sábado, 21 de diciembre de 2013

Lotería de Navidad, una ilusión apagada

La Navidad trae consigo cada año uno de esos tradicionales acontecimientos que desentierran, en cierta medida, una apagada palpitación que dé sentido a esta celebración. Me refiero a la imposible ilusión que genera la lotería de Navidad. El grado de implicación suele ser alto. No es un sorteo cualquiera, nos decimos. Esa letanía de compra individual, billetes porcentuales con familiares y amigos, participaciones, etc… marcan ese deseo lejano de que toque algo. Fantaseamos con la fortuna que hiciera que mañana cambiaran las cosas y respirar ante la agonía de vivir en un país dirigido de forma tan despreciativa y degradante como es nuestro caso. Sería, al menos, un alivio, una luz tranquilidad, de fugaz utopía que suele, casi siempre, desvanecerse a la hora de comprobar si nos ha tocado el Gordo o alguno de los premios subsiguientes.
No importa que la compra de números de este sorteo especial haya encadenado cinco años de caída en picado en sus ventas, ni que el anuncio dirigido por Pablo Bergés parezca una pesadillesca función de terror que haga añorar los tiempos del deslumbrante dispendio visual y de calidad con aquel mítico calvo. La cuestión es mantener un poco de ilusión. Y es complejo, porque en estos tiempos dictatoriales que nos ha tocado vivir, a uno hasta han conseguido arrebatarle la esperanza. Por si fuera poco, por primera vez en la historia, también han aprovechado para robarle a cada agraciado un 20% de su billete premiado y, de paso, ponerlo más enrevesado, en vez de ochenta y cinco mil números, este año hay cien mil bolas en el bombo de números. Todo sea por llenar las arcas del estado con más dinero sustraído al ciudadano.
El hecho es que hay que tener un número por aquello de “qué pasa si hubiera tocado”. En nuestro caso era muy fácil elegirlo. Obviamente, la elección de un boleto concreto complica más la jugada a la hora de resultar premiado entre las escasas opciones que existen. No obstante, este año lo teníamos muy fácil. Llevamos dos años y medio conviviendo diariamente con un número insertado en nuestra retina, por lo que no hubo duda en la elección: jugamos, como era de esperar, al 3665.
Tocará seguro. Tocará seguro guardar el billete de recuerdo, por lo que el número lleva implícito. Y nada más. Sin embargo, mañana seguiremos el sorteo desde el escepticismo. Pero hasta el instante del desengaño, guardemos un mínimo retazo de ilusión. Si es que podemos y nos dejan.
Suerte a todos.