentada carrera musical, se fue a México a trabajar de camarero y regresó a trabajar con su padre en una empresa de contabilidad. Reanudó su actividad artística animado por David Bowie, que le ayudaría a redirigir su estilo y letras hacia un ‘glam’ mucho más ambiguo y efectista en un disco que resucitó a un poeta musical que iniciaría en 1972: ‘Transformer’, el comienzo de su propia leyenda. El disco fue aclamado por la crítica musical y acabaría por convertirse en un edicto del movimiento gay que luchaba por sus derechos en un contexto de turbulencias y desasosiego. Aquel ‘Walk on the wild side’ pasó a ser un himno que seguía las pautas de un estilo de vida condicionado por las drogas, el sexo y el ‘carpem diem’ que autografía las vivencias del propio Reed dentro de aquella espiral de vicio crápula que supuso The Factory, en una disoluta Nueva York que extendía su nivel con poderosas canciones como ‘Vicious’, ‘Perfect day’ o Andy’s chest’.
A este disco le seguirían los más sombríos ‘Berlin’ y ‘Sally cant’ dance’, donde Reed convoca lo mejor de sí mismo traduciendo y adaptando un estilo sombrío lleno de letras cargadas de tristeza y poesía. Aunque sería el extravagante y radical chute de sintetizadores y distorsiones ‘Metal Machine Music’ y, sobre todo, el más convencional ‘Rock’ n’ roll heart’, sus máximas representaciones de esa expresión artística que acabaría revelándose como lealtad a su instauración como figura clásica dentro del mundo de la música, alejado ya de cualquier efecto epidérmico. Discos como ‘The bells’, ‘Growing up in public’, ‘The blue mask’ o ‘New York’ implican esa condición moral que exprimían sus pensamientos entre las calles de una gran metrópoli en las que lo sórdido adoptaba una crítica de cinismo y acidez. La plenitud de Reed llegaba a principios de los 90 con ‘Magic and loss’, oscurísimo recital que aúna, precisamente, esa tendencia hacia lo inmundo, pero desde un prisma más conmovedora y sensible sobre la muerte, el vicio, la enfermedad y las grandes preguntas sobre la humanidad y su sentido, con recurrente esencia de clásico inmortal, para recuperar esos submundos de suciedad más desfigurada con sus posteriores ‘Set the twilight reeling’ o la más mística ‘Ecstasy’. Reed terminaría perdiendo sus señas de identidad a favor de la admiración literaria a Poe, esgrimiendo un extraño disco que reinterpretaba su obra ‘The Raven’ para culminar con su última gran obra discográfica ‘Animal serenade’, que devolvía al eterno Reed de siempre. La colaboración junto a Metallica en ‘Lulu’ es ya otra historia.
Lou Reed ha fallecido. Pero como se dice en estos casos, ha dejado su legado en forma de discografía que encumbró su efigie hacia el olimpo de los elegidos.

