lunes, 20 de mayo de 2013

El Athletic cerró una temporada para el olvido

Una temporada para olvidar. Esta es la sensación que queda en el aficionado del Athletic tras conocer ayer la salvación matemática después de un curso que se ha ido viendo salpicado por situaciones ajenas a lo deportivo, con polémicas abiertas desde antes del inicio de la campaña y que agitaron un club acostumbrado a ver estos culebrones desde el exterior. Dentro del campo, el conjunto de Marcelo Bielsa ha jugado contra la lógica, con una irregularidad y puesta en escena del todo inesperada si nos atenemos a la temporada pasada. Ya entonces, incluidas las dos finales perdidas, el Athletic no estuvo a la altura del juego desplegado entonces. Este año se ha constatado que la reacción se ha producido a ráfagas, sin un rumbo fijo o un juego tan indefinido como computado en contadas ocasiones, que ha hecho ver muy pocas veces a ese reconocible equipo capaz de albergar ilusiones con otro juego bien distinto marcado por la apatía y el quebranto. El triunfo agónico contra el Zaragoza, que dejaba el respiro y la tranquilidad a los del Botxo, sirve de ejemplo para definir lo que ha sido el equipo toda la liga; un equipo apremiado por situaciones de riesgo puntuales, que ha cometido errores, demostrando que sabe mover el balón, tenaz e inestable partes iguales, con un portero capaz de salvar un gol con una mano prodigiosa y estar a punto de meterse un autogol con la otra en la siguiente jugada. Un desastre. Pero un desastre capaz de demostrar su pericia para crear ocasiones suficientes y fallarlas. Ayer tocaba ración de fortuna. Cuando más se necesitaba.
Unas veces se ha perdido dejando esa desazón de la oportunidad perdida. Otras, como ayer, pese a todos estos elementos negativos que influyeron en el juego, el Athletic tiró de raza y ganó, dando carpetazo a una campaña que no se puede volver a repetir. A efectos prácticos, el hecho de la salvación era lo mejor que le podía pasar al equipo. Y es paradójico que, con una serie de carambolas resultadistas, incluso podría quedar mejor en la clasificación que la gloriosa temporada pasada. Poco importa. La semana que viene el equipo se despide del centenario San Mamés, en lo que debe ser una fiesta de celebración de adiós a un símbolo memorable, de un icono a punto de desaparecer. Sin embargo, también tiene que serlo del alejamiento de los fantasmas que han deducido al descalabro los objetivos con los que el Athletic emprendió esta olvidable aventura liguera. Ha llegado pues, el tan ansiado momento de calma que abra un profundo plebiscito de reflexión y cuestionamientos, de respuestas y de tratamientos importantes de cara a la siguiente temporada. Existen múltiples preguntas que flotan en el ambiente, que dejan una época en la que la transformación evolutiva debe ser el logro si este equipo quiere volver a la élite a la que pertenece.
La liga 2013-2014 debe ajustarse a metas tangibles como la completa estabilidad del club, institucional y deportiva, recuperando la confianza y la ilusión colectiva. Sin factores intrínsecos que dinamiten el buen ambiente, sin polémicas respecto a ampliaciones de contratos y personajes que no quieren jugar con el equipo. Hay que postergar los nombres que han salpicado de desequilibrio el espíritu rojiblanco y dar importancia a los pilares que fundamentan la columna vertebral de este club. Porque suceda lo que suceda, por muchos vaivenes que se vivan, el Athletic seguirá siendo para el aficionado esa hermosa forma de ver la vida, un aliciente confeccionado con el tejido sueños y traducido en la devoción de una afición modélica. El fútbol sólo es una excusa. No se trata del deporte, ni de un balón, ni de los goles… se trata sentimiento de alianza, como se dice de “una prolongación de nuestra vida”. Y eso no se puede arrebatar así como así. El Athletic está por encima de todo. Y así seguirá siendo. Se auguran cambios. Y eso debe ser suficiente para devolver la ilusión a la afición athleticzale. La temporada ha acabado. Miremos pues adelante. Es lo que toca. De una vez por todas.