martes, 30 de abril de 2013

LIDL: El temible universo del 'hard discount'

No sé qué clase de perversa naturaleza poseen la cadena LIDL, pero vienen a ser como los supermercados del fin del mundo, aquéllos destinados a acoger en sus pasillos a la mayor cantidad de gente rara por metro cuadrado. Gente apocalíptica que vaga por las secciones de este centro con la mirada perdida, buscando el precio más barato, que te mira mal porque cree que estás invadiendo su terreno, su páramo de disimilitud comercial. Hay de todo; gente que camina con bermudas cuando en la calle el termómetro marca dígitos por debajo de cero, señores de ochenta años que se pasean del brazo de espectaculares señoritas, amas de casa amenazantes que compran varios lotes de cuchillos de oferta, orondos caballeros que gustan de las virtudes de la cerveza alemana tirada de precio y aprovechan el viaje para comprar varias unidades de salchichas de kilo, tíos de bigote rizado aficionados al bricolaje, fulanos con enormes gafas de culo de vaso oliendo comida, inexplicables matrimonios apilando comida de forma ingente… Todos ellos unificados bajo una fisonomía inaudita, a veces grotesca, rara e inquietante.
Es como si la gente más extraña de la ciudad hubiera encontrado su lugar o formaran una sociedad secreta. Las cajeras parecen auténticas acémilas campesinas húngaras deseosas de cobrar por bolsas, ajenas a la atención del cliente, mecánicos cyborgs funcionales. LIDL corrompe la idea del término supermercado. Ya no es el típico establecimiento comercial de venta al por menor en el que se expenden todo género de artículos alimenticios, bebidas, productos de limpieza, etc. LIDL es el punto de congregación de aquellas personas que viven al día en las ofertas de productos a bajo precio, que han encontrado su lugar de ocio, su comercio predilecto, el recinto donde pasar las tardes en busca de ese artículo inspirador a precio de saldo.
Obviamente, no estoy diciendo que todo aquel que compre en un LIDL se ajuste a esta estrambótica idea de supermercado como fenómeno paranormal o universo paralelo. Sin ir más lejos, yo también me acerco esporádicamente a este espacio. Y lo hago para comprar, única y exclusivamente, agua. Reconozco que no he encontrado otra que esté a la altura de calidad, gusto neutralizado, transparencia pura y precio económico. Cuando voy, suelo adquirir del orden de 20 garrafas de 6 litros. Es la única manera de asegurarme el líquido elemento por unas cuantas semanas y poder evitar ir periódicamente al LIDL.
Lo extraño es que con un carro entero lleno de garrafas, con ésa visión de alguien directamente sacado de la película ‘The Faculty’ acarreando tal cantidad de agua, me convierte, a los ojos de cualquiera, en otro extravagante ser de esta familia de ‘freaks’, de gente extraña y de ‘cazaofertas’. Sin quererlo, ellos te observan de otro modo en el instante en que continúas cargando el carro del mismo modo en que lo harías si una catástrofe asolara la Tierra. Las miradas de reprobación se transforman en absurda complicidad. Ya eres uno más. Has pasado a formar parte de la cofradía de la cadena de supermercados de descuento y gente insólita. Es el pago que hay que hacer por beber el agua que te gusta. Es el mundo del ‘hard discount’, el paraíso de las marcas blancas. Simplemente, otro punto de vista en el microuniverso que forman espacios como Hipercor, Mercadona, Carrefour, Día, Gadys, Alcampo o Eroski.

viernes, 26 de abril de 2013

Un capítulo sobre Vic Mackey

“Estamos ante un personaje cuya descripción podría equipararse a la de un bulldog adiestrado para atacar y morder, seguro de sí mismo, arrogante y cínico con el mundo que le rodea. Su excepcional inteligencia es su mejor cualidad, por encima del dominio físico que impone al abordar situaciones en las que tanto la sutilidad como el hostigamiento psicológico son armas afiladas en la arrolladora presencia de este detective. Su porte embrutecido, su mirada iracunda, esa sonrisa maliciosa y el cráneo afeitado no se corresponden a los atributos de ningún arquetipo televisivo de agente de la ley precedente. Vic Mackey es distinto, es especial”.
Es un minúsculo fragmento del largo trabajo que me ha tenido ocupado durante las últimas semanas, en las que he estado enfrascado en un proyecto colectivo que tendrá como consecuencia la publicación de un libro titulado, provisionalmente, ‘Los héroes están muertos (Heroísmo y villanía en la televisión del nuevo milenio)’, coordinado por J.J. Vargas y que aglutina a un buen puñado de reconocidos nombres que examinan desde múltiples perspectivas analíticas diversos personajes y series catódicas de los últimos años. Inconsecuentemente, yo estoy ahí. Cuando me ofrecieron la posibilidad de retratar a un personaje, el amigo Vargas, que me conoce bien, lo tuvo claro: tenía que ser Vic Mackey. He tenido que volver a revisar una de las series más importantes y trascendentes de la historia catódica, reencontrándome con todos sus personajes. Vivir de forma apasionada ‘The Shield’, creada por Shawn Ryan, es una experiencia que no se puede olvidar en la vida. Ahora que he acabado el trabajo, me siento huérfano de esa adicción adrenalítica que te deja una serie irrepetible. Ha sido un placer diseccionar a Mackey y ahondar en su compleja personalidad. Todo un reto. Nunca ha habido ni habrá un personaje tan poliédrico y apasionante como Vic Mackey. Por eso, me siento especialmente contento con el encargo y, porqué no, con mi aportación al libro.
Ya os iré informando, aunque esto tardará. Como todo en mi vida.

