jueves, 14 de marzo de 2013

Paquito I: Habemus Papam

Pasadas las 20:00 horas de ayer, el cardenal Jorge Mario Bergoglio apareció por el balcón central de la basílica de San Pedro convertido en nuevo pontífice y saludando a las enardecidas hordas de fanáticos católicos que le jaleaban con las lágrimas en los ojos y la Fe muy desbordada; “Nuntio vobis gaudium magnum HABEMUS PAPAM Francesco I”. O algo así. En ese instante, al verle, muchos no pudimos evitar el sorprendente parecido que tiene el recién estrenado Papa a Matías (Luis Barbero), el ilustre e inseparable amigo de Manolo, el abuelo de Chechu en la serie televisiva ‘Médico de familia’. Como expresaba el gran Rafa Gil, no es extraño imaginarle diciendo sus primeras palabras como Santo Padre: “Manolooooo… me han hecho Papa”.
Después de que Joseph Ratzinger dimitiera el pasado febrero porque la Fuerza le había abandonado y tras cinco votaciones, este cardenal jesuita argentino dejaba en la cuneta a los favoritos en todas las quinielas de las casas de apuestas (Scola, Odilo Scherer, Dolan, O’Malley y Wuerl). El pontífice número 266 tiene setenta y seis años, un título en química, le falta un pulmón que perdió por una infección en su juventud, es el primer jesuita (como los pasteles) de la historia en ser elegido Papa y el primero no europeo en los últimos mil años. Lo mejor de todo esto es, como siempre, que el cónclave no se eternizó, la fumata blanca emergió de la chimenea sin mucha demora y que el circo mediático de secularización evangelizadora que se ha desplegado en todo el mundo por fin tiene un día más de sobreinformación papal.
El “pontífice del fin del mundo”, como ya se le conoce, se dedicará a esas cosas de papado archiconocidas… Viajar por todo el mundo e intentar blandir la conciencia católica allá por donde vaya. Y lo hará con su carácter fuertemente conservador, radical en su postura en contra de los homosexuales, antiabortista y acusado en su día de confabulación con la dictadura de Videla y de robo de bebés por las Madres de la Plaza de Mayo. Todo un ejemplo que abandera el catolicismo de nuestros días y ejemplo jerárquico de una Iglesia con menos credibilidad que el programa electoral de un político. Veremos si a partir de ahora, Francisco I sigue utilizando el autobús público como medio de transporte y reparte la riqueza ostentosa del Vaticano entre los más desfavorecidos, ya que como ha dicho: “La pobreza es inmoral, injusta e ilegitima”. Tiene una gran oportunidad de enmendarlo. Pero claro...