martes, 19 de febrero de 2013

XXVII Premios Goya: reivindicaciones oportunas y sensible mejora

Los primeros compases de la gala de los Goya dejaron claro que, por mucho que se hubiera incidido en que cualquier sentido crítico sería sutil, no iba a ser así. El infame ministro José Ignacio Wert, responsable del destrozo en la educación y cultura públicas que asola el futuro a corto plazo del sistema educativo español sonreía ante la interacción de una Eva Hache que empezó algo tenue, pero comenzó a lanzar dardos envenenados contra su despreciativa gestión. La realización de TVE no volvió a mostrar el rostro de este impresentable personaje, evidenciando la parcialidad de desaprobación subversiva. Si la retransmisión hubiera sido coherente, habríamos visto a este señor bostezando, desatendiendo su postura, distraído en su smartphone (esto sí pudimos verlo de soslayo).
Como buen político a Wert le da igual que los graves problemas que ha generado su partido esté hundiendo el país. La cuestión de anoche venía a decir: ¿es el foro adecuado para protestas revindicativas? ¿es oportunista el foco de atención para este tipo de críticas? La respuesta es bien sencilla: los miembros que componen la familia del cine español tienen el mismo derecho a quejarse de la catastrófica política de recortes como cualquier otro gremio, defendiendo lo suyo. Esto es así. Como se dijo en alguna ocasión anoche, el sector, sometido a recortes abusivos, podía haber celebrado un año récord de recaudación e indudable triunfo artístico. Pero la cosa no está para celebraciones.
Eva Hache estuvo a la altura de las circunstancias. En su segundo año como anfitriona estuvo contenida, directa en su ironía, concisa y resolutiva, haciendo gala del buen humor con el que iba lanzando sus pequeñas flechas contra el Gobierno, el ministro Wert, Bankia, los recortes, la corrupción política y la evasión fiscal e incluso aludiendo de forma irónica a la familia real e Iñaki Urdangarín. Más allá de eso, la presentadora estuvo sorprendentemente acertada en cada una de sus apariciones, aunque no se pueda decir lo mismo de sus vestidos. El primer Goya de la noche fue a parar a Joaquín Nuñez como mejor actor revelación por ‘Grupo 7’ ante la mirada de Tom Holland, el niño de ‘Lo imposible’, que miraba desde la platea sin enterarse de mucho, pero con una elegancia y un saber muy destacables.
Los siguientes fueron para Alain Barnée y Paco Delgado, como mejor dirección artística y mejor vestuario, respectivamente, ambos por ‘Blancanieves’, hecho que abriría la veda para ir consolidando a la cinta de Pablo Berger como la gran vencedora de la noche. Cuando el gran Álex O’Doherty salió a cantar un número primoroso, la gala evidenciaba que la mejora respecto a otras ediciones era una realidad. Magnífico el actor andaluz. También los videoparodias de las películas nominadas impusieron un salto de calidad, bien realizados y montados y con humor y cinismo perfectamente enfocados.
Enrique González Macho salió a pronunciar su discurso. Empezó desafiando a Wert y refiriéndose a los “doce meses de inquietudes” perpetrados por el Gobierno, siguió lamentándose de esa subida atroz del IVA, preocupado por el deterioro de RTVE, otra área que está sucumbiendo a la mala gestión y terminó, irremediablemente, invistiendo contra la piratería. El filme de J.A. Bayona comenzó también a acumular cabezones con el de mejor montaje y Raúl Arévalo, Carlos Areces y Javier Cámara (los azafatos de la nueva comedia de Almodóvar) entregaban los correspondientes a los cortometrajes. De nuevo la rabia contenida se desató sobre el Auditorium. Candela Peña se llevaba el Goya como mejor actriz de reparto por ‘Una pistola en cada mano’, de Cesc Gay. Comenzó chapurreando algo de catalán (en clara insinuación a otra de las muchas sandeces del ministro) y aseguró ver morir a su padre en un hospital público en el que no tenía ni mantas ni agua y ha tenido un hijo cuya educación es una incógnita. Demoledora.