jueves, 25 de abril de 2013

Marc Gasol, jugador defensivo del año en la NBA

Los medios nacionales absorbidos por esa constante mercantilización del todopoderoso fútbol relativiza en muchas ocasiones, gestas más importantes que merecen la primera plana de las páginas deportivas por lo sacrificado e importante del hecho en sí. Me refiero al merecido premio que la NBA le ha otorgado a Marc Gasol como mejor jugador defensivo del año. Una hazaña heroica que sitúa al implacable pívot de los Memphis Grizzlies entre los grandes baluartes de la mejor liga del mundo. Hace mucho tiempo que dejó de ser “el hermano de Pau” para convertirse en uno de los jugadores más importantes de la liga. Su crecimiento tanto físico como mental ha fortalecido su capacidad de reacción, en la pugna del cuerpo a cuerpo, su inteligencia a la hora de ayudar al equipo en la custodia de la zona.
Sin ser un gran ‘blocker’, Marc sabe ejercer de líder en un equipo al que capacita con su ratio de producción de juego tanto defensiva como ofensivamente. Los menos de 90 puntos en contra de media anotados por encuentro dan una idea del potencial de este equipo que abandera un Gasol que ha ganado en confianza, en capacidad para leer el juego, en visión a la hora de ejecutar los ‘pick-and-roll’ y ayudar con una solvencia fuera de lo común. Su progresión tiene un aliciente con este merecido premio. Marc comparte desde ayer un lugar privilegiado en la historia de la NBA junto a nombres como Michael Jordan, David Robinson, Hakeem Olajuwon, Dikembe Mutombo o Ben Wallace. Todo un hito.

miércoles, 24 de abril de 2013

El organigrama de las teorías conspiratorias que “ELLOS” no quieren que veas

En estos tiempos de crisis e incredulidad, las teorías conspiratorias y las filias que despiertan esta tendencia hacia una postura más radical y escéptica sobre la retórica y la realidad que muestran las versiones oficiales de que gobiernos y los medios de comunicación difunden sobre diversos hechos relevantes dentro de la sociedad están cada vez más de moda. Aquellos que se emocionan con todo lo relacionado con HAARP, los Illuminati, Talent, SURA, ITER, Bilderberg, Nuevo Orden Mundial, etc… O incluso con esto otro, aparecido esta misma semana a buen seguro pasarán un buen rato con el completo árbol genealógico u organigrama elaborado por Crispian Jago, que pretende aglutinar un abanico de posibilidades conspiranoides adaptadas a muchas corrientes y teorías. Si eres uno de ellos, seguro que aquí encuentras una ideal acomodada a tus necesidades.
Sigue siendo curioso, no obstante, la idea de convencer a un amante de las conspiraciones de lo contrario se presenta como una labor impracticable, debido a que cualquier prueba que pueda desmontar su teoría conspiratoria puede ser utilizada como una prueba en sí misma que corrobore la existencia de tal conspiración.
¿Nos están ocultando la realidad? Quién sabe.
Para ver el mapa a máxima resolución, aquí.

jueves, 18 de abril de 2013

Review ‘Side by Side: El impacto del cine digital (Side by Side)’, de Christopher Kenneally

La revolución del píxel
Reflexivo y entusiasta documental sobre la fugaz progresión de la tecnología digital en el ámbito cinematográfico a través del debate de reconocidos profesionales que enfrentan posturas en un apasionante recorrido didáctico por el cine del presente y del futuro.
¿Cómo ha revolucionado el impacto de la tecnología digital en la cinematografía del siglo XXI? ¿Llegará a desaparecer el tradicional formato de celuloide de 35 mm.? ‘Side by side’, enfatizado en su título español como ‘El impacto del cine digital’, pretende reflexionar sobre estas y otras preguntas sobre las formas en que el arte y la tecnología han introducido en su estrecha relación diversos y revolucionarios campos de actividad fílmica, no sólo en las innovadoras cámaras o lentes de rodaje, sino también en el montaje, los efectos especiales, la proyección, el etalonado y aspectos afines a la postproducción. Se presenta así un viaje a modo de análisis exhaustivo de lo que ha supuesto la irrupción y los adelantos cinematográficos más importantes desde la llegada del sonido al cine.
Producido y presentado por Keanu Reeves, codo a codo con su director, Christopher Kenneally, entregan un trabajo llevado a cabo con pasión, perspectiva crítica y visión de largas conversaciones con profesionales de Hollywood que elaboran un discurso de debate mediante juicios y conjeturas que se articulan junto a agradables anécdotas para ir desplegando ese recorrido por la fugaz evolución de movimientos que ha sufrido el mercado audiovisual, desde la incursión de la tecnología CCD de las handycam de los años 80 y principios de los 90, como la rápida vanguardia de innovaciones que son tanto estéticas como tecnológicas de los modelos HD que aportaron Arriflex o Red sin olvidar la evolución de postproducción del CGI, Avid o las proyecciones cinematográficas en DCP.
Lo más interesante, no obstante es el contraste frontal de los entusiastas y valedores actuales de estos novedosos medios como David Fincher, James Cameron, George Lucas, Steven Soderbergh, los hermanos Wachowski, David Lynch, Robert Rodriguez, Danny Boyle, Lars von Trier… cuya defensa preconiza la ligereza de los equipos, la rebaja de los costes o el ahorro de tiempo contra los escépticos, que siguen prefiriendo la antigua película fotoquímica en el proceso de producción, a la que consideran con un rango dinámico mucho más amplio que el digital. Entre estos últimos, se superponen las figuras de Christopher Nolan o el maestro Martin Scorsese (aunque esté asuma las nuevas técnicas de mejor carácter), que inciden en la representación clásica de la filmación tradicional como una necesidad para lograr una determinada fisonomía en su concepción de la oscuridad y luminosidad que, según algunos de los entrevistados que se unen a la apología, sólo se consiguen con la emulsión del celuloide y que facilitan la preservación de las películas con mejor futuro que en el formato digital. A ellos se suman una serie de conocidos y no tan conocidos montadores, fotógrafos, actores y actrices y técnicos; Michael Ballhaus, Geoff Boyle, Tim Stipan, Anne V. Coates, Barry Levinson, el legendario Dennis Muren, Ellen Kuras, Michael Chapman o Vittorio Storaro en lo que es una demostración de ejemplar simposio de esa diatriba que atesora grandes dosis de didáctica fílmica.
Es un ejercicio de concordia sobre los detalles de los diversos oficios de la dirección, de los usos y costumbres en función de las herramientas que han marcado un cambio radical en lo que los cineastas pueden lograr. Tomando como punto de referencia la aparición del movimiento Dogma’95con voz en el fotógrafo Anthony Dod Mantle, que aceleró el proceso de cambio con ‘Celebración’, de Thomas Vinterberg y su vínculo con Danny Boyle en ’28 días después’, el tema de la cuestión de pixeles y las mejoras dentro de la calidad que ofrecen los nuevos modelos de filmación, entrelaza la pugna entre el visionado en una sala cinematográfica y los nuevos modelos y alternativas para ver una película, como los recursos dentro de la investigación y desarrollo a corto plazo, abriendo la posibilidad de experimentar en el montaje sin tener que esperar a positivar y concretar las realidades que rodean un plano, indeterminando el montaje en un abanico de alternativas más inmediatas, así como el efecto innovador dentro del aspecto estético y fotográfico del cine. Fincher, con su habitual desparpajo y palabras malsonantes evidencia muy bien todo esto.
Lejos de pretender ser una consideración global de la situación actual del cine, ‘Side by side’ supone una necesaria observación desde una perspectiva de futuro inmediato sobre aquella teoría ya instalada entre todos nosotros que vislumbró la democracia del cine. Es una lástima que el documental se circunscriba y se autolimite a la gran industria, a los peces gordos de Hollwyood. Hubiera estado bien que Kenneally y Reeves hubiesen escarbado en pequeñas producciones, en esos talentos que buscan desde la carestía de medios soluciones creativas que entregan los medios actuales. Hacen amago, pero en eso se queda. El documental termina con una duda: ¿El cine tal y como lo conocemos, con un proceso artístico físico, será cosa del pasado en breve. Lo que está claro es que, como se reitera por los grandes propulsores, la revolución digital está sólo en los albores. Veremos qué sucede de aquí en adelante.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2013

