martes, 31 de diciembre de 2013

Resumen Abismal del 2013 Cinematográfico

TOP TEN 2013
10. 'Gravity (Gravity)', de Alfonso Cuarón.
Los trece minutos del plano secuencia que abren ‘Gravity’ transgreden todas las leyes lógicas de la fluidez y el movimiento cinematográfico de una cámara que circula con una perfección geométrica, describiendo un contexto conocido pero ajeno como es el espacio exterior. Alfonso Cuarón emerge como un visionario que capta a un nivel superior esa sensación de levedad, deslizándose por el infinito, siendo capaz de girar 180 grados para introducirse en el punto de vista subjetivo de uno de sus personajes y mirar a través de sus ojos. Con un dominio asombroso del dinamismo y la coreografía, introduce sin respiro al espectador en la desorientación de un ámbito silente, pero a la vez tan inquietante y absoluto que provoca una amenaza de terribles consecuencias. En esta exposición inicial, se va produciendo la progresiva tensión que acumula una sensación de desazón que no se abandonará en todo el metraje.
Cuarón opta por un ejercicio de realismo fantástico antes que por la ciencia ficción como tal, creando una escala de emociones galácticas establecidas en la continuidad visual que provocan la tensión y el miedo a la Nada, descrita con una autenticidad fuera de toda regla. La verosimilitud es tal que llega a ser totalmente incómoda para el espectador, sumergido en la acción y compartiendo en todo momento el reto de sobrevivir en el espacio, voluble ante esos fragmentos meteóricos amenazantes.
9. ‘Searching for Sugar Man (Searching for Sugar Man)‘, de Malik Bendjelloul.
Conformado como un extraordinario enigma, este documental aborda a modo de pesquisa investigativa la institución de un mito desconocido, Sixto Rodríguez, un cantante cuyos dos únicos discos, a pesar de su calidad y de su poesía beligerante, fueron un fracaso en Estados Unidos. Pero no en Sudáfrica, donde se transformó en un fenómeno de masas y en la voz del movimiento antiapartheid. El documental de Bendjelloul es un bello periplo hacia el desentierro de ese icono desaparecido, recolocando experiencias, documentos gráficos y narraciones que van completando el puzzle de esa mitificación musical sin que el espectador sepa si todo es puro artificio o la historia es real. Mientras aquel hombre de la guitarra continuaba con dignidad alejado de los escenarios con un duro trabajo rutinario, sus discos vendieron millones de copias sin que él supiera se había convertido en un emblema para una toda generación.
‘Searching for Sugar Man’ va dosificando la información y jugando entre cruces de caminos donde las leyendas urbanas y la realidad de un ídolo fantasmal cuya música se tradujo en el milagro para la unión de un movimiento de libertad que devolvió a este músico callejero de Detroit al sitio que le corresponde. Un asombroso documental sobre un héroe anónimo que, lejos de ser glorificado, reivindica la necesidad de recuperar la importancia y el talento de aquellas canciones empapadas de una sugerente magia.
8. 'Django Desencadenado (Django Unchained)', de Quentin Tarantino.
‘Django desencadenado’ vuelve a ser una mezcla heterogénea de ingredientes derivados, otra demostración de filtrado dialógico y cinéfilo donde Tarantino encuentra un discurso propio, que no expone un homenaje manifiesto más allá de algunos lujos de perversión visual a modo de ofrenda como son esos ‘crash-zooms’ o pequeños retazos referenciales, sino que impone una renovación dentro de las fronteras de los módulos y paradigmas del ‘western’. De hecho, incluye el aliento de otro tipo de filmes ajenos al cine europeo como ‘Mandingo’, de Richard Fleischer, ‘Sillas de montar calientes’, de Mel Brooks, cintas contributivas del ‘blaxploitation’ de Fred Williamson, uno de los grandes pioneros dentro de este tipo de ‘afrowesterns’ como ‘Boss Niger’ o el ‘Thomasine and Bushrod’, de Gordon Parks Jr.. Y ello no parece afectar a su singularidad más allá de sus correlaciones.
