viernes, 5 de julio de 2013

Review 'Monstruos University (Monsters University)', de Dan Scanlon

Los alumnos aventajados
Sin renunciar ningún instante a las virtudes y conceptos de la filmografía de Pixar, esta precuela se presenta como una comedia algo menos ligera de lo que aparenta, para incidir en los grandes temas que han llevado al sello de Lassetter a lo más alto.
Después de los estrenos de ‘Cars 2’ y, en menor medida, ‘Brave’, muchos fueron los que se lanzaron a anunciar ese imperceptible declive dentro de la factoría Pixar, la misma que fue capaz de fecundar algunas de las últimas obras maestras cinematográficas y elevar a la excelencia el cine de animación por ordenador hasta cotas insospechadas. Puede que la secuela de ‘Cars’ respondiera a un efecto comercial y abriera una constante revisitación de éxitos más o menos recientes.
Si bien es cierto que desde su cohesión con Disney parece que el intuido riesgo de la factoría de John Lasseter se ha desvanecido en función de la sobreexplotación de secuelas, la pregunta sería si en todo este hipernegocio Disney ha fagocitado la capacidad de sorpresa que proponía Pixar con cada propuesta. ‘Monstruos Univeristy’ enfila ambos caminos. Por una parte, sufraga la estela demostrativa de Pixar, ofreciendo al público la posibilidad de continuar sintiendo esa peculiar mirada a un mundo mágico de estética perfecta que se reinventa constantemente. Pero por otro, no deja de existir cierto formulismo que entorpece su grandeza empañada por factores exógenos y mercantilistas que hace años parecían ajenos a la compañía, sacrificando con ello aspectos que le confirieron esa divinidad en la que la tecnología inspiró al arte y la transformó en fascinación colectiva, para llegar a su pináculo con una obra maestra de la talla de ‘Toy Story 3’.
No obstante, con ‘Monstruos University’ se devuelve, en gran medida, a la senda de entendimiento de ese mundo fantástico que pasa por el aprendizaje y donde las lecciones morales se establecen como fábulas, cuanto menos, indefectibles Y lo es porque en ella se mantiene un dispositivo que Pixar no ha perdido de vista en ningún momento: elaborar entretenimientos familiares que satisfagan un mínimo de exigencia y diversión desprovista de una preestablecida intensidad de alcance sensorial. En ese sentido, la película de Dan Scanlon podría definirse como una cinta fácilmente subestimable, puesto que su decencia impera en la ligereza de espíritu, cuyo único objetivo visible es el de la comedia vibrante e hilarante, precisamente siguiendo una línea narrativa algo convencional, pero en absoluto autocomplaciente. La tipología cultural y sello de Pixar, la misma que parece haber malacostumbrado al espectador de todas las edades, se mantiene intacta aquí, aunque sea menos lustrosa que en anteriores éxitos.
El salto temporal a modo de precuela que define la relación de amistad vital entre Mike Wazowski y James P. “Sulley” Sullivan basa sus conceptos en un guión estructural que fusiona tradición y modernidad, lo conocido y lo nuevo, y que, pese a recurrir durante su metraje a reconocibles convencionalismos genéricos, mantiene un alto nivel de sortilegio, sin rebajar ese estratosférico nivel de visualidad infográfica infinita e hiperrealista. No hay que dejarse engañar, ‘Monstruos University’ garantiza el vademecum de logística característica de Pixar, síntoma de su férreo compromiso con sus virtudes, para lo bueno y para lo malo, sin traicionar en ningún instante los elementos marcados por la factoría de John Lasseter.
Tanto es así, que la entidad pedagógica tan arraigada a las aventuras de Pixar se enfrenta de cara al fracaso, a la aceptación de los límites vitales que desmantelan los sueños cuando colisionan con la realidad. El tener sueños no significa que van necesariamente se hagan realidad, parece querer justificar el filme. En ese terreno, algo que llama la atención en este universo monstruoso de anhelos e ilusiones primigenias es la pormenorizada exposición acerca de la decepción y el fracaso. A veces, el esfuerzo instintivo, el trabajo duro y la determinación, las horas invertidas en transformar en viable una meta por conseguir un sueño no es suficiente. Tampoco lo es exhibir un talento natural para convertirlo en una realidad sin ningún tipo de esfuerzo. Wazowski, disciplinado y estudioso, no da el suficiente miedo para ejercer de asustador y Sullivan, a pesar de ser el heredero de una estirpe de glorias dentro del trabajo, carece de conducta e interés por los fundamentos educativos.
A partir de esos conceptos familiares dentro del sello animado, Dan Scanlon impone una exploración acerca de la trascendencia de los ciclos vitales, a la que se presta especial atención, presentando un mundo inimaginable como posible y cercano, con guiños y referencias a las comedias de ambiente universitario que proliferaron en el cine norteamericano de los años 80. Incluso la partitura de Randy Newman evoca sintonías anexas a trabajos clásicos de Elmer Bernstein en ‘Desmadre a la americana’ o ‘Los incorregibles albóndigas’. Un contexto ideal para la diversión y el descontrol, para el ‘gag’ frecuentado en las fraternidades de ‘nerds’ con afán de superación en las que todo es posible. La Oozma Kappa define a la perfección este lugar común con un grupo de torpes inadaptados y poco dotados para los sustos que demuestran que el trabajo en equipo va más allá de las limitaciones y del aspecto exterior. Los monstruos secundarios, llenos de pelo y formas imposibles, aportan la variación más importante respecto a su predecesora, con personajes dibujados con personalidades muy estudiadas que roban protagonismo cuando emergen dentro de ese complejo propósito de humanización de bichos heterogéneos llenos de vida y alma. En especial, Furry Art y el rechoncho Squibbles “Squishy” Scott. La conformación emocional y el aprendizaje, la rivalidad, el sentimiento de culpa, el compañerismo, la necesidad de integración en un grupo perviven como mecanismos del drama interno. Con ello, se ofrece una oportunidad de redención donde la ilusión y los miedos o el fracaso y el éxito se solventan con el gran tema que siempre ha inspirado la grandeza de Pixar: la amistad.
‘Monstruos University’ es una comedia algo menos ligera de lo que aparenta, permitiéndose el lujo de tantear en uno de sus ‘set pieces’ el cine de terror y que perpetúa el detallismo llevado a lo imposible para confabular diseño y contextura en un mundo de colorido llamativo donde todo asume su función en torno al esparcimiento y el optimismo con el fin de hablar de cosas más importantes. El cuidado de la textura cromática y de la luz sigue estableciendo el perfeccionamiento a un nivel de exigencia máximo. Ante eso, Pixar no baja la guardia. La calidad que impera dentro del emporio absorbido por Disney, que es no perder espíritu de vista la fantasía para generar aventuras de muy distinta índole, está en cada fotograma de la cinta de Scanlon. Y por mucho que la reiteración evolutiva dentro de la narración no sea todo lo trascendente que se pudiera esperar, ‘Monstruos University’ garantiza la salud de Pixar como un trabajo que dignifica su nombre apelando a sus raíces. Y este era trabajo necesario después del descalabro que supuso ‘Cars 2’.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2013