martes, 16 de abril de 2013

Cuatro décadas sin la voz de Nino Bravo

Cuarenta años desde su muerte, un 16 de abril de 1973, Luis Manuel Ferri Llopis, más conocido por todos como Nino Bravo, sigue siendo una de las personalidades musicales más carismáticas y reconocidas de la historia de la música española. Su personal carisma y esa voz de potencia sorprendentemente cálida, capaz de transmitir la energía de todas esas canciones imposibles de olvidar, establecieron en un pequeño margen de tiempo de éxito un legendario legado que abarca a muchas generaciones que siguen idolatrando la figura de un cantante que fue único y se alzó con la admiración del mundo gracias a su imponente sonoridad melódica.
Destinado a ser un ídolo internacional, aquel fatídico accidente en la N-III de la salida de Villarrubio dirección a Valencia truncó la progresión de un solista de voz inconfundible. A cambio, trascendió al paso del tiempo para transformarse en un icono con un repertorio de canciones; ‘Como todos’, ‘Es el viento’, ‘El adiós’, ‘Elizabeth’, ‘Te quiero, te quiero’, ‘Puerta de amor’, ‘Noelia’, ‘Un beso y una flor’, ‘Mi tierra’, ‘Cartas amarillas’ o ‘América’, entre muchas otras, configuradas como himnos y símbolo de la mejor ofrenda a un cantante que siempre vivirá en el recuerdo colectivo.

viernes, 12 de abril de 2013

‘Tiburón’ dentro de una botella

Reconozco que hay hobbies que me atraen sobremanera, desde la distancia, debido a su complejidad y dedicación. Uno de ellos es el de esas personas armadas de paciencia y de talento para introducir minúsculos barcos en botella. El modelismo naval requiere una precisión quirúrgica para montar una embarcación con sus mástiles replegados, pintar y dar lustre y una vez dentro de la botella, estirar los hilos de los mástiles a 90º y posicionar las velas de forma correcta. Ésta sería la descripción expedita de un desconocedor de este apasionante ámbito de ocio considerado como un auténtico arte. Si queréis más información al respecto, los más versados entendidos indican algunos libros de cabecera como ‘Model in the bottles’, de Percival Marshal o ‘Ships in Bottles’, de Donald Hubbard.
Existen virtuosos expertos como Gabrielle Rogers y Auer Stefan cuyas ceraciones son auténticas maravillas provistas de un detallismo alucinante. Todo creado a mano, desde la nada. Según sus autores, la diferencia estriba en “la cantidad de mínimas referencias y elementos que un artista introduce en el contenido de la botella para dar vida a una representación naval”. ‘You’re gonna need a bigger boat’ es una frase que pertenece a una de las películas más icónicas de toda la Historia. Se trata, obviamente, de ‘Tiburón’, de Steven Spielberg. “Vamos a necesitar un barco más grande”, además de una frase que pasó a ser utilizada en otros contextos, cuando una situación sobrepasa la expectativas creadas, es el tema de este antológico barco dentro de una botella.
En él no falta detalle alguno, desde la Orca, nombre de la embarcación que surca Nueva Jersey para capturar con el gigantesco escualo, pasando por los tres tripulantes; Quint, el sheriff Brody y Hooper, que permanece dentro de la jaula en el mar hasta el amenazante tiburón tallado en arcilla al que no le falta ni siquiera la bombona de oxigeno insertada entre sus fauces. La miniaturización, entre otros muchos elementos, utiliza agujas, pequeñas clavijas de bambú para el mástil, una silla de pescador de 10 mm., arandelas de reloj… Un proceso creativo y constructivo que enaltece un trabajo que merece ser estimado como una obra de arte.
En este enlace de los autores tenéis el proceso íntegro, paso a paso, de esta maravilla de nostalgia cinematográfica.