‘Django desencadenado’ es una cinta provocadora, que nada en aguas de ambigüedad moral muy turbia, con momentos de comedia negra salpicada de hilaridad desconcertante, como el improbable nacimiento del Ku Klux Klan a modo de ‘gag’ y que no es más que otra consecución cinematográfica por parte de Tarantino a la hora de justificar su condición de autor capaz de crear cine de entretenimiento sin dimitir en su empeño de alternar ese cúmulo de referencias culturales y debates morales que, como ya ocurría en ‘Malditos bastardos’, altera la Historia para paliar la depravación y la injusticia por medio de la venganza de un esclavo como metáfora de una justicia histórica merecida pero nunca llevada a cabo, orientando su fábula hacia esa magistral conexión de estereotipos genéricos con la impronta de clasicismo que se ciñe a un lenguaje formal modélico, que es ya un distintivo de uno de los grandes revolucionarios de este arte.
7. ‘The Act of Killing (The Act of Killing)’, de Joshua Oppenheimer.
‘The act of killing’ propone una narrativa deliberada por Joshua Oppenheimer que utiliza un método poco ortodoxo en su énfasis a la hora de analizar la realidad del horror en su expresión más diáfana. Se trata de plantear a los antiguos verdugos causantes del genocidio anticomunista de Indonesia de los 60, que contó con la confabulación del régimen militar y que contribuyó tan decisivamente a erigirla como nación, la recreación de forma ficticia aquellos acontecimientos a través de una película que no es otra cosa que una inteligente argucia sobre el objetivo que confluye en los pilares de este sorprendente trabajo: el de mostrar a uno tipos que ejercen casi de demiurgos orgullosos, mostrando una evidente falta de conciencia, sin contemplar en sus testimonios ningún grado de culpa o arrepentimiento. Sus personajes van sugiriendo esa recreación de sus atroces crímenes delante de una cámara, interpretando todo tipo de personajes, abordando una doble perspectiva donde la realidad y la ficción se aúnan en un discurso donde ambos términos se confunden.
Se sustenta en un oscuro proceder que busca no sólo incomodar, si no hacer reflexionar acerca de los límites de la violencia y el Mal real que impera en el ser humano, allá donde la ética ha desaparecido, poniendo en duda la validación de la memoria histórica como necesaria catarsis que evite los errores del pasado para dejar un efecto de vacío moral provocado por aquellos hechos terribles auto justificados. Y es en ese instante en el que el gánster anciano Anwar Congo se viene abajo al verse interpretar a una víctima comunista el que abre la incógnita sobre las intenciones complejamente ambiguas de este rotundo trabajo, donde la moralidad se difumina ante lo atroz del mensaje y la duda de si la contrición forma parte de una postura simulada o de la autenticidad que se expresa a varios niveles dentro de este valioso y lúcido documental.
6. 'Amor (Amour)', de Michael Haneke.
‘Amor’ continúa esa constante de Haneke por diseccionar desde un objetivo endoscópico el género humano, con una escrupulosidad que llega a ser insostenible, lanzando al público a una diáfana realidad de circunstancias y contextos sin filtros que la suavicen. Se trata de mirar de cerca a eso a lo que nadie quiere enfrentarse o no quiere pensar. El amor, en este filme, está definido a la perfección con la complejidad que el propio término simboliza. A lo largo de este triste periplo que vivimos junto a la marchita pareja se reivindica un sentimiento que resulta menos romántico y enternecedor como brutalmente perturbador y atroz, pero que convoca tal cantidad de emociones que es imposible no sentir la devastadora convulsión con esa derrota contra el tiempo, ese toque de atención por la vulnerabilidad ante la que se enfrenta el ser humano cuando la vejez golpea de forma cruel a su naturaleza.
‘Amor’, estremece y remueve las entrañas. Estamos ante una obra maravillosa y profunda, estoicamente amarga que inspira el verdadero sentido del amor más allá de su concepto y explicación, incurriendo en terrenos como la compasión y la lealtad, símbolos de su naturaleza agotadora. Haneke sigue expresando con su cine que continúa ajeno al ámbito demostrativo, que prefiere atribuir e invitar su propósito a la reflexión del que siente este cine imposible de esquivar. Su lapidaria última obra es una lección de vida de antiséptico y cruel realismo que perdurará en la memoria hasta que ésta aguante.
