domingo, 30 de septiembre de 2012

Weng Weng, el héroe de 83 cm.

En el ‘mondo freak’ se han destacado, a lo largo de su extraña y sinuosa historia, muchas de las figuras de culto o grotescos personajes de los que que hoy algunos pocos conocen o han oído hablar alguna vez. Hoy rescato de mi retentiva ‘freakie’ a un titán de menos de un metro de estatura que, a finales de los 70, intentó convertirse en un héroe de acción proscrito a su país de origen, Filipinas. Por supuesto que no tuvo éxito, pero sí traspasó fronteras por lo exótico de la operación cinematográfica. Me refiero al grandiosamente liliputiense Weng Weng, un menudo hombre de 83 cm. (el actor más pequeño de la historia junto a Verne Troyer) todo esfuerzo e ímpetu, que sabiendo de sus limitaciones como estrella interpretativa, encumbró su propio mito por encima de cualquier concesión al tópico, ofrendando un pequeño clásico de la serie Z basado en un insólito ‘made him self’.
‘For Your Height Only’, es una película de Eddie Nicart erigida para la gloria de nuestro minúsculo héroe, que interpretó al Agente 00, un superespía bajito, vestido elegantemente de blanco (look que luego relumbraría Sonny Crockett en ‘Miami Vice’) carismático y resultón poseedor de todo lo que un héroe aspira a tener: sagacidad, intrepidez, desvergonzado atrevimiento y un ‘sex appeal’ que hacía que cualquier fémina cayera rendida a sus reducidas piernecillas. La historia bebía de una fuente como eran las películas de James Bond. Un intento de asesinato sobre el miniagente nos revela, de entrada, que Weng Weng trabaja para la INTERPOL. Se advierte en seguida que todos consideran al agente de reducida estatura como un temerario aventurero.
La misión: aprisionar a Mr. X, un irascible terrorista enmascarado tras una capucha que lanza un despiadado ultimátum amenzando con empezar a aniquilar a la población filipina si no recibe una cuantiosa suma de dinero (cuantiosa en Filipinas, ya que en aquel momento, al cambio, la suma ya era ridícula). A lomos de una espectacular Honda Accord ajustada a su tamaño (en realidad una moto Febber de esas que todos hemos anhelado en nuestra niñez), Weng Weng subsistirá ante el peligro sobreviviendo a una ardua experiencia que tiene como resultado una encarnizada lucha con Mr. X. Antes de ello, siendo coherentes con el género, no se podía omitir el ineludible catálogo de armas secretas, recalcando un inolvidable ‘sombrero-sierra’ dirigido con un mando a distancia, un reactor a propulsión en la espalda (mítico) o una ultratecnológica ‘sombrilla paracaídas’, que le permitía arrojarse desde un rascacielos sin que le pasase nada.
Cabe que destacar dos delirantes secuencias; la primera, derivada de un cómico altercado que da como consecuencia una pelea de kárate en una escuela de instruidos y violentos karatekas que perecen ante el curtido enano, que se hincha a dar hostias a diestro y siniestro. Otra, en su final, cuando los malvados le capturan no le torturan ni amenazan, sino que recluyen en una ridícula jaula de loros.
Un clásico impagable.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Jose Ángel Iribar: 50 años del debut de "El Txopo"

José Ángel Iribar es una leyenda dentro del sentimiento ‘athleticzale’, pero lo es más allá de San Mamés. El “Txopo”, como todos le conocen, es un mito de la Historia de nuestro fútbol y posiblemente el mejor portero que ha existido debajo de una portería. Intuición, fuerza, inteligencia, unas condiciones físicas insuperables y unos brazos inmensos que amedrentaban al rival convirtieron a Iribar en un guardameta solvente y carismático. 18 temporadas defendiendo al Athletic, jugó 614 partidos oficiales, 93 de Copa y 55 en competiciones europeas. Son los números que atesoran una carrera admirable que incluyen los 49 encuentros con la selección nacional, con la que obtuvo aquel histórico triunfo en 1964 al ganar la Eurocopa. Su esbelta figura, estilizada y rotunda destacaba con su indumentaria sempiterna de color negro, como ofrenda al arquero ruso Yashine, al que apodaban la “araña negra”. Llegado del Basconia al Athletic, que llegó a pagar un millón de pesetas de entonces, debutaría un día como hoy, un 23 de septiembre en la Rosaleda, sustituyendo al no menos mítico Carmelo, que seguiría siendo portero titular hasta la temporada siguiente, cuando Juanito Ochoa le confío la meta rojiblanca. Desde octubre del 1963 hasta su retirada, el 2 de diciembre de 1979, Iribar gestaría su condición de emblema del club, de un hombre que vivió por y para el Athletic, vinculado siempre a un equipo y a una afición que le adora como a un héroe del que se cuenta que era capaz de desviar el balón con la mirada. Hoy en San Mamés se rinde pleitesía al que será por siempre jamás unas de las figuras más entrañables y grandes que ha tenido el histórico club zurigorri. Esta tarde, es la tarde de recordar al “Txopo” y sus gestas con el Athletic Club.

