miércoles, 15 de mayo de 2013

Han cerrado el EKU-Steine, uno de los bares más especiales de mi vida

A lo largo de nuestra vida, existen locales de ocio y de hostelería que marcan nuestro ir y venir, nuestros ratos libres, salpicados de instantes especiales, de recuerdos colectivos, de unión y complacencia. Lugares a los que regresar sabiendo que en ellos estás como en tu casa. Me refiero, cómo no, a los bares que marcan una vida. A principios de los 90 comenzamos a acudir al bar Steine, que poco después pasó a llamarse EKU y compartir binomio para los habituales clientes. Pues bien, a principios de esta misma semana, este mítico bar ha cerrado dejando en el camino una extraña sensación de tristeza. En Salamanca, cada vez quedan menos lugares reconocibles que han sobrevivido al paso del tiempo y a la crisis, cediendo a manos de multinacionales o abandonando locales vacíos que han colgado el fúnebre cartel de “cerrado”.
El EKU o Steine (como yo siempre he preferido llamarlo) pasa a engrosar esta triste lista, con lo que desaparece uno de los iconos de calidad de Garrido. Un bar memorable que aglutina recuerdos y amistades forjadas entre sus cuatro paredes. En todos estos años, Edu y Miguel compartieron con sus clientes mucho más que charlas y cervezas, que deliciosos menús y pinchos con los comensales que acudieron allí buscando la tranquilidad de un bar ejemplar, mucho más que partidos de fútbol, que celebraciones varias o que alegrías comunes. Edu y Miguel pasaron a ser dos amigos más. Y eso es muy difícil encontrar a día de hoy.
Nosotros empezamos a ir a Steine con la impresión de que allí teníamos un punto al que volver, que ofrecía buenos precios, buen ambiente, buena comida y, sobre todo, la alternativa de cervezas de importación que en el barrio era difícil de conseguir hasta ese momento. Su decoración de taberna irlandesa y su entorno de bienestar le hicieron ideal para repetir con gran querencia. Es lo que tenía este bar, ésa particular sensación de sentido de pertenencia, de complicidad grupal.
Si bien es cierto que últimamente acudía muy poco, como tampoco voy al cine o me puedo permitir otros muchos lujos por exigencias de la pobreza a la que sucumben los pasatiempos y que apaga la diversión, hubo una época más boyante en la que podía ir hasta cinco o seis veces por semana. Una época de felicidad y bienestar que jamás podré olvidar. Y el Steine, el EKU, forma parte de ella, porque ha sido como un hogar para mí y sus clientes como una familia con la que conversar, con la que beber o compartir penas y participar de ese contexto de cordialidad abierta. Con la marcha de Edu y el cierre del bar, desaparece de Garrido toda una institución a la que echaremos de menos con nostalgia. Y con ello, todo lo anteriormente expuesto.
Una lástima que todo sea así, pero la vida sigue y hay que aceptarla tal y como venga. Al menos nos sigue quedando el mítico Bar Gema, cuyo espacio adquirió Miguel recientemente para emprender una aventura en solitario y que comparte todas sus virtudes y clientela con el EKU. Eso que no se pierda bajo ningún concepto. Pero ya nunca será lo mismo, porque no podremos hacer la doble ronda de saludar a aquellos dos amigos que abrieron uno de los bares más importantes de mi vida. Echaré mucho de menos las jarrotas de litro y medio con el logotipo de Grölch en las que me servían la cerveza, las partidas de dardos, los pinchos, los platos combinados, pero sobre todo echaré de menos el contexto, el bar en sí y todo lo que allí he vivido. Son días tristes. Y hablo incrementando la sensación a una época, a un lapso de tiempo, que parece no tener fin.
Como conclusión, si lees esto alguna vez, amigo Edu, muchísima suerte de corazón con todo a partir de este instante y, sobre todo, muchísimas gracias por haber hecho junto a Miguel que el EKU prevalezca siempre en nuestra memoria con un cariño fuera de lo común.