5. ‘Bestias del Sur Salvaje (Beasts of the Southern Wild)’, de Benh Zeitlin.
La revelación del cine independiente americano supone un cuento de hadas deformado por la oscura realidad, construyendo una ficción desde la perspectiva de la pequeña Hushpyppy, integrante de una comunidad bayou que vive en La Bañera, una isla rodeada por agua creciente amenazada por el deshielo que está provocando el cambio climático y que ha destrozado la vida de muchas personas con carencias económicas. Sin embargo, lejos de rendirse, encuentran las ganas de seguir viviendo en colectividad y con un indestructible sentido de pertenencia casi atávico a su entorno. El filme está plagado de imágenes que atesoran una fuerza poética e iconográfica prodigiosa, de realismo mágico devenido en la ilustración de una niña que teme a la soledad por la enfermedad de un padre que se empeña en que su hija aprenda a sobrevivir.
A través de los ojos de la pequeña, el debutante Zeitlin muestra un universo que confronta la dureza dramática de la pobreza con la imaginación de simbolismo lírico, desde la civilización depauperada que ahoga los espíritus libres y les obliga a formar parte de ella impositivamente hasta esas bestias antediluvianas llamadas uros. Con un trasfondo de amor a la naturaleza donde un viaje iniciático enfrenta la inocencia ante un paisaje devastado bajo una cámara invisible e inquieta que ofrece una mirada tribal capaz de transportar al espectador a diversos estados emocionales. ‘Bestias del Sur Salvaje’ es un hermoso y evocador canto a la supervivencia tan triste como esperanzador, tan épico como milagroso.
4. ‘Mud (Mud)’, de Jeff Nichols.
Después de su fantástica ‘Take Shelther’, Jeff Nichols sintetiza la voluntad literaria de transmitir en imágenes ese legado de Mark Twain como fuente de inspiración que pervive en cada fotograma de ‘Mud’. De esta manera, jugando con el ‘thriller’ y el drama, se explora un cuento sobre el despertar a las dudas que genera una etapa tan compleja como es la adolescencia, en un mundo adulto hostil que devuelve las respuestas en forma de violencia y decepción. Una familia que se deshace ante la mirada inspiradora de un niño que quiere creer en el amor en un entorno donde éste parece haberse agotado, se traduce un juego de espejos cuyos personajes cuyas actitudes se contraponen y se equiparan con un tono de romanticismo casi mitológico; desde esos chavales que conviven de forma rutinaria y desprendida de prejuicios con la pobreza alimentando su experiencia con aventuras de cierto escapismo a orillas del Mississippi, pasando por el fugitivo que se gana su confianza y les encomienda la misión de hacer posible el reencuentro con el amor de su vida, un matrimonio a punto de acabar hasta llegar a ese deteriorado hombre que percibe que el aprendizaje de todos ellos serán tan abrupto como catártico.
Nichols consigue crear una atmósfera natural tan bella como enigmática, un ecosistema de contrastes convertido en un personaje más, delimitando ese espacio a que el espectador se implique hacia la profundidad de un relato que retrata un mundo infantil obligado a crecer sin piedad hacia la madurez, describiendo un mundo real incorporado a esa América Profunda poblada por la genealogía ancestral del ‘white trash’ determinada con una narrativa clásica en la que abundan lecturas metafóricas alejadas de moralismos o convencionalismos gratuitos. ‘Mud’ conceptualiza temas inmortales como el miedo, el amor, la maldad bajo la batuta de una calmada y lírica ambigüedad.
3. 'Antes del anochecer (Before midnight)', de Richard Linklater.
Linklater sigue asumiendo con ‘Antes del anochecer’ que la naturaleza que encauza el significado de estas tres películas se estructura en su totalidad en dos actores, en dos rostros que iluminan cada plano a través de unas actuaciones de una fuerza ineludible, contribuyendo asimismo, con la coescritura de sus historias, a una fluidez y complicidad totalmente estimulantes, donde la improvisación se ciñe a unos límites que por estructurados no restan la libertad necesaria para ahondar en el alma de los personajes. Hawke y Delpy empujan al espectador a su historia, con destacables matices de confabulación, con miradas y reacciones de escalofriante franqueza. Ellos dos representan la grandeza de toda la saga. De hecho, aquí ya no existen bellos itinerarios por ciudades de postal como Viena y París, remarcados con detalles en la conclusión final o en el comienzo de las anteriores entregas, respectivamente. Aquí Grecia es una excusa para retroceder en la memoria para evaluar el paso del tiempo, admitiendo con ello la relectura de sus anteriores encuentros.