jueves, 20 de septiembre de 2012

HELLRAISER: Hellbound's Heart (y II)

El corazón de Hellbound. La mitología 'barkeriana'.
Siguiendo con la celebración del cuarto de siglo del estreno de mito de ‘Hellraiser’, hay que acudir al principio de los tiempos para comenzar a adentrarse en la leyenda de este oscuro universo. Concretamente al Orden Perfecto, en el que El Leviatán no era una deidad monstruosa, sino todo lo contrario, una majestuosa fuerza que, a modo de laberinto, atestiguaba la perfección humana y el bien absoluto, la libertad y la esencia del ser. Una creación perfecta de modelo y lógica, como era él. Pero llegó un momento en que nuestro mundo, caótico y colmado de guerras y tentaciones, fecundó con semillas de maldad un odio imparable, creciendo exponencialmente y precipitando las fronteras de nuestras propias dimensiones. Al principio, el Leviatán pudo detener el ataque, pero no todo iba a ser tan fácil. Extendiéndose a su propia esencia, creciendo adulterado, el propio Leviatán puso a prueba a sus enemigos creando al hombre, un ser débil lleno de miedos y sueños, carente de fuerza y exánime ante las tentaciones del mal. En el sueño del Hombre habría una voz suave. Ésta se oyó y susurró los secretos de la Ciencia, los enigmas de Lógica y la llama de Prometeo.
El hombre recibió con los brazos abiertos todo este torrente de conocimiento y lo usó para dominar el pensamiento moderno, para convertirse en dueño y señor de aquello que le rodeaba. El mundo dejó de ser una amenaza para el hombre. Ni los más recónditos lugares de los pensamientos oscuros atemorizaban al ser humano, ni siquiera aquellas mentes retorcidas capaces de hacer el peor de los males en este mundo. En el cosmos se impuso la llamada edad de la Razón, donde las puertas ya no permanecerían cerradas para el miedo, descubriendo las mentiras del ‘Otro Lado’, cosa que aprovecharon para saber aún más, para trazar nuevos conceptos jamás explorados. Pero las puertas se cerraron y algunos enigmas nunca se resolvieron...

El mundo se volvió virulento por las Guerras, un hecho que favoreció el Orden de Leviatán, haciéndose cada vez más fuerte. La gran deidad visitó al Hombre una vez más en sus sueños. Encadenado por las leyes del Universo, limitó a éste a permanecer en su Laberinto, lleno de ilusiones y de visiones, haciendo de éstos su única realidad, lo que estaba a su alcance, como un ardid de todo lo que le rodea. Este Orden, a priori beneficioso para el ser humano, le inspiró para caminar, analizando y estudiando, el anverso de lo que otrora consideraron dioses. Es decir, las lunas y los planetas, las estrellas e inmensidad del espacio. Desde ese mismo instante, el hombre abrió los ojos y manifestó admiración, dejando para siempre de estar seguro del testamento de la Humanidad, de su propio conocimiento. Cada guerra necesita un ejército y esta guerra del Caos no era diferente. Era la culminación de la carne del Hombre y, desde ese mismo instante, los oscuros espíritus del mundo de Leviatán, obteniendo sus objetivos, empezaron a aparecer en la conciencia humana. Espíritus sin edad ni corazón. Y lo que era peor, inmortales. Condenados a ejercer su influencia en la mente humana, condenados a vagar por los pasillos del Laberinto. Estos diabólicos seres, estos entes serían llamados por el gran Leviatán los Cenobitas de su religión, con una misión muy clara: ayudarían a equilibrar y aplacar, de forma brutal e insana, el deseo y el dolor de la propia condición humana.
