jueves, 20 de junio de 2013

El repentino adiós de James Gandolfini

Cuando Bobby Baccalieri (Steve R. Schirripa) habla con Tony Soprano sobre lo inesperado de la muerte en un contexto de mafia y desconfianza le advierte con algo así como “probablemente no oirás nada cuando suceda”. Este era uno de los puntos concretos que marcaban las múltiples teorías del capítulo final de ‘Los Soprano’. Y muy probablemente esa misma concepción de la muerte silente e inesperada siempre presente dentro de la serie puede ser categórica a la hora de asumir la prematura muerte de James Gandolfini. Apenas superada la cincuentena, el intérprete ha fallecido de un ataque al corazón en Roma, cuando se había desplazado a la capital italiana para asistir como invitado al Festival de Cine de Taormina. Su identificable fisonomía de rudeza casi insultante, su oronda figura y ese eterno gesto de antihéroe pícaro le convirtieron en seguida en un rostro reconocible dentro de Hollywood, donde comenzó a escalar con secundarios inapreciables hasta ir fraguando una carrera comercial gracias a títulos como ‘Amor a quemarropa’ (inolvidable el violento cara a cara con Patricia Arquette), ‘Marea a roja’, ‘Cómo conquistar Hollywood’, ‘Coacción a un jurado’ o bajo las órdenes de Álex de la Iglesia en su aventura mexicana ‘Perdita Durango’.
Antes de actor, ejerció de camarero, guardia de seguridad y gerente de un ‘night club’. Sin embargo, su fama, el rol que confirió a Gandolfini su estrella incandescente recayó en el citado Tony Soprano, el mafioso padre de familia infiel asolado por incógnitas y traumas psicológicos que iban más allá de la aceptación inmoral de su figura entre toda la fauna de gángsteres italoamericanos que le rodeaban, ganándose el corazón de la audiencia y el aplauso unánime de la crítica a lo largo de seis temporadas que se erigieron durante una década como un clásico sin oposición. La serie creada por David Chase supuso no sólo la revolución de calidad televisiva que continúa su proceso en la actualidad gracias a ella, sino que pasó a convertirse en una obra imprescindible dentro la cultura americana. Un clásico que pervivirá por siempre jamás como una de las mejores series de la televisión norteamericana.
A partir de entonces, con tres premios Emmy y un Globo de Oro al mejor actor gracias a ‘Los Soprano’, Gandolfini pasó a otra división en la que siguió fomentando esa apariencia bruta, con método eficaz y natural cuando se trataba de incorporar nuevos retos interpretativos en los que su astucia y carácter imprimieron un sello de identidad incuestionable. ‘Asesinato en 8mm.’, ‘The Mexican’, ‘Corazones solitarios’, ‘Romance & Cigarettes’, ‘In the Loop’, ‘Asalto al tren Pelham 1 2 3’, la voz del monstruo Carol en ‘Donde viven los monstruos’, ‘Welcome to the Rileys’ o más recientemente ‘Mátalos suavemente’ y ‘La noche más oscura’ han dejado el legado de ese imponente contorno grueso de un actor que nunca perdió la radiación de humanidad y sentido del humor que transmitía, aunque fuera conocida su aversión a las entrevistas y sus ocasionales encontronazos con admiradores que dejaron ver su faceta menos amable. Su regreso a la pequeña pantalla se producía hace poco menos de un año, también en los márgenes de la HBO, que produjo ‘Criminal Justice’, adaptación del drama homónimo para la BBC británica. En ella, daba vida a un abogado penalista que defendía a un joven acusado de asesinato tras levantarse con una mujer salvajemente apuñalada tras una noche de juerga.
La imagen de Gandolfini siempre quedará como la de un tipo tosco y duro, que atisbaba en su mirada cierto grado de vulnerabilidad y tristeza, cultivado en la compleja capacidad de transformar a cualquier cabrón sin alma en un hombre cercano y cómplice con el espectador, simplemente con esa secuaz sonrisa y un gesto afable. Ése era Gandolfini. Uno de los nuestros. Un hombre al que le gustaba vivir la vida. Un gran actor al que le quedaban grandes retos y personajes por llevar a cabo. Tras conocer la noticia su muerte, hemos sentido un desapacible ‘smash up’, como la sensación de ese repentino y prorrogado fundido a negro del magistral capítulo final de ‘Los Soprano’ que dejó paso a un lapso de confusión y sensación de injusticia a medio mundo. Muy similar al impacto de la muerte del hombre que personificó a uno de los iconos más inmortales de la historia catódica.