jueves, 24 de octubre de 2013

Moda 'running': Si se corre, que sea para algo

Correr es una actividad que prolifera cada día en una sociedad desquiciada por la línea y la pérdida de peso. Es barato, bueno para salud y una fuente de vida que provoca cierto credo adictivo que se percibe alrededor de nosotros. Si nos fijamos bien, sea la hora que sea, siempre hay alguien corriendo. Otro día podríamos analizar las formas de correr. Las carreras populares afloran como hongos, hasta el punto de la obsesión. También simbolizan una metáfora de los actuales tiempos ¿correr como una huida hacia ningún sitio? ¿hacia dónde corren tantos pronadores y supinadores?
Una faceta de esta tendencia en boga que ausculta la locura humana es la combinación de las galopadas a dos pies con el ímpetu de trascender en la historia con absurdos retos y marcas inverosímiles. La grandeza del ugandés Stephen Kiprotich (ganador del último maratón olímpico) no tiene cabida en estas líneas. Hay gente que tiene metas mucho más sugestivas que estar en forma, definiendo esta predisposición a correr desde un prisma más rocambolesco y menos ordinario. De ahí que haya gente, como Kumar Phani se hiciera 22.581 km. en un año, Ricardo Abad, capaz de correr 366 maratones consecutivos, Erwin Valdebenito con 248 kilómetros en 24 horas, Leilani Franco, la persona más rápida del mundo corriendo más de 20 metros en poco menos de 10 segundos con la espalda doblada hacia atrás o el neoyorquino Ashrita Furman, un todoterreno con marcas inverosímiles en carreras haciendo malabares con palos de billar, con una persona de su mismo peso a la espalda o botellas de leche sobre su cabeza sin derramar una sola gota.
Si el pasado julio Jonathan Rice corría los 1.500 metros más calurosos de la historia vestido de Darth Vader en el parque nacional del Valle de la Muerte, el último en unirse a este olimpo para los elegidos es David Babcock, un profesor de diseño gráfico de la Universidad de Missouri que ha fundamentado sus capacidades para la habilidad y la resistencia acreditando una experiencia imbatible al tejer mientras corría una bufanda de más de doce metros en la maratón de Kansas City, que logró finalizar en 5 horas, 48 minutos y 27 segundos. Son ejemplos de superación que escapan a esa visión aburrida que algunos tienen de vestir atuendo deportivo, calzarse unas zapatillas y ejercer de lo que hoy se conoce como ‘runners’, cuyos desafíos van más allá del simple hecho de sincronizar sus trayectos en las redes sociales, inhibir el dolor ante la fatiga, acrecentar la producción de dopamina o participar en carretas solidarias.

Un par de vídeos

Compilación de algunos de los vídeos aparecidos en los medios regionales sobre las secciones integradas dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) 'Programa QUERCUS', compuesto por los cortometrajes '3665', de Miguel Á. Refoyo, 'The Acrobat', de Gerardo Herrero, 'Ancestral Delicatessen', de Gabriel Folgado, 'Avec le temps', de Iván Díaz Barriuso y 'Rara Avis', de Javier Díez Martín y, a competición en 'Castilla y León en Corto'; 'El lado frío de la almohada', de Herminio Cardiel, 'Lo sé', de Manuela Moreno, 'Los dinosaurios ya no viven aquí', de Miguel Ángel Pérez Blanco, '¿Demasiado corazón?', de Jorge Villa Romero y '3665', de Miguel Á. Refoyo. Ambos eventos tuvieron lugar el 21/10/2013 en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho de la UVA.
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NPPC Estudios entrevista a un servidor y a uno de mis socios, Asier Guerricaechebarría, en Cortópolis, en la sesión de Septiembre del 2013, en los cines Kinepolis de Madrid. Un vídeo del gran Jesús M. Gómez.

lunes, 21 de octubre de 2013

'3665', por partida doble en SEMINCI

Hoy en un día especial, como lo fue hace nueve años, cuando ‘El Límite’, nuestro anterior trabajo, tuvo un pase especial que tuvo lugar en Festival Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI). Nuestro cortometraje ‘3665’ se proyecta por partida doble dentro de la 58ª edición del certamen vallisoletano. Por una parte, será presentado como uno de los cinco finalistas del primer catálogo Quercus, patrocinado por la Consejería de Cultura y Turismo, que ha nacido como iniciativa de la Coordinadora de Festivales de Castilla y León (Feccyl) para impulsar los mejores trabajos cortometrajísticos de la comunidad. Además de ‘3665’, también otro salmantino y un gran amigo, Javier Díez, estará presente en esta selección de cortos con ‘Rara Avis’ que, junto a ‘Ancestral delicatessen’, de Gabriel Folgado, ‘The Acrobat’, de Gerardo Herrero y ‘Avec le temps’, de Iván Díaz Barriuso conforman este compendio de trabajos del sector audiovisual castellanoleonés cuyo objetivo final es su distribución en más de un centenar de festivales nacionales e internacionales.
El Festival de Cine de Valladolid tiene algo específico, un elemento de apuesta por el cine de autor que caracteriza y define su espíritu y su naturaleza. Hace años, también acudí a varias ediciones en calidad de enviado especial para cubrir toda una semana de películas que difícilmente serán accesibles para el gran público o se estrene en salas comerciales. El certamen de Valladolid es diferente, con una idiosincrasia y honestidad que lleva siendo su seña de identidad desde hace décadas. Y eso hace que el hecho de que ‘3665’ se exhiba en dos secciones diferentes dentro de su marco se convierta en un privilegio. SEMINCI debe ser un punto de encuentro obligado para todo amante del cine y una oportunidad única para los habitantes de la comunidad.
‘3665’ también participará en la sección oficial competitiva ‘Castilla y León en Corto’. Por quinto año consecutivo Seminci exhibirá cinco títulos dirigidos por realizadores nacidos en la comunidad; ‘El lado frío de la almohada’, de Herminio Cardiel, ‘Lo sé’, de Manuela Moreno, ‘Los dinosaurios ya no viven aquí’, de Miguel Ángel Pérez Blanco y ‘Demasiado corazón’, de Jorge Villa Romero optarán junto a nuestro trabajo al premio del mejor cortometraje regional. Ambas secciones tendrán lugar en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid (Plaza de la Universidad, s/n) en dos pases únicos: a las 17:00 (Quercus) y a las 19:00 (Castilla y León en corto’). Toca vivir una jornada inolvidable en la vida de uno de los festivales más importantes de la cinematografía patria y de trascendencia internacional.
Allí os veo, amig@s del Abismo.