Sin embargo, los Cenobitas, no serían lo que en un principio podría pensarse de ellos. Recogiendo lo peor de todos los espíritus del Mundo de Leviatán, se unificaron en varios entes con un solo líder, un espíritu que guió a los Cenobitas por el camino de la justicia y el castigo, apoderándose de cada alma a la que tenían acceso. El adalid de todos ellos vino a ser llamado Pinhead, pero también, junto a su horda de componentes Cenobitas, se le asignaron varios nombres como Pontífice Oscuro del Dolor, Príncipe de la Dolencia y el Papa Negro del Infierno. Algunos lo llaman el Hijo del Favoured, Vasa Inquatitis o Xipe Totec, que vino a asemejarse al dios azteca conocido como “Nuestro Dios, el Desollado”. Aquellos que desconocen su existencia y se atreven a osar con la complacencia de la yuxtaposición de dolor y placer pasaran a formar parte del séquito de sus torturas, de la depravación más dolorosa que jamás imaginó el hombre, encerrado en una odisea de experimentación y libertinaje. La purgación de la carne es la misión de Pinhead, sujeto al Testamento de Leviatán, a las normas del Infierno.
“El placer es el Dolor y largo es su camino”, es el emblema del hombre con ‘alfileres en la cabeza’. Santo o impío, esta figura del Infierno sólo ejerce de preceptor a la hora de aplicar las normas que rigen Los Avernos, de dar la bienvenida a todo aquel que ose a abrir las puertas desde el mundo material, desde nuestro lado, en el que sólo el ser humano tiene la llave para acceder a los tártaros. Ésa llave es la tentación, la excitación y la búsqueda del placer en sus infinitas formas. El Leviatán utiliza como elementos de proselitismo las debilidades humanas como el deseo, la obsesión o la avidez. Aquellos que traspasen las puertas de lo prohibido en estos conceptos, aquellos que soliciten experimentar placeres del Más Allá nunca conocidos por el hombre, serán expiados de la forma más escabrosa posible por los Cenobitas. Esa forma accesible a los que no temen traspasarla, de explorar los placeres que van más allá de las maravillas oscuras y los milagros negros, trajo consigo un Guardián, una forma diabólica de imponer sus condiciones, de castigar a quien transfiriera los límites. Pero no necesariamente los Cenobitas, sino criaturas con el propósito de salvaguardar y proteger los enigmas infernales. Los enigmas, perfectamente ocultos, no entraron en el inicio de los tiempos como objetos físicos, sino que llegaron a nosotros como ideas, inspiraciones, sueños y visiones.
Una de estas visiones llegó en forma de escabrosa idea a un francés fabricante de juguetes que buscó durante toda su vida la forma de abrir las puertas de lo desconocido. Su nombre era Philip LeMarchand y fue el elegido infernal para dar a conocer el misterio de los misterios.
LeMarchand construyó una pequeña caja en forma de cubo en la que introdujo todas las respuestas innombrables, con unas instrucciones específicas para usarlo. Fue él quien trajo a nuestro mundo la ‘Caja de LaMarchand’ y sus contenidos conocidos como las ‘Configuraciones del Lamento’. La Caja fue reproducida de forma falsa varias veces extendiéndose a lo largo y ancho del mundo, confundiéndose y perdiéndose en los confines del Universo, extendiendo la Leyenda del Leviatán hasta convertirlo en una profecía del mal. La caja cayó en manos de un veterano de la Gran Guerra llamado Elliot Spencer, con una cicatriz interna que le marcó para siempre. Desprovisto de inquietudes en un mundo material que aborrecía, Elliot pensó en vivir su apática vida postbélica (repleta de graves problemas psicológicos y trastornos varios) descubriendo nuevos placeres, sintiendo su existencia forzado a experimentar otras alternativas de erudición antigua. Cuando llegó a sus manos la mítica caja de LeMecharnd, no tuvo problemas en descubrir el enigma que le abriría las puertas del Infierno, los secretos para introducirse en un mundo paralelo al nuestro, para fundir su alma con el espíritu de Xipe Totec, volviéndose ambos uno sólo. Pasó a llamarse Pinhead y se consolidó como el líder de la filosofía del Leviatán, pero con rasgos humanos y con ciertas gradaciones de incorruptibilidad a la hora de someter a juicio el alma que descubriera los secretos que un día hizo suyos. Una vez inmerso en el otro lado, una vez que traspasó las puertas, su carne se desgarró separándose su anterior personalidad y dejando la pureza de la ecuanimidad, la filosofía Cenobita, al emblema de la caja, a la consecuencia del Leviatán, del Amo.
