lunes, febrero 27, 2012

84ª Edición de los Oscar

'The Artist' gana sin ninguna sorpresa en una gala resucitada
Sobria, eficaz, con ritmo y acomodada para no aburrir ni fascinar. Así podríamos definir la 84ª edición de los Oscar de la Academia de Hollywood. Realmente el hecho que Billy Crystal regresara suponía un agradable lenitivo para paliar los desastrosos eventos anteriores. La noche de los Oscar llevaba tiempo, mucho tiempo, bajando el listón hasta límites insospechados. Lo de anoche no es que pueda decirse que fuera apoteósico ni trufado de genialidades. Sin embargo, todo salió a pedir de boca. Sin ir más lejos, el año pasado las cotas de bochorno marcaron un antes y un después de estos reconocidos premios.
Al menos en esta ocasión, fuera de toda duda, asistimos una gala vistosa, milimétricamente estudiada y ejecutada. Sin sorpresas aparentes. Y eso, a la postre, fue lo peor de todo. La nota provocativa ya la puso Sacha Baron Cohen, que caracterizado de su personaje autocrático de ‘El Dictador’, esparció las cenizas de Kim Jong-il en la alfombra roja, siendo inmediatamente expulsado del recinto. A la Academia, este tipo de humor insurrecto no le gusta.
El bueno de Crystal se echaba de menos, aunque no vamos a decir que esta fuera una de sus veladas más antológicas. Estar por encima del nivel mostrado por Alec Baldwin y Steve Martin o esa infamia que perpetraron el año pasado Anne Hathaway y James Franco le hacía muy fácil la labor al actor de ‘Cuando Harry encontró a Sally’ para recibir la aprobación y el aplauso de crítica y público. Estuvo como siempre; resolutivo, divertido, respetuoso y abogando por la discreción y el humor despojado de controversia y cinismo. Su orquestación llevando la batuta del ‘show’ responde a su sello, a la marca de la casa. Comenzó con su mítico videomontaje integrándose en algunas de las películas nominadas (beso a George Clooney incluido, disfraz loco de Tintín, cameos de Justin Biber y Tom Cruise) con la brillantez de antaño.
Después inició su todavía más clásico canción presentando las películas nominadas de este año aludiendo con humor a directores y protagonistas. A partir de ese instante, dio paso a los presentadores soltando algún chiste o ‘gag’ sin entorpecer el transcurso de la ceremonia. Crystal en ese escenario colosal que siempre luce descomunal y titánico, un coliseo de sueños antojadizos en forma de estatuillas que es el Kodak Teathre de Los Angeles, siempre es un presentador impecable. Es el mejor maestro de ceremonia que ha tenido este cotarro en los últimos años. Él lo sabe. Nosotros también. Son nueve las ocasiones en las que ha llevado las riendas de los Oscar.
Como el año pasado, el primer premio lo entrega Tom Hanks. A ‘Hugo’, de Martin Scorsese, le cae el primero ante la incredulidad de muchos. Robert Richardson obtiene el galardón a la mejor fotografía cuando todos sabemos que el trabajo de Emmanuel Lubezki en ‘El árbol de la vida’ podría haber sido la opción más lógica. Por supuesto, esta noche también empezábamos a olvidarnos de la posibilidad de unos premios coherentes a la altura de las películas que había nominadas. El segundo de la noche también es para el filme de Marty, esta vez más adecuado, con la gran propuesta de dirección artística que ofrecen Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo en el mencionado filme. Acababa de comenzar la gala y había pleno momentáneo. Seguidamente, lo obvio: ‘The Artist’ ganaba el de mejor diseño de vestuario. Ya por entonces las esperanzas sobre alguna sorpresa inesperada se habían esfumado.
Es cierto que la noche, a partir de ese momento, se transformó en un dictado donde todo estaba escrito y corregido, sin apenas momentos destacables que quedaran como recuerdo en los fastos de los premios. A cambio, la premura estaba siendo el mejor aliado de la noche. Jennifer Lopez y Cameron Diaz revolucionaron el escenario como dos amigas que llegan de copas a alterar con cierta extravagancia la fiesta, dando la espalda al público y entregando el premio al mejor vestuario. Por su parte, Sandra Bullock, de botox hasta las cejas, intentó crear ambiente risueño hablando en chino y alemán para presentar el Oscar a la mejor película extranjera. Nadie pilló la gracia. La esencia ecuménica roza el ridículo, pero como gana la gran favorita, la iraní ‘Nader y Simin, una separación’, la gala recupera la compostura con el fabuloso discurso de Asgha Farhadi, que lanza una declaración de intenciones con un hermoso manifiesto donde prevalecieran la coherencia, la defensa del cine y la paz por encima de ideologías políticas e injusticias varias.
El siguiente premio otorgado a Octavia Spenser de manos de ese tipo anticomedia llamado Christian Bale por ‘Criadas y señoras’. La actriz afroamericana fue la primera en levantar al público de los asientos y transforma su momento en uno de los más emotivos de la noche al aflorar sus lágrimas y sus nervios. Después de un ‘sketch’ de Christopher Guest sobre los ‘screen tests’ que no logra más que las miradas de ‘What the fuck!’ del personal, llega el que sería premio más inesperado de la noche. La Academia, siempre consciente de introducir alguna imprevista nota de heterogeneidad en sus premios, retribuye la trepidante labor de montaje de Angus Wall y Kirk Baxter en ‘Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres’ que suben alucinados. Habían ganado el Oscar el año pasado con ‘La red social’ y lo flipan hasta tal punto que improvisan un discurso carente de toda lógica. Seguro que lo celebraron por todo lo alto. La rana Gustavo y la cerdita Peggy presentan la actuación del Circo del Sol, que deja a todos con la boca abierta en un juego de arneses, acrobacias circenses y espectáculo genuino de estos magos de las piruetas.
