miércoles, 27 de febrero de 2013

Patatadas coreanas

Las ‘french fries’ vienen a ser las patatas fritas de toda la vida. Cuenta la leyenda “papatil” no oficial que en la época de Luis XIV, a uno de los cocineros reales se le cayeron unas patatas troceadas sobre aceite muy caliente y el resto es historia. Hoy en día, las ‘french fries’ se conocen por proporcionarse en grandes cadenas alimenticias de ‘fast food’. Esto lo saben bien en Corea del Sur, que celebran sin ningún complejo ni medida la fiesta de la Patata Frita con un estilo muy determinado, consistente en ponerse hasta el culo de este manjar a palo seco, sin ketchup ni salsas, con empuje y hasta que uno no puede más. Los McDonald’s de todo el mundo ya están tomando nota. Los coreanos ahí implatando nuevos retos, como el ‘Gangnam Style’.

lunes, 25 de febrero de 2013

85ª Edición de los Oscar

Una gala ágil con poco humor, sin sorpresas y sin emoción
La noche se preveía como una de esas veladas con algunas incógnitas, pero al fin y al cabo el reparto de premios era más que previsible para este tipo de saraos intrascendentes. El primer enigma era medir la valía de un humorista afianzado como uno de los valores más sólidos del ‘stablishment’ televisivo iba a responder como anfitrión de los Oscar. Su humor cínico e incómodo se perfilaban como un riesgo. Aunque desde el inicio de la gala Seth MacFarlane tuvo claro que su función allí era más funcional que otra cosa, pese a que intentó mostrar su vena más cáustica en pequeños destellos de humor malintencionado. Como comenzó con un “el reto para hacer reír a Tommy Lee Jones comienza ahora” y el actor de gesto hierático logró componer una carcajada. William Shatner, caracterizado del mítico Capitán Kirk aparecía en una pantalla advirtiendo que lo había hecho francamente mal. Fue entonces cuando MacFarlane lograría su instante de gloria. En un vídeo, cantó ‘We saw your boobs’, en referencia a los desnudos cinematográficos y las tetas de muchas de las candidatas y actrices que hacían mostrarse en desacuerdo con el gusto de la pegadiza canción. En la platea, se dedicó a intentar corregir todo con varios números musicales con un despliegue de coreografías y demostrando sus aptitudes para la canción.
Durante la gala fue diluyéndose, no sin dejar alguna frase malintencionada vertida sobre el actor francés Jean Dujardin, a la violencia del filme de Quentin Tarantino atribuida a la tormentosa relación de Chris Brown y Rihanna, la inconsecuencia de dejar fuera de los directores nominados a Ben Affleck, la familia Coppola, un encuentro sexual con Sally Field, la entidad de ‘fucker’ de George Clooney, ‘gags’ históricos que no fueron aplaudidos o la vitriólica alusión a la nacionalidad hispana de Penélope, Bardem y Salma Hayek, que desconcertó por su importunismo cínico pero lleno de humor cabrón (“no nos enteramos de nada de lo que dicen, pero no nos importa porque son muy bellos”). El creador de ‘Padre de familia’ estuvo a la altura y cumplió con las expectativas. Sin embargo, el arreglo al ‘timing’ de la gala y su destreza para no entorpecer lo establecido, hicieron que pareciera más irregular de lo que en realidad fue. Y también porque el humor, irreverente o no, brilló por su ausencia. Cuando en una gala no presenta ni un solo premio Will Ferrell, Ben Stiller, Steve Carell, Zach Galifianakis, Tina Fey o Amy Poehler (a las que se les mencionó), la cosa resulta como ayer: desaborida y algo insustancial. Faltó humor. Y MacFarlane no pudo hacer nada para llenar este enorme vacío, aunque lo intentó.
El primer Oscar de la noche se lo llevó Christopher Waltz. Su papel de Doctor King Schultz en ‘Django desencadenado’ ha convertido en perfecta comunión la confabulación entre el actor austriaco y el director de ‘Jackie Brown’. Dos colaboraciones, dos premios. El cortometraje de animación ‘Paperman’ y ‘Brave’ fueron los ganadores en este apartado que, por primera vez, se entrega conjuntamente. La falda escocesa de Mark Andrews, muy a juego con la fábula de Pixar que, para ser sinceros, este año tenía rivales de más entidad para haberse llevado el Oscar. Fue el momento del Oscar a mejor fotografía. Y llegó presentado por el casting masculino de ‘Los Vengadores’ (Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Jeremy Renner y Samuel L. Jackson). Claudio Miranda ganó por su trabajo digitalizado en ‘La vida Pi’, que abría el camino a lo que iba a ser el gran ‘sleeper’ de la noche. Miranda, un cruce estético y facial entre Rick Baker y Steve Zahn fue protagonista de algunos chistes en la red social por su parecido con Abraxas Malfoy. La película de Ang Lee encadenaría su segunda estatuilla con el de efectos especiales, que reconocía la creación de criaturas salvajes y ambientes exóticos ‘new age’ a un trabajo espectacular al servicio de una mágica historia de narración compleja.
Fue curioso que la música que daba salida y entrada a los cortes publicitarios fuera la ‘score’ de ‘E.T. El extraterrestre’, así como que en los agradecimientos más extensos se avisara con la música de ‘Tiburón’. En esos momentos, se podía llegar a pensar que la noche de Spielberg podía ser un hecho. Nada más lejos de la realidad. Jennifer Aniston y Channing Tatum pasaron a entregar el Oscar al mejor vestuario. Desde España era lógica la expectación porque Paco Delgado pudiera traerse el galardón a casa, pero siendo realistas la gran favorita era Jacqueline Durran, fundamentalmente por sus excelentes aportaciones en ‘Orgullo y prejuicio’ y ‘Expiación’ se habían quedado sin el lógico reconocimiento y porque su contribución en el vestuario de ‘Anna Karenina’ es espectacular. ‘Los miserables’, sin embargo, sí pudo celebrar el Oscar al mejor maquillaje y peluquería instantes antes que apareciera la silueta de esa diosa de ébano que es Halle Berry, que presentó un homenaje musical al 50 aniversario de la saga de James Bond; desde las conocidas notas de Monty Norman, pasando por John Barry, el ‘Live and let die’ de Paul y Linda McCartney hasta la aparición en el escenario de la mítica Shirley Bassey, que interpretó, como no podía ser de otro modo, ‘Goldfinger’.
Fue cuando la pareja de ‘Django desencadenado’ Jamie Foxx y Kerry Washington entregaron los Oscar a los mejores cortometrajes de ficción y documental. Foxx apuntó que de esta necesaria categoría salieron algunos de los nombres más importantes de la Historia del Cine. Buen detalle el del padre de Corinne Bishop, de las estrellas silenciosas de la noche. La hija del actor llamó la atención por su belleza en la alfombra roja ante la atónita mirada de las consolidadas estrellas a las que pudo robar parte de su protagonismo. ‘Curfew’, de Shawn Christensen e ‘Inocente’, un corto financiado por ‘crowdfunding’, fueron los ganadores. Documental, también sin sorpresas. ‘Searching for Sugar Man’ centrado en la insólita historia del músico Sixto Rodríguez fue la ganadora. Cuando Jessica Chastain y Jennifer Garner presentaron el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, todo el mundo sabía de antemano que Michael Haneke subiría a por su premio por la cruda y brillante ‘Amor’. Y así fue. De momento la noche estaba dejando la sensación de guión de tiralíneas en las que las sorpresas no tenían cabida. MacFarlane tampoco podía hacer mucho y menos mal que en los tiempos que corren Twitter aporta el entretenimiento que tanto se echó en falta en la madrugada de ayer.
John Travolta, con ese velcro para “quita y pon” de peluquines presentó uno de los acontecimientos temáticos de la ceremonia. El musical, muy presente durante toda la retransmisión vivió uno de sus momentos álgidos cuando Catherine Zeta-Jones revivió el ‘All That Jazz’ de ‘Chicago’ que no pudo cuando hace once años recogió su estatuilla en avanzado estado de gestación. Un vendaval de artista la señora de Michael Douglas. Siguió Jennifer Hudson, que es como tres menos de lo que era cuando que ganó el Oscar por ‘Dreamgirls’, para afianzarse como una de las mejores voces de la noche y la eclosión melódica y espectacular tuvo como colofón a todos los intérpretes de ‘Los Miserables’. Todos; Hugh Jackman, Anne Hathaway, Amanda Seyfried, Eddie Redmayne, Aaron Tveit, Samantha Barks, Russell Crowe, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter… un coro, figurantes y de tal manera que la tablas del Dolby Theathre llegó a parecer, por momentos, el escenario de la ceremonia de clausura de las olimpiadas de Barcelona con todos los atletas cantando y bailando al son de Los Manolos. Pura ponderación musical, puro Hollywood. Otro de los detalles curiosos se vivió de boca de Mark Wahlberg y del oso Ted (con la voz del propio MacFarlane) cuando, después de entregar el Oscar a la mejor edición de sonidos para ‘Los Miserables’, anunciaron el de mejor sonido. “Hay dos ganadores. Y no es coña”, dijo Wahlberg. ‘La noche más oscura’ y ‘Skyfall’ fueron las ganadoras en esta categoría ante la mirada atónita de todos. La última vez que se produjo un ‘ex a quo’ (con la de ayer son seis en toda la historia de los premios) fue en 1994, con los cortos de ficción ‘Franz Kafka’s It’s a Wonderful Life’ y ‘Trevor’. Aunque si hay que recordar una memorable fue la que hizo compartir el Oscar a la mejor actriz principal en 1968 a Katharine Hepburn por ‘Un león en invierno’ y Barbra Streisand por ‘Funny Girl’.
