miércoles, 8 de mayo de 2013

Homenaje Ray Harryhausen

(1920-2013)
“There’s a strange quality in stop-motion photography, like in ‘King Kong,’ that adds to the fantasy. If you make things too real, sometimes you bring it down to the mundane”.
(Ray Harryhausen. 2006).
Durante sus años de instituto, allá por los años 30, Ray Harryhausen, el más reconocido animador de ‘stop-motion’ de todos los tiempos, asistía junto al célebre escritor Ray Bradbury, a una reunión semanal llamada ‘Science Fiction League’, que tenía lugar en la cafetería Clifton, en Los Angeles, donde algunos estudiantes departían sobre sus filias comunes instauradas en la ciencia ficción, los viajes a Marte, extraterrestres y lejanas galaxias. Desde siempre, Harryhausen tuvo la certeza de que su vida profesional estaría encauzada a hacia este género. Pero si había algo que al mago de los efectos especiales obsesionó fueron los dinosaurios y la época prehistórica, obsesionado con los murales de murales de Charles R Knight. Su inspiración llegó de dos títulos, ‘El mundo perdido’, de Harry O. Hoyt y ‘King Kong’, de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper y desde entonces se convirtió, con ayuda de sus padres, en un autodidacta capaz de crear endoesqueletos de metal, que recubría con látex y algodón. Precisamente el creador del gorila gigante, Willis H. O’Brien, sería su mentor dentro de la profesión y con el que trabajó en ‘El gran gorila’.
La animación ‘stop-motion’ entendida como una alquimia fue forjando la leyenda de un preceptor de procesos e innovaciones que permitieran una mejor integración de la acción en vivo y sus monstruos y figuras animadas. Harryhausen trabajó durante su carrera por mejorar el laborioso proceso con modelos en miniatura tridimensionales captados frame a frame, con pequeños ajustes a mano para producir esa ilusión de movimiento. Trabajó con diferentes efectos fotográficos en los que combinó un proceso propio llamado ‘Dynamation’, donde se fotografiaba la miniatura en una retroproyección a través de un panel enmascarado. Lo que sería un ‘matte shot’ dentro del ‘stop motion’, logrando con ello que la criatura pareciera moverse de forma natural sobre la acción en vivo. Fue esta técnica la que definió su signatura en la imaginación colectiva de una nostálgica animación que concibe toda esa galería de animales y seres fantásticos de películas como ‘Surgió del fondo del mar’, ‘La isla misteriosa’, ‘Jason y los argonautas’, ‘Hace un millón de años’, ‘El viaje fantástico de Simbad’, ‘Simbad y el ojo del tigre’, ‘Furia de titanes’… entre tantas otras obras con ese mágico distintivo de movimientos artesanales. Harryshausen fue un talento obsesivo, capaz de diseñar más cuatrocientos bocetos para rodar que se incluía en sus escenas dentro del guión. Meticuloso y perfeccionista, en la memoria quedarán los terroríficos esqueletos armados con espadas y escudos, el pulpo gigante que destruye el emblemático Golden Gate, el monstruoso Kraken, el redosaurio que asola New York o los Cíclopes devoradores de hombres.
Hoy en día, su técnica puede haber quedado obsoleta frente a los revolucionarios efectos especiales actuales. Sin embargo, sin su labor e influencia jamás se habría llegado a este nivel que exhiben los efectos de última generación. A pesar de que Harryhausen experimentó con la tecnología 3D en los años 50, desistió en seguida porque para él, las novedades de las técnicas que no fueran artesanales suponían “otra forma de entretenimiento”. Su ideal estaba en explorar las posibilidades que ofrecía el guión, diseñando nuevas formas de sorprender a la audiencia. Reconocía que los efectos especiales que fueron imperando en Hollywood le sorprendían, pero aquéllos adelantos técnicos visuales que no pudieran adaptarse a su mitología no concernían a su estilo. El mismo que le ha convertido en un mito inmortal del celuloide.