jueves, 6 de junio de 2013

La autosimilaridad de lo fractal

El matemático Benoît Mandelbrot reconoció que la elevada composición de la fracturación y la forma en la cual el ámbito trigonométrico fractal encuentra un cierto orden dentro de sus complejas estructuras, van más allá de la comprensión humana. Se trata de esas bsorbentes formas que reiteran su morfología organizada en una misma estructura que se repite a diferentes escalas. Desde el mismo Mandelbrot, el Sierpinski, Newton-Raphson, sistemas L., atractor de Lorenz, el romanescu… Formas de autosimilaridad que exponen la belleza compleja de un producto generado por esa sugerente miscelánea de fragmentos continuos de órbita demarcada bajo una conversión iterativa no lineal que traiciona la geometría de Euclides, donde las dimensiones pertenecían únicamente a números enteros.
Un cruce imposible entre estos sistemas dinámicos de índole caótica y el huevo de Fabergé es la obsesión artística de Tom Beddard, que asume esa peculiaridad somática que favorece su reconocimiento, derivada en autosemejanza, lo que deviene en un motivo que se repite a sí mismo dentro de cualquier escala desde la que se observe.