Por supuesto, en TVE tampoco se molestaron en dejarnos ver la cara de Wert. Llegó el gran momento de hacerle el merecido homenaje a la gran diva de la noche, la estupendísima Concha Velasco, que se mostró en su salsa narrando sus continuos desencuentros con el premio y agradeciendo a todo el mundo el protagonismo de una noche inolvidable para una de las más importantes actrices que ha tenido el cine español. Aunque sí, el número musical dejó la oportunidad de ir a por cerveza, al servicio o estirar las piernas.
Y llegó ese momento destinado a pasar a los fastos de estos premios como la mayor cagada vista antes en los Goya. Un espectacular y grandioso WTF que dejó a todos con la boca abierta. Adriana Ugarte y Carlos Santos se marcaron el momento “perfao” de la noche. Entregaban el Goya a la mejor canción original. Abrieron el sobre y citaron la canción ganadora ‘Líneas paralelas’, de la película ‘Els nens saltvages’. Cuando los integrantes del grupo de rap bajaban eufóricos las escaleras, oyen “no, no, espera, que ha habido un terrible error” “qué marrón”, dice Povedilla. La ganadora es ‘No te puedo encontrar’, de Blancanieves. La red se llena de comentarios y chistes sobre el incidente y el ‘running gag’ ya está asegurado para lo que resta de noche. Incluso Alfonso de Vilallonga, ganador por ‘Blancanieves’ a la mejor partitura, pregunta a los actores “¿seguro?”. La locura total. Un lío de sobres lo puede tener cualquiera. Si no, que se lo digan a los dirigentes del PP.
Hasta ese momento de la velada ‘Blancanieves’ y ‘Lo imposible’ pugnaban con claro desequilibrio para la película de Berger. Que si sonido para ‘Lo imposible’ y Peter Glossop, uno de los técnicos, lee un discurso que bien podría haberse traducido con Google Translator. Otro más para la cinta del tsunami con dirección de producción. Macarena García le puso la emoción y las lágrimas al llevarse el de actriz revelación e incluso el número de Antonio Resines dando saltos mortales al bajar al escenario tiene su gracia, mientras Massiel aplaudía haciendo preguntarse al público porqué no estaba en la barra libre de fuera. Pablo Berger recogería el sexto para ‘Blancanieves’ como mejor guión original cuando toma como modelo el cuento de los hermanos Grimm y Gorka Magallón, Ignacio del Moral, Javier Barreira, Jordi Gasull y Neil Landau se llevan el de mejor guión adaptado por ‘Las aventuras de Tadeo Jones’, que a priori es un guión original surgido de los cortometrajes de Enrique Gato.
Maribel Verdú no quiso morderse la lengua cuando subió a recoger el de mejor actriz por ‘Blancanieves’ y soltó un discurso emotivo sobre esa gente que ha perdido la casa, el trabajo o incluso la vida por los desahucios y lanzó una nueva daga envenenada y llena de rencor y verdad reconociendo que vivimos en un sistema que les está robando a los pobres para dárselo a los ricos. Para entonces, ‘Blancanieves’ ya era la gran triunfadora de la noche, máxime cuando Kiko de la Rica obtuvo el de mejor fotografía por el estupendo blanco y negro utilizado en esa historia con transfondo taurino. Tras el vídeo ‘In memoriam’ que dejó el luctuoso recuerdo la gran cantidad de profesionales del cine que nos ha dejado este año, llegó otro de esos instantes esperados, cuando los “Chanantes” Ernesto Sevilla, Joaquín Reyes, Carlos Areces y Julián López hicieron un ‘sketch’ de reivindicaciones absurdas.
Es gratificante el talento para el humor de estos chicos, que son capaces de convertirse en lo mejor de una velada que, como siempre, empezaba a alargarse. Muy grandes los de ‘Muchachada Nui’. Julián Villagrán ganaba el de mejor actor de reparto por ‘Grupo 7’ y seguían cayéndole premios a ‘Blancanieves’ como el de maquillaje. Algo incomprensible que, por ejemplo, una cinta como ‘[REC]³ Génesis’ no opte siquiera a este galardón. Sin embargo, una cinta como ‘Juan de los muertos’, con zombies en la Habana, sí se llevó el de mejor película iberoamericana, que dio otro momento bastante cómico, con los responsables muy eufóricos y contentos con su premio, sobre todo el actor Jazz Vilá, totalmente “histérica” y “loca” ante el reconocimiento. Mítico.