A Christopher Plummer nunca le ha gustado que le recordaran su participación como el Capitán Von Trapp de ‘Sonrisas y lágrimas’. De hecho, la odia. Así que MacFarlane aprovechó para hacer pupa y concretar un absurdo ‘gag’. El señorial actor canadiense que dio paso a uno de los Oscar más cantados de la noche: Anne Hathaway, por ‘Los Miserables’ en ese recordado plano fijo en el que canta ‘I dreamed a dream’. Con voz temblorosa y emocionada agradeció su premio cual Karra Elejalde sin olvidarse de nadie, dejando la posibilidad de que el espectador pudiera ir a por cerveza, preparar unos sándwiches, ir a mear, a consultar un par de webs y volver de regreso… y ahí seguía la promotora del ‘pezongate’, sin que la música de John Williams y el escualo hicieran acto de presencia.
Llegaban los primeros Oscar para dos de las favoritas; a ‘Argo’ le llegaba la alegría con el mejor montaje, así como ‘Lincoln’ conseguía el de mejor dirección artística de manos de Harry Potter (Daniel Radcliffe) y Bella Swan (Kristen Stewart, cojeando). Entre medias, Adele cantó a medio gas ‘Skyfall’ con la convicción de que iba a ser la ganadora. Tras el ‘In memorian’ que repasó los decesos más importantes del mundo del cine que terminó con Streisand cantando ‘The way we were’, de su amigo el compositor Marvin Hamslich, dándole más importancia que al resto. Mychael Danna se llevaba la mejor partitura por ‘La vida de Pi’, dejando a Alexandre Desplat (y van cinco ocasiones) sin su Oscar. La cinta de Ang Lee iba cobrando un inesperado protagonismo. Había prisa porque Adele recogiera su Oscar, así que se despacharon con bastante displicencia al resto de canciones nominadas. Feo detalle partidista.
Dustin Hoffman y una espectacular Charlize Theron compusieron una extraña pareja para repartir los de guiones. Chris Terrio, adpatado por ‘Argo’ y Quentin Tarantino, original por la espléndida ‘Django Desencadenado’, que subió como si viniera de fiesta y confiriéndole la importancia que en realidad tienen estos premios. Subió como quien no quiere la cosa, agradeció con desparpajo señalando (para envidia de todos) que Charlize es su vecina, hizo la señal de la victoria con los dedos y abandonó el escenario entre los aplausos de sus compañeros de profesión. La noche deparaba un par de sorpresas. Sobre todo cuando Michael Douglas y Jane Fonda, que parecían padre e hija, abrieron el sobre con el veredicto del mejor director del año ante la sopresa de todos o casi todos: Ang Lee. Se había especulado con que Haneke pudiera ganar, estaba claro que aunque Spielberg partiera como favorito es un cineasta al que la Academia suele menospreciar e incluso David O. Russell había tomado importancia en las quinielas.
Lee agradeció el Oscar al "Dios Cine" y con su cara de buena persona se fue con su segundo Oscar (lo recogió por ‘Brokwback Montain) como director sin saber qué es ganarlo conjuntamente a la mejor película. “Xie xie” se fue diciendo. Jean Dujardin, mejor actor del año pasado por un bluf titulado ‘The Artist’, producido por Harvey Weinstein (el productor que mejor compra Oscars), siguió esa misma estela al anunciar el nombre de la mejor actriz. Jessica Chastain no pudo consolidar su posición como “actriz de moda” con el Oscar, puesto que fue a parar a Jennifer Lawrence que, anonadada, tropezó con el sinuoso vestido y cayó en las escaleras ante esa reacción de ‘gentleman’ de Hugh Jackman. Con sólo veintidós años, su personaje de Tiffany Maxwell (bastante más hacedero que su magnífica composición en ‘Winter’s Bone’) le había dado la gloria. Eso sí, la actriz demostró su buen humor “¿Os levantáis sólo porque me he caído?” y elegancia al formular un agradecimiento impecable y sucinto.
La noche llegaba a su fin y no había espacio para las sorpresas. Daniel Day-Lewis se convertía en el primer actor de la historia de los Oscar en lograr tres de ellos como actor protagonista. Su prodigiosa mimetización de Abrahm Lincoln era el mejor trabajo junto al de Joaquin Phoenix por ‘The Master’ y recibió la estatuilla de una institución interpretativa como Meryl Streep. Como durante la gala se fue fraguando una fehaciente falta de humor, hizo que un tipo tan serio como Day-Lewis tuviera que recurrir a una serie de ‘gags’ sobre con la Streep para animar el cotarro, pero no fue suficiente. Jack Nicholson, al que estos saraos son para él de lo más familiar fue el encargado de presentar el premio más importante de la noche. O al menos, eso parecía, ya que, de entre bambalinas bajó una pantalla gigantesca para anunciar a… ¡Michelle Obama! ¿Qué coño pinta la Primera Dama en la entrega de los Oscar? Nos preguntamos todos. Bueno, todos no. A los americanos les debe parece de lo más normal que se politicen este tipo de espectáculos, oficializando fuera de contexto toda la gala de los Oscar. Para que luego se venga diciendo aquí que los Goya han aprovechado un evento similar para reivindicar cuestiones ajenas al cine. Pues toma.
Obama abrió el sobre entre sirvientes con sonrisas fingidas y exageradas y el Oscar a la mejor película 2012 fue, como todos sabían de antemano, para ‘Argo’, de Ben Affleck, que lo primero que hizo fue llamar “genio” al gran olvidado de la noche, Steven Spelberg y procurar no olvidarse de nadie. Tanto es así que ni George Clooney, productor de la cinta, no pudo ni pronunciar unas palabras. MacFarlane, casi con cronómetro en mano despidió la función con una frase muy suya: “¿Quién paga todo esto?”. Lo cierto es que no será recodada esta gala por mucho más que por el intento del creador de ‘Padre de familia’ por agilizar la duración de la ceremonia. A veces, y sólo a veces, es preferible que todo dure más si el resultado va a ser más satisfactoria. No estuvo mal la 85ª edición de los Oscar, pero supo a poco. Demasiado tal vez. En cualquier caso “Argo fuck yourself”.
LO MEJOR
- El vestido “pezonil” de Anne Hathaway, que revolucionó las redes sociales en los prolegómenos de la alfombra roja que hizo que un usuario que creó el nick @HathawayNipple se hinchará a conseguir seguidores.
- El ‘skecth’ de ‘El vuelo’ protagonizado por calcetines. Descojonante.
- Las maravillosas voces de Jennifer Hudson, Shirley Bassey, Adele y los protagonistas de ‘Los Miserables’ y Barbra Streisand que eclipsó a las demás con su antológico ‘The Way We Were’ un poco metido en la gala con calzador.
- Como siempre que está presente, en el Abismo se destaca la figura del totémico Jack.
- La canción ‘We saw your boobs’. Algo que sí pasará a la historia de los premios.
- La larga cabellera asilverada de Claudio Miranda.
- Lo bien que se lo pasó Quvenzhané Wallis, subiendo los brazos cada vez que l a enfocaban como Hushpuppy, su personaje en la entrañable ‘Bestias del sur salvaje’.
- Que entre tanto vestido de lujo y boato de diseño, Ellen Hunt optara por un vestido de H&M con el mismo glamour que sus compañeras. En tiempos de crisis…
- Corinne Bishop, la hija de Jamie Foxx. Sin duda alguna.
- ¿Qué sería unos Oscars sin Halle Berry y Charlize Theron? Realmente espectaculares.
LO PEOR
- Lo previsible de todo.
- Faltó humor, los vídeos con montajes sarcásticos que tan bien funcionan. Algo más de dinamismo visual, no sólo en el contenido.
- 85 años y sólo hubo homenaje a James Bond, con la cantidad de momentos históricos que podrían haber repasado con esta onomástica.
- La falta de anécdotas, más allá de la caída en las escaleras de Jennifer Lawrence y algún chiste imprudente del gran MacFarlane.
- Ver el rostro sonriente de Spielberg, que asiste siempre a los Oscar para irse de vacío.
- Un poco el discurso del presidente Hawk Koch, que fue presentando a los aspirantes de un concurso de videos con un trasfondo sociológico para concienciar de muchas mejoras que se pueden hacer en el mundo. Superñoño.
- El larguíííííísimo discurso de agradecimiento de Anne Hathaway.
- Que Salma Hayek fuera tan tapada. Esto no eran los Grammys.
- El rostro casi inexpresivo de Nicole Kidman, que parece su estatua robada del Madame Tousad.
- Que Jessica Chastain no se llevara el premio a la mejor actriz.
- La presencia de Michelle Obama en el último premio.
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domingo, 24 de febrero de 2013