Las almas que caen en la tentación y entran en el cosmos del Leviatán no siempre encuentran la expiación de dolor y placer. A veces, los propios humanos sufren hasta el infinito y sirven como juguetes de los Cenobitas, sometiendo a éstos a un padecimiento jamás imaginado, condenados a vagar por los pasillos del laberinto toda la Eternidad. Otros, por el contrario, logran hacer realidad sus propios infiernos personales mezclando tormento y dolor como catarsis a sus propios fantasmas. Entre todos estos espectros de dolor, el Levitan escoge a alguno de ellos para convertirlo en Cenobita. Pero muchos otros son absorbidos para licuar su sangre y sirva de componente del gran Diamante, del propio Leviatán.
Cuando un cuerpo humano se desgarra de este mundo, deja atrás una semilla. Un pequeño signo de su existencia, de la vida que ha perdido, pudiendo ser desde una gota de sangre o saliva, incluso de esperma... Una semilla que, si se nutre apropiadamente, es lo suficientemente lícita para devolver el alma del condenado. De la propia materia vital, el alma recobra su vida, alcanzando así un terrorífico nacimiento a partir de la esencia. Pero si esto sucede, si un alma escapa a los atrios del infierno, las leyes maléficos de los propios Cenobitas indican la posibilidad de acceder a nuestro mundo para dar caza y destruir a los prófugos de la maldad.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Décimo aniversario de un rodaje inolvidable

‘El límite’ está a punto de comenzar y siento sobre mí el peso del mundo, una especie de nervios incontrolables y un entusiasmo difícil de explicar con palabras. No me creo que vaya a empezar este sueño, este complejo y esperado proyecto que me está proporcionando el más arduo y provechoso adiestramiento que podía esperar. Comemos en la localización unas hamburguesas esperando a que esto dé comienzo. Ha llegado la hora”.
Estas eran las primeras palabras que aparecían en el diario de rodaje de ‘El Límite’, aquel cortometraje que se pierde en la memoria porque, un día 10 de septiembre de de hace diez años, comenzaba el rodaje de esta pieza que, por suerte, ya no es último trabajo de ficción que he rodado. Una década desde que un grupo de aguerridos jóvenes asumieron el reto de crear un corto a la altura de las exigencias impuestas por unas circunstancias que provocaron una lucha contra los elementos hasta la extenuación para que las cosas fueran por buen cauce. Era 2002, año en el que se celebró la Capitalidad Cultural Europea de Salamanca y aquella odisea parece alejarse en el tiempo, dejando las heridas cicatrizadas en el recuerdo.
Ha llovido mucho desde entonces. Sobre todo en el Monte Waialeale en Estados Unidos. Fueron, posiblemente, algunos de los días más emotivos y felices de mi vida. Una experiencia que me inoculo una potente droga en mis venas, la de ansiar crear más historias a través de una cámara. A día de hoy, aquel santuario de terror ambiental llamado La Salle ya no existe y he perdido el contacto con algunos de los miembros de aquella familia que convivió durante cinco largos días. Pero nada podrá borrar aquellos cinco días de recuerdos perennes. En esta ventana seguís teniendo todos los detalles de aquel maravilloso viaje a lo largo de cinco días con un equipo al que sigo adorando y añorando a partes iguales.
Después de aquello, me costó sudor y sangre volver a erigir otro proyecto con la ilusión y la fuerza necesaria para que se cristalizase en un nuevo trabajo cinematográfico que estrenar. Primero fue el intento de ‘El reencuentro’, una historia romántica con fondo de terror demasiado costosa, ‘Día de campo’, inquietante historia de un dominguero o ‘KM.’, una extraña ‘road-movie’ paranormal que, con toda la preproducción definida y un equipo para rodar, no llegó a transformarse en cortometraje. Lo teníamos todo preparado minuciosamente, estuvo a punto de hacerse realidad, junto a Víctor Clavijo y Mariano Venancio como protagonistas. Sin embargo, la realidad fue dura conmigo y el proyecto no llegó a rodarse… Hay que levantarse y seguir caminando por muy fuerte que haya sido la hostia.
Fue el constante recuerdo de las sensaciones que despertaron en mí aquel corto en el que hace diez años estábamos inmersos las que han marcado una referencia que tomar para sobreponerme a la adversidad. De ahí, que con la inestimable ayuda de unos cuantos amigos del alma algo irresponsables por confiar de nuevo en mí, pudiéramos volver a rodar el año pasado ‘3665’. La espera acabó y ahora mi equipo trabaja duro para finalizar una larga y compleja postproducción para poder ver lo nuevo. Hay máxima expectación y mucha ilusión. Sin embargo, no dejo de recordar todo lo que aquel trabajo colectivo significó para mí. Y con ello, espero que con este nuevo corto podamos revivir todo eso tan fantástico que estar por llegar.