En ese momento, irrumpen en el escenario Robert Downey Jr. y Gwyneth Paltrow, los Tony Stark y su bella secretaria Pepper de ‘Iron Man’ para, entre juegos con una ‘steady cam’ (simulando rodar un documental) dar el Oscar a ‘Undefeated’, que esta producido por los hermanos Wenstein, que también saben mover hilos para acumular muñecos dorados en otras categorías que no sea a mejor película. Eso llegaría después, cuando ‘The Artist’ se hiciera con los Oscars más suculentos de la noche. En todo caso, los directores del documental emulan a Melissa Leo el año pasado y uno de ellos suelta un ‘fuck’ por el que se disculpa rápidamente. Cuando todo es tan decoroso que hasta parece caer en la indolencia un tanto molesta debido a la rapidez con la transcurría la noche, el seguro cómico que siempre es Ben Stiller aparece en el escenario. Este año parece que no tiene numerito montado. Le deja la vis cómica a la joven Emma Stone, que aguantó como pudo con la ayuda irónica de un Stiller del que se echó mucho de menos los disfraces y paridas. Pero precisamente el fondo humorístico iba de eso. La categoría de película de animación, en la que tantas esperanzas había depositado el cine español con Fernando Trueba y Javier Mariscal con ‘Chico y Rita’, va a parar a las manos de Gore Verbinski y su ‘Rango’.
Para entonces y antes de que una Melissa Leo sin sobreactuar ni decir tacos entregara el Oscar al mejor secundario al elegante Christopher Plummer por su papel en ‘Beginners’, ‘Hugo’ ya llevaba más Oscar en el transcurso de la noche que ‘Uno de los nuestros’ y ‘Toro Salvaje’ juntos. Baremo que orienta la nula trascendencia de estos premios donde el oropel y la futilidad se han instalado de forma perenne. Los discursos de agradecimiento son tan expeditos y vertiginosos que cuando un hombre de cine como Plummer alarga en el suyo, todo está muy por debajo del tiempo estipulado. Hollywood es así. Allí, Lluís Homar no hubiera llegado a agradecer ni a una cuarta parte de toda la gente a la que dedicó el Goya. Owen Wilson y Penélope Cruz, que sigue dando muestras de un inglés muy “a su manera”, fueron los encargados de encauzar lo que todos sabíamos. Si música de Ludovic Bource ‘The Artist’ (que fusila partes del ‘Vértigo’ de Bernard Herrmann) ganaba, los restantes premios que quedaban por repartir en las categorías mayores serían para la película de Michel Hazanavicius. Y de hecho, así fue.
Will Ferrell y Zach Galifianakis aparecieron haciendo el bobo con unos platillos y vestidos de esmoquin blanco níveo, juegan con los asistentes y logran hacer que su ‘gag’ resulte efectivo para entregar el premio a la mejor canción. Con sólo dos candidatas, uno se lo puede jugar a cara o cruz sabiendo que tiene un 50% de acierto. Y se lo llevó la canción de ‘Los teleñecos’ (¿para qué decir ‘The Muppets’?).
Que Alexander Payne (que incluso se acuerda de Javier Bardem en su discurso de agradecimiento), Nat Faxon y Jim Rash obtuvieran el Oscar al mejor guión adaptado con ‘Los descendientes’ fue bastante coherente. Estos premios los entrega una Angelina Jolie que, por su físico, parece ‘La Novia Cadáver’. También (aunque con más impugnación) que ‘Midnight in Paris’ lo hiciera al mejor guión original. Claro, que Woody Allen, que se llevó el de guión original, no fue a recogerlo porque, en teoría, estaba tocando el clarinete o… a la hija adoptiva de Mia Farrow y André Previn.
Tras la entrega de los premios a los cortometrajes por parte del equipo femenino de ‘La boda de mi mejor amiga’, Michael Douglas sale al escenario bajo las notas de la partitura de ‘Instinto básico’. Tiene una carrera intachable como actor y productor, sin embargo le va a quedar el sambenito de aquel agente de policía adicto al sexo de la película de Verhoeven. El director recae en Hazanavicius por ‘The Artist’, que agradece a todo el mundo, incluido al perro de la película, pero se olvida de su mujer, la protagonista del filme Berenice Bejo.div>
Antes, el Oscar Honorífico era un momento especial para reverenciar a personalidades trascendentales en la Historia de Hollywood, con su vídeo, su emotiva presentación y el agradecimiento de una personalidad reconocida y venerada del Séptimo Arte. Ahora, despachan varios a la vez, los homenajeados saludan a la platea con la mano y “adiós muy buenas”. Este año; Oprah Winfrey, James Earl Jones y Dick Smith son los premiados. Tampoco se entiende esa canción en directo para el ‘In memorian’, el vídeo dedicado a toda esa gente del cine que ha fallecido durante el año. Si el año pasado fue Celine Dion quien se marcara su particular versión y horrorosa versión del ‘Smile’ de John Barry para ‘Chaplin’, este le ha tocado el turno a Esperanza Spalding (y no olvidemos a ¡¡la Coral de Niños de Carolina del Sur!!) con el ‘What a wonderful world’, de Louis Armstrong.
Los encargados de documentación de la Academia sobre destacadas muertes deben cobrar poco o estar un poco achispados cuando hacen el recuento porque, al igual que en la pasada edición, se olvidaron de unos cuantos; Teo Angelopoulos, Raoul Ruiz, Pedro Armendáriz o Marilyn Chambers, entre otros. Ahí es nada.
A esas alturas de la noche sólo quedaban los premios gordos, que iban a ser para ‘The Artist’. Con gran acierto se ha eliminado esa fase en la que cinco actores apoyaban con unos elogios y mucho peloteo a los respectivos nominados. Ahora no. Y gracias. Una estupendísima Natalie Portman se encargó de presentar los de mejor actor. Mientras introducía a Jean Dujardin, el ganador final, éste tenía atender la traducción de su acompañante dejando ver que no tiene ni puta idea del idioma de Shakespeare. Eso sí, cuando subió, no dejó de farfullar ese inglés afrancesado e incluso dar un par de voces. Con lo bien que está en el silencio del filme que le ha encumbrado a la gloria. El momento de emotividad interpretativo, por supuesto, no iba a ser ése. Muchos fantaseábamos con que un émulo de Jack Palance, previa flexiones con un solo brazo, hubiera abierto el sobre y nombrara a... Rooney Mara. Pero no.