‘Antes del anochecer’ conlleva a una conclusión bastante evidente: encontrar el amor ideal y vivir un romance perfecto y eventual es relativamente sencillo. Lo complicado y problemático es mantener una relación a lo largo de los años. Eso es lo difícil. El hecho de que Jesse, tras la discusión en el frío e impersonal hotel, recurra a su faceta de escritor para crear una historia de fantasía para intentar levantar una sonrisa en Celine, responde a ese factor de inteligencia e intimidad por la que respira de forma tan frontal toda la trilogía.
2. 'The Master (The Master)', de Paul Thomas Anderson.
La sexta obra de Anderson no pretende profundizar ni exponer los métodos de un dogma o un culto para atraer a sus devotos, ya que cualquier religión nace de la ficción. Por ello, el hecho de que se comparase el argumento con aquellas directrices que dictan la dianética de la iglesia de la cienciología propagada por Ron L. Hubbard, es simple especulación. ‘The Master’ puede verse como una cronología bastarda y fidedigna del nacimiento de actitudes y convicciones que moldearon la América moderna hace décadas, preñada de pequeños detalles que confieren a la película una dimensión casi inalcanzable, llena de símbolos implícitos e imágenes recurrentes como los del test de Roschard, visualizados en los dibujos ininteligibles del oleaje del mar al paso de una embarcación que aparecen en los cambios de actos o las proyecciones, no siempre reales, a las que se enfrenta su protagonista, ofuscado con la libídine, que recurren a Arthur Schnitzler en su referencia a la hegemonía de las pulsiones sexuales sobre las demás costumbres sociales, así como las secuencias que no obtienen sentido más que asimilando el cripticismo de la obra de Anderson, con múltiples lecturas, descontextualizando la propia realidad que se percibe.
El último filme de Anderson es una obra maestra difícil de procesar, un puzzle dialéctico de emociones y situaciones imprevisibles que llevan al espectador hacia un viaje estético y narrativo que debe sentirse como una experiencia cinematográfica casi extática, como una expresión fascinante de ideas de poética visual insertadas en una obra cuyo núcleo es las prodigiosa conciencia del medio fílmico, esculpida con oficio, pleno de madurez, por un cineasta que se puede permitir concluir su nueva epístola romántica al cine.
1. 'La vida de Adèle (La vie d'Adèle)', de Abdellatif Kechiche.
Kechiche despliega el difícil dominio del formato panorámico para captar ese cúmulo de sensaciones, en una poética que tiene mucho de fruición antropológica, integrando un ambiente urbano y contemporáneo de la ciudad de Lille con la voluntad de proponer un acto ‘vouyerista’ con propósitos de implicación fuertemente sujetos hacia la verdad de unos personajes inolvidables. A través de la experiencia vital de Adèle, Kechiche no escatima en retratar con su cámara flotante y cercana, instantes que proponen inquietudes, sufrimientos e inseguridades, aportando con trazo agresivo ese ahondamiento en la veracidad al abrigo de una historia convencional que hurga con desinhibición en un retrato donde los primeros planos de los rostros de estas dos mujeres son más significativos que la sensación deslumbrante de lo físico, de la exploración carnal o la lívida fogosidad inicial para combinar sensaciones descritas con maestría en ambos personajes, como la consumación de su primer encuentro, fagocitando ese despunte enérgico que transmite la esencia del deseo en una relación apasionada.
