jueves, 21 de febrero de 2013

‘Refugio 115’: un cortometraje de Iván Villamel

La oscuridad como amenaza
En la Barcelona de la Guerra Civil, un grupo de ciudadanos permanece en un búnker antiaéreo refugiándose del fragor bélico, ajenos a los rumores que apuntan a extraños fenómenos extraños que acontecen en estos inhóspitos lugares bajo el suelo de la ciudad. Es el punto de arranque del cortometraje de Iván Villamel, una pequeña fábula que abre su presentación con una canción tradicional infantil para invitar al espectador a sumergirse en un mundo ajeno a la realidad bélica que se produce en el exterior. ‘Refugio 115’ avanza en sus apenas ocho minutos a través de unos siniestros pasillos subterráneos donde la oscuridad emerge como la alegoría que va más allá de ese impulso hereditario y universal que remite a insondables miedos de diversas y terroríficas dimensiones, conformado como parte del folklore del género de terror en cualquiera de sus dimensiones y descripciones artísticas.
Para ello, el director se esmera en crear una atmósfera opresiva, malsana y polvorienta que habilita un contexto irrespirable de efectos nictofóbicos, donde la vulnerabilidad de los personajes se ve sometida a una nada que les persigue y les absorbe. Es la ocultación de apariencia del Mal lo que confiere a ‘Refugio 115’ la ambigüedad enigmática necesaria para que Villamel explore los confines del vacío, de las derivaciones simbólicas de una guerra como transfondo, con una amenaza que está en esos túneles y no en la superficie, con la conflagración en pleno proceso de bombardeos y ataques civiles. Ésa presencia sin luz es el medio con el que la narración fabula mediante la interesante y tortuosa concepción telúrica y ancestral de la oscuridad que asola las conciencias con múltiples formas.
En ‘Refugio 115’ abunda la riqueza de simetrías entre el claroscuro que absorbe la esencia del relato desde el primer al último plano, tratando de extraer la psicología de la irrealidad que oculta la penumbra que se va “comiendo” a los protagonistas, atendiendo con un detalle minimalista los encuadres y los ángulos para que la composición esté en todo momento equilibrada y siga una línea cohesionada que no traicione ni su génesis ni al género que trata. La virtud de un cortometraje que se expone frontalmente y sin ardides de ningún tipo es que Villamel no pretende reinventar ni comprimir una corriente concreta, si no seguir fielmente la sencillez de la puesta en escena sin renunciar a un suspense cuyas referencias a lugares comunes del género resultan, en conjunto, muy estimulantes.
Se trata de un ejercicio de estilo que sirve como pretexto para definir la destreza del narrador a la hora de transportar al público en la indefensión de unos personajes al amparo de lo desconocido, con evidente herencia clásica, integrando ese relevante juego de luces y sombras, junto a un diseño de sonido ejecutado con precisión, que proporcionan a la textura subterránea los atributos necesarios entre lo escabroso y la fantasía donde la amenaza surge como un continuo ultimátum y se hace latente en todo su metraje.
‘Refugio 115’ discurre con elegancia demostrando numerosos instantes sugestivos, sobre todo, en lo concerniente a una llamativa narración visual, que se superpone a los matices emotivos, pues la demarcación de tiempo hace que Villamel haya optado por representar el terror subversivo con elementos fílmicos y expresivos de la oscuridad y de su significado antes que remarcar los mecanismos dramáticos de todos sus personajes.
Un cuento de terror cuyo propósito es crear una sensación inquietante sintetizada en el fuera de plano más elemental, alejado de cualquier efectismo, rehuyendo de la fisicidad o exhibición sangrienta que homenajea al cine de más clásico y sombrío legado. Villamel aboga por el género fantástico de tono perturbador, cuya tesis habita en la significación simbólica de esa sugerente negrura que parece arrasar la recóndita esperanza de libertad y paz del ser humano y de la que, como esos conductos bajo tierra, parece no tener escapatoria.