sábado, 23 de marzo de 2013

El adiós de Bebo Valdés, la esencia cubana en el exilio

Uno de los últimos supervivientes de la época dorada de la música cubana de los años 40 y los 50, Bebo Valdés se va como icono insustituible de la música patria e internacional. Pasó por el Conservatorio Municipal, comenzó como pianista de la orquesta de de Julio Cueva, dentro del cabaret más célebre de la isla, el de Armando Romeu en Tropicana, hasta que Norman Granz, fundador de Jazz at the Philarmonic y creador del sello Verve, le alentó para que grabar un disco de jazz afrocubano, creando el inconfundible estilo de la batanga, que hizo competencia al ‘cha-cha-chá’ de Enrique Jorrín, a la acústica bailable y lugareña de Miguel Matamoros o al célebre mambo de Pérez Prado. Tocó junto a Stan Getz y Nat “King” Cole y se exilió de Cuba tras la revolución para emigrar a Suecia, donde vivió desde entonces. Su elegancia ante las teclas, su estilo armonioso, alegre y vertiginoso configuraron un arte pianístico, capaz de transmitir emociones más allá de su genialidad. A mediados de los 90, Paquito D’Rivera le recupera con la producción del disco ‘Bebo Rides Again’ y Fernando Trueba haría lo propio al recobrar de nuevo la carismática figura del talento de Bebo en 2000, cuando le llamó para participar en el documental ‘Calle 54’ y afianzó la grabación de un nuevo disco, ‘El arte del sabor’, junto a Carlos “Patato” Valdés a las congas y percusión e Israel López “Cachao” al contrabajo. Obra que logró un Grammy en 2001.
Desde entonces su presencia musical se hizo más periódica; la mezcla de flamenco y jazz afrocubano de ‘Lágrimas negras’, junto a Diego “el Cigala” en el que también intervinieron Javier Colina, Piraña, D´Rivera o Pancho Terry rescató el sabor clásico del genio. Un lujo para el oído. En el 2008, el último disco de Valdés le reuniría junto a su hijo, Chucho Valdés, otra figura clave de la música cubana en el disco ‘Juntos para siempre’, un emotivo recorrido por el cancionero tradicional cubano. Junto a Trueba se embarcó en ‘El Milagro de Candeal’, donde su fragmento inspirador le llevó a Brasil, a Salvador de Bahía como reencuentro con sus orígenes. Dionisio Ramón Valdés Amaro, nacido el 9 de octubre de 1918 en la localidad cubana de Quivicán, deja tras su muerte la impronta de una carrera incomparable y un estilo único que configura y representa la historia de la música popular cubana desde el siglo XIX hasta la nuestros días.