Como estaba cantado (y muy merecido) Meryl Streep recibió de manos de Colin Firth, 29 años después, el Oscar a la mejor actriz por ‘La dama de hierro’. “Oh, no, ella otra vez” deberéis pensar “Me da igual”. Streep estuvo encantadora, primero acordándose de su marido en primer lugar “que luego suben la música y no se oye” y después dedicándole el premio a su peluquero de siempre, Roy Helland, su estilista desde hace más de tres décadas y que había recogido su estatuilla un par de horas antes por la misma película.
El restante… ya sabe. Tom Cruise abrió el sobre y sí… ‘The Artist’. Todos subieron, previo abrazo y palmadas con uno de los Weinstein, agradecieron, el perro hizo un par de acrobacias y hala, tan contentos. Otro Oscar que ejemplifica la tendencia de Hollywood a concretar la gloria a películas que pasarán a los fastos como olvidables filmes simpáticos, pero efímeros. Cintas que suscitan el interés del público, divide a la crítica y en un par de años está más que olvidada.
El Oscar es producto de ese productor experto en conseguir Oscar a manos llenas, Harvey Weinstein, cuando descubrió el filme de Hazanavicius y decidió que sería su película “estrella” para ganar Oscar. El año pasado fue ‘El discurso del Rey’, hace tiempo… ‘Shakespeare in love’. Con ‘The artist’ cierra una trilogía con mogollón de Oscars que responde a la perfección a la política de distribución de la compañía. Por resultar predecible, hasta el discurso del director francés quedó en un émulo de aquel mítico Trueba diciendo que “le gustaría creer en Dios para dedicárselo, pero sólo creía en Billy Wilder”.
Las dos películas que más Oscars han acumulando ‘The Artist’ y ‘Hugo’ (ambas con cinco galardones) son homenajes al mundo del cine; uno desde la pirueta aprovechada y rigurosa al cine mudo, ejercitada desde el detallismo y eliminando el factor riesgo de una obra que, sin ser una gran película, aprovecha muy bien sus cartas. La otra, desde la fascinación de un mito que simboliza la grandeza del cine y la pasión de una profesión que encuentra en su nombre a uno de sus deidades. Y así se acabó una noche de ritmo adecuado y que dejó, sin grandes alardes, la resurrección de una gala que parecía muerta. Billy Cystral es así. Esperemos que el próximo año repita y cumpla sus diez ceremonias, entrando más en calor y reviviendo sus mejores momentos. Este año, al menos, ha acedecentado la gala con divinidad. Algo que venía faltando en los últimos tiempos. Todo correcto. Todo plausible.
LO MEJOR
- El videomontaje presentado por Morgan Freeman y que recuperaba la esencia carismática y tan demandada de Billy Crystal. El gran anfititrión volvió a casa y nosotros lo agradecimos.
- Nick Nolte.
- El escote de Jennifer Lopez, que dejó ver algo más de lo que la actriz y cantante hubiera deseado.
- Toda la platea puesta en pie para ovacionar a Octavia Spenser y Christopher Plummer.
- Por no ser menos, Uggie, el perro de ‘The Artist’, que es lo mejor de la película y toda una atracción.
- Meryl Streep.
- Natalie Portman, Milla Jovovich, Jessica Chastain, Emma Stone, Rooney Mara y Judy Greer. Todas fantásticas en la alfombra roja y que dieron la nota de belleza a la gala.
- Que Melanie Griffith, al contrario que en los Goya, sí se enteró de todo. O al menos, de casi todo.
- El abrazo no captado por las cámaras en el patio de butacas entre Spielberg y John Williams.
- La carencia de vídeos cinematográficos y ‘clips’ con gente de cine hablando de cine. Siempre le dan otro toque a este tipo de saraos.
LO PEOR
- La delgadez huesuda de un rostro mítico como el de Angelina Jolie, enseñando la pierna, sí, pero para ver ¿qué?
- No por peor, si no por desoncertante y ‘freak’, fue la siniestra presencia de la hermana Dolores Hart, en su día actriz de éxito en Hollywood y hoy monja benedictina de la Abadía de Regina Laudis en Bethelehem y que apoyó el documental ‘God is the bigger Elvis’.
- La sosería de algunas presentaciones. Hacía falta más guión, más humor, más chispa. En eso, los americanos son unos expertos.
- Sin cebarme mucho debido a su inexperiencia y la voluntad de mejora, la retransmisión de Manuela Velasco para Canal +. No se enteraba de si tenía que entrar la gala o no. Cortó a invitados como Jon Sistiaga para un segundo después decir que aún no iban en directo al Kodak Teathre, contaba anécdotas que poco importaban, predisponía valoraciones según intereses… Ante la mirada de un Pepe Colubi que este año, cual descafeinado Rick Gervais, no fue ni la sombra de lo que supuso el año pasado (ni tanto, ni tan calvo). Tampoco ayudó el refresco de David Broncano. Echamos de menos la absurdez involuntaria de Ana García Siñeriz y a Jaume Figueras.
- La previsibilidad de los premios.
- Que no hubiera más juegos en el escenario entre Crystal y los presentadores.