Llegó la noche de los Oscar


El Oscar, denominado así desde 1927, es el premio otorgado por los miembros de la Academy of Motion Picture Arts and Science a las películas más importantes del año. Una figura de bronce, bañada en oro y diseñada por el decorador Cedric Gibbons y elaborada por el escultor George Stanley, que recibe su nombre por la leyenda en torno a la secretaria Margaret Herrick, quien le sacó parecido con un tío suyo llamado Oscar Pierce. Sin embargo, se cuenta que el columnista Sidney Skolosky aseguraba que el nombre surgió de una entrevista que le concedió Katharine Hepburn en 1934 (cinco años antes de la adquisición del nombre oficial) cuando la actriz obtuvo el premio y se refirió a éste como “su Oscar”. La concesión del premio depende de los miembros de la Academia, elegidos por cooptación en todas las ramas de la industria cinematográfica.
Tras una sucesión de selecciones, se proponen los nombres de las películas y de los candidatos para el voto final. Para ser seleccionada en cualquiera de sus categorías, la película debe haber sido exhibida comercialmente durante al menos siete días consecutivos en cualquier sala cinematográfica del condado de Los Ángeles. Para ello, una cinta no podrá participar si su primera exhibición pública o distribución se ha realizado a través de otro medio diferente. La votación es efectuada exclusivamente por los miembros vivos y activos de la Academia con un voto secreto que será contado por la Price Waterhouse Coopers, una firma de notarios públicos designada por el presidente de la Academia. Para las películas de habla no inglesa, el filme debe haber sido exhibido en su país de origen entre el 1 de noviembre del año de su realización y el 30 de septiembre del año de las nominaciones. Los Premios Especiales de la Academia son el Oscar Honorífico, que reconoce la carrera y la contribución al arte de la cinematografía en cualquiera de sus funciones y los premios Irving G. Thalberg, el Humanitario Jean Hersholt y el Gordon E. Sawyer a los apartados tecnológicos y técnicos.
Sus más conocidas sedes ha sido los míticos Dorohty Chandler, el Shrine Auditorium y el monumental Kodak Theatre, que este año se pasa a llamarse Dolby Teathre, diseñado por Rockwell Group, un inmenso complejo situado en Hollywood & Highland de Los Ángeles con capacidad para 3.400 personas repartidas en 24 plateas y en el que destaca una tiara con motivos del Campidoglio de Miguel Ángel en Roma y una sala de prensa para 1.500 periodistas. Los primeros presentadores de la gala fueron Douglas Fairbanks y William C. de Mille y entre los destacados en esta función de maestro de ceremonia por el número de veces que han presentado la gala figuran Bob Hope (16), Billy Crystal (9) y Johnny Carsson (5). Este año se estrena como anfitrión Seth MacFarlane, creador de ‘Padre de familia’ y poseedor de un humor cáustico que prevé sorpresas para una noche que brindará otra de esas galas intrascendentes donde la diversión y el cine presentan su cara más glamorosa.
El vídeo es un ‘supercut’ de Nelson Carvajal con clips de todas las películas ganadoras del Oscar a la mejor película acompañado de la canción ‘November’, de Max Richter. Esta noche, a ver qué nos depara la 85ª edición de estos premios.

jueves, 21 de febrero de 2013

‘Refugio 115’: un cortometraje de Iván Villamel

La oscuridad como amenaza
En la Barcelona de la Guerra Civil, un grupo de ciudadanos permanece en un búnker antiaéreo refugiándose del fragor bélico, ajenos a los rumores que apuntan a extraños fenómenos extraños que acontecen en estos inhóspitos lugares bajo el suelo de la ciudad. Es el punto de arranque del cortometraje de Iván Villamel, una pequeña fábula que abre su presentación con una canción tradicional infantil para invitar al espectador a sumergirse en un mundo ajeno a la realidad bélica que se produce en el exterior. ‘Refugio 115’ avanza en sus apenas ocho minutos a través de unos siniestros pasillos subterráneos donde la oscuridad emerge como la alegoría que va más allá de ese impulso hereditario y universal que remite a insondables miedos de diversas y terroríficas dimensiones, conformado como parte del folklore del género de terror en cualquiera de sus dimensiones y descripciones artísticas.
Para ello, el director se esmera en crear una atmósfera opresiva, malsana y polvorienta que habilita un contexto irrespirable de efectos nictofóbicos, donde la vulnerabilidad de los personajes se ve sometida a una nada que les persigue y les absorbe. Es la ocultación de apariencia del Mal lo que confiere a ‘Refugio 115’ la ambigüedad enigmática necesaria para que Villamel explore los confines del vacío, de las derivaciones simbólicas de una guerra como transfondo, con una amenaza que está en esos túneles y no en la superficie, con la conflagración en pleno proceso de bombardeos y ataques civiles. Ésa presencia sin luz es el medio con el que la narración fabula mediante la interesante y tortuosa concepción telúrica y ancestral de la oscuridad que asola las conciencias con múltiples formas.
En ‘Refugio 115’ abunda la riqueza de simetrías entre el claroscuro que absorbe la esencia del relato desde el primer al último plano, tratando de extraer la psicología de la irrealidad que oculta la penumbra que se va “comiendo” a los protagonistas, atendiendo con un detalle minimalista los encuadres y los ángulos para que la composición esté en todo momento equilibrada y siga una línea cohesionada que no traicione ni su génesis ni al género que trata. La virtud de un cortometraje que se expone frontalmente y sin ardides de ningún tipo es que Villamel no pretende reinventar ni comprimir una corriente concreta, si no seguir fielmente la sencillez de la puesta en escena sin renunciar a un suspense cuyas referencias a lugares comunes del género resultan, en conjunto, muy estimulantes.
Se trata de un ejercicio de estilo que sirve como pretexto para definir la destreza del narrador a la hora de transportar al público en la indefensión de unos personajes al amparo de lo desconocido, con evidente herencia clásica, integrando ese relevante juego de luces y sombras, junto a un diseño de sonido ejecutado con precisión, que proporcionan a la textura subterránea los atributos necesarios entre lo escabroso y la fantasía donde la amenaza surge como un continuo ultimátum y se hace latente en todo su metraje.
‘Refugio 115’ discurre con elegancia demostrando numerosos instantes sugestivos, sobre todo, en lo concerniente a una llamativa narración visual, que se superpone a los matices emotivos, pues la demarcación de tiempo hace que Villamel haya optado por representar el terror subversivo con elementos fílmicos y expresivos de la oscuridad y de su significado antes que remarcar los mecanismos dramáticos de todos sus personajes.
Un cuento de terror cuyo propósito es crear una sensación inquietante sintetizada en el fuera de plano más elemental, alejado de cualquier efectismo, rehuyendo de la fisicidad o exhibición sangrienta que homenajea al cine de más clásico y sombrío legado. Villamel aboga por el género fantástico de tono perturbador, cuya tesis habita en la significación simbólica de esa sugerente negrura que parece arrasar la recóndita esperanza de libertad y paz del ser humano y de la que, como esos conductos bajo tierra, parece no tener escapatoria.