martes, 4 de septiembre de 2012

El Athletic Club por encima de los problemas

Muy lejos parecen quedar en el recuerdo emotivos instantes como aquel en el que Javi Martínez, mirando desde el balcón del Ayuntamiento de Bilbao a más de un millón de personas que apoyaban a su equipo a pesar de perder la Copa del Rey en el año 2009, no pudo reprimir sus lágrimas y aseveró, micrófono en mano, que aquel sentimiento colectivo sólo se daba en un club como el Athletic y prometió que regresaría con el título. También parece haberse perdido en la memoria, pese a lo reciente, a Fernando Llorente desplomándose visiblemente emocionado tras el pitido final en la semifinal de la pasada Europa League tras conseguir unos momentos antes el gol que supondría el pase a la final del campeonato continental. Son instantes que parecen haberse destrozado con los últimos acontecimientos vividos en el corazón de un club poco acostumbrado a la convulsión que ha sufrido San Mamés y su entorno. Como dice el célebre refrán “Cría cuervos…”.
Se han tambaleado los cimientos de este Athletic que, pese a viento y marea, sigue siendo algo más que un club. El equipo del Botxo se ha caracterizado por esa utópica forma de arraigo a una tradición que vive de ese vínculo de afinidad y simbiosis entre jugadores y espectadores, del compromiso que tienen los jugadores hacía esa camiseta y de un escudo antológico dentro del fútbol español. Sin embargo, la filosofía de calma y convicción que reside en su esencia se vieron afectadas por varios motivos que desequilibraron lo que tenía que ser la preparación de una temporada ilusionante, debido a al fortalecimiento devenido en gran desempeño y logros que se habían conseguido el año pasado. Todo se vino abajo como una torre de naipes; primero, Marcelo Bielsa, salió a la palestra para desvelar la polémica suscitada por la nefasta ejecución de las obras en la ciudad deportiva de Lezama, que fue el punto concreto que habilitó la renovación del técnico rosarino. En vez de salvaguardar sus argumentos, el club le tildó de “empleado” y desdijo toda la protesta del entrenador, posicionándose a favor se la empresa que realizó la obra. Fue la mecha que encendió las alarmas dentro y fuera del club.
Cuando nada parecía que podía ir peor y que las aguas parecían volver a su cauce normalizado, Llorente comunica que no renovará con el Athletic después de cumplir su contrato, que finaliza en junio de 2013. Una pitada monumental en un partido para la clasificación de la Europa League inciden en los ánimos de un jugador conocido por su poca fortaleza emocional a la hora de sostener este tipo de situaciones incómodas en lo deportivo y se produce una ruptura recíproca que trasciende al ambiente deportivo. Por si fuera poco, Javi Martínez, aprovechando el revuelo que ocasionó el tsunami de la no-renovación del ariete de Rincón del Soto, negocia a espaldas del club su salida del Athletic con el Bayern de Munich, que se muestra dispuesto a pagar su elevada cláusula de 40 millones.
El caos y los rumores se instalaron definitivamente en el universo ‘zurigorri’. Esta situación se agravó cuando, conocidas ambas noticias, los jugadores regresaron a entrenar bajo los lógicos abucheos y gritos de ofrenda de cierto sector del público, que llegó a tacharles de “mercenarios”, mostrando el resentimiento y la molestia por esta fuga de talentos que descuartizaban el ideal de ese sentimiento que se le supone a un jugador del Athletic por su camiseta y por la afición que le idolatra. Desde ese instante, el proceloso estado de la situación lleva a Bielsa a confirmar que el “estado anímico” de ambos jugadores internacionales les inhabilita para competir con el Athletic a causa de la presión a la que están sometidos. Como gota que colma el vaso, se rumorea también que otro de los jugadores clave, Fernando Amorebieta, con la renovación pendiente, se encuentra en una situación similar. Pero el técnico argentino no duda en calmar los ánimos en éste último caso, orientando ausencia hacia la recuperación de la operación de pubalgia que sufrió el defensa hace apenas mes y medio. Especular es gratis, aunque es cierto que el delicado tema de su continuidad irá para largo si está motivado por las mismas razones que las de Llorente.
