martes, 25 de junio de 2013

El fantástico mundo de Richard Matheson

1926-2013
“-Yo soy el anormal ahora. La normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de un solo hombre- Y comprendió también, la expresión de aquellos rostros: angustia, miedo horror. Tenían miedo, sí. Era para ellos un monstruo terrible y desconocido, una malignidad más espantosa aún que la plaga”.
‘Soy Leyenda’, de Richard Matheson (1954).
Richard Matheson ha sido un referente, un autor consagrado al culto de un género donde el terror, lo sobrenatural y la ciencia ficción han transportado al lector a entornos del espacio exterior pero, sobre, todo a un espacio interior inspirador,con trasfondo trágico y directo. Un inventor de realidades metafóricas que ha ido marcando el devenir de nuestra evolución como sociedad, donde raigambre y dilemas éticos arrastran a sus personajes a una dimensión inimaginable con grandes dotes para formular conceptos filosóficos de compleja respuesta.
Temas como la soledad o la necesidad de comunicación provocaban la incertidumbre sobre la propia racionalidad en tiempos donde el individuo se enfrenta a un mundo que desglosa tenebrosos simbolismos acerca de la condición humana dentro de un contexto homogéneo. Matheson, en su búsqueda de motivaciones y terrenos ficticios, profundizó en implicaciones que van más allá de lo psicológico, definiendo una de sus particularidades en la percepción extrasensorial que transmiten sus textos. La ambigüedad siempre propone un juego de divergencias entre lo subjetivo y lo relativo.
Una de sus obras más reconocidas, ‘Soy leyenda’ podría ser equiparable a cualquier gran novela marcada como ineludible dentro de la Historia de la literatura, a la altura de los distinguidos clásicos intocables. Alejado del romanticismo vampírico de algunos grandes nombres de la literatura de terror como Polidori, Hofmman, Poe, Le Fanu o Bram Stoker, Matheson publicaba en 1954, donde Robert Neville, en apariencia el único superviviente de un Apocalipsis provocado por una pandemia bacteriológica cuyos síntomas son similares a los del vampirismo, le obliga a pervivir dentro de una sociedad que ha mutado hacia la anormalidad. Las interioridades del protagonista, su necesidad por mantener la cordura ante la amenaza exterior, su lucha contra el aislamiento en un tormentoso periplo de supervivencia extrema, debería ser un libro de cabecera obligado en todo proceso didáctico.
No sólo esta obra fundamental trasciende dentro de su bibliografía; cuentos como ‘Nacido de hombre y mujer’, ‘A través de los canales’, ‘El tercero desde el sol’, ‘La cosa’, ‘Pesadilla a 20.000 pies y otros relatos insólitos y terroríficos’ u obras como ‘Las playas del espacio’, ‘El hombre menguante’, ‘La casa infernal’, ‘En algún lugar del tiempo’, ‘Más allá de los sueños’ o ‘El último escalón’, entre muchas otras, configuraron el estilo de un escritor privilegiado a la hora de describir un terror que, paradójicamente, provenía desde la ignorancia, del miedo a lo desconocido o lo fragmentario. Matehson expuso a través de sus historias verdades universales que derivaban hacia otros planos de existencia distorsionados por su genialidad.
En su carrera como guionista destacó, por encima de otros trabajos, sus libretos para la serie de terror de Rod Serling ‘La dimensión desconocida (The Twilight Zone)’, así como su colaboración en guiones para Roger Corman en ‘La Casa de Usher’, ‘El Péndulo de la Muerte’ y ‘El Cuervo’. Su filmografía transcurría con cintas de género como ‘El amo del mundo’, de William Witney, adaptando a Julio Verne o ‘La Novia del Diablo’, de Terence Fisher, suscribiendo su filia por la vertiente más clásica del género. Sin embargo, sería el debut de Steven Spielberg como largometrajista, con ‘El diablo sobre ruedas’, donde destaparía de nuevo su faceta de creador impredecible, con un agobiante viaje a la psique de un personaje atosigado por un camionero sin rostro. Otros trabajos como ‘En algún lugar del tiempo’ o el guión de ‘Tiburón 3’ desdibujaron la faceta como guionista que tuvo sus repercusiones en el abordaje de la comedia, con ‘Un tiro por la culata’, de Bob Clark. El sentido del humor soterrado es otro de los elementos básicos para estudiar la obra de Matheson. De ahí, que no sorprenda que ‘Padre de Familia’ basara en uno de sus cuentos ‘The Speldid Source’ en un episodio de la serie televisiva.
En este último medio, además de la adaptación de ‘Las Crónicas Marcianas’, de su congénere Ray Bradbury, fueron profusas adaptaciones de sus relatos y obras sin llegar a lograr esa correspondencia identificativa con sus textos, desde ‘Night Gallery’, ‘Cuentos asombrosos’ o la más reciente ‘Masters of Horror’, que no consiguieron ese estremecimiento sin contemplaciones obtenidas por la clásica ‘Twilight zone’, donde junto a Charles Beaumont, bordó su persistente y sugestivo propósito de introducir a una persona corriente en un submundo de caos intrínseco acosado por lo desconocido. Menos suerte, si cabe, tuvo con las adaptaciones cinematográficas de su obra, abanderadas por esas versiones de su relato más célebre; ‘El último hombre... vivo’, de Boris Sagal o la más reciente ‘Soy leyenda’, de Francis Lawrence. La primera, abogando por un relato moralizante que no se corresponde con el original y el segundo desperdiciando un interesante punto de partida que rehusó la mejor parte de la novela para centrarse en el vacuo espectáculo de bichos digitalizados. ‘Más Allá de los Sueños’, ‘El último escalón’ o ‘Acero puro’ han sido otros conatos sin éxito de Hollywood por absorber el talento de Matheson. Tal vez sea ‘La caja’, donde Richard Kelly lograra acercarse a los condicionamientos conspiratorios y opacidad moral de ese inconsciente colectivo del sueño americano transformado en pesadilla.
De cualquier modo, la obra de Matheson sigue creciendo en interés con el paso del tiempo, aportando esa diferenciación donde el estilo muy “visual” se moldea a través de sus estructuras adictivas, de sus diálogos cercanos, atendiendo a los comportamientos y unas descripciones con destreza de mover al lector al desequilibrio interior mediante sus líneas. Se va, por tanto, un mito, uno de los mejores autores literario que ejerció a través de sus textos como un cirujano que luchó contra el inconformismo ante las soberanías silenciosas que se esconden en cualquier faceta de nuestra realidad.