jueves, 11 de abril de 2013

Pequeños problemas, pequeñas soluciones

Mi ordenador de mesa tiene la entrañable edad de seis años y medio. No sé a cuántos años humanos equivaldría tal acumulación de tiempo de uso. Probablemente sería un anciano achacoso que ya ha cumplido su función en esta vida. El caso es que, contra toda lógica, sigue funcionando con una precisión más que aceptable. Algo que no es óbice para que empiece a mostrar signos de agotamiento. Primer achaque: la NVIDIA GeForce 7600 GS. No suelo utilizar el CPU como centro de ocio. Lo cierto es que adoro los juegos, disfruto con ellos, me lo paso como un enano, pero no soy exactamente lo que se dice un “jugón”. Los sábados suelo quedar con mis amigos y disfrutar de una tarde de Pro Evolution Soccer entre risas, cervezas y anécdotas. Lo típico. Hace algunas semanas la cosa se desvirtuó porque comenzaron a aparecer en el monitor unas alternaciones en la imagen que impedían el normal funcionamiento del juego.
Estas anormalidades tienen el temido nombre de ‘artifacts’ ¿Qué coño son los ‘artifacts’? Eso mismo me preguntaba yo hasta que comencé a interesarme por este conflicto gráfico más habitual de lo que parece. Se trata de un problema que se produce en la tarjeta gráfica, bien sea por una complicación con el software o (en la mayoría de los casos) que provenga del GPU del ‘hardware’ de la propia tarjeta. Se produce una alteración en los ‘frames’, originando extraños y molestos polígonos o degradaciones de colores y texturas en la imagen. El problema no era muy evidente en la apariencia habitual de mi escritorio, ni en los diversos programas que utilizo en mi monótona vida rutinaria. Sin embargo, durante los últimos días la calidad gráfica había disminuido perceptiblemente. Y eso ya suponía un arduo inconveniente que había que enmendar con tal de preservar mi salud ocular.
Existen algunas soluciones básicas; desde el lógico proceso de actualización de los ‘drivers’, pasando por una inversión en el ‘overclok’ para evitar el sobrecalentamiento, cambiar el ‘cooler’ (o sistema de ventilación) para fomentar una mejor refrigeración del componente, trastear con la BIOS para comprobar algún problema de incompatibilidad… Lo curioso es que existe una medida extrema que puede solucionar la papeleta. Cuando no tienes nada que perder ¿por qué no arriesgar? En los foros especializados aluden a un recurso drástico, que no es más que hornear la tarjeta como insólito método de resurrección. Parece una locura, pero se asegura un elevado tanto por ciento de éxito. En una bandeja o rejilla de horno sobre papel de aluminio y pequeños apoyos en los laterales creados con el mismo material para evitar el contacto con la superficie se coloca la gráfica (previamente desconectados el disipador y los cables) eliminando la pasta térmica del chip gráfico o los de memoria. Como si de un asado se tratara, se precalienta el horno a 200º durante unos minutos para introducir la tarjeta durante diez minutos. Pasado este tiempo, se apaga el horno y se deja reposar con la puerta entreabierta durante media hora para evitar el cambio brusco de temperatura. Otra media hora de reposo, con el fin de que se enfríe por completo. Y a probar de nuevo, aplicando la pasta térmica donde estaba y montando la tarjeta. Se supone que este tipo de dispositivos sometidos a constantes calentamientos y enfriamientos corren el riesgo de producir microfracturas en las soldaduras del chip gráfico. El objetivo es que los puntos de soldadura dañados vuelvan a fusionarse parcialmente con la exposición a un alto grado de calor remendando el problema. Conozco casos en los que el experimento extremo ha funcionado con éxito.
Bien. A ver cómo os lo cuento: en mi caso no fue así.
Me he visto obligado a tomar medidas, especulando seriamente sobre la única solución posible que, en estos procelosos tiempos de corrupción política e injusticia social, se antojaba embarazoso. Había que cambiar de gráfica. Una asequible, que fructificara su función a medio plazo, hasta que se dé la coyuntura hipotética de poder cambiar de equipo. Opté por la NVIDIA GeForce GT 630 de 2Gb, cofinanciada por la filantropía de mis amigos del alma Jose Jimbo y Nacho Verdejo, que me han echado un mano en el duro trance de soltar los euros para adquirirla. Y ahí está. No sólo ha mejorado mi calidad de imagen, que se percibe en este mismo instante que escribo estas líneas, si no también en que ahora puedo jugar a juegos como el reconfortante y adictivo NBA 2K13 con una fluidez y funcionalidad impensable hace unos días. Qué vicio, oiga. Tanto es así que voy a aprovechar a dedicar a recuperar mi nostalgia ‘videojueguil’ con los imprescindibles Max Payne 3 y Mafia 2. Sé que hay más y mejores, pero la avidez no será satisfecha. Y aquí ando, como un niño con tarjeta gráfica nueva. Si no aparezco por aquí en unos días, ya sabéis porqué es.
En realidad es coña. Estoy metido en algo más cabal, el capítulo de un libro sobre mitos televisivos de la televisión contemporánea titulado ‘Los héroes están muertos’. Pero de eso… ya habrá tiempo de hablar.

