jueves, 24 de octubre de 2013

Moda 'running': Si se corre, que sea para algo

Correr es una actividad que prolifera cada día en una sociedad desquiciada por la línea y la pérdida de peso. Es barato, bueno para salud y una fuente de vida que provoca cierto credo adictivo que se percibe alrededor de nosotros. Si nos fijamos bien, sea la hora que sea, siempre hay alguien corriendo. Otro día podríamos analizar las formas de correr. Las carreras populares afloran como hongos, hasta el punto de la obsesión. También simbolizan una metáfora de los actuales tiempos ¿correr como una huida hacia ningún sitio? ¿hacia dónde corren tantos pronadores y supinadores?
Una faceta de esta tendencia en boga que ausculta la locura humana es la combinación de las galopadas a dos pies con el ímpetu de trascender en la historia con absurdos retos y marcas inverosímiles. La grandeza del ugandés Stephen Kiprotich (ganador del último maratón olímpico) no tiene cabida en estas líneas. Hay gente que tiene metas mucho más sugestivas que estar en forma, definiendo esta predisposición a correr desde un prisma más rocambolesco y menos ordinario. De ahí que haya gente, como Kumar Phani se hiciera 22.581 km. en un año, Ricardo Abad, capaz de correr 366 maratones consecutivos, Erwin Valdebenito con 248 kilómetros en 24 horas, Leilani Franco, la persona más rápida del mundo corriendo más de 20 metros en poco menos de 10 segundos con la espalda doblada hacia atrás o el neoyorquino Ashrita Furman, un todoterreno con marcas inverosímiles en carreras haciendo malabares con palos de billar, con una persona de su mismo peso a la espalda o botellas de leche sobre su cabeza sin derramar una sola gota.
Si el pasado julio Jonathan Rice corría los 1.500 metros más calurosos de la historia vestido de Darth Vader en el parque nacional del Valle de la Muerte, el último en unirse a este olimpo para los elegidos es David Babcock, un profesor de diseño gráfico de la Universidad de Missouri que ha fundamentado sus capacidades para la habilidad y la resistencia acreditando una experiencia imbatible al tejer mientras corría una bufanda de más de doce metros en la maratón de Kansas City, que logró finalizar en 5 horas, 48 minutos y 27 segundos. Son ejemplos de superación que escapan a esa visión aburrida que algunos tienen de vestir atuendo deportivo, calzarse unas zapatillas y ejercer de lo que hoy se conoce como ‘runners’, cuyos desafíos van más allá del simple hecho de sincronizar sus trayectos en las redes sociales, inhibir el dolor ante la fatiga, acrecentar la producción de dopamina o participar en carretas solidarias.