jueves, 17 de octubre de 2013

'El Resplandor', en 8-bits

La fiebre por ‘El resplandor (The Shining)’, una de las muchas obras maestras de Stanley Kubrick, multiplica la fascinación e hipnotismo que ha despertado desde su rodaje esta película de terror plagada de iconos, simbolismos y percepciones de toda índole. De hecho, en este mismo blog ya se aludió hace un tiempo a esa extensa mitomanía que existe en la red (y en el mundo en general), que culminó con el insólito e irregular documental ‘Room 237’, de Rodney Ascher, de sus elementos sugestivos y de las asfixiantes metáforas y compendios psicológicos que encierra la cinta de Kubkick.
A ello se une esta curiosa versión creada por CineFix que adapta toda la narración de Stephen King a la nostalgia de los 8-bits, donde a través de los personajes de Danny, Wendy y Jack Torrance se recupera todo el universo iconográfico del filme convertido en un juego ochentero que confluye en una extraordinaria amalgama de recuerdos de ocio y cinéfilos dentro de un virtual hotel Overlook.

martes, 15 de octubre de 2013

Review 'Gravity (Gravity)', de Alfonso Cuarón

De la ingravidez al renacimiento
Con su poderosa sugestión lírica y simbólica, Alfonso Cuarón crea una sorpresiva experiencia sensorial de acción estremecedora, inventiva formal y una descompensada narración intimista sobre la lucha contra la adversidad.
Los trece minutos del plano secuencia que abren ‘Gravity’ transgreden todas las leyes lógicas de la fluidez y el movimiento cinematográfico de una cámara que circula con una perfección geométrica, describiendo un contexto conocido pero ajeno como es el espacio exterior. Alfonso Cuarón emerge como un visionario que capta a un nivel superior esa sensación de levedad, deslizándose por el infinito, siendo capaz de girar 180 grados para introducirse en el punto de vista subjetivo de uno de sus personajes y mirar a través de sus ojos. Con un dominio asombroso del dinamismo y la coreografía, introduce sin respiro al espectador en la desorientación de un ámbito silente, pero a la vez tan inquietante y absoluto que provoca una amenaza de terribles consecuencias. En esta exposición inicial, se va produciendo la progresiva tensión que acumula una sensación de desazón que no se abandonará en todo el metraje.
Conocemos así, en breves pinceladas, cómo un equipo de la NASA del transbordador Explorer ha sido enviado a reparar el telescopio espacial Hubble. Se cataliza la atención en dos de ellos, Matt Kowalski (George Clooney), un veterano cosmonauta en su última misión espacial y la ingeniera médico Ryan Stone (Sandra Bullock), en su primera intervención fuera de los contornos de la atmósfera terrestre. “Houston, tengo un mal presentimiento sobre esta misión”, sugiere el primero en una de sus conversaciones con la base. Y así es. La información acerca de que los residuos metálicos de un satélite espacial que ha sido destruido se dirigen hacia ellos no tarda en anticipar la catástrofe, dejando a ambos al amparo de la supervivencia espacial sucumbida a las continuas reacciones en cadena que proveerán los instantes de acción de la cinta. Hasta ese momento, Cuarón opta por un ejercicio de realismo fantástico antes que por la ciencia ficción como tal, creando una escala de emociones galácticas establecidas en la continuidad visual que provocan la tensión y el miedo a la Nada, descrita con una autenticidad fuera de toda regla. La verosimilitud es tal que llega a ser totalmente incómoda para el espectador, sumergido en la acción y compartiendo en todo momento el reto de sobrevivir en el espacio, voluble ante esos fragmentos meteóricos amenazantes.
En gran parte, ‘Gravity’ fundamente su seña visual en la dirección prodigiosa que cultiva un empleo del 3D modélico, jugando desde la multiperspectiva casi imposible a la hora de diseccionar la naturaleza del movimiento como pocas veces antes un cineasta había mostrado. Esa exactitud, la metodología que hace funcional y tan sugestivo el contraste extremo entre la serenidad del espacio vacío y la violenta llegada de amenazas, refuerza la grandeza con un extraordinario diseño de sonido que matiza el silencio sepulcral y la respiración nerviosa de la doctora Stone con la belleza contemplativa y suspense escalofriante que emana la fotografía de un Emmanuel Lubezki, que llegó a idear un sistema innovador de iluminación LED denominado ‘Sarcophagus’, una caja de luz que simulara a la perfección la iluminación de la ionosfera. Con ciertas resonancias del Gran Maestro Kubrick, procurando evitar el hermetismo de aquél, Cuarón acepta el reto de negarse a la aceptación de límites a la hora de filmar esta aventura llena de sobresaltos.
