jueves, 18 de abril de 2013

Review ‘Side by Side: El impacto del cine digital (Side by Side)’, de Christopher Kenneally

La revolución del píxel
Reflexivo y entusiasta documental sobre la fugaz progresión de la tecnología digital en el ámbito cinematográfico a través del debate de reconocidos profesionales que enfrentan posturas en un apasionante recorrido didáctico por el cine del presente y del futuro.
¿Cómo ha revolucionado el impacto de la tecnología digital en la cinematografía del siglo XXI? ¿Llegará a desaparecer el tradicional formato de celuloide de 35 mm.? ‘Side by side’, enfatizado en su título español como ‘El impacto del cine digital’, pretende reflexionar sobre estas y otras preguntas sobre las formas en que el arte y la tecnología han introducido en su estrecha relación diversos y revolucionarios campos de actividad fílmica, no sólo en las innovadoras cámaras o lentes de rodaje, sino también en el montaje, los efectos especiales, la proyección, el etalonado y aspectos afines a la postproducción. Se presenta así un viaje a modo de análisis exhaustivo de lo que ha supuesto la irrupción y los adelantos cinematográficos más importantes desde la llegada del sonido al cine.
Producido y presentado por Keanu Reeves, codo a codo con su director, Christopher Kenneally, entregan un trabajo llevado a cabo con pasión, perspectiva crítica y visión de largas conversaciones con profesionales de Hollywood que elaboran un discurso de debate mediante juicios y conjeturas que se articulan junto a agradables anécdotas para ir desplegando ese recorrido por la fugaz evolución de movimientos que ha sufrido el mercado audiovisual, desde la incursión de la tecnología CCD de las handycam de los años 80 y principios de los 90, como la rápida vanguardia de innovaciones que son tanto estéticas como tecnológicas de los modelos HD que aportaron Arriflex o Red sin olvidar la evolución de postproducción del CGI, Avid o las proyecciones cinematográficas en DCP.
Lo más interesante, no obstante es el contraste frontal de los entusiastas y valedores actuales de estos novedosos medios como David Fincher, James Cameron, George Lucas, Steven Soderbergh, los hermanos Wachowski, David Lynch, Robert Rodriguez, Danny Boyle, Lars von Trier… cuya defensa preconiza la ligereza de los equipos, la rebaja de los costes o el ahorro de tiempo contra los escépticos, que siguen prefiriendo la antigua película fotoquímica en el proceso de producción, a la que consideran con un rango dinámico mucho más amplio que el digital. Entre estos últimos, se superponen las figuras de Christopher Nolan o el maestro Martin Scorsese (aunque esté asuma las nuevas técnicas de mejor carácter), que inciden en la representación clásica de la filmación tradicional como una necesidad para lograr una determinada fisonomía en su concepción de la oscuridad y luminosidad que, según algunos de los entrevistados que se unen a la apología, sólo se consiguen con la emulsión del celuloide y que facilitan la preservación de las películas con mejor futuro que en el formato digital. A ellos se suman una serie de conocidos y no tan conocidos montadores, fotógrafos, actores y actrices y técnicos; Michael Ballhaus, Geoff Boyle, Tim Stipan, Anne V. Coates, Barry Levinson, el legendario Dennis Muren, Ellen Kuras, Michael Chapman o Vittorio Storaro en lo que es una demostración de ejemplar simposio de esa diatriba que atesora grandes dosis de didáctica fílmica.
Es un ejercicio de concordia sobre los detalles de los diversos oficios de la dirección, de los usos y costumbres en función de las herramientas que han marcado un cambio radical en lo que los cineastas pueden lograr. Tomando como punto de referencia la aparición del movimiento Dogma’95con voz en el fotógrafo Anthony Dod Mantle, que aceleró el proceso de cambio con ‘Celebración’, de Thomas Vinterberg y su vínculo con Danny Boyle en ’28 días después’, el tema de la cuestión de pixeles y las mejoras dentro de la calidad que ofrecen los nuevos modelos de filmación, entrelaza la pugna entre el visionado en una sala cinematográfica y los nuevos modelos y alternativas para ver una película, como los recursos dentro de la investigación y desarrollo a corto plazo, abriendo la posibilidad de experimentar en el montaje sin tener que esperar a positivar y concretar las realidades que rodean un plano, indeterminando el montaje en un abanico de alternativas más inmediatas, así como el efecto innovador dentro del aspecto estético y fotográfico del cine. Fincher, con su habitual desparpajo y palabras malsonantes evidencia muy bien todo esto.
Lejos de pretender ser una consideración global de la situación actual del cine, ‘Side by side’ supone una necesaria observación desde una perspectiva de futuro inmediato sobre aquella teoría ya instalada entre todos nosotros que vislumbró la democracia del cine. Es una lástima que el documental se circunscriba y se autolimite a la gran industria, a los peces gordos de Hollwyood. Hubiera estado bien que Kenneally y Reeves hubiesen escarbado en pequeñas producciones, en esos talentos que buscan desde la carestía de medios soluciones creativas que entregan los medios actuales. Hacen amago, pero en eso se queda. El documental termina con una duda: ¿El cine tal y como lo conocemos, con un proceso artístico físico, será cosa del pasado en breve. Lo que está claro es que, como se reitera por los grandes propulsores, la revolución digital está sólo en los albores. Veremos qué sucede de aquí en adelante.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2013