‘La vida de Adèle’ sintetiza una década constreñida a tres horas de pura narrativa intimista, donde el paso del tiempo define la legitimidad de cualquier amor, igual de sensual e imperecedero como catastrófico y frustrante, a la vez que destructivo, donde la necesidad se transforma en rutina y los errores en penitencias imposibles de aliviar. Cine como elemento transgresor con identidad más allá de lo puramente artístico, de lo humano, como estudio del erotismo y la belleza, de la condición humana, el amor y sus consecuencias. No es la vida de Adéle lo que se narra aquí, es la vida misma como escenario común y reconocible capaz de agitar el alma y corazón.
DIRECTOR 2013
Michael Haneke (‘Amor’).
Fue extraño ver a Michael Haneke recogiendo un Oscar de manos de Arnold Schwarzegger y Sylvester Stallone el pasado marzo. Fue el corolario de un año anterior donde ‘Amor’, la película que recibió la dorada estatuilla, ya había conseguido la Palma de Oro en Cannes. Por ello, nadie pone en duda que este año 2013 ha sido su año, no sólo por semejantes reconocimientos, sino porque también fue galardonado con el Príncipe de Asturias de las Artes, estrenó en el teatro Real la ópera ‘Cosí fan tutte’ y fue objeto del documental ‘Michael H.’, de Yves Montmayeur. Su cine se basa en el acercamiento casi entomológico a la culpabilidad, a la incomprensión, a la soledad y la incomunicación en una sociedad que engendra una forma de violencia contenida que tiene que reventar en algún momento. El objetivo es la confrontación del hombre moderno a su responsabilidad individual dentro de un orden asfixiante y de apariencias, puesto que, de algún modo, cualquier elemento desestabilizador derroca los pilares consolidados de las familias, del individuo como dispositivo de un todo que se viene abajo con gran facilidad.
La sobriedad invisible y la audacia argumental esconden una enfermiza turbiedad imperceptible que desemboca en la catástrofe moral y psicológica de su extraña fauna humana. Haneke ejecuta un cine que cuestiona no sólo los propios límites de la narración convencional, sino la naturaleza y la fiabilidad de sus imágenes, ya sea dietéticas o no. El cine de Michael Haneke se transforma siempre en una experiencia radical que nunca puede dejar indiferente.
ACTRIZ 2013
Jennifer Lawrence (‘El lado bueno de las cosas’, ‘La casa al final de la calle’, ‘Los juegos del hambre: En llamas’).
Si hay una actriz que haya roto los baremos de popularidad y talento en este año esa es Jennifer Lawrence. Es la chica de moda y ha sabido poner su talento al servicio de ese cine de doble vertiente tan difícil de compaginar que es el cine comercial, con ‘blockbusters’ como esa saga de ‘Los juegos del Hambre’ o ‘X-Men: First Class’ con otros trabajos más arriesgados que requieren un carácter y talento interpretativo mayor, como ‘El lado bueno de las cosas’. Con ésta última Lawrence consiguió el Oscar y se encumbró con el aplauso de la crítica como una sólida actriz que tiene un futuro abrumante a sus pies. Hollywood, ese universo de oropel tan dado a crear y destruir mitos, ha visto en ella la nueva reina de la interpretación.
Incluso prestigiosas publicaciones como Variety y Time no han dudado en nombrarla “el personaje más influyente en el mundo del espectáculo este año”. Su intuición, ese instinto natural para componer sus roles desde un estrato de complejidad imperceptible, con una madurez insólita para una joven de veintidós años y una voz de poderoso magnetismo efectúan que este distinguido reconocimiento llegue con el merecimiento de una actriz que seguirá dando que hablar en los próximos años.
ACTOR 2013
Daniel Day-Lewis (‘Lincoln’).
Antes la apuesta por destacar a cualquier actor de moda, este 2013 tuvo en su principio de año una de esas interpretaciones imposibles de pasar por alto. Daniel Day-Lewis en la piel de Abraham Lincoln logró redimensionar a este personaje histórico un asombroso tonelaje interpretativo, con un mimetismo colosal de percepción íntima en todas sus facetas; como presidente, esposo, padre y hombre, realizando otro de esos inalcanzables trabajos que suele regalar. Su poderosa interpretación, obsesiva y metódica, le valió su tercer Oscar y unió su nombre en esta distinción a Meryl Streep, Jack Nicholson, Ingrid Bergman y Walter Brennan (el único en ganarlos como actor principal).