‘Gravity’ toma como eje central al personaje de Bullock, una heroína abandonada a su suerte desde el primer envite, cuando se rompe el resorte tanto de la estación espacial como de su compañero ante un azar poético donde las casualidades de la mala suerte intimidan con su silenciosa presencia y se corporeizan esa forma de lluvia de restos de satélites que van y vienen en el espacio. Se trata pues de encontrar una forma de volver a casa, enfrentándose a la adversidad en desafíos que podrían representar las etapas de la vida que hay que superar para llegar al reencuentro y al redescubrimiento personal. La evidencia dramática se expone como un trauma insuperable ocasionado por la muerte de la hija pequeña de la astronauta. Ryan permanece muerta en vida antes de que suba al espacio. “Me levanto, voy al trabajo y conduzco”, afirma en un par de instantes. Y en ese terrible marco de soledad, sin subtextos, evidenciando intenciones viscerales sin coartadas, donde Cuarón pretende interpretar la pequeñez del ser humano en el Caos que supone ese indomable vacío del Cosmos. Es entonces cuando el efecto espiritual que tiene la muerte se trasforma en la nada de ese horizonte oscuro que es el espacio. Y la Tierra, en su otro extremo más dominante, simboliza el Todo, la vida. Es la máxima que los Cuarón (padre e hijo, autores del guión) en su objetivo por explorar, desde el plano filosófico, un universo incognoscible a partir de la perspectiva humana. De hecho, todos los mimbres narrativos se fraguan en un fondo de vulnerabilidad de un personaje angustiado por esa herida incurable que no ha logrado superar y que debe luchar por salir adelante, recuperando la voluntad de vivir en una situación límite en la que encuentra los medios para no caer en la derrota.
Hay imágenes de poderosa sugestión lírica y simbólica, como ese intermedio de descanso vital tras superar los primeros desafíos, en el que Ryan gravita en posición fetal, regresando al génesis de la vida, con el efecto de fluidez del útero materno. Todo encauzado hacia un final que revela una intención dramática como un arquetipo metafísico, algo quebradizo y arquetípico, vislumbrado desde sus primeros pasos, en una metáfora de un renacimiento hacia una nueva vida tras la superación de un inexpugnable drama, donde hasta la alegoría amniótica desencadena en un renacimiento de tintes evolucionistas; la vida desde el espacio, readaptando su condición al medio acuático y emergiendo hasta la Madre Tierra para florecer de nuevo como una vida encontrada como ejemplo de superación, de intimidad dolorosa, culminada frente a probabilidades casi insuperables.
No obstante, a pesar de la solidez interpretativa de una Sandra Bullock excepcional y un carismático Clooney que ejerce de reposo cínico y humorístico ante la tensión insostenible, ese juego de profundidad espiritual, toda la miscelánea artística de inventiva formal, acción estremecedora y narración intimista acusa en exceso una cierta descompensación debido a que los Cuarón no logran golpear al público con la exposición de un drama un tanto simplificado, demasiado ostensible y tan poco sutil ante la desgarradora montaña rusa de sensaciones visuales que propone la acción. Lo que hace de ‘Gravity’ una experiencia sensorial a medias, tan hipnotizante como carente del relieve sentimental buscado y que se da con fugacidad en instantes como en la quietud del interior de una estación rusa en la que la desesperación se rompe con una transmisión perdida con un esquimal, al escuchar a un perro o el llanto de un bebé, cuya familiaridad incomprensible estimula a la mujer con un espejismo que invoca la tenaz insistencia de permanecer con vida antes que dejarse vencer por el desértico vacío espacial. Nadie va a negar a esta extraordinaria cinta el cúmulo de virtuosismos técnicos que hace de ella un referente desde el mismo día de su estreno, aunque hablar de obra maestra total o milagro fílmico sea excesivo, incluso para uno de los mejores y más sobresalientes espectáculos del año 2013.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2013

