jueves, 26 de septiembre de 2013

'3665': Ha llegado la hora del estreno...

Podría manifestar abiertamente que existen nervios ante un estreno como este. Es especial por muchas razones. No todas buenas. Ha sido un largo periplo de temeridades, retrasos, malentendidos, posiciones encontradas, reencuentros, sorpresas, admiración por el trabajo ajeno, más problemas y todo aquello que rodea a una postproducción ajetreada, exhaustiva y limítrofe en los confines de la locura. Llevar a buen puerto ‘3665’ ha sido una experiencia muy enriquecedora, algo traumática, sí. Sin embargo, nos ha enseñado unas cuantas cosas muy valiosas y ha forjado una experiencia que, pese a que nadie querría volver a repetir, supongo que será necesaria. Sobre todo, en términos de paciencia. Y lo dice alguien que también esperó dos años para estrenar su anterior corto ‘El Límite’, hace ya nueve años. Dos cortos en una década. Un bagaje lento y arduo que ha dejado otros tantos proyectos en el camino, algunos de ellos, a punto de ver la luz. La paciencia es compañera de viaje, aburrida y sabia. Pero al fin y al cabo, valiosa y productiva. O eso dicen.
Por eso, esta premiere por todo lo alto de esta misma noche, supone una festividad en la que debe imperar la ilusión y la espectacularidad de un entorno tan titánico como son esos cines Kinépolis, con una de las pantallas más grandes de Europa y dentro del I Festival Internacional de Cine de Madrid, Cortópolis, todo un lujo y un orgullo. Aunque más allá de cualquier atisbo de frenetismo que ello supondrá, lo que traslucirá esta presentación al mundo de nuestra criatura fílmica es una catarsis, la purificación de todos esos males que se habrán esfumado en el mismo instante en que se empiece a proyectar ‘3665’. Nueve años esperando algo así. Y hay que disfrutarlo. Aunque me temo que lo hará mucho más libre el público que lo vea que yo mismo. Al fin y al cabo, eso es el cine. El duro trance de contar historias. Por eso es un momento para compartir con esas casi 700 personas gracias a una gente que lucha y vive por y para el cortometraje. Y así lo viviré, despojado de prejuicios y con la ilusión de un adolescente.
Cuando se proyecte el cortometraje, habremos dinamitado todos los malos augurios que han rodeado el titánico esfuerzo de seguir insistiendo en llevar a cabo un sueño a buen puerto en tiempos complejos. En tiempos realmente jodidos para los que amamos esta profesión. Habrá sido la culminación de otros tantos años de trabajo, la hora de compartir y dejar que el niño empiece a andar. A partir de ahora, queda disfrutar de lo sucesivo e ir olvidando paulatinamente todo lo malo para quedarse con lo positivo. Y empezar a pensar en otro proyecto, ya fraguado, que esperemos que no tarde otros nueve años en ver la luz. O al menos, eso deseamos.
Os veo en unas horas en Kinépolis. Y a los demás… pronto veréis este cortometraje ubicado en el futuro que habla sobre el pasado. Antes o después. Prometido queda.
Gracias a todos por estar ahí. No necesito suerte, necesito que esto acabe y verlo desde otra perspectiva. Los que me conocen o saben de qué va esto conocen perfectamente a qué me refiero.