martes, 9 de abril de 2013

Michel Gondry y lo deprimente de los viajes temporales

‘The We and the I’ es el ultimo trabajo, inédito en nuestro país, de Michel Gondry. A modo de documental, el cineasta francés elabora una mirada hacia un grupo de adolescentes del South Bronx en el proceso poco convencional con el que estos jóvenes van entrando en la siempre compleja edad adulta. En una entrevista de Eric Spitznagel para la revista Esquire, Gondry confirma que trabajó en la adaptación de la novela ‘Master of Space and Time’, de Rudy Rucker, con Ellen Page como protagonista en un proyecto que finalmente no se fraguó en película. La temática de los viajes en el tiempo confiere al diálogo una cierta disociación que termina por exponer la personal idea sobre los periplos temporales dentro de la idiosincrasia del director de ‘Olvídate de mí’.
ES: ¿En su vida real. Si Michel Gondry se encontrara con una máquina del tiempo y pudiera ir a cualquier lugar o a cualquier período de la historia… ¿dónde iría?
MG: Me gustaría viajar unos años atrás y corregir algunas meteduras de pata que cometí.
ES: ¿Una metedura de pata personal o profesional?
MG: En mi vida personal.
ES: ¿Puede ser más específico?
MG: Me gustaría volver y decir que sí a una chica. Eso es todo. En realidad, creo que la idea de viajar en el tiempo es profundamente deprimente.
ES: ¿En serio? ¿Por qué?
MG: Porque uno ya sabe el futuro. Si viviera en el pasado, me sentiría raro por saber lo que va a ocurrir a continuación. No podría escapar de esta situación. Ese futuro ya está en tu cabeza. Y sabes que no hay nada mejor.
ES: ¿Preferiría no saber sobre el futuro?
MG: El futuro es la esperanza. Si viajas desde el presente hacia el pasado, no tendrías que esperar más ¿Sabes cuál sería el resultado?
ES: Que no habría sorpresas.
MG: No habría sorpresas, exactamente. Para mí eso suena tan... deprimente.
La entrevista completa y la particular ideología sobre los viajes y paradojas temporales aquí.

viernes, 5 de abril de 2013

Despedida al maestro Rogert Ebert

1942-2013
Hace tan sólo tres días Rogert Ebert escribía sus últimas palabras en una columna que celebraba su cuadragésimo sexto año en el diario Chicago Sun-Times, medio al que ha estuvo ligada su vida profesional. Sonó a adiós. Y lo era: “Así que en este día de reflexión vuelvo a decir: gracias por acompañarme en este viaje. Nos vemos en el cine”. Tras una larga lucha contra un terrible cáncer de tiroides diagnosticado en 2002 ha fallecido a los 70 años tras ser sometido a multitud de cirugías que llegaron a impedirle comer y hablar. En 1975 ganó el prestigioso Pulitzer como pionero en un género que hasta el momento no había sido reconocido con tan alto reconocimiento. Después, llegaría el programa ‘Opening Soon at a Theater Near You’, enfrentando sus opiniones a las de su compañero del Sun-Times Gene Siskel. El programa mensual tuvo tanta aceptación que pasó a ser semanal y titularse ‘Sneak Previews’, para la PBS. Sus pugnas verbales, análisis y evaluaciones fílmicas son parte de la historia de la televisión americana. Uno era delgado y calvo (Siskel) y el otro gordo y con gafas (Ebert), la combinación perfecta para un show diferente e innovador.
Más que un crítico de renombre, Ebert funcionó tantos años por su cortesía y elegancia, mostrándose en sus textos como un acomodador que orientaba al espectador a través de sus crónicas, discerniendo con lógica y una accesibilidad que escondía, sin embargo, gran complejidad del análisis fílmico. Metódico y profundo conocedor del medio y su globalidad, fue un maestro que ejerció de cronista de las diversas épocas que vivió mediante sus miles de ‘reviews’ (más de 300 anuales). Ebert personificó a ese orientador fiable, creador de un espacio donde calibrar contextualmente una obra para incidir en los elementos positivos o negativos según sus veredictos.
Hizo sus pinitos como guionista, con la película ‘Más allá del valle de las muñecas’, de su amigo Russ Meyer, una gamberrada que Ebert solía describir como “cine de pureza que combina melodrama desvergonzado con imágenes cargadas de violencia, montaje destructivo y una estela de musical overkill”. Escribió de temas de actualidad en muy contadas ocasiones, como cuando en 2000, sin avalar la figura de Al Gore, cuestionó con dureza al candidato George W. Bush. Fue pareja de Oprah Winfrey mucho antes de que ésta alcanzara la fama y se casó con otra afroamericana de carácter, la abogada Chaz Hammelsmith, que co-produjo la última fase del ‘At the Movies’. También supervisó y dio lustre al Overlooked Film Festival y escribió más de un centenar de libros sobre el séptimo arte. Se va, por tanto una pieza clave de los fastos de la crítica cinematográfica, un comunicador querido y admirado por sus compañeros y por generaciones de críticos que le adoraban.
Eso sí, nos quedará en la retina colectiva esa mítica imagen del ‘Sneak Previews’, con sus “pulgares arriba”, sabiendo que toda su carrera quedará para la posteridad como un ejemplo a seguir.

jueves, 4 de abril de 2013

Rompiendo la cuarta pared

La ruptura de la cuarta pared propone el efecto de transgredir el límite que separa al espectador de los personajes, haciéndole partícipe y cómplice unas veces o quebrantando el espacio íntimo del público en otras. Se trata de alterar lo que está sucediendo en pantalla, despojándose de la primera zona (o el entorno lógico de la narración fílmica) y desenmascarando la coartada lingüística de la ficción. Se revelan así los mecanismos constructivos de la obra para evidenciar con ello el proceso de realización. Puede considerarse que este modo de interactuar con el público deprecia la condición de artificio o magia, sin embargo potencia esa consecuencia sorpresiva que involucra directamente al receptor con la historia y su desarrollo.
Leigh Singer ha reunido más de cincuenta instantes de películas que abordan este quebrantamiento voluntario de la lógica ‘voyeurista’ del cine, haciendo desaparecer esa fina línea que tanto gustaba vulnerar en términos teatrales a Pirandello.

martes, 2 de abril de 2013

Homenaje a Jesús Franco, el eterno “Tío Jess”

