martes, 3 de diciembre de 2013

El universal fenómeno de la pareidolia

Probablemente no os suene mucho el término pareidolia, pero seguro que lo habéis experimentado o percibido más de una vez. Se trata, simplemente, de esa ilusión óptica y psicológica por la cual distinguimos formas concretas o rostros en objetos donde en realidad no existen. Exacto, aquel juego infantil a descubrir formas en las nubes es el ejemplo más clásico a la hora de ejemplificar ese fenómeno por el cual el cerebro predice y asocia morfologías familiares. Algo parecido a la apofenia, otra vertiente de esta vinculación de sucesos perceptivos conexionados donde no los hay. En la imagen superior bien podríamos advertir cómo un sofisticado helicóptero está engullendo sin piedad a los soldados marines.
Una manifestación cuya popularidad hace que lo liguemos a algún ejemplo personal ¿Quién no ha visto un rostro animado en un lavabo, en algún tipo de utillaje o en alguna otra conformación física o natural que recuerda a algo? Hay célebres ejemplos de este tipo de manifestaciones conocidas por todos; desde las caras de Bélmez (Franco incluido), el pequeño pueblo de la Moraleda, en Jaén, famoso por manchas de humedad que parecen rostros, como aquella superficie escarpada de Marte que dio a origen a numerosas teorías sobre la vida en el Planeta rojo, gente que ve en uno de sus Cheetos, en una fajita mexicana o anos caninos la figura de Cristo, manchas de café, wáteres o relojes con formas que recuerdan a caras divertidas, flores y elementos naturales que evocan órganos sexuales, Elvis Presley o Fidel Castro en una tostada o hasta el Síndone o Santo Sudario pertenece a esta categoría de este reconocimiento alucinatorio y polifórmico.
En Internet hay multitud de páginas dedicadas a la pareidolia. Aquí, por ejemplo, tenéis la sección de REDDIT, un grupo de Flickr o incluso una cuenta de Twitter delimitados únicamente a todo esto.