viernes, 15 de noviembre de 2013

Especial 'COMMUNITY': Una ‘sitcom’ contracorriente

Cuando uno se enfrenta a una serie como ‘Community’ sin ninguna orientación o admonición previa, accede a ella algo descolocado, sin una disposición muy definida acerca del universo en el que se va a meter. De entrada, parece la enésima recreación cómica de ambientes universitarios con la salvedad de que los estudiantes son ya adultos con problemas que encuentran en este entorno una nueva oportunidad de redención. La trama nos sitúa en la Greendale Community College, bajo un modelo de programa académico americano de un par de años para alumnos de cualquier edad que obedecen a unos requisitos mínimos para poder acceder a la Universidad o como plataforma para obtener un empleo. Pero la Greendale no es un centro de estudios cualquiera. Es un recinto bastante singular que erige una estatua al actor Luis Gúzman como padrino del centro y que adopta una mascota impopular e indefinida que simboliza el caos deforme tan representativo del ambiente que se respira en esta apasionante serie.
Tampoco sus protagonista parecen especialmente atractivos al gran público, presentados en un grupo de estudio de clases de español que forman un variopinto catálogo de roles adecuados a estereotipos asumidos como frecuentes dentro de cualquier otra ‘sitcom’ ; Jeff Winger (Joel McHale), un altivo y narcisista abogado inhabilitado por no tener un título universitario, que en seguida se fija en la explosiva Britta Perry (Gillian Jacobs), una guapa y rubia antigua activista con espíritu de hippie que ha terminado por acomodarse en la sociedad capitalista que antes aborrecía. El detonante parte de ahí, uniendo a la brigada protagónica a Annie Edison (Alison Brie), una judía perfeccionista y neurótica que llega recién salida de un centro de rehabilitación por su adicción a los fármacos, Shirley Bennett (Yvette Nicole Brown), una ama de casa ultracatólica, divorciada y acomplejada y Pierce Hawthorne, un rico y viejo racista heredero de una célebre empresa de toallitas que ejerce de gruñón bastardo cuyo personaje antipatiza voluntariamente con misantropía el siempre controvertido Chevy Chase. El círculo se cierra con el duopolio compuesto por Troy Barnes (Donald Glover), una ex estrella afroamericana del fútbol americano universitario algo inmaduro y que fingió una lesión para no aguantar la presión de este tipo de estrellas deportivas y Abed Nadir (Danny Pudi) obsesivo ‘geek’ absorbido por una filia casi autista por el cine y la televisión que gusta de transgredir habitualmente la “cuarta pared”, convirtiéndose muchas veces en los ojos y la perspectiva del espectador, consciente de que es un personaje de ‘sitcom’ atrapado en una serie.
Con estos mimbres, ‘Community’ no sorprende en su arranque, es cierto, pero capítulo a capítulo, comienza a corregir sus propios defectos ávidamente, haciendo de sus personajes el pilar de su considerable fortaleza y eficacia en una constante conjugación narrativa que apuesta por la confusión y la obsesión, abordando temáticas con heterogeneidad estilística de recurrente sorpresa. Así, desde su primera temporada, la serie proporciona una variación inmejorable, con tramas de sofisticada elaboración, amparadas en unos guiones que transgreden lo temerario, coqueteando siempre con el surrealismo. En suma, avanza oscilando entre extremos intrínsecos a la comedia desconcertante, los convencionalismos de la ‘sitcom’ y referencias varias, aludiendo a la irrealidad, al ‘metagag’ dentro de la propia narración o en innumerables ocasiones citas y guiños a la cultura pop.
El desconcierto de una creación libre y radical
Su creador Dan Harmon ya había experimentado las sensaciones del éxito con este tipo de contingencias humorísticas en creaciones como esa insólita ‘Water and Power’, dentro de ‘Sarah Silverman’ y como co-autor de la cinta de animación ‘Monster House’. ‘Community’ no nace bajo la comodidad de otra ‘sitcom’ cualquiera. Auspiciada por la NBC, que siempre ha estado volcada con ‘The Office’ y ‘30 Rock’, ha pasado por todo tipo y problemas por su vida catódica (cambios de horarios, cancelaciones de temporadas sin terminar, pugnas irreconciliables entre Chevy Chase y Harmon, incertidumbres varias…), incluida esa comprometida pugna de audiencia en horario de máxima audiencia, casi un reto suicida, con una de las comedias más exitosas de los últimos años: ‘The Big Bang Theory’. Y, a pesar de todo, logró salir indemne. En gran parte, porque su progresión responde a la externalización de la “nada” al “todo” producida por esa versatilidad con la que se esgrime la ruptura con cualquier código determinado, a modo de sinécdoque, siguiendo pautas retorcidas y complejas, doblegando sus argumentos a puntos de inflexión inesperados.
¿El resultado? El deslumbramiento que refuerza esta dinámica por la conmoción de un público que asume con dificultad los subtextos transformados en catalizadores de la esencia de toda serie de culto. ‘Community’ está poblada de personajes imperfectos movidos casi siempre por el egoísmo y los intereses, que van aprendiendo a convivir como una nueva familia, aprendiendo a conocerse y a soportarse, equilibrando sus polifórmicas personalidades dentro de los márgenes de la amistad y la cercanía, lo que da origen a una alienación colectiva que acaba dando como derivación una pequeña secta donde se rehúsan nuevos miembros, ya sea el Señor Chang (Ken Jeong), que pasa de ser el peor profesor de español del mundo, a acosador maníaco, guarda de seguridad y pérfido villano hasta incluso el mismísimo Jack Black, uno de los cameos más recordados de la serie.