‘Las aventuras de Tadeo Jones’ llenó el escenario con productores cuando consiguió el de mejor largometraje animado. Y Javier Bardem hizo lo propio en calidad de productor junto al director Álvaro Longoria por el documental ‘Hijos de las nubes’. El actor reivindicó los derechos del pueblo saharaui. Si para algo sirvió la noche de ayer fue para hacer justicias inexplicables, como que un tótem interpretativo de la talla de José Sacristán no tuviera ningún Goya. ‘El muerto y ser feliz’ es la película por la que el maestro recibió además del galardón, una ovación con todo el auditorio en pie. El veterano actor bien lo merece. Cuando ya estaba el pescado vendido, llego esa coyuntura ecuánime que este tipo de saraos necesita. ‘Lo imposible’ ha sido la película española más taquillera de la Historia. Y el Goya a Bayona era el reconocimiento justo a uno de los trabajos de realización más sobresaliente de los últimos años. Nada que objetar. Incluso se abría la posibilidad de que la superproducción pudiera dar la sorpresa.
El pequeño gran cineasta emocionó con sus palabras sobre el oficio y la cinematografía patria: “Hacer películas grandes no significa ser arrogante y hacer películas pequeñas no significa ser pobre. El cine español necesita películas grandes, medianas y pequeñas” exhortó emocionado. Tras esto le dio el Goya a María Belón, la superviviente del tsunami que originó el filme. El Goya a la mejor película fue presentado por Javier Bardem, que fue directo al grano y mencionó la gran ganadora de la velada: ‘Blancanieves’ fue la triunfadora. Acumuló diez bustos del de Fuendetodos y se alzó como la película patria de 2012 con un “Viva el cine libre” en boca de Pablo Berger. Una gala que determina un modelo a seguir. La excesiva duración no impide calificar a esta edición como una de las mejores vistas en años. Por todo, por su contenido reivindicativo, por su agilidad, por sus anécdotas y por fin por una progresión idónea y equilibrada para estos acontecimientos tan difíciles de armonizar. Gran gala la de este 2013. Este sí es el camino.
LO MEJOR
- El hombre del paraguas que acompañaba del coche oficial a los invitados al recinto. Él no se mojó, los nominados…
- Concha Velasco. Ella lo vale.
- Eva Hache, resolutiva, eficaz, una excelente anfitriona que se resarce de lo aburrido del año pasado ¿Nuestra nueva Billy Crystal?
- Los ‘chanantes’, capaces de levantar con muy poco la gala.
- Aida Folch, toda ella.
- El número del genial Alex O’Dogherty.
- Los discursos de Candela y Maribel, grandes actrices comprometidas con la causa.
- El “epic fail” de Adriana Ugarte y Carlos Santos. Sin estas cosas, los Goya no serían lo que son.
- Corbacho, con un ‘speech’ bien cabrón.
- Pepe Sacristán, por fin recogiendo ese premio que merece desde siempre.
- Jazz Vilá, de ‘Juan de los muertos’, de los Goya a Chueca y tiro porque me toca. Muy mítico.
LO PEOR
- La realización de TVE de la gala.
- De nuevo, el sonido tuvo etapas de nula audición.
- Jose Ignacio Wert. Mira que ha habido ministros odiables y odiosos, pero éste se lleva todos los calificativos destacados.
- El peinado de Hugo Silva y la barba “quiero y no puedo” de Mario Casas.
- Las gafas de soldador de Álvaro Longoria.
- El chicle de Antonio de la Torre.
- Se echó de menos a Santiago Segura, un valor seguro en estas noches.
- Que la película de Fernando Trueba se fuera tan de vacío.
- El modelo final de Eva Hache. Sus pezones parecían los ojos del propio Trueba.