lunes, 7 de octubre de 2013

Análisis PES 2014: la gran decepción de Konami

Mucho se había hablado del nuevo PES 2014, de ese espectacular motor gráfico basado en el sistema Fox Engine revolucionario tanto a un nivel de movimientos como a la jugabilidad. De entrada, todo parecía un erial de buenas sensaciones lanzadas como un aparente salto de calidad, manifestando la convulsión total dentro de esta generación de juegos futbolísticos abanderados por los dos grandes colosos KONAMI y EA Sports. Este nuevo Pro Evolution Soccer estaba destinado a cambiar el signo tecnológico en este tipo de juegos de ocio; que si trueBall tech, que si una ID realista hasta el paroxismo, que un sistema M.A.S.S. de pugnas desafiantes para exaltar las confrontaciones entre los equipos, una física de un balón nunca vista hasta el momento y varias novedades que el público ansiaba ver. Iba a ser un lujazo.
Pues bien, una vez jugado y analizado, el juego evidencia notables deficiencias. Y vamos a adelantar la sentencia, bastante decepcionante. Gráficamente las mejoras siempre son el incentivo de un clásico que evoluciona de una forma tremendamente irregular. De entrada, la remodelación del interfaz y el menú principal cada año acredita que no tienen muy claro qué es lo que al usuario puede beneficiar o no. Obviamente, KONAMI ha preferido comerciar con la grandeza de ese Fox Engine antes que pulir y renovar errores pasados ¿Qué sentido tiene apostar por un control total de los jugadores si estos no tienen la suficiencia para moverse de un modo satisfactorio? ¿Por qué cambiar el dominio del portero haciendo de él una versión todavía peor que sus antecesores? ¿Dónde está el árbitro para detener el juego después de faltas incuestionables que perjudican tanto al jugador como al juego? ¿Por qué de cada seis disparos a puerta dos van al palo? ¿Por qué antes las faltas eran tan complicadas y ahora son excesivamente fáciles? ¿Es tan difícil evitar que los defensas sigan cometiendo fallos por su nulidad a la hora de responder a los lances del juego? ¿Ahora cuál es la razón de que los laterales lleguen con gran facilidad al delantero que se ha desmarcado? ¿Alguien ha metido un gol de cabeza este año? ¿Por qué la interactividad es tan decididamente nula?
No es todo. La ausencia de algunas licencias de equipos y ligas, de esos estadios que el año pasado eran el referente de sus ventas, su horrorosa selección musical, la eliminación absoluta de la Comunidad Offline (una de las grandes decepciones de 2013), desatendiendo los ruegos de sus ‘gamers’, evidencian una falta total de interés respecto a todo aquello que puedan mejorar en un detritus que provocan el descontento de aquellos ilusos que han comprado su producto, incluso férreos defensores de la saga. Si es que, ni siquiera han sido capaces de que llueva en un estadio. La sensación de prototipo lleno de bugs es la tónica general de este nuevo PES 2014, dejando la evidencia de que han vendido un juego a medio a hacer, inacabado, esperando que en los foros y en páginas especializadas hagan su trabajo. Como esas caras de chiste absurdo homogéneas y sin sentido. Más que un paso atrás, es una incomprensible negligencia por parte de los creadores de este simulador de fútbol.
Al fin y al cabo, detrás de mucha innovación de sistema jugable y la adquisición de licencias de ligas latinoamericanas, PES 2014. Por mucho que KONAMI este año haya intentado modernizar la funcionalidad del ‘next-gen’, dejando algunas sensaciones de mejora que se establecen en una base prometedora (como la pugna corporal), ha subordinado el control y la jugabilidad a la gestión animada y con ello, el temido ‘input lag’, haciendo un juego trabado, con melés cada tres segundos, el peor de los últimos años. Perfecto ejemplo de trabajo sin hacer, de un juego incompleto, con prisas y desdibujado por la frustración de un ‘gameplay’ que no está a la altura.

