sábado, 21 de septiembre de 2013

Eurobasket Eslovenia 2013: Una decepción de errores y malas decisiones

Ya durante las dos primeras fases este equipo de Juan Antonio Orenga había proclamado los errores y las dudas que se solidificaron en la semifinal contra Francia, dentro de un partido aparentemente dominado que se fue distorsionando de la esperanza en los aciertos hasta otro bien distinto. España volcó sus inseguridades en un final de encuentro bajo una presión que parece que les supera. Sucedió con Eslovenia, reiteró sus errores ante Grecia y sucumbió de un modo similar contra Italia, jugando una prórroga desastrosa. A priori, los despropósitos deberían haber servido de aprendizaje en un partido tan complejo y de rivalidad de juego como era el de Francia, un rival más equilibrado que ese paseo de autoconfianza que la selección se permitió en cuartos frente a Serbia.
La defensa zonal y la presión comenzaron a imponer ese desafío de pugnar con la explotación que venía caracterizando a Francia a lo largo de todo el campeonato, la de unos recursos físicos punteados con la figura de un colosal Tony Parker. Sin embargo, había una sensible diferencia que viene de la pizarra, los franceses tienen a Vincent Collet que, perdiendo de catorce, empezó a agitar el banquillo y a recuperar fuelle tras el descanso, cuando España parecía tener controlado el choque. Nuestra selección, por su parte, demostró que con Orenga las decisiones tácticas no iban a dilatar la comodidad en el marcador. Por si fuera poco, la falta de acierto en el tiro (sin olvidar esos diez balones perdidos) en los dos últimos cuartos tampoco fue la idónea. La consecuencia fue que España jugó de maravilla en los dos primeros cuartos. Y Francia, de idéntica forma en su primera mitad. Todo terminó en tablas, con un empate en un final dramático igualado a 65 puntos, que pudo ahuyentar los fantasmas y dar un pase a la final después de un tapón a Parker, dejando el destino en manos de Calderón, que erró un triple decisivo y un posterior palmeo de Claver que tampoco encontró cesta. Y así sucedió lo inevitable…
Esta generación de jugadores que tantas satisfacciones ha dado al deporte español, que ha jugado establecido en la profesionalidad, el sacrificio, la generosidad, la confianza y el respeto mutuo parece haber perdido otro de sus distintivos, que es el de sobreponerse a la adversidad y lograr la gesta cuando parece que las cosas están peor. Con Orenga se describe el otro lado de la moneda, pasando de ese juego que anticipa la hazaña factible a otro que vaticina la catástrofe. Faltó sentido común, de lectura para saber abrir la soldadura defensiva gala en esos fatídicos cinco minutos extra. Los de Collet chocaron de bruces con la mala suerte y los destellos defensivos de los españoles. España tampoco aprovechó la inconsistencia del momento, las dudas generadas por la desconfianza mutua. Fue una prórroga fea, sin canastas por parte de los dos bandos, que evidenció las carencias técnicas de un entrenador cuestionado durante todo el campeonato. España se mostró incapaz de sostener un ataque de aclarados y bloqueos para soltar la bola en una jugada que acabara en el interior de la zona antes de los 24 segundos, forzando tiros exteriores poco menos que imposibles. Tampoco supo deliberar sobre lo que supone el diseño de las rotaciones o las soluciones tácticas como ese último triple necesario para el empate que lanzó Marc Gasol cubierto por dos jugadores franceses. Es la situación más simbólica y rocambolesca de un equipo al que la brillantez y la fantasía se le han deslustrado por situaciones como las exhibidas ayer. 72-75 el marcador final. Parker y los suyos habían derrotado a su bestia negra. Los españoles reflejaron ese rostro de fracaso ilustrativo cuando no se pasa a una final. Y lo triste es que tampoco se puede acudir a la mala suerte o una injusta derrota. Ganó el mejor supo gestionar el partido. Así de simple.
En 2010 fue Teodosic, en el Sinan Erden de Estambul, con aquel triple en el último segundo el que dejó a España fuera de la semifinal en el Mundobasket de 2010. Ayer, en el Stozice Arena contra Francia fueron Orenga y una selección errática y desorientada obligada a cerrar un ciclo el año que viene, cuando ponga fin a un inolvidable periplo de alegrías, victorias y medallas que será muy difícil de repetir en el futuro. Y lo hará en el Mundobasket de España de 2014. Bonito marco para observar el nostálgico ocaso de este grupo de brillantes jugadores que ya ha escrito con letras de oro su propia leyenda. Pudo haberlo prolongado en la velada de ayer, pero varias ausencias clave y la inconsistencia de ese planteamiento baloncestístico de bajos vuelos, han hecho que se luche por un bronce que, sin despreciar la importancia del metal, deja una sensación de frustración y la impresión de abandonar el campeonato sin los deberes hechos. Una lástima.