martes, 19 de febrero de 2013

XXVII Premios Goya: reivindicaciones oportunas y sensible mejora

Los primeros compases de la gala de los Goya dejaron claro que, por mucho que se hubiera incidido en que cualquier sentido crítico sería sutil, no iba a ser así. El infame ministro José Ignacio Wert, responsable del destrozo en la educación y cultura públicas que asola el futuro a corto plazo del sistema educativo español sonreía ante la interacción de una Eva Hache que empezó algo tenue, pero comenzó a lanzar dardos envenenados contra su despreciativa gestión. La realización de TVE no volvió a mostrar el rostro de este impresentable personaje, evidenciando la parcialidad de desaprobación subversiva. Si la retransmisión hubiera sido coherente, habríamos visto a este señor bostezando, desatendiendo su postura, distraído en su smartphone (esto sí pudimos verlo de soslayo).
Como buen político a Wert le da igual que los graves problemas que ha generado su partido esté hundiendo el país. La cuestión de anoche venía a decir: ¿es el foro adecuado para protestas revindicativas? ¿es oportunista el foco de atención para este tipo de críticas? La respuesta es bien sencilla: los miembros que componen la familia del cine español tienen el mismo derecho a quejarse de la catastrófica política de recortes como cualquier otro gremio, defendiendo lo suyo. Esto es así. Como se dijo en alguna ocasión anoche, el sector, sometido a recortes abusivos, podía haber celebrado un año récord de recaudación e indudable triunfo artístico. Pero la cosa no está para celebraciones.
Eva Hache estuvo a la altura de las circunstancias. En su segundo año como anfitriona estuvo contenida, directa en su ironía, concisa y resolutiva, haciendo gala del buen humor con el que iba lanzando sus pequeñas flechas contra el Gobierno, el ministro Wert, Bankia, los recortes, la corrupción política y la evasión fiscal e incluso aludiendo de forma irónica a la familia real e Iñaki Urdangarín. Más allá de eso, la presentadora estuvo sorprendentemente acertada en cada una de sus apariciones, aunque no se pueda decir lo mismo de sus vestidos. El primer Goya de la noche fue a parar a Joaquín Nuñez como mejor actor revelación por ‘Grupo 7’ ante la mirada de Tom Holland, el niño de ‘Lo imposible’, que miraba desde la platea sin enterarse de mucho, pero con una elegancia y un saber muy destacables.
Los siguientes fueron para Alain Barnée y Paco Delgado, como mejor dirección artística y mejor vestuario, respectivamente, ambos por ‘Blancanieves’, hecho que abriría la veda para ir consolidando a la cinta de Pablo Berger como la gran vencedora de la noche. Cuando el gran Álex O’Doherty salió a cantar un número primoroso, la gala evidenciaba que la mejora respecto a otras ediciones era una realidad. Magnífico el actor andaluz. También los videoparodias de las películas nominadas impusieron un salto de calidad, bien realizados y montados y con humor y cinismo perfectamente enfocados.
Enrique González Macho salió a pronunciar su discurso. Empezó desafiando a Wert y refiriéndose a los “doce meses de inquietudes” perpetrados por el Gobierno, siguió lamentándose de esa subida atroz del IVA, preocupado por el deterioro de RTVE, otra área que está sucumbiendo a la mala gestión y terminó, irremediablemente, invistiendo contra la piratería. El filme de J.A. Bayona comenzó también a acumular cabezones con el de mejor montaje y Raúl Arévalo, Carlos Areces y Javier Cámara (los azafatos de la nueva comedia de Almodóvar) entregaban los correspondientes a los cortometrajes. De nuevo la rabia contenida se desató sobre el Auditorium. Candela Peña se llevaba el Goya como mejor actriz de reparto por ‘Una pistola en cada mano’, de Cesc Gay. Comenzó chapurreando algo de catalán (en clara insinuación a otra de las muchas sandeces del ministro) y aseguró ver morir a su padre en un hospital público en el que no tenía ni mantas ni agua y ha tenido un hijo cuya educación es una incógnita. Demoledora.
Por supuesto, en TVE tampoco se molestaron en dejarnos ver la cara de Wert. Llegó el gran momento de hacerle el merecido homenaje a la gran diva de la noche, la estupendísima Concha Velasco, que se mostró en su salsa narrando sus continuos desencuentros con el premio y agradeciendo a todo el mundo el protagonismo de una noche inolvidable para una de las más importantes actrices que ha tenido el cine español. Aunque sí, el número musical dejó la oportunidad de ir a por cerveza, al servicio o estirar las piernas.
Y llegó ese momento destinado a pasar a los fastos de estos premios como la mayor cagada vista antes en los Goya. Un espectacular y grandioso WTF que dejó a todos con la boca abierta. Adriana Ugarte y Carlos Santos se marcaron el momento “perfao” de la noche. Entregaban el Goya a la mejor canción original. Abrieron el sobre y citaron la canción ganadora ‘Líneas paralelas’, de la película ‘Els nens saltvages’. Cuando los integrantes del grupo de rap bajaban eufóricos las escaleras, oyen “no, no, espera, que ha habido un terrible error” “qué marrón”, dice Povedilla. La ganadora es ‘No te puedo encontrar’, de Blancanieves. La red se llena de comentarios y chistes sobre el incidente y el ‘running gag’ ya está asegurado para lo que resta de noche. Incluso Alfonso de Vilallonga, ganador por ‘Blancanieves’ a la mejor partitura, pregunta a los actores “¿seguro?”. La locura total. Un lío de sobres lo puede tener cualquiera. Si no, que se lo digan a los dirigentes del PP.
Hasta ese momento de la velada ‘Blancanieves’ y ‘Lo imposible’ pugnaban con claro desequilibrio para la película de Berger. Que si sonido para ‘Lo imposible’ y Peter Glossop, uno de los técnicos, lee un discurso que bien podría haberse traducido con Google Translator. Otro más para la cinta del tsunami con dirección de producción. Macarena García le puso la emoción y las lágrimas al llevarse el de actriz revelación e incluso el número de Antonio Resines dando saltos mortales al bajar al escenario tiene su gracia, mientras Massiel aplaudía haciendo preguntarse al público porqué no estaba en la barra libre de fuera. Pablo Berger recogería el sexto para ‘Blancanieves’ como mejor guión original cuando toma como modelo el cuento de los hermanos Grimm y Gorka Magallón, Ignacio del Moral, Javier Barreira, Jordi Gasull y Neil Landau se llevan el de mejor guión adaptado por ‘Las aventuras de Tadeo Jones’, que a priori es un guión original surgido de los cortometrajes de Enrique Gato.
Maribel Verdú no quiso morderse la lengua cuando subió a recoger el de mejor actriz por ‘Blancanieves’ y soltó un discurso emotivo sobre esa gente que ha perdido la casa, el trabajo o incluso la vida por los desahucios y lanzó una nueva daga envenenada y llena de rencor y verdad reconociendo que vivimos en un sistema que les está robando a los pobres para dárselo a los ricos. Para entonces, ‘Blancanieves’ ya era la gran triunfadora de la noche, máxime cuando Kiko de la Rica obtuvo el de mejor fotografía por el estupendo blanco y negro utilizado en esa historia con transfondo taurino. Tras el vídeo ‘In memoriam’ que dejó el luctuoso recuerdo la gran cantidad de profesionales del cine que nos ha dejado este año, llegó otro de esos instantes esperados, cuando los “Chanantes” Ernesto Sevilla, Joaquín Reyes, Carlos Areces y Julián López hicieron un ‘sketch’ de reivindicaciones absurdas.
Es gratificante el talento para el humor de estos chicos, que son capaces de convertirse en lo mejor de una velada que, como siempre, empezaba a alargarse. Muy grandes los de ‘Muchachada Nui’. Julián Villagrán ganaba el de mejor actor de reparto por ‘Grupo 7’ y seguían cayéndole premios a ‘Blancanieves’ como el de maquillaje. Algo incomprensible que, por ejemplo, una cinta como ‘[REC]³ Génesis’ no opte siquiera a este galardón. Sin embargo, una cinta como ‘Juan de los muertos’, con zombies en la Habana, sí se llevó el de mejor película iberoamericana, que dio otro momento bastante cómico, con los responsables muy eufóricos y contentos con su premio, sobre todo el actor Jazz Vilá, totalmente “histérica” y “loca” ante el reconocimiento. Mítico.
‘Las aventuras de Tadeo Jones’ llenó el escenario con productores cuando consiguió el de mejor largometraje animado. Y Javier Bardem hizo lo propio en calidad de productor junto al director Álvaro Longoria por el documental ‘Hijos de las nubes’. El actor reivindicó los derechos del pueblo saharaui. Si para algo sirvió la noche de ayer fue para hacer justicias inexplicables, como que un tótem interpretativo de la talla de José Sacristán no tuviera ningún Goya. ‘El muerto y ser feliz’ es la película por la que el maestro recibió además del galardón, una ovación con todo el auditorio en pie. El veterano actor bien lo merece. Cuando ya estaba el pescado vendido, llego esa coyuntura ecuánime que este tipo de saraos necesita. ‘Lo imposible’ ha sido la película española más taquillera de la Historia. Y el Goya a Bayona era el reconocimiento justo a uno de los trabajos de realización más sobresaliente de los últimos años. Nada que objetar. Incluso se abría la posibilidad de que la superproducción pudiera dar la sorpresa.
El pequeño gran cineasta emocionó con sus palabras sobre el oficio y la cinematografía patria: “Hacer películas grandes no significa ser arrogante y hacer películas pequeñas no significa ser pobre. El cine español necesita películas grandes, medianas y pequeñas” exhortó emocionado. Tras esto le dio el Goya a María Belón, la superviviente del tsunami que originó el filme. El Goya a la mejor película fue presentado por Javier Bardem, que fue directo al grano y mencionó la gran ganadora de la velada: ‘Blancanieves’ fue la triunfadora. Acumuló diez bustos del de Fuendetodos y se alzó como la película patria de 2012 con un “Viva el cine libre” en boca de Pablo Berger. Una gala que determina un modelo a seguir. La excesiva duración no impide calificar a esta edición como una de las mejores vistas en años. Por todo, por su contenido reivindicativo, por su agilidad, por sus anécdotas y por fin por una progresión idónea y equilibrada para estos acontecimientos tan difíciles de armonizar. Gran gala la de este 2013. Este sí es el camino.
LO MEJOR
- El hombre del paraguas que acompañaba del coche oficial a los invitados al recinto. Él no se mojó, los nominados…
- Concha Velasco. Ella lo vale.
- Eva Hache, resolutiva, eficaz, una excelente anfitriona que se resarce de lo aburrido del año pasado ¿Nuestra nueva Billy Crystal?
- Los ‘chanantes’, capaces de levantar con muy poco la gala.
- Aida Folch, toda ella.
- El número del genial Alex O’Dogherty.
- Los discursos de Candela y Maribel, grandes actrices comprometidas con la causa.
- El “epic fail” de Adriana Ugarte y Carlos Santos. Sin estas cosas, los Goya no serían lo que son.
- Corbacho, con un ‘speech’ bien cabrón.
- Pepe Sacristán, por fin recogiendo ese premio que merece desde siempre.
- Jazz Vilá, de ‘Juan de los muertos’, de los Goya a Chueca y tiro porque me toca. Muy mítico.
LO PEOR
- La realización de TVE de la gala.
- De nuevo, el sonido tuvo etapas de nula audición.
- Jose Ignacio Wert. Mira que ha habido ministros odiables y odiosos, pero éste se lleva todos los calificativos destacados.
- El peinado de Hugo Silva y la barba “quiero y no puedo” de Mario Casas.
- Las gafas de soldador de Álvaro Longoria.
- El chicle de Antonio de la Torre.
- Se echó de menos a Santiago Segura, un valor seguro en estas noches.
- Que la película de Fernando Trueba se fuera tan de vacío.
- El modelo final de Eva Hache. Sus pezones parecían los ojos del propio Trueba.