martes, 1 de octubre de 2013

'La casa de bambú (House of Bamboo)', de Samuel Fuller: Retazos del gran maestro

Este mes de octubre tengo un objetivo claro y que no puedo dilatar más: revisar y redescubrir toda la filmografía de ese director de culto y predilección particular que es el gran tótem Samuel Fuller, el pequeño gran Sam, ese Dios cinematográfico al que tanto admiro e idolatro. Un férreo objetivo que a buen seguro voy a disfrutar como nunca. Todo ello viene provocado por haber rescatado hace pocos días ‘La casa de bambú’, una de sus muchas obras maestras. En un pequeño retazo memorístico pude recopilar mentalmente la historia del sargento Kenner, de cómo en su comienzo intenta amenazar a un pobre japonés para que le pillen y así infiltrarse en la banda de Dawson, un soldado estadounidense desmovilizado en Tokio que dedica a la delincuencia organizada. Es admirable la forma en que Fuller contenía una violencia que parece que está a punto de saltar por todos lados, una violencia seca, sin ningún efectismo. Disfrutar de esa secuencia final en el parque de atracciones (no sólo Hitchcock sabía finalizar sus películas en sitios de altura que pasaran a ser legendarios), en la que Dawson muere de un disparo certero, es volver a sentir el cine en estado puro. Sin embargo, hay que enfatizar la relación que se establece entre Keener y Mariko; ella creyendo que es Eddie Spanier, un amigo de su marido, él sabedor de que sus intenciones van por otro lado. Ese acercamiento entre los dos, esa fidelidad y amor latente es lo mejor de la película. Como la utilización de ese eterno nombre que fluye en toda la filmografía de Fuller: Griff.
Fuller llegó a decir varias veces de la secuencia de máximo apogeo de violencia entre Kenner y Dawson que se trataba de “una secuencia de violencia y erotismo entre dos hombres”. Y así es. Revisar esta cinta ha revitalizado sensaciones apagadas, inspiradoras. Dejarse embaucar por este cineasta que, más allá del célebre autor, es un mito reivindicable tan controvertidamente político como brillante cineasta considerado maestro de maestros sin el que el cine no tendría la grandeza que tiene, es todo un lujo. Sam Fuller consideraba Estados Unidos como un hervidero donde el racismo, el patriotismo, la guerra nuclear, la locura y la perversión sexual se mezclaban en un polémico visionario capaz de retratar parte de la Historia de su país con una feroz vena crítica. Es hora, por tanto, de hacerle la ofrenda que se merece. No sólo volviendo a desempolvar su mítica obra, si no para dedicarle unas cuantas líneas que este blog le debe, porque desde que recuerde, Fuller siempre fue un referente en las conversaciones familiares.
Ya estoy deseando involucrarme bajo la perspectiva de este genio dentro de los márgenes de la II Guerra Mundial, revivir aquellas ínfulas periodísticas de adolescencia que suscitaron, entre otros referentes, Park Row, explorar el western como nadie supo, reflexionar sobre su mirada frontal hacia el racismo soterrado y la violencia, su devenir antiacadémico y libre y regodearme con la locura, con el cine, con la vida y, por supuesto, con Balzac.
Quedaos con esa cita que religiosamente me viene a la cabeza nada más empezar a escribir un guión y que proviene de la sabiduría eterna de Fuller “cuando no notes que con la primera página de tu guión se te pone dura, tíralo inmediatamente a la basura”.
Amén.