All Star Orlando 2012: El año de Kevin Durant

El Amway Center de Orlando acogió la edición número sesenta y uno del All-Star Game, cita ineludible para el baloncesto de élite y escaparate multitudinario de ese espectáculo más allá de las estrellas que es la NBA. Después del más desastroso drama que supuso el concurso de mates del sábado (posiblemente, el peor y más vergonzoso de cuantos han tenido lugar en un All-Star) abría las expectativas a lo que podía ser una velada para el recuerdo. En cierto modo, así fue. Para el aficionado español era una cita especial puesto que Marc Gasol, arrollador en la liga con los Grizzlies y heredero del trono de su hermano Pau (que debería haber estado también en esta selección de los mejores de la liga), iba a debutar en un partido de este calibre y convertirse en el segundo baloncestista patrio en participar en este ostentoso cotarro de la canasta. Marc entraba en la cancha a pocos segundos de finalizar el primer cuarto con una actuación muy discreta, sin ningún tipo de alarde. La intención era disfrutar de la elección privilegiada. Jugó pocos minutos. Sin embargo, anotó dos canastas de cinco intentos y capturó tres rebotes. Muy bien para un debut que augura más ocasiones de demostrar cosas.
El partido empezaba en la cumbre. Con unos jugadores aparentemente enchufados hacia un partido disputado y con la promesa de rivalidad y piques entre sus máximas estrellas. El impresionante tapón enfurecido de Bynum a Howard fue una muestra de ello. Empero, las jugadas de transición y anotación recíproca en ocasiones empezaban a parecer una exhibición más digna de los Globetrotters que de un partido para tomarse en serio. Los constantes ‘alley-ops’, mates, pases de fantasía y concesiones de todo tipo, con un enfrentamiento abierto incluso en el apartado de triples, donde LeBron James y Deron Williams iban enchufando como si esto se tratara de un concurso, rebajaban la esperanzas de un duelo serio y de calidad.
Aún así, la cosa fue tomando un acelerado ritmo que dejaban una colección de jugadas de cara a la galería que pronto empezó a tomar cariz de batalla por todo lo alto, de auténtica sensación de espectáculo de alto nivel enfrentando en duelo Kobe Bryant contra LeBron, a Blake Griffin contra Carmelo Anthony o Dwyane Wade, mientras que la máquina apisonadora en la que se está transformando ese jugador llamado a alcanzar cotas estratosféricas llamado Kevin Durant iba haciendo su particular noche hasta acumular 36 puntos y destacarse por encima de sus compañeros para llegar a ser el MVP de la noche.
No obstante, hubo un duelo significativo que se lleva reptiendo en las últimas ediciones de este tipo de encuentros; Bryant y LeBron llevaron su enfrentamiento casi hacia un estrato personal por hacer ver quién ostenta el cetro de estrella actual. Fue lo más vistoso del partido. La “Mamba Negra” quería repetir la actuación del año pasado en Los Ángeles y LeBron consolidaba sus buenas sensaciones calibrando jugadas y haciendo un juego demoledor. La pugna estaba tan caliente, que Wade, unido a su pareja de baile le metió un viaje a la nariz del jugador angelino que le hizo sangrar abundantemente. El potencial del equipo del Este prevaleció a lo largo del partido, con acometidas constantes de un equipo dispuesto a humillar al rival.
Durante los tres primeros cuartos la superioridad apuntalaba la renta de puntos sobre un Este que, pese a recrearse con algunas de las mejores jugadas del partido, no conseguía acercarse al marcador con un Dwight Howard, estrella local, totalmente desparecido. Parte del protagonismo se lo llevó Steve Nash, que con 38 años jugaba su octava noche de las estrellas. Asimismo, hubo tiempo para recordar tiempos pasados, cuando el baloncesto florecía en épocas inolvidables. Así, además de evocar al mítico y genuino ‘Dream Team’ de 1992 con Chris Mullin, David Robinson o Scottie Pippen en la pista, la figura de Earving “Magic” Johnson saludaba en una ciudad que le coronó dos décadas atrás como MVP en el que sería su último año antes del adiós profesional.
La anotación parecía imparable por parte de ambos equipos, sobre todo un inspirador Oeste vestido de rojo bermellón que acumuló la friolera de 88 puntos al finalizar el segundo cuarto, convirtiendo esta cifra en el récord histórico en el partido de las estrellas en la mitad del partido. El duelo de conferenecias seguía su curso, con Bryant batiendo el récord de anotación en estos partidos en posesión, nada menos, que de Michael Jordan.
Así, el Oeste se ponía con más de veinte puntos, hasta que Dwyane Wade decidió tomarse el juego en serio y entonces fue cuando su defensa sobre Bryant estuvo a la altura de lo que se espera de un jugador con una calidad desbordante como la suya. Iguodala y Carmelo empezaron a apagarse y los Westbrook, Griffin, Williams o Derik Rose (al que Tim Thibodeau no puso mucho en cancha –lo que ha provocado una controversia con el resto de equipos rivales-) tomaron el timón de la remontada. Lo que se preveía como un nuevo y seguro récord de anotación por en equipo en un All-Star se vio obstaculizado con una defensa intensiva en el último tramo del encuentro.
Kevin Love no perdió comba y se encargó de que el recorte en la renta del Oeste no fuera masacrada a base de triples. El Este apretaba y se metió definitivamente en el partido. La recta final del partido tomó otro guión bien distinto del esperado, con un equipo del Este que se mostró serio y confiado con las posibilidades de una victoria que no pudo concretarse, cuando a falta de pocos segundos épicos en los que Bryant falló un tiro libre y a Wade se le escapó un balón de las manos cuando el termómetro estaba a punto de estallar con un 150-149.
LeBron pudo transformar el que hubiera sido tiro que habría forzado una prórroga, pero finalmente el Este dejó escapar la oportunidad de aumentar la noche con más baloncesto y dio por perdido un partido que acabó con una falta a Griffin cuando tiraba “a la remanguillé” (que diría el gran Ramón Trecet) a falta de un segundo que acabaría por solventar la victoria del Oeste por 152-149. Durant se había salido con la suya y fue elegido como el jugador de la noche, por encima de Bryant o Lebron. Y la noche de las estrellas fulguró con un gran partido de exultación del basket, con un nivel de espectáculo gratificante y un partido que será recordado como uno de los más disputados de los últimos años.

