jueves, 14 de febrero de 2013

Veneno

Hace tan sólo unos días, el futbolista del Anzhi Majachkalá de la liga rusa Samuel Eto’o y uno de los iconos del fútbol camerunés, salió a la palestra de las noticias internacionales al calificar a los dirigentes del fútbol de su país como corruptos e incompetentes, lo que le ha llevado a elaborar una especie de paranoia conspiratoria que apunta a que esos mismos altos cargos quieren acabar con su vida y que por ello iba a pedir las camisetas de su selección a la marca que distribuye la equipación a su selección y evitaría comer con sus compañeros para evitar ser envenado durante las comidas de las concentraciones futbolísticas de Camerún. Tanto es así que, convencido de que su vida corre serio peligro, vive acompañado de un grupo de guardaespaldas que velan por su integridad. Ayer saltaba a la portada de los telediarios otra noticia relacionada con el veneno. Un hombre que trabajaba en la sidrería El Lavaderu de Gijón fue arrestado tras una investigación en la que se determinó que había envenenado a catorce compañeros de trabajo con un fármaco en la comida que, mezclado con alcohol, potenciaba su efecto nocivo sobre la salud, provocando serias alteraciones en el personal de este conocido bar gijonés. En 2011 falleció el jefe de cocina de dicho establecimiento por esta consecuencia.
El enjambre de casualidades nos refiere a Margot Woelk, una nonagenaria que ha descrito hace muy pocos días que su trabajo durante el nazismo consistió en ir probando la comida que servían a Adolf Hitler como prueba para detectar venenos y evitar así atentados contra su vida. La obsesión compulsiva del III Reich le llevó a que en su cuartel de Eastern Front en Polonia, la célebre Guarida del Lobo, tuviera una cohorte de mujeres que testeaban los alimentos antes de que llegaran a la boca de Hitler. Por cierto, que esta mujer contaba de qué forma el gran líder alemán vivía obsesionado con la alimentación vegetariana, llegando a proponer a Joseph Goebbels una férrea intención de convertir a todos los alemanes y países conquistados al vegetarianismo. Y es que la fascinación por los venenos enciende la crueldad humana con sus siniestras consecuencias fisiológicas a través de esa funesta mezcla química. Claudio, Sócrates, Séneca, Carlos VI, Rasputín, Mozart, Napoleón e incluso puede que Marilyn Monroe son célebres personajes que murieron de forma prematura ante los efectos de alguna sustancia letal destinada a acabar con sus vidas.
El veneno parece estar de moda. Si no, basta con encender cualquier noticiario y comprobar cómo en España persiste uno que la está matando: esos políticos y banqueros corruptos son peor que la cicuta, el polonio, el arsénico y el antimonio juntos. Vivir en este país, por ende, es similar a respirar constatemente ese hedor de "verde Scheele" que acabará con nosotros.
Trágico, todo ello. Sin embargo, siempre podemos preguntarnos ¿Veneno? ¡Es veneno! Pero huele a canela… ¡A canela! Pero es veneno ¡Es veneno!...
Ilustración: Andy "Tul" Thomas.