Esa tipología de divergencia supone, desde sus primeros coletazos de rebeldía contra las normas, una de las señas de identidad en ese carrusel de aventuras y mezcla de géneros que se suceden a lo largo de sus episodios. Por ello, no es extraño que, a lo largo de sus (hasta el momento) cuatro temporadas, la tensión romántica de un triángulo constituido por Jeff, Annie y Britta se diluya en un musical o en un episodio de Halloween de naturaleza zombie o que la amistad sin fin de Troy y Abed traspase el cosmos dimensional. Algunos capítulos se toman la libertad de convertir a los personajes en muñecos de plastilina para narrar una pieza de animación ‘stop motion’ de tintes alcaloides e incluso uno de los mejores (quizás mi favorito), donde los personajes se computerizan en un juego de arcade de 16 bits. La obsesión por el ‘paint ball’, bien sea para homenajear la perspectiva ‘third-person shooter’, como recrear un ‘spaghetti western’ dentro de los contornos de Greendale, es otra de los periódicos reclamos de una serie en la que tampoco faltan bunkers fabricados con sábanas con todos sus protagonistas en pijama, una misteriosa y secreta hueste que representan los reparadores de aire acondicionado comandada por John Goodman, sin olvidar al mono con tendencias cleptómanas que vive en los conductos de ventilación del centro.
Parece que los límites no existen en esos patrones que codifican el estatuto imaginario de este tipo de comedias para llevarlo un paso allá, jugando con la sátira y el humor inteligente en los que cualquier personaje es capaz de fracturar las decisiones del resto del elenco con frases que se escapan a la lógica, chistes sin sentido o la propia invención de series dentro de la misma serie, de alusiones directas o indirectas a clásicos, parodias a otras conocidas ‘sitcoms’ o películas de culto (desde ‘Friends’ a ‘Cougar Town’, la sempiterna ‘Star Wars’ o ‘Uno de los nuestros’ –inolvidable el episodio ‘Contemporary American Poultry’-).
‘Community’ manifiesta la libre y radical demostración de una creación engrandecida hacia la autoreferencia, implantando saludos propios, señas de identidad particulares y reiteradas (como ese “Troy y Abed en la mañana…”) o series dentro de la propia serie, como ese guiño de ‘Doctor Who’ que es ‘Inspector Espacio-tiempo’, condimentado con elementos absurdos que se apuntalan como inexcusables ‘running gags’ en la figura del decano Pelton (Jim Rash) y su obsesiva filia por el disfraz y por la ensoñación de caer en brazos de Jeff Wiger. Pequeños retazos que dan forma al ritmo y el caos que se va fraguando según avanza una serie, para acabar de transformarse en una experiencia imprevisible, en una locura de originalidad entendida como una ráfaga de talento inacabable.
Sin embargo, no todas las temporadas implican estos epítetos entusiastas, ya que sucedió lo peor que le puede acaecer a una serie tan arriesgada y personal como esta. Sony Pictures TV despidió a Harmon y la cuarta temporada quedó bastante deslucida y decepcionante por la marcha de éste, que es reconocido como el emblema estilístico, dejando un declive a nivel de guión y tramas que concluyó con una paradoja espacio-temporal bastante anodina en la graduación de Winger y la despedida de todos los personajes. El final de la serie no satisfizo ni a Harmon (que lo hizo saber a través de un postcad) a sus millones de fans irredentos.
Una nueva oportunidad para decir adiós
Pero como en toda historia hay un final feliz, en la última ‘Comic-Con’ se anunció una nueva temporada, la quinta, de nuevo con su progenitor original a las riendas. La NBC ha fechado su estreno para el 2 de enero de 2014. “Será algo completamente nuevo. Tenemos que restablecer estos personajes después de la cuarta temporada, volver a lo básico, a lo emocional y, desde ahí, seguir jugando con el riesgo para lograr la más divertida de todas las temporadas”, manifestó Harmon en San Diego el pasado junio. ‘Community’ tiene, por tanto, otro juego que ofrecer, para consolidar esa naturaleza contracorriente y formatear sus líneas argumentales hacia unos guiones profundamente meditados que podrían definirse como verdaderos milagros dentro de la ingeniería argumental de la ‘sitcom’ moderna.
Atrevida, divertida, inteligente y muy consciente de su propia lucidez, los “Siete de Greendale” volverán al campus para seguir descubriendo todo tipo de inseguridades y hacer ver que son personajes que quieren ser otro personaje que no son y no la persona que representan en realidad. Un mundo bizarro arrollador que transforma una sala de estudio oscura, solitaria y aterradora en un páramo de adopción sentimental, estableciendo en la disfuncionalidad una segunda familia recurrente que explora como pocas la aceptación de la imperfección como modo de vida. ‘Community’ es un ‘must-see’ ineludible. Una de las mejores ‘sitcoms’ que han desfilado por la parrilla americana tan volcada en ofrecer productos de primera calidad.