lunes, 16 de septiembre de 2013

Inauguración del nuevo estadio San Mamés: Del “agur” al “ongi etorri”

Hoy es un día extraño para los aficionados del Athletic. Después de seguir con gran pesadumbre la demolición de uno de los iconos del fútbol internacional, San Mamés ha resurgido de sus cenizas en un imponente estadio adecuado a los nuevos tiempos. Sin embargo, todos los adelantos técnicos, toda esa infraestructura monumental que convierten al coloso en un campo de Categoría 4 avalado por la UEFA, tiene un complejo reto: el de hacer olvidar el antiguo hogar, la catedral que ha coleccionado poderosos recuerdos, marcando a varias generaciones que han vivido algunos de los momentos más imborrables dentro de un terreno clásico, insustituible en los corazones de todos aquellos que aman el fútbol. San Mamés poseía un poder sentimental ajeno a los cambios dentro de los cambiantes fundamentos económicos que esgrimen la triste situación de la liga española y el fútbol moderno, porque empapó durante décadas el recuerdo de lo genuino, con aquella impresionante sensación de fortín inconquistable, con un ambiente único que convirtió aquel campo hoy extinto y llorado en el talismán de un equipo diferente.
No era su arquitectura, que se caracterizó con un emblemático arco que ha desaparecido como efigie del club, ni esa visión del escudo en la Tribuna General llamando la atención desde hace más de un cuarto de siglo en la a calle Licenciado Poza, San Mamés era un templo sagrado, un santuario rojiblanco que se hacía inmenso por el griterío de todos esos discípulos que sienten el escudo del Athletic como parte de sí. Su transcendencia se marcó en la historia por un ambiente capaz de recrear emociones indescriptibles y sensaciones únicas, de profusas alegrías y tristezas. Todo el que haya asistido, al menos una vez, a aquel viejo San Mamés, entenderá estas palabras.
Pero los tiempos cambian. Y hay que adaptarse a la antojadiza transformación que impone la modernidad. El mágico estadio bilbaíno ha ido consumiéndose a lo largo del verano, dejando paso al imponente nuevo campo, el mismo que dejará en los fastos de los más veteranos que el primer gol del viejo San Mamés lo marcó Rafael Moreno "Pichichi" contra el Racing de Irún en 1913 y Ramón Belaustegigoitia “Belauste” de forma oficial. Sus nombres serán reemplazados por el del jugador del Athletic o del Celta que marque esta noche (esperemos que sea local) en el sofisticado estadio que inaugura una nueva era. San Mamés cumplió cien años en plena destrucción física y se desplaza, dentro del mismo escenario, algunos metros más cerca de la ría. Es deber la aceptación del cambio, la rápida asimilación de la novedad, la sustitución de un escenario tradicional por un ilusionante nuevo marco inacabado.
Al fin y al cabo, el corazón de un estadio, lo que hace que un sentimiento arraigado a la emoción y al sentido de pertenencia cuyos objetivos son lograr que un equipo desafíe a los elementos es, en último término, la afición. Y en eso, el Athletic no tiene rival. Esta noche se inaugura la nueva casa ideada por el arquitecto César Azcárate, en la que no faltará esa habitual sonoridad de un público entregado siempre a su club, ampliada con un estudiado detalle para que la acústica del campo se catequice a lo acostumbrado para no perder ese signo de identidad rojiblanco. El futuro ya está aquí. Y ello debe servir de incentivo hacia una nueva oportunidad para pasar de vivir de esos recuerdos imborrables de los triunfos históricos del Athletic en el llorado San Mamés a otros nuevos que reaviven la esencia ganadora con grandes gestas dentro de este nuevo y modificado entorno.
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Sea como sea, jamás olvidaremos el viejo estadio, la Historia y la nostálgica memoria estarán ahí para siempre. Hoy estamos de inauguración, así que disfrutemos del momento.