Para acabar con el maremágnum que sacudió al Athletic, la prensa deportiva, como buitres que acechan a un moribundo, acentúan la tensión vertiendo acusaciones sobre Bielsa y su decisión de no contar con una serie de jugadores para esta temporada que acaba de empezar. Tampoco beneficiaron en absoluto las desafortunadas palabras sobre el tema del alcalde de Bilbao Iñaki Azkuna o el presidente del PNV Iñigo Urkullu sobre la situación de Llorente. Esta absurda mezcla entre intereses deportivos y políticos nunca ha coagulado con un buen fin y demuestran que los políticos, sean de la región que sean, sean del partido o ideología que sea, sólo sirven para salpicar de mierda y ridículo cualquier ámbito en el que se vean envueltos.
Nadie esperaba tanto ajetreo y la dolorosa crisis que atraviesa el club no ayuda a revivir el ánimo. Y menos, tras la magnífica temporada pasada que realizó el conjunto vasco al disputar dos finales importantísimas que se saldaron con derrotas, pero que, a la postre, ha ocasionado un fracaso mucho más duro. Lo que parecía el lanzamiento definitivo a la élite del fútbol mundial, con Athletic que maravilló a toda Europa gracias a varias exhibiciones futbolísticas en los más prestigiosos campos, no ha servido en último término sino para atenuar el débito emocional en algunos jugadores. Todo lo contrario de lo que se esperaba con tan buenos resultados. El éxito ha alentado a la búsqueda de más dinero financiado por la ambición y el egoísmo. Y eso, no se corresponde con los valores de este histórico club. Se ha considerado una traición por varios motivos de fuerte solvencia. El primero de ellos, porque tanto Fernando Llorente como Javier Martínez habían manifestado en reiteradas ocasiones su deseo de seguir muchos años en el equipo, porque según ellos, “era su casa” y “querían llevar a este club de sus amores a lo más alto”. En el segundo caso, aludiendo a que tenía un contrato con el club que cumpliría bajo cualquier circunstancia. Todo ha sido un ejemplo de artimaña y venta de humo que no ha hecho más que hacer más dolorosa y triste la consecuencia final.
Y no os engañéis, aquí en este blog no se va discutir que la pertenencia de un jugador se basa en un contrato y que el deportista, por las razones que sean, pueda o crea que su carrera se condicione a ganar títulos o al menos ganar más dinero con otro club. Aquí todo el mundo es libre de decidir sobre su vida y su carrera deportiva. Se puede llegar a entender, debido a que en el mundo del fútbol actual lo individual está reñido con la identificación colectiva y el trabajo en equipo, donde las aspiraciones solidarizadas bajo el simbolismo de un escudo ya no tienen importancia. Eso pertenece al pasado. Las grandes estrellas así lo demuestran. Martínez llegó de una forma similar de Osasuna como se ha ido al Bayern. No vamos a negarlo. Salvo con alguna diferencia abismal. Cuando aterrizó en Bilbao, era una joven promesa que costó la friolera de seis millones de euros. Tampoco era nadie en el equipo de Navarra. No era internacional. Y tampoco un jugador valuarte de la primera plantilla. Es más, ni siquiera llegó a debutar con los “rojillos”. Por lo que se puede entender su decisión de huir sin cumplir su contrato, pero que nadie vaya a equiparar ambas situaciones con el mismo jugador.
En el caso de Llorente es algo bien distinto. Como señaló Josu Urrutia, se trata de un “fracaso institucional” que representa que todo lo que se creía de un jugador formado en Lezama puede tener variantes derivadas de los nuevos mercados que corroen al fútbol moderno. El 9 del Athletic ha estado durante dos años (dos largas temporadas) negociando y apaciguando al aficionado con buenas intenciones, conducta fingida de comodidad en su club y retrasando una y otra vez su decisión de renovar escudado en una férrea conciencia por seguir vinculado al equipo. La estrategia llevada a cabo este último año por parte del delantero rojiblancos y de su entorno parece, vista hoy en día, indiscutible: tanto sus actuaciones en la Final de la Europa League y en la Copa del Rey como su más que posible titularidad en la selección de Del Bosque en la Eurocopa 2012 podían ser un escaparate perfecto para reivindicar su valía y revalorarse en el mercado con la intención de fichar por un club poderoso dentro de la lonja en que se ha convertido el fútbol.