1930-2013
El avieso francotirador del cine fantástico español
Conocí a Jesús Franco un 21 de mayo de 1997, durante una rueda de prensa que ofreció en el Café Moderno debido a una inolvidable charla coloquio inscrita en el Espacio de Arte Contemporáneo “El Gallo” que moderó Luis García Jambrina. Acudió con su inseparable Lina Romay, una musa a la que unos pocos de los que allí acudimos nos hacía especial ilusión conocer. También al tío Jess. Para mí era un día más que especial. Para los enviados por los medios de la ciudad que cubrieron la noticia con cierta displicencia no tanto. Al día siguiente, los periódicos de Salamanca describieron esa condición de cineasta todoterreno y subrayaron que Quentin Tarantino había reverenciado al tío Jess en varias entrevistas internacionales e incluido ‘The Lions and the Cucumber’, una de las canciones de ‘Vampyros Lesbos’, en ‘Jackie Brown’. A él lo que le preocupaba era quitarse años. Subrayaba “soy del 36, no del 30 ¿eh? Tenedlo en cuenta. Es importante”. Los artículos del día después fueron lamentables.
Yo, sin embargo, nunca olvidaré aquella tarde y noche. Había conocido a un tótem, a un mito del cine que compartimos varios amigos en los primeros años de descubrimiento cinéfago y tenía una entrevista fabulosa para mi programa de cine en una emisora de radio cochambrosa por la que pasamos todos los estudiantes de periodismo de aquélla época. La conversación que mantuvo con tres o cuatro personas aquel día, más bien freaks adoradores de su cine, fue una de esas veladas irrepetibles. Allí entre copas y cervezas, le atiborrarmos a preguntas de toda índole. Fue maravilloso oírle narrar con un detallismo exhaustivo anécdotas y sucedidos, recuerdos de rodajes y discernimientos sobre el cine, el sexo, la vida y la música.
El tío Jess era un vendaval verborreico, un hombre disoluto e insubordinado, un libertino entrañable con un humor muy particular. Su énfasis cinematográfico, su adicción al jazz, la inquietante Lina Romay, la gran Soledad Miranda, la censura y su exilio, Miguel Mihura, Edgar Neville o Tono, Berlanga y Bardem, su por entonces mala relación con parte de su familia (la de los Marías), la pesadumbre por la muerte de su sobrino Ricardo, intrigas de cientos de rodajes sin presupuesto narrados desde el cinismo y la ocurrencia, todo tipo de influencias y sobre todo Orson Welles fueron algunos de los muchos temas recurrentes con los que nos ganó más allá de su cine provocador. Volví a coincidir con Jess en algún festival y se volvió a repetir ese ‘feedback’, esa comunión con el vejete gamberro y algo jeta, que gustaba del buen vino y del marisco, de unas ricas cocochas y una buena charla, cuyas historias parecían no agotarse nunca. Jess era un tipo divertido, un gran conocedor y erudito del medio cinematográfico, así como apasionado de los grandes maestros.
Contaba en su autobiografía ‘Memorias del tío Jess’ (Aguilar. 2004) que uno de sus recuerdos más emotivos tuvo lugar en 1998, durante una muestra de su obra que se produjo en la célebre Cinémathèque Française, donde Jean François Rauger enfatizó en que el talento de Franco fue advertido por mitos del celuloide como Fritz Lang, que le elogió por ‘Necronomicon’ o el mencionado Welles, con el que trabajó en ‘Campanadas a Medianoche’ y fraguó una amistad que se extendió hasta proyectos que nunca se produjeron debido al fallecimiento de éste último. Los aplausos de una platea rendida a su cine saldaron una noche mágica que Rauger ratificó definiendo a la perfección lo que significa el cine de este polifacético cineasta: “Jesús Franco es un director contemporáneo y moderno. Sus filmes llegan en un momento en el que el espectador ha perdido sus credos primitivos y fundamentales. Sin preocuparse de inventar nuevas mitologías se contenta con analizarlas, desnudarlas, con reducirlas a figuras de retórica pura: no se puede comprender su cine sin tomar conciencia de que aquello que los lugares comunes consideran defectos, en él son cualidades muy particulares”.
El fantástico español es uno de esos géneros ocultos y poco accesible hasta la aparición de los nuevos modelos de comunicación y que contienen en su intrahistoria narraciones catedralicias más allá de los títulos de serie B de los que se nutre, encontrando además de híbridos, caspa y títulos indefinibles otros que no sólo hay respetar o estudiar, sino reverenciar por su contribución a un género de variantes de un valor irrefutable como obras de arte, en su sentido más amplio y elogioso. Cineastas como Leon Klimovsky, Paul Naschy, Juan Piquer Simón, Amando D’Ossorio, Carlos Aured, Eugenio Martín, José Ramón Larraz, Chicho Ibañez Serrador, Santos Alcocer o Sebastián d’Arbo, entre muchos otros, son los abanderados de un ‘fantastique’ patrio que tuvo en Jesús Franco un destacado adalid que supo contribuir con su pertinaz desafío a la normalización de los cánones cinematográficos con películas atrevidas e innovadoras que marcaron una apertura, un camino a seguir por las generaciones ulteriores. Su cine, tan desigual como apasionante, bebe de una cinefilia voraz que fue moldeando hacia un terreno en el que las referencias y tributos de sus comienzos tomaron personalidad a lo largo de la década de los 70, donde irrumpe el tío Jess más batallador y rebelde, caracterizándose por una vena creadora incansable y abundante.
Sus más de doscientos títulos son el claro ejemplo de un vasto legado donde la continencia no fue su valor más destacado. Es prácticamente imposible ir deteniéndose en sus variadas etapas, en su constante doctorado jurisperito dentro del cine de bajo presupuesto, de obras alimenticias e iniciáticas alejadas de su conversión al terror y el fantástico, de filmaciones por pura diversión, de experimentación absurda o de rodar por rodar que compone esta abusiva filmografía; desde una de sus obras maestras y comienzo de su leyenda ‘Gritos en la noche’, pasando por ‘El enigma del ataúd’, su revisión de ‘Drácula’ y sucedáneos, con una de las adaptaciones más notables y fieles a la obra de Bram Stoker, ‘La maldición de Frankenstein’, ‘Miss Muerte’, ‘La muerte silba un blues’, ‘Necronomicon’, ‘Cartas de amor a una monja portuguesa’, ‘Sadomanía’, ‘El diablo que vino de Akasawa’, ‘Ojos sin rostro’, su idiosincrática saga de ‘Fu-Manchú, ‘La muerte silba’, ‘Eugénie de Sade’, ‘Justine’, ‘El caso de las dos bellezas’, ‘La mano del hombre muerto’, ‘El proceso de las brujas’, su sugestiva visión de ‘Sade’, el clásico ‘Las Vampiras’, ‘99 mujeres’, ‘Les demons’, ‘Viaje a Bangkok, ataúd incluido’, ‘El hundimiento de la casa Usher’, ‘La comtesse Noire’, ‘Los sueños eróticos de Christine’, ‘Macumba sexual’…