jueves, febrero 23, 2012

PANTERA: 20 años del 'Vulgar Display of Power', uno de los mejores discos de la Historia

El día que estrenamos ‘El Límite’ en Salamanca fue muy agridulce para mí. No porque las condiciones de aquel evento y su celebración no salieran como había soñado. Un día antes, el 8 de diciembre de 2004 había amanecido con la triste noticia del asesinato de Dimebag Darrell. Cuando me enteré de que un zumbado frenético seguidor había arremetido a tiros la decisión de Darrell y su hermano Vinnie Paul de separarse de su banda de siempre Pantera para seguir una carrera alternativa con el grupo Damage Plan (sin renunciar a una previsible aunque difícil opción de continuidad en algún momento futuro), supe que mi grupo favorito de toda la vida se había roto para siempre. Y así fue.
Hoy en día puedo seguir diciendo, sin perspectivas de que esto cambie nunca, que Pantera es el grupo que más me ha marcado, el más trascendental en mi modo de sentir la música y, por cuestiones de edad y generación, de vivir un tiempo y una vida con una banda sonora muy antagónica a la que han compuesto los genios del celuloide que sigo reverenciando con devoción.
Sin embargo, aquello era diferente, una vía de escape, un sintonía afín a los sentimientos de un adolescente que por aquel entonces se revelaba contra el mundo a la vez que descubría la magia de aquel sonido de la banda de Arlington. Posiblemente fuera con alguna canción del ‘Power Metal’ que no me convencería. Aunque, por supuesto y como hijo de vecino, con la auténtica revolución que significaría aquel discazo titulado ‘Cowboys from Hell’ que rompiera con todo lo tanteado hasta el momento estado y alejarse así radicalmente del ‘glam metal’ al que tan apegados habían apegados hasta aquel momento como seguidores de KISS o Van Halen que se proclamaban.
Pantera ya llevaba una trayectoria muy coherente y consolidada, pero fue este disco el primero publicado por un gran sello, Atco Records por influencia de Mark Ross y bajo la supervisión de Terry Date y el inaugural de la formación clásica que todos conocimos desde ese mismo instante. Vinnie Paul a la batería y líder fuera de los escenarios, su hermano Diamond Darrell (que entonces aún no se hacía llamar Dimebag) a la guitarra, Rex Brown como bajista y la todopoderosa figura de ese animal vocal que siempre ha sido Phil Anselmo, posiblemente la mejor voz y más polivalente de cuantas hayan poblado la historia del metal. Sus actuaciones se consolidaron como uno de los espectáculos más potentes vistos hasta entonces. La rotundidad y técnica de aquel grupo pasaría, casi fulminantemente, a los fastos de la música.
Su siguiente trabajo impondría una evolución y vuelta de tuerca imposible a lo avanzado. El 25 de febrero de 1992 saldría a la venta el que está considerado por muchos como el mejor disco de la banda y uno de los más importantes (si no el que más) de la historia del género. Aquel sexto álbum llevaría por título ‘Vulgar display of power’. Echad cuentas. En dos días cumple dos décadas, veinte años aturdiendo con aquellas estructuras rítmicas de construcción sonora revolucionarias, de sincronización perfecta y furia desencadenada. Era el año en que Guns N’ Roses seguían en boca de todos con el triunvirato de la crítica y el público, el mismo en que Nirvana devastó los números de ventas y el afianzamiento del movimiento Grunge que un año atrás ya había puesto de moda el ‘Ten’ de Pearl Jam, cuando Faith no more dejó para la galería el ‘Angel Dust’ o al mismo tiempo que Rage against the machine presentaba su mejor disco y Alice in Chains nos regalaba el mítico ‘Dirt’. Todo muy trascendental. Lo que queráis. Pero los texanos sacaron el ‘Vulgar…’ con aquella violenta portada que reflejaba una hostia en la cara (se cuenta que es una foto real de un puñetazo propinado por Vinnie a un mendigo al que pagaron por partirle el rostro), que fue más o menos lo que simbolizaba la energía y fuerza de lo que el disco iba a ofrecer. Su estilo se había endurecido de forma abismal, la grandeza del sonido traspasaba el enfoque radical que se esperaba tras el ‘Cowboys…’ y la transformación del ‘groove metal’ había impuesto unos límites difíciles de asimilar incluso por los entendidos.
Para entonces, en aquel mundo de largas melenas sacudidas al viento, la figura demiúrgica de Phil Anselmo emergió con la cabeza rapada al cero y apareciendo con pantalones holgados y cortos, zapatillas Converse y camisas de cuadros al más puro estilo ‘redneck’, sus sienes tatuadas eran una marca inconfundible y la actitud muy desafiante el grito de guerra para cualquier comparación posible. El propósito agresivo e impactante se había logrado con un éxito irreprochable. Sus canciones te golpean con la severidad de un placentero correctivo; comenzando por ese antológico ‘Mouth for War’ que ya acojona desde su principio y que expulsó de un plumazo al número uno de las listas al ‘Enter Sandman’ de Metallica, pasando por ‘A New Level’, la oda al Travis Bickle más furibundo y demencial (Are you talking to me?) con ‘Walk’, la belicosa ‘Fucking Hostile’, una de mis canciones predilectas que es ese ‘This Love’, que puede considerarse como una áspera tregua romántica dentro del disco, las imparables ‘Rise’, ‘No Good (Attack the Radical)’ o la vocal ‘Live in a Hole’ y las enfervorecidas ‘Regular People (Conceit)’ u otra joya como ‘By Demons Be Driven’… para acabar con una lenta y triste ‘Hollow’ que termina como un grito de furia.
¿Existe alguna canción negligente dentro del disco o que desmerezca dentro del álbum? ¿Hay algún tema que sea flojo o pase desapercibido? Concluyentemente: NO. ‘Vulgar display of power’ parece no tener aristas de debilidad, resquicios de flaqueza. Es un disco celérico, sin pausa al descanso, donde no hay aliento. Aquí no existe la detención. Lo que importan son los magistrales ‘riff’ Dimebag, la fogosidad a las baquetas de Vinnie Paul, los compases de Rex Brown y, sobre todo, la descarga de brutalidad que impone Anselmo. La contundencia de una trituradora que destruye el sosiego o el aburrimiento desde una confección musical de compleja calidad que hace sentir cada cambio de ritmo y cuyas estrofas estaban procesadas con violencia en forma de música catártica.