lunes, 18 de febrero de 2013

All Star Houston 2013: la batuta de Chris Paul

Habituados a contemplar pachangas donde los egos de las estrellas proliferan por encima del colectivo en partidos destinados, muchas veces, a ser correcalles de calidad extrema, el All Star de esta madrugada dejó claro que algo está cambiando en el partido de las estrellas. Ya sucedió el año pasado con un encendido partido entre lo más granado de las dos grandes conferencias. El de ayer fue un partido de ensueño que dejó algunos de los momentos más serios vistos en años, con dos equipos jugando a ganar más allá del espectáculo, convirtiendo la magia en eficacia a la hora de demostrar quién era el mejor equipo, como si de un partido de temporada regular se tratara. En el Toyota Center se dio lo mejor y más esperado de este fascinante juego; grandes jugadas, mates, alley hoops, pases imposibles y una fuerte rivalidad entre unas estrellas con ganas de aportar lo mejor de sí mismos.
Chris Paul, a la postre MVP de la velada, llevó la batuta del combinado del Oeste, que mantuvo la iniciativa en el marcador desde los primeros compases. El Este, que partía con un plantel del lujo, echó sin embargo de menos a un base de garantías como Rajon Rondo o Derrik Rose, ya que evidenciaron las carencias de un funesto Chris Bosch, que no estuvo a la altura en ningún momento. Precisamente, Paul le hizo un par de caños por debajo de las piernas que puso en evidencia al jugador de los Heat. Kevin Durant es un jugador especial, único. Sigilosamente, sin muchos alardes e imperceptiblemente, fue sumando puntos y repartiendo juego entre los suyos. Unido a las ganas del poderoso Blake Griffin el Oeste empezaba a encontrar los puntos débiles del Este, apoyados en LeBron, Wade y Garnett. Cuando salieron Joakim Noah, Kyrie Irving y Jrue Holiday el conjunto de Spoelstra se reforzó y la cosa se fue igualando gracias también al acierto de Carmelo Anthony desde fuera del perímetro. Ni siquiera cuando LeBron comenzó a avivar el juego consciente de variar el resultado, Durant y Paul bajaron la guardia.
El espectador estaba asistiendo a una auténtica batalla de talentos. Kobe Bryant estuvo muy discreto a lo largo del encuentro para lo que suele ser él, pero en los instantes finales, cuando al Este le entraron las prisas para poder imponerse en el All-Star, le puso dos soberanos “gorros” a la estrella de Miami que hicieron que el público se pusiera en pie e inclinó la balanza con la ayuda de James Harden, poniendo el marcador diez puntos por encima a favor del Oeste y sentenciando una noche para el recuerdo en el que hasta las faltas no pitadas se protestaban con vehemencia por parte de los jugadores. Un hecho inaudito. El resultado final 143-138 y Paul llevándose el trofeo al jugador más valioso de la noche con un “doble doble” gracias a sus veinte puntos, quince asistencias y cuatro robos de balón.

domingo, 17 de febrero de 2013

38 palos

Los años van cayendo inexorablemente. Uno podría decir que incluso con prisa. la cercanía ineludible de la senectud, los achaques propios del crecimiento maduro encaminado a la edad provecta; las arrugas, la caída del cabello, las canas, el descolgamiento testicular, la hipocondría, el taca-taca, el fascinante mundo de las sondas, la cuñita, el respirador artificial, las partidas de petanca… Todo ello no es más que una gambox artificial que nos colocamos en los duros días en los que uno va entrando en años en los que comienza a atisbar el principio del fin. Es así. Para todo el mundo. La juventud se desvanece como la arena entre los dedos. Se supone que con esa conocida crisis que emerge cuando se ronda los dígitos que comienzan por el número cuatro, uno abandona esa supuesta vida sosegada y estructurada para pasar a querer retomar las experiencias de los veinte.
Muy bien. En este apartado, yo lo tengo bastante chungo. El escenario de mi vida ha hecho que el ciclo que comencé cuando alcancé la mayoría de edad no se haya clausurado definitivamente. Precisamente, por eso no lo echo de menos. Sigo viviéndolo. Me he habituado a esa tónica del ‘carpe diem’ absurdo, negándome de forma involuntaria a profundizar en la verdadera importancia de la trascendencia vital. La llamada a la madurez. Y, paradójicamente, es lo que me arrastra a la zozobra existencial. Lo lógico al llegar a ciertas edades sería hacer un balance o postulado, procurando desestigmatizar todo lo negativo y virando hacia una actitud más adulta e incluso aprensiva. Cumplo 38 y no he consumado satisfactoriamente algunas metas que todos consideran nomotéticas y establecidas como tener trabajo, tener hijos, cierto poder adquisitivo o estabilidad a medio plazo ¡Qué panorama, oigan!
Para colmo, vivimos en un país de gobernantes ladrones que cercenan cualquier expectativa de mejora para los que sufrimos sus constantes putadas y atentados a los derechos ciudadanos. Tampoco creo que ayude mucho que mi incapacidad para madurar y la realidad se lleven mal entre sí. Por lo que voy a hacer una cosa; como le dije al amigo César Brito para su blog ‘Pasaporte Charro’ hace poco, uno no tiene más remedio que mirar al desapacible futuro y mantener lo poco que queda de ilusión lo más intacta posible, procurando sobrevivir como uno bien pueda y seguir en pie sin renunciar a ello. Lo importante es no rendirse nunca. Ahí, con dos cojones. Sólo así podremos soportar el constante desengaño del presente y aguardar nuestra oportunidad en caso de que aparezca. Así que vamos a vivir lo que hay con el mejor de los rostros, justificando que esta irrefutable circunstancia anual da vía libre para la juerga dipsomaníaca sin límite, la diversión y el guiño al circunstancial albedrío que me ofrece mi situación. Bebamos y miremos al futuro desafiándole. Y mañana, resaca.
Ya lo decía Sancho Gracia en ‘800 Balas’: “No divertirse cuando uno puede es el peor pecado que existe en este mundo”. Así que vamos a ello.