Tras ‘Killer barbies’, en 1996, su etapa de profusión se activa por la resurrección popular tras ser mencionado por Tarantino como uno de sus influencias más estimadas en la promoción de ‘Jackie Brown’. A pesar de este empujón y con el incambiable beneplácito de la legión de seguidores que le venera, éste no permuta sus preceptos narrativos, ni presupuestarios, ni muchos menos argumentales. Su incesante proactividad trae una sarta de títulos que redundan en su énfasis sangriento, ‘Tender Flesh’, ‘Marie-Cookie and the Killer Tarantula’, ‘Lust for Frankenstein’, ‘Vampire Blues’, ‘Broken Dolls’, hasta seguir su frenética actividad pese a su delicado estado de salud hasta el final de su carrera, con dípticos como ‘La cripta de las mujeres malditas’ y ‘La cripta de las condenadas’. Su último filme ‘Al Pereira vs. the Alligator Ladies’ pone fin a una vida de genio y figura, de cine y descaro. Sin embargo, si existe un mito privativo en la filmografía de Franco, un personaje que trasciende el nombre de su autor pero siempre ligado a él, ése es el Dr. Orloff. Rol protagónico y fúnebre que nace en la exitosa ‘Gritos en la noche’, revivió en ‘La venganza del Dr. Mabuse’ para emerger personificando otro de los iconos sangrientos más célebres de la historia del crimen, Jack “El destripador”, en ‘Jak the Ripper’ para regresar triunfal con una historia equivalente a revivir dentro de ‘El siniestro Dr. Orloff’.
Su peculiar utilización del ‘zoom’ fue sólo un elemento indagador de ese ‘cine de guerrilla’ de la época, de su entusiasmo celérico por narrar historias, haciendo de todo ello en una seña de identidad que no se adaptó ni a mercados ni a censuras, que operó con la independencia del subversivo agitador visual incómodo y contestatario. Jess confraternizó en sus historias con ‘mad doctors’ de bisturí fácil, con asesinos de múltiples rostros, con torturadores, detectives imposibles, monstruos sádicos y perturbadoras musas aparentemente ingenuas y frágiles con los rostros de Elisa Montés, Diana Lorys, Maria Rohm, la llorada Soledad Miranda o Rosalba Neri. Aunque con una figura predilecta, la de su eterna mujer de inspiración, Lina Romay, con la que compartió decenas de títulos y una vida en común ligada al cine.
El tío Jess pudo ejercer de maestro y pionero en la inclusión de ese erotismo personal e inclasificable dentro del fantaterrorífico, desde una perspectiva que acaricia la belleza del sexo conjugándola con la muerte y la deformidad, el eros y el tánatos, siempre presentes en su obra con los espectros simbólicos de denuncia o de mitificación de códigos clásicos al servicio de su visión del terror y los múltiples géneros que abordó. Podría decirse que Franco es un género en sí mismo que subraya su condición de autor dentro y fuera del ‘pulp’ mutante, de sus diversas fórmulas de bizarrismo reivindicativo con su multitud de autorrevisiones, de ‘remakes’ sobre anteriores películas, secuelas y reinvenciones genéricas, reiteraciones argumentales o estructuras paralelas dentro de una temática homogénea, reincidiendo muchas veces en su raigambre de silenciosa autofagia, con un estilo lírico y experimental. Muchas veces las ejecutó erróneamente, otras codificando los estilemas genéricos con voluntariedad, pero siempre con la intención de llevar su profusión fílmica hasta las últimas consecuencias.
Su cine no duda en mostrar una abstracción de vigor estético, convulso, en cierto punto romántico y perverso, de equilibrio entre lo onírico y lo real, destruyendo los límites de lo coherente y subyugando al espectador con el delirio forzoso para embaucarle a través de unos personajes avocados a un destino avieso. Una obra reivindicativa que sufraga con ingenio y derroche de pasión todos esos extravíos que se dan cita a lo largo de una carrera que, en su cómputo general, es tan sincera y proverbial que persevera en la idea de la filmación cinematográfica por necesidad, de acumulación de proyectos como necesidad artística y vital. Se cuenta que prefería realizar una película que no estuviera a la altura de sus exigencias que dejar pasar la coyuntura de ponerse tras una cámara y disfrutar con su trabajo siempre vehemente y entusiasta. Amante y profundo conocedor del jazz (contaba con cariño el día que pudo conocer a Chet Baker), fue un cineasta íntegro que consumó con el factor de la inconsciencia una mitología única, entremezclando góticos escenarios con prostíbulos de decadencia y voluptuosidad con la misma facilidad que entroncaba el ‘thriller’ más circunspecto, el ‘gore’ o el cine ‘noir’ y un punto de sarcasmo que expuso desde el prisma de un ‘voyeur’ fetichista, donde las musas desprenden el candor erótico de lo imprevisible y poderoso.
Una vez, Tim Lucas definió su cine con el término ‘Horrorotic’, debido a la su miscelánea perpetua de horror y erotismo, pero al tío Jess nunca le gustaron las etiquetas ni las definiciones ‘underground’ que calificaron su obra cinematográfica y a él como director discordante. Lo de “cineasta maldito”, “de culto”, “incomprendido”, “maestro de la serie B”… no fue con su forma ni de ver el cine, ni de vivir la vida. Le gustaba decir que siempre fue un músico de jazz vocacional que encontró el cine como medio de expresar su arte. Su actitud inconformista deja un extenso legado de una obra de innegable trascendencia, contradictoria y eterna. Y deja el cariño de millones de fanáticos, entre los que me encuentro, que hoy lloran la pérdida de ese viejo bribón que desafío la logística de producción acumulando títulos anuales. Intentar abarcar su obra o pretender transferir un homenaje honorable a su opulenta obra y figura se antoja imposible. Tanto o más como el propio Jesús Franco. O Jess Frank, Clifford Brown, Charlie Christian, Rosa María Almirall, A.L. Marioux, John O’Hara, Roland Marceignac… y tantos otros pseudónimos que promulgó. Echaremos de menos a todos, al mismo, a ese cineasta irrepetible y eterno.