Es él quien corporeiza la refulgencia humana de una persona admirable, con defectos y virtudes, más allá de ese monstruoso monumento de mármol que preside el National Mall de Washington. Su control de los personajes describe a un talento fuera de lo común y es de recibo considerarle como uno de los actores más importantes ya no sólo de los últimos tiempos, Daniel Day-Lewis merece un reconocimiento mayor, que le equipare a los grandes mitos del celuloide. Por eso, este 2013 ha vuelto a ser su año.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘Lincoln (Lincoln)’, de Steven Spielberg.(Leer crítica).
- 'Bienvenidos al fin del Mundo (The World's End)', de Edgar Wright.(Leer crítica).
- ‘La caza (Jagten)’, de Thomas Vinterberg.
- ‘La noche más oscura (Zero Dark Thirty)’, de Kathryn Bigelow.
- Una familia de Tokio (Tokyo kazoku)’, de Yôji Yamada.
- ‘La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods)’, de Drew Goddard.
- ’12 años de esclavitud (12 Years a Slave)’, de Steve McQueen.
- ’El impostor (The imposter)’, de Bart Layton.
- ‘El ejercicio del poder (L'exercice de l'État)’, de Pierre Schöller.
- ‘The East (The East)’, de Zal Batmanglij.
- ‘Iron Man 3 (Iron Man 3)’, de Shane Black.(Leer crítica).
- Proyecto Nim (Project Nim)’, de James Marsh.
- ‘Stoker (Stoker)’, de Park Chan-wook.
- ‘Monstruos University (Monsters University)’, de Dan Scanlon.(Leer crítica).
- ‘¡Rompe Ralph! (Wreck-It Ralph)’, de Rich Moore.
- ‘Nameless Gangster (Bumchoiwaui junjaeng), de Yun Jong-bin.
- ‘Star Trek: En la oscuridad (Star Trek Into Darknes)’, de J.J. Abrams.
- ‘Gru 2. Mi villano favorito (Despicable Me 2)’, de Pierre Coffin y Chris Renaud.
- ‘Pacific Rim (Pacific Rim)’, de Guillermo del Toro.
- ‘Después de mayo (Après mai)’, de Olivier Assayas.
- ‘Dolor y dinero (Pain & Gain), de Michael Bay.
- ‘Perder la razón (À perdre la raison)’, de Joachim Lafosse.
- ‘El camino de vuelta (The Way, Way Back)’, de Nat Faxon, Jim Rash.
- ‘Don Jon (Don Jon)’, de Joseph Gordon-Levitt.
- ‘Blue Jasmine (Blue Jasmine), de Woody Allen.
- ‘Camille Claudel 1915 (Camille Claudel 1915)’, de Bruno Dumont.
- ‘Bárbara (Barbara)’, de Christian Petzold.
- ‘The Trip (The Trip)’, de Michael Winterbottom.
- ‘De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni Naru)’, de Hirokazu Kore-eda.
- ‘Prisioneros (Prisioners)’, de Denis Villeneuve.
- ‘El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)’, de David O. Russell.
- ‘The Lords of Salem (The Lords of Salem)’, de Rob Zombie.
DECEPCIONES
- ‘El vuelo (Flight)’, de Robert Zemeckis
- ‘Hitchcock (Hitchcock)’, de Sacha Gervasi.
- ‘Spring Breakers (Spring Breakers)’, de Harmony Korine.
- ‘El mayordomo (Lee Daniels' The Butler)’, de Lee Daniels.
- ‘On the road (En la carretera) (On the road)’, de Walter Sales.
PEORES PELÍCULAS
- ‘After Earth (After Earth)’, de M. Night Shyamalan.
- ‘Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful)’, de Sam Raimi.
- ‘Hermosas criaturas (Beautiful Creatures)’, de Richard LaGravenese.
- ‘LOL (Laughing Out Loud)’, de Lisa Azuelos.
- ‘The Host (La huésped)’, de Andrew Niccol.
- ‘La gran boda (The Big Wedding), de Justin Zackham.
- ‘Malavita (The family)’, de Luc Besson.
- ‘Scary movie 5 (Scary movie 5)’, de Malcolm D. Lee.
