domingo, 18 de agosto de 2013

Arranca la liga... de siempre

El pasado día 12 de agosto, el diario más popular y populista del país, Marca, titulaba en su portada “Nos vamos a divertir”. La pregunta es ¿estamos de coña? o la más importante ¿quiénes se van a divertir? Evidentemente sólo hay una única y pesimista respuesta: los aficionados al Real Madrid y al F.C. Barcelona. Para el resto, los restos, que se dice, la liga de fútbol española está fracturada por la soberanía absolutista de estos dos equipos que han hecho que el que fuera un título con dos favoritos y varios aspirantes se haya convertido en una farsa sustentada en lo económico que elimina cualquier factor de oportunidad para los equipos que no sean este duplo tiránico. Es el reflejo del mundo y la sociedad en la que vivimos; los pobres, cada día son más pobres y tienen menos oportunidades y los ricos, paulatinamente, más poderosos y con más ventajas. Ésa es la triste realidad.
Umberto Eco afirmó hace mucho más tiempo en su ensayo ‘La cháchara deportiva’ que el deporte rey, ése por el que millones de aficionados discuten y dilucidan como si fueran filósofos enardecidos con la razón absoluta individualizada a los colores de su equipo, se nutre básicamente de hipertrofia discursiva. En este texto se profundiza en el fútbol como tema consumado en sí mismo, como perorata vacía caracterizada porque, salvo raras excepciones en las que el espectáculo se conjuga con la fascinación del deporte y la gesta, no hay nada de qué hablar, más que lo que proviene desde un punto de vista limitado e intransigente. Todo lo que acontece en ese anfiteatro rectangular se reitera una y otra vez, invariable al cambio de los tiempos.
Desde hace años, los monopolios de atención y económicos han convertido lo que antaño fuera una pugna competitiva entre muchos equipos por un mismo objetivo en una restricción de lucro y gloria para dos únicos clubes, por lo que tanto la disposición histórica del significado de rivalidad como la esencia misma de todos sus designios quedan desechados en función de la totalitaria afinidad de un pueblo dividido, básicamente, en dos bandos. Cada uno debe responder a las expectativas, al comercio, a la estadística, a la exención populachera que les inmuniza sobre cualquier otro grupo. Los demás continúan contemplando la imposibilidad de hacer frente a los gigantes que han destruido cualquier tipo de optimismo de victoria global en una disputa de servilismo a las victorias de estos conjuntos de raigambre enfrentada y compartida. Por si fuera poco, cada temporada el duopolio sigue repartiéndose la gran totalidad de los derechos televisivos en un reparto ridículo (el gráfico pertenece a nuestra liga en comparativa con la Budesliga alemana), beneficiándose de un modelo injusto que ha generado una arbitraria disparidad que es irreversible.
Hoy en día, el fútbol tiene dos flancos que absorben la consideración y el sesgo de los medios, que formulan un despótico planteamiento en torno a la liga de fútbol ante la resignada mirada de aquellos que un día soñaron con que su equipo ganara algún que otro título. La evolución del feudalismo y el señorío de los que han ido engrandeciendo su gleba popular hasta convertirse en intocables egregios con aroma a dinero han terminado por transformar el torneo en una ridícula emulación de competencia adulterada y desigual. Es un sinapismo de intereses aglomerado dentro de un mercado de beneficios con la curiosidad de una audiencia sometida al siempre importuno automatismo. El fútbol ha dejado de ser lo que fue. De hecho, en otras esferas más allá de las deportivas, el deporte rey representa un submundo de tratos de favor, escándalos, corrupción, deudas con el Fisco, sentencias judiciales inicuas y controversias ilícitas generadas, en mucho casos, por esas desproporciones de un mercado poco menos que inmorales donde los clubes del montón, es decir, todos aquellos que no son el Real Madrid y Barça, han tenido que vender o malvender a sus estrellas por adquirir un margen de sostenibilidad, aumentando con ello esa repugnante hegemonía dual. Lo que nos queda, en conclusión y lejos de la admiración ciega de los hinchas de ambos clubes, responde perfectamente al axioma formulado por el mencionado Eco cuando se refería al fútbol como algo “circunstancial, banal y constantemente porfiado”.
Amigos, la liga ha comenzado. Disfrútenla. Quienes puedan, claro está. Y muy a su manera, como todo lo que nos viene dado en la actualidad: con imposición.