martes, 18 de junio de 2013

Unión Deportiva Salamanca: Crónica de una muerte anunciada

Ya es oficial. La Unión Deportiva Salamanca, un histórico del fútbol nacional con noventa años a sus espaldas, ha desaparecido. Tras la no comparecencia de ningún representante del Banco Popular en la reunión que debía producirse entre el juez encargado del concurso de acreedores de la entidad deportiva y los administradores concursales ha dado como consecuencia la activación de la liquidación de la UDS y la consiguiente subasta de los bienes del club. Desde hace varios meses, el club charro venía arrastrando una incertidumbre sobre su futuro que hacía prever este fatal desenlace. Juan José Hidalgo, que durante su gestión como presidente ya exhibió su negligencia a favor de sus intereses por encima de los del equipo, llegó como gran accionista con la promesa de salvaguardar la supervivencia de la UDS y solventar el impago a los jugadores. Ni una cosa ni otra. Se ha limitado a esperar su agonía como un buitre, con una idea  refundacionista de una nueva entidad comprando los derechos deportivos del actual club, dilapidando con ello una longeva historia y las ilusiones y esperanzas de una afición traicionada y vendida a un postor que no sólo no se ha hecho cargo de los gastos de esta temporada, si no que se atreve a proferir oprobios como que “Salamanca se merece un buen equipo en el futuro y no un equipo de mierda”, refiriéndose a este equipo de toda la vida. Es su forma de lavarse las manos y dejar destruir un club doliente para poder comprar sin deudas, provocadas en parte, por su mandato hace un par de décadas. Los tiempos de crisis evidencian que muchas gestiones, independientemente referidas al deporte o no, han enriquecido a unos cuantos que se han servido de su posición de poder para absorber como sanguijuelas la entidad moral y física de aquello que han infectado con su corrupción y supercherías infames. El presidente de Globalia, Hidalgo y sus sucesores son buen ejemplo de ello. La deuda de veinte millones de euros engendrada por el club viene de lejos. Y parece que no existen responsables de esta muerte anunciada. Son los principios de un fútbol moderno que no entiende de sentimientos ni valores. Mientras equipos de primera deben cantidades que rozan lo absurdo, a equipos pequeños se les devasta por la haraganería de los de siempre.
Los unionistas, gente muy cercana a los colores y al escudo de esta ciudad, lloran con rabia la disipación de un sueño que permaneció doce temporadas en primera, que logró gestas y decepciones tan míticas que serán imposibles de borrar desde su fundación en 1923, que vivió en el 73 su primer ascenso a la élite y disfrutó en aquélla década sus mejores años. Pocos podrán olvidar otro ascenso a Primera, el que se produjo en la temporada 94/95 de la mano de Juanma Lillo (que había logrado el ascenso a segunda la anterior), cuando en la promoción los charros cayeron en casa por 0-2 ante el Albacete para, en una gesta histórica, lograran en la prórroga aquel 0-5 que devolvió a la máxima competición al equipo y sacó a la gente a miles de personas por las calles de la ciudad a celebrarlo. En las temporadas siguientes fraguaron algunas de las goleadas más recordadas contra equipos grandes como el Barcelona, Valencia o Atlético de Madrid. Sin embargo, con el fin de siglo, la UDS cayó a categorías inferiores, subiendo y bajando de Segunda a Segunda B, donde permanecía. La impotencia de los aficionados refleja perfectamente la actual situación de los tiempos que vivimos, en los que ni siquiera el escapismo del pueblo, el fútbol, permite evadirse de los muchos problemas que asolan esta ciudad y, por extensión, a este país en ruinas.
Cualquier amago de equipo refundado no será representativo del fútbol local. La unanimidad en esto es categórica entre los seguidores. Se acabaron las tardes de la brisa, la emoción en el Helmántico, los corazones no latirán por su equipo si mete gol, porque la Unión Deportiva Salamanca ha muerto y con ella el aliento de una afición que siempre ha sido ejemplar. Es una pena. Es la realidad de este mundo futbolístico cada día más nauseabundo.
Por hoy y por siempre: ¡¡HALA UNIÓN!!