Dos décadas después este ‘Vulgar display of power’ se ha transformado no sólo en un clásico, en una obra maestra del rock, sino también en una fuente de inspiración cuyo poder de influencia alcanza más allá de ese quimérico atributo que transforma a una banda en mito de culto. El disco sigue siendo, hoy en día, una maravilla, un potente delirio que sigue poseyéndote como una apisonadora, como un huracán de sensaciones siempre renovadas en cada audición. La entidad musical y la reciedumbre de sus cañonazos siguen haciendo de este disco toda una experiencia. Fue la banda de los 90, el icono diferencial de la grandeza de los genios musicales. Después llegarían más; el ‘Far Beyond Driven’ (ya habrá tiempo de escribir sobre todo esto), aquel disco que el pincha del extinto bar salmantino ‘La iguana’ acabó más que harto de poner ante mis insistentes y etílicas peticiones o la bestialidad del ‘The Great Southern Trendkill’. Así como el ‘Official Live - 101 Proof’, uno de los más destacados directos que se han editado nunca y su último disco juntos en 2000 ‘Reinventing The Steel’, que Anselmo alternó nada menos que con dos grupos, Down y Superjoint Ritual y que sería el desencadenante del final, primero de forma nada amistosa, de Pantera y después de forma mucho más trágica, con la muerte del gran Dimebag Darrell.
Desde entonces Pantera es un concepto y un sentimiento arraigado a los que amamos a este grupo y seguimos disfrutando de su vasto e inmortal legado, de sus discos e irrepetibles ‘Vulgar Vídeos’ y de su filosofía de transgresión. Esta banda de Texas siempre pondrá voz y música al tema más furibundo de nuestra vida, donde deberíamos recuperar la fuerza de esa propagación de sublevación e intimidación para una protesta amenazadora, tan necesaria en los tiempos que corren.

lunes, febrero 20, 2012

XXVI Premios Goya: Mismos errores, mismos bostezos

Por dónde empezar… Lo de anoche puede pasar a la Historia de los Goya por diversas razones. Aunque podemos hacer la vista gorda e ir olvidándonos de ella. La primera, por convertirse en una de las galas más insulsas y peor guionizadas que hemos visto en mucho tiempo. No sé si decir que a la altura de aquélla infausta de Antonia San Juan. Puede que no tanto. Pero los ‘gags’ refiriéndose a la crisis, a la prima de riesgo, a los bancos, enmarañar ‘Avatar’ con ‘Abaratar’ en el ‘speech’ a modo de monólogo que precedió a ese arranque de gala, con un musical dudosamente coreografiado y con voces no muy afines a la identidad musical agradable al oído, no auguraban una noche muy brillante.
Eva Hache, se mezcló entre los invitados previamente seleccionados y les hizo dar una pactada réplica musical que pluralizaba el desastre inicial (Banderas, Jerner, Juanjo Artero, Almodóvar…), mientras Melanie Griffith aplaudía sin enterarse de nada. A buen seguro que fue una de las afortunadas de la noche, porque sin quererlo, estaba ajeno a lo que se cocía. Seamos sinceros, tampoco es culpa de Hache, que estuvo correcta en su dirección de orquesta. La lástima es que con un material tan endeble, ella oprtara por una moderada corrección política que dejó a todos muy fríos. Se esperaba mucho más de ella, que estuvo circunspecta y discreta, con un tamiz de sosería reprendida y poco reconocible en ella. El problema, no obstante, es querer copiar fórmulas traicionando el espíritu de nuestro cine. Y así le va.
Tenían un plan B por si, como sucedió, el número musical resultaba un fracaso. Sacar a Silvia Abascal junto a Miguel Ángel Silvestre para entregar el primer premio puso en pie a todo el personal cinematográfico. La actriz está casi recuperada del ictus que sufrió hace casi un año y la emotividad por volver a verla en los Goya tuvo su puntito conmovedor. El primer premio fue para Lluís Homar por dar vida a un servicial androide en ‘Eva’. Y es cuando llegó el momento “Karra Elejalde” o “Mario Camus” de la pasada edición, alargando hasta la extenuación los agradecimientos y recuerdos interminables a familiares y equipo. Curiosamente, la Academia había preparado unos vídeos presentados por Cayetana Guillén-Cuervo para no caer en los errores más tradicionales de estas noches y el primero, en efecto, era lo innecesario de dilatar más de la cuenta los agradecimientos.
Lo tenían que haber puesto justo antes de dar los premios. Carlos Areces y Gorka Otxoa presentaron la terna de premios destinados a cortometrajes. Areces agradeció que directores como Álex de la Iglesia y Javier Ruiz Caldera le hubieran dado la oportunidad de enseñar el “ojete” en pantalla. No sería la primera vez que escucharíamos este vocablo tan español. ‘El barco pirata’, ‘Regreso a Viridiana’ y ‘Birdboy’ fueron los vencedores como corto de ficción, documental y de animación, respectivamente. Tras esto comenzaron a caer los galardones para ‘La piel que habito’ y ‘No habrá paz para los malvados’, a la que se unió ‘Eva’, ganando también categorías menores. Entre tanto, el guión obligaba a dos actores tan entreñables y cojonudos como Enrique Villén y Nathalie Seseña a tener que afirmar que son feos o difíciles de ver por un estúpido juego a la hora de entregar los premios de maquillaje y efectos especiales. Lamentable.