jueves, 14 de febrero de 2013

Veneno

Hace tan sólo unos días, el futbolista del Anzhi Majachkalá de la liga rusa Samuel Eto’o y uno de los iconos del fútbol camerunés, salió a la palestra de las noticias internacionales al calificar a los dirigentes del fútbol de su país como corruptos e incompetentes, lo que le ha llevado a elaborar una especie de paranoia conspiratoria que apunta a que esos mismos altos cargos quieren acabar con su vida y que por ello iba a pedir las camisetas de su selección a la marca que distribuye la equipación a su selección y evitaría comer con sus compañeros para evitar ser envenado durante las comidas de las concentraciones futbolísticas de Camerún. Tanto es así que, convencido de que su vida corre serio peligro, vive acompañado de un grupo de guardaespaldas que velan por su integridad. Ayer saltaba a la portada de los telediarios otra noticia relacionada con el veneno. Un hombre que trabajaba en la sidrería El Lavaderu de Gijón fue arrestado tras una investigación en la que se determinó que había envenenado a catorce compañeros de trabajo con un fármaco en la comida que, mezclado con alcohol, potenciaba su efecto nocivo sobre la salud, provocando serias alteraciones en el personal de este conocido bar gijonés. En 2011 falleció el jefe de cocina de dicho establecimiento por esta consecuencia.
El enjambre de casualidades nos refiere a Margot Woelk, una nonagenaria que ha descrito hace muy pocos días que su trabajo durante el nazismo consistió en ir probando la comida que servían a Adolf Hitler como prueba para detectar venenos y evitar así atentados contra su vida. La obsesión compulsiva del III Reich le llevó a que en su cuartel de Eastern Front en Polonia, la célebre Guarida del Lobo, tuviera una cohorte de mujeres que testeaban los alimentos antes de que llegaran a la boca de Hitler. Por cierto, que esta mujer contaba de qué forma el gran líder alemán vivía obsesionado con la alimentación vegetariana, llegando a proponer a Joseph Goebbels una férrea intención de convertir a todos los alemanes y países conquistados al vegetarianismo. Y es que la fascinación por los venenos enciende la crueldad humana con sus siniestras consecuencias fisiológicas a través de esa funesta mezcla química. Claudio, Sócrates, Séneca, Carlos VI, Rasputín, Mozart, Napoleón e incluso puede que Marilyn Monroe son célebres personajes que murieron de forma prematura ante los efectos de alguna sustancia letal destinada a acabar con sus vidas.
El veneno parece estar de moda. Si no, basta con encender cualquier noticiario y comprobar cómo en España persiste uno que la está matando: esos políticos y banqueros corruptos son peor que la cicuta, el polonio, el arsénico y el antimonio juntos. Vivir en este país, por ende, es similar a respirar constatemente ese hedor de "verde Scheele" que acabará con nosotros.
Trágico, todo ello. Sin embargo, siempre podemos preguntarnos ¿Veneno? ¡Es veneno! Pero huele a canela… ¡A canela! Pero es veneno ¡Es veneno!...
Ilustración: Andy "Tul" Thomas.

lunes, 11 de febrero de 2013

El fascinante arte retro-futurista de Laurent Durieux

El universo del ilustrador y artista gráfico belga Laurent Durieux encuentra su germen en los mundos de Georges Méliès, Julio Verne, H.G. Wells o el diseñador industrial Raymond Loewy, trufado de enormes robots, sinuosas formas de Snoopy, miradas personales a míticos iconos del bestiario colectivo como Bigfoot o King Kong o referencias retro-futuristas a la esencia de personajes mítico de la talla Buck Rodgers. Este profesor de diseño comenzó a despuntar cuando una de sus serigrafías de ‘Tiburón’ (la que ilustra este post) despertó el interés del mismísimo Steven Spielberg, que le encargó varias copias, y después sería  citado como uno de los mejores ilustradores del mundo dentro de la prestigiosa revista Lürzer’s Archive.
Cuando el Dark Hall Mansion le encargó una serie de trabajos en Los Ángeles inspirados en el personaje de Charles Schulz Snoopy y otra basada en la serie de manga ‘Tetsujin 28-go’ de Mitsuteru Yokoyama que en Estados Unidos se rebautizó de forma más occidentalizada como ‘Gigantor’, la fama de Durieux se afianzó con un nombre respetable dentro del diseño internacional. Su contribución a la exposición ‘The Universal Monsters’ en Austin, Texas, con ilustraciones de la Momia, Frankenstein, el Hombre Lobo o la Criatura del Pantano y un excelente trabajo sobre el Mago de Oz que entregó a la Bottleneck Gallery de Brooklyn son otras muestras de este prolífico talento que reconoce sus máximas influencias en Jean Giraud “Moebius” y sus obras cumbre ‘Arzach’ y su trabajo para ‘Metal Hurlant’. Asimismo es el director de un corto animado titulado ‘Hellville’, en el que retrata una sociedad que se mueve en vehículos que se desplazan únicamente con pedales.
Si queréis echarle un vistazo a su maravillosa obra, aquí tenéis su Flickr.