Todo le salió mal porque ni estuvo a la altura en las finales (todo lo contrario), ni el seleccionador salmantino confío en él dándole un sólo minuto. Por supuesto, a día de hoy el jugador sigue teniendo contrato y él no se ha declarado en rebelión, ni se ha negado a entrenar ni a jugar en caso de que Bielsa cuente con él. Urrutia aseguró que no lo iban a vender a la baja, para evitar nuevos casos de chantajes de ningún tipo. El riojano esperaba que la Juventus de Turín fuera el que más pujara, pero tampoco llegó a buen puerto. Lo que está claro es que la ruptura entre aficionado y jugador es total. Más que nada con gestos como este y con la imagen de un Llorente frotándose las manos sabiendo que, sea como sea, saldrá del club con la carta de libertad, sin dejar un euro al equipo que le ha transformado en el jugador que es. Y con la posibilidad de aludir a una cuantiosa prima de contrato en su siguiente club, lo que elevaría sustancialmente sus ingresos.
No es su salida lo que ha decepcionado terriblemente. El perdón es valedor de una afición dolida por las decisiones que, a buen seguro, llega a entender estas circunstancias. Lo que ya no es discutible son las formas en que se han llevado a cabo la espantada. Han esperado a que la temporada estuviera a punto de comenzar, con el club inmerso en tres competiciones. En el caso de Martínez, incluso le fue a llorar a su ‘aita’ y a su ‘amatxo’ para que acudieran a Ibaigane y suplicaran a la Junta Directiva que dejaran ir al niño a ganar dinero a Alemania con una incompatible actitud del jugador, dispuesto a irse pagando él mismo parte de la cláusula. El Bayern ha pagado los 40 millones de euros (algo muy por encima de su valía como futbolista) y se ha ido. Perfecto. Sin embargo, ahora que los de Uli Hoeness tampoco se extrañen si son denunciados por vulnerar el Estatuto y Transferencia de Jugadores del reglamento FIFA (pár. 5, punto 7), ya que no han respetado ninguno de los puntos que acogían el contrato del jugador de Ayegui en el Athletic. Los clubes con dinero se creen con ese derecho y así lo ejecutan. Lo que más ha molestado es el mutismo con el que se ha llevado todo el proceso, con un asustadizo silencio de aquellos que esperaban salir corriendo sin ni siquiera ofrecer explicaciones o dar las gracias por ser quién eres gracias a una Institución a la que has escupido a la cara como si fuera un club contagiado por ese virus que tú mismo has inculcado.
Los 40 millones de euros no son un incentivo. Podrá invertirse para pagar parte del nuevo estadio San Mamés Barria o nuevos fichajes que apaciguaran el panorama. No obstante, la dificultad de esos repuestos es inasumible al poseer un mercado muy limitado que entorpece cualquier movimiento considerado sensato y porque tampoco se necesita reinvertir sin un estudio pormenorizado del negocio. Entre otras cosas, porque el Athletic no utiliza criterios comerciales en una industria que se mueve única y exclusivamente por dinero y donde el escudo de las camisetas se compra y se vende por los jugadores a una velocidad de vértigo. Tampoco faltarán aquellos que especulen con piezas del puzzle que puedan encajar en la filosofía del Athletic, acrecentando de forma artificiosa la cuantía de sus jugadores con estas características afines a la política rojiblanca para aprovecharse de ellos.
Contra viento y marea
La afición del Athletic, siempre volcada con su equipo contra la adversidad, no merece este trato por parte de algunos jugadores, ni tampoco de la Junta Directiva. Parece que nadie quiere asumir responsabilidades y que el silencio será el modelo de convalecer ante una situación ante la cual los aficionados esperan una explicación. Y esta situación hace dudar seriamente de lo sucede dentro del vestuario. Ha llegado un momento en que ni el mismísimo Bielsa, siempre diáfano en sus palabras, convence haciendo ver que la normalidad es el día a día del equipo. Los rumores le llegaron a señalar como responsable de la decisión de abandono de los dos mejores jugadores de la plantilla, cuando es sabido por todos que tras las dos finales les señaló como parte responsable de las dolorosas derrotas. Él asumió la totalidad de la culpa, por lo que no tiene mucho sentido. También de que tiene a los futbolistas exhaustos y al límite. Y esto desconcierta en el rol que deben desempeñar sobre el terreno de juego. A Bielsa se le ve férreo en sus decisiones y sin perder el carisma de lo que es; uno de los mejores entrenadores en activo del fútbol mundial.
El problema es que, hoy por hoy, no está apoyado por las altas esferas del club. Primero ninguneándole con el tema de las obras de Lezama, después fichando jugadores de posiciones que él no había solicitado y tercero, distanciándose por completo del contexto de cordialidad que aparentan para no seguir haciendo más grande la herida. La Junta Directiva tiene cada vez tiene menos credibilidad, pese a haber defendido el estilo incorruptible del club y el reconocimiento de los errores que hayan podido acontecer que un jugador formado en Lezama hace diecisiete años como Llorente quiera abandonar el club cuando iba a ser el delantero español con mejor sueldo de toda la liga española (4,5 millones por cada una de las tres temporadas que estipulaba la renovación). El silencio es el principal problema de la situación que vive el Athletic. Nadie da explicaciones que esclarezcan tanto problema. Y es necesario saber los argumentos de todas las partes implicadas para sacar una conclusión certera.