Al recoger su Goya como mejor actriz revelación, María León protagonizó otro de esos momentos ideales para los cazadores de imágenes, puesto que elevó demasiado el vestido que llevaba y dejó ver fugazmente la zona donde la espalda pierde su nombre. Muy nerviosa, agitando el premio como si fuera Michael J. Fox y con esa sensación colectiva de que sabía perfectamente que iba a llevárselo, fue la más sorprendida de la noche. Ante un buen cúmulo de discursos interminables, llegó la guinda de la tarta hueca. González Macho, presidente de la Academia, aparece en el escenario con las vicepresidentas Marta Etura y Judith Colell y los tres recitan un discurso absolutamente reaccionario sobre los nuevos modelos de distribución. Como dijo Colell “sí, es verdat”. Con un canto a favor de la Ley Sinde en su subtexto y una oración soterrada para que no se eliminen las subvenciones institucionales, González Macho arremete a la congruencia con una diatriba hacia Internet que, se quiera o no, supone el devenir de la industria audiovisual y del ocio. Por mucho que diga este señor.
Según él, internet no satisface aún la demanda y, por supuesto, no es alternativa ni sustituto. Después de un rato que dio para ir a mear, abrirse una cerveza y mandar un par de whatsapp, añadió una apoyo panegírico de la reaparición del videoclub como modelo de cine en casa, regresando a un pretérito que se pierde en la memoria. Ésa es la idea de González Macho. nada más y nada menos. Encima, se permitió hacerle un guiño a Álex de la Iglesia, que miraba serio en la platea porque, entre otras cosas, la pasada edición su discurso fue diametralmente opuesto, al insinuar que “Las reglas del juego habían cambiado y que Internet es la salvación de nuestro cine”.
Con el signo de azoramiento y un poco hasta los huevos, todo hay que decirlo, con algo de aburrimiento en el cuerpo, el cotarro había que levantarse con un poco de surrealismo y un incentivo de sorpresa. El Langui salió a cantar un ‘rap’. Hasta ahí todo bien. Es un ‘crack’ y supo levantar el ánimo con sus primeras estrofas. Lo que ya no es tan normal es que salgan Javier Gutiérrez y Juan Diego con cadenas a darle la réplica. El WTF había llegado. Máxime cuando a ellos se unió Antonio Resines y su instante “lo he perfao”, olvidándose de la letra y tarareando hasta lo grotesco ¿Había algo más rocambolesco que añadir a la función? “Ya, si metemos a Tito Valverde, lo petamos”, debieron pensar los guionistas. Dicho y hecho. “¡¡El patio de butacas dice… sí!!”.
Todo ‘glamour’ e invención. Dadaísmo visual en estado puro. Delirio de antiología que tardará en olvidarse. Como aquella que Florentino Fernández entró llevando un caballo montado por Bibiana Fernández, como el mismísimo discurso de agradecimiento de Landa. Lo siguiente, la mejor canción; la nana de ‘La canción dormida’ y la mejor partitura... ¿pues quién va a ser? Alberto Iglesias, cómo no. Un día de estos los Goyas no van a entrarle en casa.
El operador de sonido Marcos de Oliveira (que seguro que debió acordarse de los encargados del sonido de la gala), ganador junto a Nacho Royo-Villanova del Goya en esta disciplina, pareció hacerle la competencia de gafas de sol a Pedro Almodóvar, del cual se sospechó que las llevaba para echarse cabezadas furtivas. La justicia de los premios nos trae el de mejor actriz de reparto para la gran Ana Wagener, una de las mejores intérpretes que tiene este país y su discurso sirve para reivindicar a sus compañeros de profesión y meter la pulla de aquellos que siguen escarbando en la memoria de la Guerra Civil para “desenterrar luchas olvidadas”.
Hasta ese momento, ‘Blackthorn’, que no había ganado ningún Goya, empezó a recolectar alguno que otro. Eva Hache hace unos chistes un poco “de aquélla manera” sobre los Tweets ficticios de reconocibles famosos. Según ella, no hace falta esperar a mañana, porque ya se puede leer cómo les ponían verdes en el acto. Estaba en lo cierto y es lo que se llama libre inmediatez, una palabra que a González Macho seguro que no le hace mucha gracia. Enrique Urbizu y Michel Gaztambide, que para Belén Rueda es “Michael (Maicol)” Gaztambide, suben a por el Goya a mejor guión original. Las pistas sobre cuál podría ser la gran triunfadora empiezan a dilucidarse. La sorpresa llega después, Almodóvar se queda sin el de adaptación en favor de la sorpresa de la noche; la cinta de animación ‘Arrugas’, basado en el cómic de Paco Roca. Además, ganaría, esta vez más esperado, el de mejor película de animación.
La gala se estaba haciendo eterna, por mucho que Kike Maíllo barriera en la categoría de mejor director novel con ‘Eva’ en un discurso muy pagado de sí mismo, muy estudiado y en el que hizo partícipe a la niña protagonista, Claudia Vega, el ejemplo de que los niños sólo recibirán aplausos como el brindado ayer a esta joven actriz a la que su director animo a seguir estudiando. Después del tradicional ‘In Memorian’, del cual Chico Santamano apuntó en Bloguionistas “Cuando vemos esa cantidad de muertos, nos flipa que haya tanta gente que viva del cine español”. Sorna con diversión, siempre. En el escenario, dos viejas glorias como Victoria Abril puesta de botox hasta las cejas (que se confunde adrede y dice “César” en vez de “Goya”… en fin) y Jorge Sanz le dan a Elena Anaya gana el Goya a la mejor actriz principal. Se olvida de Gustavo Salmerón en los agradecimientos, pero grito a voz en grito a su “yayo” fallecido que ahora ganamos mundiales.
Menos mal que entonces salió Santiago Segura. Lleva años siendo lo mejor de las galas, aportando su cinismo y sin miedo a que su humor sea hiriente. Y en esta gala se lució de una forma rotunda. Segura demostró una impecable capacidad de autocrítica y una voluntad de cambio con ironía frontal, bastante mala hostia y un humor capaz de levantar las apagadas carcajadas de la platea. Aludiendo a un sistema de votos absurdo, que tira hacia el revanchismo, el amiguismo y la ignorancia, a la pataleta de Almodóvar, a los yogures de Coronado, al cine de Guerra Civil de Benito Zambrano… para acabar comparando a Santos Trinidad con Torrente sin ir muy desencaminado. Y mientras… Melanie sin enterarse de la mitad de la gala (¿"Fary?"). Grande, Segura. Muy grande.