lunes, 1 de abril de 2013

‘Al rojo vivo (White Heat)’, de Raoul Walsh: la inmortalidad del villano

Una de las más antológicas cintas del género negro viene representada por ‘Al rojo vivo’, sórdido ascenso y la caída de “Cody” Jarret, inspirada en la historia real de Francis Crowley, apodado “Dos pistolas (Two gun)’, que allá por los años 30 se convertiría en un popular y arquetípico gángster irlandés con sólo diecinueve años siendo arrestado por la policía de Nueva York tras un largo tiroteo que llegaron a presenciar hasta quince mil testigos en una operación de captura sin precedentes compuesta por casi tres centenares de agentes. Su falta de escrúpulos y ausencia de percepción de culpabilidad, su arrogancia y megalomanía enfermiza fueron las claves que hicieron que Virginia Kellogg escribiera una historia que adaptarían para la gran pantalla Ivan Goff y Ben Roberts.
Con una indiscutible impronta de genuina ‘crook-story’ y ecos de las grandes ‘heist films’ de la época, el filme de Raoul Walsh se circunscribía a este siniestro personaje y su banda de gángsteres que asaltan un tren postal con 300.000 dólares de moneda federal a bordo y sus enfrentamientos con la justicia que harán que el delincuente tenga que pasar un tiempo a la sombra, entregándose por un crimen menor y saldar cuentas con la justicia por otros crímenes mucho más atroces. A través de un proceso de traiciones por parte de su lugarteniente, “Big” Ed y su esposa, una ‘femme fatale’ rubia y si escrúpulos y la infiltración de un agente de la autoridad del Tesoro que consigue sonsacar información del robo, ‘Al rojo vivo’ propone una descripción innovadora del tipo de gángster que se había personificado cinematográficamente a principios de los años 30.
De este modo, Walsh sobrevuela la acción de enfrentamientos con la justicia a un contendiente más feroz que las bandas que le rodean o la persecución por parte de las autoridades a la que se ve sometido. Más allá del orbe moral, lo que arrienda la conciencia de Jarret es una subordinación al borde de la enfermedad hacia una impetuosa madre, figura castradora que le han convertido en un criminal misógino, manipulador, individualista y violento. Asediado por intensos dolores de cabeza que le asolan desde su infancia y obsesionado por la viabilidad de terminar con problemas psiquiátricos como su padre y su hermano, la fina línea entre la cordura y la demencia confluye en un retrato psicológico de perfil siniestro y complejo.
Para la construcción de este mito del cine negro, es fundamental la figura de James Cagney que, a pesar de haberse encasillado en este tipo de papeles a lo largo de su carrera, bordó este último personaje al que dio vida relacionado con el mundo del hampa. Su rigidez nerviosa, su vena violenta a punto de explotar sin previo aviso causan auténtico miedo no exento de significados narrativos, como ese ataque de histeria de Cody en el comedor de la cárcel al enterarse de la muerte de su madre, a posteriori el desencadenante de sus errores y de la ira por llevar a cabo su venganza. Es la liberación del verdadero “yo” del personaje, sin filtros, una mala bestia neurasténica llevada por el instinto de brutalidad, de la incansable desconfianza hacia todos aquellos que le rodean. Incapaz de mantenerse sujeto a las restricciones del cálculo logístico de un asalto sin perder los nervios.
Walsh describe ese proceso de descenso a los infiernos con un detallismo absoluto, utilizando un estudiado juego de luces y sombras mediante la fotografía de Sid Hickox que puntúa con minimalismo cualquier objeto que aparezca en pantalla, reforzando simbolismos argumentales, sosteniendo en todo momento fuerza y ritmo que resulta contundente tanto en esos lapsos de persecuciones, ejecutadas con inagotable maestría, como en ese tono apagado y crepuscular que denotan los descripciones de sus personajes. En este estrato, Walsh conjuga inmediatez y panorámica para profundizar en una violencia áspera, que corroe todo su metraje con una fuerza devastadora puntuada con la solemne y ‘wagneriana’ partitura de Max Steiner.
Por supuesto, quedará para los anales de la Historia del Cine la inmortalidad del villano en un final apoteósico, como víctima y vergudo de espíritu irredimible, en esa composición del Infierno como el edén del éxito. Cagney gritando frenéticamente: “Lo conseguí, ma. Estoy en la cima del mundo” y contribuyendo a la leyenda de un final envidiable para cualquier personaje. ‘Al rojo vivo’ es una obra maestra del cine negro con voluntad testimonial de una época concreta, pero que hoy en día sigue rezumando energía y testosterona sin parangón.