FUTURAS ‘CULT MOVIES’
- ‘Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower)’, de Stephen Chbosky.
- ‘El atlas de las nubes (Cloud Atlas)’, de Tom Tykwer, Andy Wachowski, Lana Wachowski.(Leer crítica).
- ‘El llanero solitario (The Lone Ranger)’, de Gore Verbinski.
- ‘Juerga hasta el fin (This is the end)’, de Evan Goldberg, Seth Rogen.
- ‘El último desafío (The Last Stand)’, de Kim Jee-woon.
- ‘Siete psicópatas (Seven Psychopaths)’, de Martin McDonagh.
- ‘Fast & Furious 6 (A todo gas 6)’, de Justin Lin.
- ‘Turistas (Sightseers)’, de Ben Wheatley.
CINE ESPAÑOL
- ‘El muerto y ser feliz’, de Javier Rebollo.
- ‘Mapa’, de León Siminiani.
- ‘La herida’, de Fernando Franco.
- ‘Todas las mujeres’, de Mariano Barroso.
- ‘Grand Piano’, de Eugenio Mira.
- ‘Tres bodas de más’, de Javier Ruiz Caldera.
- ‘A puerta fría’, de Xavi Puebla.
- ‘El callejón’, de Antonio Trashorras.
- ‘Los ilusos’, de Jonás Trueba.
- ’15 años y un día’, de Gracia Querejeta.
- ‘Insensibles’, de Juan Carlos Medina.
- ‘La gran familia española’, de Daniel Sánchez Arévalo.
- ‘Retornados’, de Manuel Carballo.
- ‘Stockholm’, de Rodrigo Sorogoyen.
- ‘Ayer no termina nunca’, de Isabel Coixet.
LO MEJOR… DE OTROS AÑOS
- 2004.
- 2005.
- 2006.
- 2007.
- 2008.
- 2009.
- 2010.
- 2011.
- 2012.
No son buenos años para nadie. Salvo para algunos pocos, claro está. En cuanto a este año cinematográfico se ha dado un fuerte contraste en la situación del cine en un país que sigue en caída libre; por un lado la calidad de las propuestas que esgrimen las películas españolas sigue en aumento, ofreciendo una variedad y una calidad muy por encima que la de otros años, con multiplicidad de historias enfocadas desde múltiples géneros. El cine internacional también ha generado una opinión muy positiva. Sin embargo, por otro, y según datos del ICAA, en 2013 se han recaudado 107 millones menos que el año pasado y se han vendido 17 millones menos de entradas. Este descenso viene marcado por dos puntos que están destrozando la viabilidad del sector: ese 21% de IVA impuesto por el tiránico gobierno que se empecina en destrozar la industria (llegando a despreciarla públicamente ¿verdad señor Montoro?) y, por supuesto, la piratería. Son cifras e indicadores bastante poco halagüeños. La situación es bastante preocupante, pues ese descenso del 20% sobre los 94 millones de espectadores que adquirieron su entrada en 2012 pone de manifiesto la caída del cine en España y lo pone a la cola de las grandes potencias europeas en esta esfera. Sólo esperemos que este contrastado incremento en el atractivo de las películas que ha dejado este año que acabe se repita en 2014, acompañado, eso sí, por unos números más esperanzadores.
A título personal, 2013 sólo dejó como único evento destacable el esperado estreno de nuestro cortometraje ‘3665’, del que esperamos buenas noticias en este año que comienza. Por lo demás, una situación laboral y económica que roza lo grotesco y trágico y que genera una desesperanza absoluta de cara a ser optimista a corto plazo. Esto es así.
Aun así, no queda otra que mirar hacia delante, luchar contra cualquier desafío y procurar ser feliz con nada y seguir escribiendo, trabajando en nuevos proyectos y no caer en el abatimiento a la hora de continuar narrando con el objetivo de sacar algo en claro tras varias décadas sacrificando todo con un titánico esfuerzo y trabajo. La ilusión de que algún día todo vaya mejor no podrán quitármela jamás. Al menos hasta el momento.
FELIZ 2014, amig@s del Abismo. Dentro de lo que se pueda y os dejen.