lunes, 10 de junio de 2013

Marcelo Bielsa y su huella en el Athletic

Cuando Marcelo Bielsa aterrizó en Bilbao, venía precedido por un paso exitoso con la selección nacional de Chile y varias ofertas por parte de multitud de clubes con prestigio y renombre, entre ellos, el Inter de Milán. Le sedujo la posibilidad de entrar en un club histórico, evaluado hasta el paroxismo mediante una técnica de trabajo obsesiva e integral. La particular identidad del club zurigorri, también fue otro de los atractivos que proponían una renovación estilística dentro del Athletic de mano de la mano de Bielsa. Además, el club poseía la plantilla que es la más joven de la liga. Cuando el técnico llegó a San Mamés, venía a realizar una labor especial, que no iba a dejar indiferente a nadie. No fue fácil la adaptación del equipo a su metódico sistema. Todo lo contrario. El Athletic de principios de la campaña 2011-2012 comenzó titubeante, sin ganar un partido hasta la octava jornada. De hecho, tardó en asimilar ese concepto de juego romántico y absolutista de Bielsa. Sin embargo, la transformación se fue fraguando gradualmente, hasta que el equipo logró arrogarse la compleja personalidad del entrenador.
De pronto, el Athletic aprendió a exhibir un juego de presión, de posesión, de combinación, donde la propiedad del esférico sobre el campo y su rápida circulación fueron los objetivos exhaustivos. El resultado: dos finales históricas que la afición no olvidará en mucho tiempo. Tristemente, no se ganó ninguna. De hecho, el juego demostrado en aquellos partidos y en el tramo final de la temporada abandonaron las altas expectativas establecidas a lo largo del año. La continuidad de Marcelo Bielsa respondió al reto, al compromiso con una afición que, pese a los resultados, se ha mantenido junto al “loco” en todo momento. No arrancó bien el idilio en la siguiente temporada, en la que se especula que la Junta Directiva confió en él a petición popular, únicamente por esas dos finales. El verano pasado, Bielsa, notablemente enojado, salió a la palestra para desvelar la polémica suscitada por la nefasta ejecución de las obras en la ciudad deportiva de Lezama, que fue el punto concreto que habilitó la renovación del técnico rosarino. En vez de salvaguardar sus argumentos, el club le tildó de “empleado” y desdijo toda la protesta del entrenador, posicionándose a favor se la empresa que realizó la obra. Fue el divorcio definitivo entre el entrenador y los círculos de poder del club. Con la marcha y el desplante de jugadores importantes el año pasado que forman parte del pasado rojiblanco, la temporada, con un visible bajón de forma y mentalidad en otros jugadores clave, tampoco ha sido la ideal para abanderar la defensa deportiva del rosarino.
Sin embargo, la afición del Athletic ha articulado a lo largo de este tiempo un vínculo especial con su entrenador, con sus métodos y propuestas futbolísticas que no renuncian jamás a los principios identificados con el escudo. Bielsa quería esa última opción para demostrar que su determinada y obsesiva fórmula tenía aún una página por escribir. La ilusión por seguir adelante seguía siendo el mejor aliado para una tercera oportunidad al frente del equipo. Durante los dos últimos partidos que han servido como despedida al ya centenario San Mamés, el oficial y el de homenaje, la casi totalidad de la afición, vislumbrando las voluntades de un presidente con carencia de discurso y una Junta Directiva por debajo de lo que merece este club, hizo evidente su dictamen irrevocable con gritos a favor del técnico argentino. “Bielsa, quédate” “A lo loco se vive mejor” o el más contundente “Si Bielsa no se queda… Urrutia kanpora (fuera, en castellano)” escindieron la posición soberana de la afición y la impositora del presidente. Y así ha sido. Haciendo caso omiso a la preeminencia popular, el pasado viernes, Josu Urrutia vino a hacer lo de siempre. Monopolizar la atención de los medios locales y deportivos a última hora para no decir absolutamente nada. Salvo que Marcelo Bielsa no seguía siendo el técnico del Athletic.
A lo largo de esta temporada, cuando este presidente sin carisma ha salido a la palestra ha sido para emitir comunicados vacíos de sentido, sin argumentar sus palabras, con cierto tono de desconsideración. “Cuestiones tanto deportivas como institucionales” han sido los argumentos esgrimidos para no seguir contando con Bielsa. Tampoco se molestó el lekeitiarra en desvelar la alternativa para salvaguardar el futuro del club, aunque Ernesto Valverde siempre fue su opción para el banquillo, incluso antes que Bielsa. El “Gure estiloa”, el mismo que define la forma de ser y actuar del Athletic a lo largo de su historia, con el que se presentó a las elecciones el ex jugador y se le llenaba la boca en sus discursos antes de ser elegido, ha sido infamado una y otra vez por su parte. La no renovación de Bielsa genera una doble vertiente, la ruptura total entre un sector de la afición y la necesidad del cambio técnico por el bien del club.
Desde su elección, para estos mandamases del Athletic, con Urrutia a la cabeza, su posición cobarde siempre ha venido definida por la mediocridad que genera otro tipo de intereses extradeportivos más allá que tener que lidiar con uno de los técnicos más difíciles y honestos que existen en el mundo del fútbol. Mejor estar tranquilos que escuchar a la afición, deben pensar. Sin tener en cuenta, por otra parte, que este presidente ganó las elecciones por tener como as en la manga al técnico argentino, no por su programa de promesas y responsabilidades. Bielsa se va asumiendo que la flexibilidad para adaptarse a unas circunstancias especiales no han sido correspondidas desde las altas tribunas del Athletic. A partir de ahora y como siempre, hay que confiar en la persona que entre a dirigir al equipo, sea Valverde u otro entrenador, para valorar los cauces por los que discurrirá la siguiente campaña. Lo importante es dejar atrás el circo que se produjo en el inicio de la anterior temporada y centrarse en hacer que el nuevo estadio comience con el reto de hacer bien las cosas, desde la coherencia y el sosiego. Respecto a Marcelo Bielsa, el público ya ha dictado un cariño inextinguible y una devoción por su persona que será difícil de olvidar en los foros athleticzales. Y eso, nunca se olvidará en el Athletic.