viernes, 8 de febrero de 2013

Review 'Amor (Amour)', de Michael Haneke

La derrota contra el tiempo
Aunque pueda parece algo más heterogénea que anteriores cintas, ‘Amor’ es un crudo y atroz relato acerca de la vulnerabilidad ante la que se enfrenta el ser humano cuando la vejez y la enfermedad golpean de forma cruel su existencia.
Michael Haneke es un erudito experto en enfrentar a la confortable vida burguesa occidental con temores como la violencia, la culpabilidad, la incomprensión, la soledad, el sadomasoquismo, la incomunicación e incluso escarbar en la Historia para ofrecer particulares metáforas sobre el peligro del poder único o de la religión ortodoxa. Su filmografía es una de las más rotundas y personales del cine europeo. Es capaz de transformar su prodigioso análisis de la sociedad en una experiencia radical que nunca puede dejar indiferente, bajo una mirada contigua al voyeurismo de la fría realidad ante la que es preciso sustentar arduamente la observación ante lo que se ve. Su intensidad provoca y determina una posición y reflexión concretas. Así es Haneke.
El arranque de ‘Amor’ define perfectamente el carácter del director austríaco. Su circunspección sin reservas expone el crudo prólogo con la irrupción de unos bomberos en un espacioso apartamento parisino que desprende un insoportable hedor. Tras el examen del mismo, descubren a una anciana fallecida tumbada en una cama, ataviada con un vestido y rodeada de pétalos de flores. Fundido a negro y el título de la película. Seguidamente, Haneke predispone al espectador con un plano de un patio de butacas de gente observando un concierto. Un plano que parece avanzar la sacudida emocional que viene a continuación. Al cineasta le encanta ‘objetivizar’ al público como un materia pasiva de la mirada, con la intención de involucrarle con lo que percibe y haciéndolo partícipe de los desapacibles viajes a los que instiga. En esta ocasión, a través de la rutina de dos ancianos jubilados que fueron profesores de música que ven alterado ese día a día y su vínculo afectivo por una inesperada enfermedad degenerativa que anuncia que todo va a cambiar a peor. La mutación de la normalidad conlleva a una entraña y compleja prueba de amor. Tras un primer seísmo que sobresalta e inquieta su existencia, la mujer hace prometer a su marido que no volverá a un hospital pase lo que pase.
Esta historia crepuscular alcanza el grado de verosimilitud habitual de su director, que en ocasiones se muestra seco y esquemático, yuxtapuesto a una realidad austera y directa en su empeño de representar y escudriñar lo que el paso de los años define, percibiendo que en cualquier gesto, movimiento, silencio, mirada o conversación (por muy intrascendente que parezca) se esconde una vida en común que se apaga lentamente sin perder el ápice de entrega. En este parsimonioso desarrollo, la sobriedad invisible y la audacia argumental de sus imágenes se traza la voluntad de poner al espectador ante un espejo en el que todos tendremos que mirarnos antes o después, sin ahorrar detalles en esa languidez trascendental que impone la decrepitud y la muerte. ‘Amor’ impone con ello un alto grado de exigencia e interpelación con respecto al que mira. A pesar de lo heterogéneo que pueda parecer su primer tramo, ‘Amor’ continúa diseccionando desde un objetivo endoscópico el género humano, con una escrupulosidad que llega a ser insostenible, lanzando al público a una diáfana realidad de circunstancias y contextos sin filtros que la suavicen. Se trata de mirar de cerca a eso a lo que nadie quiere enfrentarse o no quiere pensar.
La gélida poética que rodea el drama, sin apenas música y con la sopredente fotografía de Darius khondji, aborda con naturalismo intrusista situaciones que no atienden a dramatismos fáciles ni a la triste situación del matrimonio, sabiendo ser sutil en la enfermedad y en los diagnósticos o el terreno médico de una situación insostenible. El fuera de campo es una de las especialidades del cineasta y con un par de sublimes elipsis, devuelve la acción a la intimidad de un hogar que ve apagarse la vida. De este modo, el drama se circunscribe a un único espacio que confiere una atmósfera cerrada, sometida a la progresión fatal de la mujer, a los silencios y la soledad en la que empieza a caer un marido por la falta de diálogo, por la pérdida de su hábitat que se desvanece descompuesto por la enfermedad. Sin embargo, Haneke, mínimamente, abre pequeños instantes ese terreno de opresión; con las esporádicas visitas de Eva (la hija interpretada por Isabelle Huppert) y un antiguo alumno que triunfa en el mundo de la música (Alexandre Tharaud) o la súbita dedicación de un par de enfermeras que tratan a la anciana de forma desigual. Incluso se acerca a la sensibilidad, cuando Anne quiere echarle un vistazo a unos álbumes de fotos y suspira por las imágenes de la vida en forma de recuerdos. También permitiendo respirar unos segundos al espectador deteniéndose en primeros planos de obras pictóricas y disponiéndolo para lo que verá a continuación.
Con la devastación de ese amor humanista que pugna contra la catástrofe, que grita en silencio al dolor del vacío, se esconde una mirada sobre la crisis de la sociedad contemporánea, al miedo y a la discapacidad para erigir ese sentido que encuentra el anciano como resistencia resignada a tan degradante dolor. ‘Amor’ hurga el trance de ser anciano y los obstáculos a lo que ello conlleva, con la decadencia física y psicológica que se aguanta con la convivencia y necesidad acumulada durante décadas. Es la agotada demostración del amor incondicional de ese viejo desolado que lucha por no separarse de su esposa y que va dejando su propia salud en el esforzado acto de procurar atender a la mujer que va quedando postrada en cama y sin poder discernir o de sentirse insultado al ver cómo una asistenta peina sin ternura a su mujer, de asumir, en definitiva, que la decrepitud conlleva a la pérdida de la dignidad humana y al carcoma de la identidad de ese ser querido que desaparece lentamente y dilata aún más el sufrimiento conjunto.
El amor, en este filme, está definido a la perfección con la complejidad que el propio término simboliza. A lo largo de este triste periplo que vivimos junto a la marchita pareja se reivindica un sentimiento que resulta menos romántico y enternecedor como brutalmente perturbador y atroz, pero que convoca tal cantidad de emociones que es imposible no sentir la devastadora convulsión con esa derrota contra el tiempo, ese toque de atención de Haneke por la vulnerabilidad ante la que se enfrenta el ser humano cuando la vejez golpea de forma cruel a su naturaleza. A tal muestra de verismo, de sacrificio ante una cámara estremecen las interpretaciones de Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant, con sendas actuaciones dolorosamente reales, que hacen sentir la angustia de debilitación condenada a la extinción con una dignidad y una valentía loables.
‘Amor’, estremece y remueve las entrañas. Estamos ante una obra maravillosa y profunda, estoicamente amarga que inspira el verdadero sentido del amor más allá de su concepto y explicación, incurriendo en terrenos como la compasión y la lealtad, símbolos de su naturaleza agotadora. Haneke sigue expresando con su cine que continúa ajeno al ámbito demostrativo, que prefiere atribuir e invitar su propósito a la reflexión del que siente este cine imposible de esquivar. Su lapidaria última obra es una lección de vida de antiséptico y cruel realismo que perdurará en la memoria hasta que ésta aguante.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2013

jueves, 7 de febrero de 2013

Fallece Stuart Freeborn, el mito del 'make up'

Stuart Freeborn fue un autodidacta. Debutó en un departamento de maquillaje cinematográfico en 1936, en ‘Wings of the Morning’, la primera película filmada en Technicolor. Sus primeros reconocimientos llegaron con ‘Green For Danger’ in 1946 y el ‘Oliver Twist’ de David Lean, cuya polémica caracterización de Fagin en el rostro de Alec Guinness le valieron algunas críticas. Aún así, Freeborn comenzó a destacar y a ser una primera figura de la caracterización en cintas de aventuras como ‘Los arqueros del rey’ o ‘Su majestad de los mares del Sur’. A punto de morir en un accidente de tráfico mientras trabajaba en ‘El puente sobre el río Kwai’, siguió con su carrera y tras una quincena de títulos, Stanley Kubrick le llamaría para darle forma con sus genuinas prótesis faciales a los rostros de tres personajes interpretados por Peter Sellers en ‘Teléfono rojo: volamos hacia Moscú’. Con Kubrick repetiría en ‘2001. Una Odisea del Espacio’, erigiéndose como uno de los más importantes innovadores de su trabajo.
Las conceptuales formas ya avanzadas por el maquillador en ‘The Dawn of Man’ que quería Arthur C. Clark no convencieron a Kubrick, cuya intención era mostrar esos huesos que simbolizan el comienzo de la creación humana hasta la llegada del monolito en un plano de recreación naturalista con todos los primates. Los trajes de simio creados por Freeborn supusieron un antes y un después en la personalización animal dentro del cine, la más perfeccionada y realista hasta la fecha. Además, la utilización de sutiles mecanismos sirvió de fuente e influencia para que Rick Baker rompiera los moldes del ‘make up’ con ‘Un hombre lobo americano en Londres’. Esta nueva tecnología aplicada al maquillaje fue utilizada también en los salvajes caninos de ‘La profecía’, a la que se unió la cabeza segmentada de Jennings, interpretado por David Warner, fabricada con un compuesto de acrílico dental.
Todos esas nociones revolucionarias hicieron que George Lucas contara con él para su saga de ‘Star Wars’, donde explotó su creatividad y talento instaurando modelos que serían imitados hasta la saciedad. En la memoria colectiva quedarán marcados Chewbacca y Yoda, en las que Freeborn ejerció de generador de ambos mitos, pero también una serie de criaturas que han pasado al imaginario colectivo de los mitómanos de la saga. También estuvo presente en otra célebre saga, la de ‘Superman’ y se animó a renovar los Teleñecos en ‘El gran golpe de los Teleñecos’, catalizador de gran parte del desarrollo técnico de estos muñecos.
La mítica piel de espuma, los combinados de reflectantes con pintura cromada, la ingeniería aplicada a los gestos de criaturas fantásticas, la intrusión de la fibra de vidrio, la construcción de prótesis de todo tipo y tamaño y la complejidad evolutiva con la que Freeborn fue gestando sus hazañas le convirtieron en un auténtico mito dentro del Séptimo Arte. Abandonó su trabajo con 76 años, en el año 1990, dejando algunos últimos filmes como ‘Top Secret’, ‘Rey David’ ‘Santa Claus’ o ‘Terrorífica luna de miel’. El próximo año hubiera llegado a los 100 años. Pero el mago del maquillaje se ha ido con los deberes bien hechos. En una era donde los efectos digitales y la creación CGI han ido depauperando la función artística de los creadores de ‘make up’ artesanos, Stuart Freeborn siempre tendrá un hueco en la Historia como uno de los más grandes.