Ante esta situación de ambiente enrarecido, de podredumbre deportiva afectada por una situación ajena a un club acostumbrado a ver estos culebrones desde el exterior, el Athletic procura salir del pozo. Ha tocado vivir el ridículo del fútbol nacional, con la dificultad añadida de volver a reconstruir tácticamente un equipo que echará de menos a dos piezas claves que sustentaban el equilibrio y la enorme calidad de sus compañeros. El gran perjudicado de todo esto es el Athletic como institución. En lo deportivo, ha comenzado firmando el peor arranque liguero en los ciento catorce años de historia del club. Por eso, ahora más que nunca, cuando más difícil se torna la adversidad, es cuando la unión del equipo y afición debe responder a su estirpe, aunque parezca que cada vez tenga menos peso como fuerza de unión gracias a los acontecimientos que tristemente han encabezado las portadas de los periódicos deportivos en el último mes.
Antes, el Athletic suponía el ejemplo de equipo donde el escudo, la implicación y la solidaridad eran elementos indisolubles que cohesionaban la grandeza de su tradición y que, como todo en esta vida, cristaliza el dicho “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Igual es que debemos resignarnos y reconocer que los tiempos han cambiado y que el Athletic no encaja bien en este fútbol moderno. Tristemente, va a haber que ir asumiendo que este club debe ajustarse a este mundo post-ideológico sin credo de ningún tipo más allá del económico. El fútbol es una gran corporación capitalista que ha engullido cualquier resquicio de romanticismo, identificación o lealtad. El fútbol moderno es un ente mercantilizado que se juega desde los despachos y donde estrellas del calibre de Cristiano Ronaldo llora de forma infantil y patalea porque quiere ganar casi veinte millones por temporada para seguir metiendo goles con clubes dispuestos a pagar esa cifra insultante en medio de una gravísima crisis económica. Los jugadores han dejado de ser estrellas del fútbol para convertirse en caprichosos millonarios y los equipos colectivos que representan un escudo y una tradición seguida por sus aficionados han pasado a ser lujosos lupanares de alto standing, con ‘escorts’ que dan patadas a un balón y se besan el escudo cuando en realidad lo que adoran es el peculio ingente más allá de los títulos que puedan conseguir o no.
A partir de ahora, el Athletic tiene la imperiosa obligación de pasar página y olvidar el circo que se ha montado con dos payasos protagónicos que han desestabilizado la continuidad de un proyecto ilusionante que se ha desvanecido. Es necesario que se instauren medidas de estímulo que hagan olvidar ese fracaso corporativo y el momento de inestabilidad, confusión y zozobra que se ha vivido. No se puede caer en la incertidumbre. Hay que pensar que todo lo acontecido de forma desagradable han sido circunstancias puntuales y que aunque permanezcamos lejos de la armonía, no es tarde para devolver la ilusión de la pasada campaña. El pasado domingo, el Athletic palió los fantasmas con una contundente victoria frente a un gran Real Valladolid recuperando las sensaciones del pasado año. Pero lo más importante, sin necesidad de recordar ni al número 9 ni al 24.
Tenemos un equipo joven, prometedor y lleno de talento que encuentra ejemplos contrarios a los escapistas con un Markel Susaeta como paradigma de adeudo sentimental, al menos momentáneamente, rechazando una millonaria oferta del Manchester United. Aunque sea un espejismo, aferrémonos a ello. Los leones deben tener todo el apoyo posible. La idea es confiar en lo propio, convertir la flaqueza de la necesidad en entereza y ánimo ante la adversidad. Porque suceda lo que suceda, por muchos vaivenes que se vivan de forma dramática, el Athletic Club seguirá siendo para el aficionado como una forma de ver la vida, un aliciente confeccionado con el tejido sueños y traducido en la devoción de una afición modélica. El fútbol sólo es una excusa. No se trata del deporte, ni de un balón, ni de los goles… se trata sentimiento de alianza, como se dice de “una prolongación de nuestra vida”. Y eso no se puede arrebatar así como así. El Athletic está por encima de todo. Y así seguirá siendo, por muy mal que nos vaya. Orain eta beti Athletic!!