martes, 5 de febrero de 2013

2013: Coincidencias numéricas de fechas pares

El año pasado se nos acabó esa entrañable parida numérica de llegar a una fecha de dudoso calado alquimista en la que las dos últimas cifras del año concordaban con las mismas que las del mes y el día. Desde que empezamos el siglo ha ido siendo así. Pero se acabó. 2012 dio al traste con la extraordinaria e ineludible coyuntura. Hasta el 1 de enero de 2101 no volverá este ciclo. Casi todos nosotros, incluidos muchos de los que aprovecharon este tipo de días para casarse o que simplemente buscaron un sortilegio inexistente en el calendario gregoriano la habremos diñado. Este tipo de conjunciones de números se ajustan a una simple estética del número, más allá de los simbolismos o significados que pueda tener. Sin embargo, los amantes de este absurdo, no os desesperáis.
Si los que siguen buscando este tipo de curiosidades numerales se han quedado con ganas de más en la dádiva curiosa que hemos ido acumulando en el último decenio, que sepan que en este 2013 cada mes par, cuando coincidan día y mes (a excepción de febrero -que ha caído en sábado-) será indefectiblemente jueves ¡Todos los meses!
¿Qué misterios ocultará tal casualidad? ¿Qué simbolizará? ¿Alguna denotación cósmica? ¿Simple coincidencia? ¿Tal vez demasiada?

lunes, 4 de febrero de 2013

XLVII Super Bowl: La noche "fratricida" del apagón y de los Ravens de Baltimore

Contra todo pronóstico los Ravens de Baltimore empezaron asumiendo el mando del partido muy pronto. No sólo por ese ‘touchdown’ de Anquan Boldin a pase 13 yardas de Joe Flacco en las postrimerías del encuentro, sino porque las sensaciones de dominio absoluto iban más allá de los tímidos puntos del ‘pateador’ David Ackers de los 49ers. La interesante batalla fraternal de los hermanos Harbaugh en los banquillos parecía oscilar hacia los de Baltimore, que veían cómo su ‘quaterback’ Flacco hacía excesivamente viable enviar pases para que Jacoby Jones logrará el segundo ‘touchdown’ de la noche y poner en el marcador, inmediatamente, 14-3. Una espectacular acción que volvió a repetirse instantes después cuando de nuevo Flacco completara un pase de 56 yardas y Jones anotara su segundo ‘touchdown’, tercero para los Ravens. Los de San Francisco estaban poco menos que sometidos y derrotados, pero lograron acicalar el resultado con un ‘field goal’ y llegar al descanso con un rotundo 21-6.
Fue el momento del ‘half-time show’, que es un evento en sí mismo dentro de este ostentoso escaparate que supone la Superbowl. Se había hablado (y mucho) de la decepción que había supuesto que una superestrella de la talla de Beyoncé no hubiera cantado en directo en su actuación de la investidura del presidente Obama recurriendo al ‘playback’. Ni Alicia Keys, que se marcó un portentoso ‘Star-Spangled Banner’ de apertura que hizo llorar a algún jugador, ni Jennifer Hudson, que parece tres veces menos desde su Oscar por ‘Chicago’ ni el más ñoño coro de la Escuela Primaria Sandy Hook, de Newtown, Connecticut, que interpretó el ‘America the Beautiful’ pudieron hacer sombra al vendaval que supuso sobre el escenario la gran diva de la música.
La silueta de la pantera en el Superdome de Nueva Orleans circunscrita a un surtidor de fuego dejó una de las actuaciones más memorables y entregadas que se recuerdan. Comenzó con ‘Love on top’ y ya en sus primeros compases se notaban las ganas de exhibición y poderío de la artista afroamericana. Todo un ciclón sobre el escenario rugiendo con éxitos de su repertorio ‘Crazy in Love’, ‘Baby Boy’, ‘Halo’ hasta llegar a los ‘Bootylicious’, ‘Question’ y ‘Single ladies’ que, para asombro de todos, tuvo la comparsa de Kelly Rowland y Michelle Williams, las antiguas Destiny’s Child al completo. Momento memorable. Un golpe de efecto que cerró una actuación que sirvió para acallar todas las bocas críticas y que la consagraba una vez más como una superestrella infalible.
La reanudación del partido parecía consolidar la invasión de los Ravens sobre el campo de los 49ers, máxime cuando de nuevo el ‘wide receiver’ Jacoby Jones se marcaba una estratosférica carrera hacia un ‘touchdown’ de 109 yardas, nuevo récord en una Superbowl. El marcador 29-6 era una losa que obligaba a los de San Francisco a la gesta. Fue cuando la luz de medio estadio se apagó, provocando un parón que duró casi 40 minutos, complicando la existencia de los anunciantes y subiendo los nervios de un apagón que sirvió de excusa para acudir al servicio, preparar algo en la barbacoa, rellenar el vaso con cerveza o comentar qué pasaría cuando volviera la luz.
Y esa larga pausa fue un alivio para los de Jim Harbaugh, ya que cuando se reanudó el encuentro, el quarterback Colin Kaepernick lanzó un pase al receptor Michael Crabtree para anotar el primer ‘touchdown’ de la noche para los 49ers, a lo que prosiguió otro más por parte de Frank Gore. La Superbowl se ponía 28-20 y el partido abría las puertas al equipo de San Francisco y le daba emoción a la noche. Tras una recuperación y un ‘field goal’, los 49ers se ponían 25-28 con un parcial de 17-0 sobre los de Baltimore. El último cuarto dejaba toda la adrenalina y la emoción que se puede esperar de un choque de estas características. Cuando Justin Tucker adelantó con tres puntos más para los Ravens emergió la figura de un desaparecido Kaepernick, anotando un nuevo ‘touchdown’ y poniendo un marcador de infarto en 31-29.
Tras un ‘field goal’ de Tucker para Ravens, en el marcador lucía el resultado 34-29 a menos de cinco minutos para la finalización. Los 49ers pudieron ganar ese sexto título y colocarse en el podio de equipo más laureado junto a los Pittsburgh Steelers, sumando cuatro ‘downs’ a tres yardas del Touchdown en el último minuto. Baltimore entregó un ‘safety’ y dos puntos. El encuentro finalizó con un pateo desde la yarda 20 que remató el partido con el 34-31 final cuando apenas faltaban dos segundos. El contraataque de San Francisco fue detenido por la mejor arma de los Ravens, su sólida defensa, la misma que les metió en la Super Bowl y que le convirtió en finalista a merced del favoritismo de la escuadra de San Francisco. Con ello, lograron su segundo Trofeo Vince Lombardi en lo que va de siglo. Ninguno de los dos equipos había perdido las finales que habían disputado. Flacco fue elegido MVP con una efectividad de 22 de 33 en pases para 287 yardas y tres ‘touchdowns’ y bruñó la retirada de un clásico como Ray Lewis tras diecisiete años en la NFL y cuestionado por verse envuelto en el feo asunto del doping. El hermano mayor, John le había ganado la partida “fratricida” a Jim. El duelo de los Harbaugh se saldó con esta Superbowl emocionante para los Ravens.
En el aspecto comercial televisivo, como siempre crucial en este sarao deportivo, donde treinta segundos de emisión acarrean costes millonarios, se utiliza el evento como método de difusión de grandes masas como un punto focal alrededor del cual se construye la leyendaria promoción por parte de las grandes firmas. En esta edición se pudieron ver como cada año algunos de los ‘spots’ más ocurrentes, curiosos o divertidos del año. También algunos de los más costosos. El de los abuelos rebeldes de Taco Bell, 'Perfect Match’, de Go Daddy con Bar Refaelli comiéndole los morros a un ‘nerd’ grodo y poco agraciado, los de Hyundai (sobre todo ‘Team’), los de Doritos (míticos ‘Goat 4 Sale’ y ‘Fashionista Daddy’), el desértico Coke Chase, el ‘Whisper Fight’ de Oreo, el de ‘Best buy’ con Amy Poehler, Budweisser con ‘Brotherhood’, por supuesto el de la diosa sexual Kate Upton ‘Washes a Car’ de Mercedes, el fabuloso de Tide con la aparición de una mancha con el rostro de Joe Montana o los más típicos de M&M’s, Toyota, Speedstick. KIA o Pizza Hut dejaron ese toque de espectáculo televisivo que también forma parte, y de qué manera, de esta multitudinaria retransmisión deportiva. De los esperados trailers de cine; ‘Iron Man 3′, ‘El Llanero solitario’, el primer avance de ‘Fast & Furious 6′, ‘Oz, un mundo de fantasía’ y ‘Star Trek: En la oscuridad’ fueron los anuncios cinematográficos de una noche que, año tras año, transfiere su contexto de disputa deportiva para transformarse en una cita mundial con la esencia del ‘show’ estratosférico y universal. La Superbowl es mucho más.
Como cada año, podéis ver todos los spots de la noche en el Canal de Youtube dedicado a esta parte de la Superbowl. así como el termómetro que indica lo más votado por los telespectadores a través de votaciones por Twitter en el ‘Brand Bowl’ anual de Boston.com y unas pequeñas reviews con anotaciones sobre cada comercial escrito por Amber Lee para Bleacher Report.
Archivo de artículos abismales de anteriores ediciones