La noche iba a llegando a su fin. Josefina Molina no puedo ir a recoger su Goya, previendo tal vez el ladrillo que hubiera tenido que tragarse. Y Jean Cornet apuntaba una muesca más al palmarés de ‘La piel que habito’. ‘Blackthorn’ encadena un par de premios más y los Goyas se van repartiendo equitativamente. Cuando Isabel Coixet ganó el de mejor documental por su loa al juez Garzón, se produjo otra situación incómoda. Como un imán para este tipo de momentos bochornosos, asistió alucinada al discurso de un espontáneo con cara de anormal autodenominado el “Muletilla”, hablando de un “western en Extremadura”. Para entonces se había filtrado la noticia de que Anonymous había reventado la web de la Academia. Isabel subrayó algo fehaciente, que en este país “sí hay paz para los malvados”, en relación a la sonrojante justicia que se imparte en España según qué rasero. Nadia Santiago pronunció el nombre del director de ‘The Artist’ a bote pronto y como le vino en gana: “Michel Hayazaboyaicius” y Ricardo Darín soltó un “joder” al saber que la argentina ‘Un cuento chino’ y en la que trabaja, era la mejor película iberoamericana del año.
Los Goya son como los Globos de Oro sin anuncios. Es decir, que duran lo mismo, se hacen igual de pesados, pero encima no hay lapsos de tiempo para ir mear o prepararte un snack y abrirte otra birra. Con las casi tres horas prometidas en el cuerpo, uno lo que deseaba es que la velada fuera llegando a su fin. En efecto, así fue, porque llegaban los tres premios gordos que fueron a parar a ‘No habrá paz para los malvados’. Ya era la gran ganadora de la noche. José Coronado recibió su merecido galardón iniciando el discurso con ese “rock n’ roll!!’ del personaje que mayores alegrías le ha dado. Urbizu dejó patente de un modo categórico cómo se agradece un premio y los productores que subieron a por el de mejor película de 2011 se le fueron los ruegos pidiendo, otra vez, la caridad de aquellos malvados que quieren destrozar parte del sistema que sustenta el cine de este país. Y así acabó la noche.
Hasta esta tarde no he podido colgar este post debido a la gripe y a la fiebre. Sin embargo, aquí está, amigos del Abismo. Fiel a su cita anual desde que naciera el blog. La semana que viene a ver cómo hacemos los que somos seguidores de la NBA y cinéfilos amantes de la pomposa gala de los Oscar. Dos eventos imprescindibles que coinciden en día y en horario. Aunque eso… es otra historia. La película de Urbizu se llevó seis galardones, la de Almodóvar cuatro, los mismos que ‘Blackthorn’ y ‘Eva’ y ‘La Voz Dormida’ se han llevado tres cada una. Y así, todos tan contentos. O no…

LO MEJOR
- Ver recuperada a Silvia Abascal, más allá de que nos guste su trabajo como actriz. Fue una gran noticia.
- Los vídeos introductorios de “por qué merecían el Goya” las películas candidatas con Eva Hache insertada en ellos y con un montaje que sí estuvo a la altura de los esperado.
- Santiago Segura. Todo él.
- María Valverde, la más elegante de la alfombra roja y Salma Hayek, con sus poderosas razones para hacer que estemos enamorados de ella.
- El reconocimiento a Urbizu, uno de los grandes del cine español que al fin ha visto premiado su esfuerzo por sacar al cine de español de sus estilemas y redundancias.
- Clara Bilbao, Goya al mejor diseño de vestuario por ‘Blackthorn’ reconvertida en una MILF a seguir, a pesar de que casi ahoga en el discurso.
- Que Julio Fernández no subiera este año a recoger un Goya.
- Sí, claro… que se acabara la gala.
LO PEOR
- González Macho y el fondo discursivo de su arenga rancia y reaccionaria.
- La falta de gracia en los ‘gags’ y una sensación de moderada desazón en el total de la velada. Eva Hache no estuvo a la altura.
- Las poses de incomodidad y disgusto de Jose Ignacio Wert. A este hombre le hace falta un poco de compostura y clases de protocolo.
- El sonido y ciertas partes de la realización. Parece que no aprendemos cometiendo cada año los mismos fallos.
- La nula seguridad que contrata la Academia. Hasta dos espontáneos son capaces de subir al escenario sin oposición alguna.
- La falta de candidaturas de ‘Torrente 4’, porque, en el fondo, Segura tuvo razón en sus palabras.

viernes, febrero 17, 2012

Este año tocan 37

444 meses, 1.930 semanas, 13.513 días…Y aquí está de nuevo, otra castaña más que me ha caído. Se va añadiendo otra muesca a la vida, pero no hay porqué alarmarse. Ahora, prefiero no echar la vista atrás porque da vértigo la rapidez con la que se han acumulado los cumpleaños y la celeridad de un tiempo que se antoja misérrimo para todo lo que hay que vivir. Veo de cerca la cuarta década de existencia y me acojona, no voy a negarlo, pero desde una posición de sorna y desdén. Al fin y al cabo, sigo divirtiéndome, que es lo adecuado para que los años no pesen. Bastante se tiene con descubrirse nuevos pelos en las partes más insospechadas de tu cuerpo y viendo cómo clarea la cabeza a la vez que te sientes preguntando todavía qué va a ser de tu vida. Al menos, las canas me respetan. O eso creo.
Cada año reitero la necesidad de hacer de este paripé que suponen las onomásticas una excusa absurda para la fiesta con un objetivo que en esta vida (y más con la que está cayendo en este vergonzante país en el que vivimos) nunca hay que perder de vista: la diversión. Hay que vivir el momento y hacer del presente un acto voluntario que marque el futuro, sin olvidar lo que hemos sido y todo lo que nos hemos reído. Porque lo de llorar no tiene cabida en días como hoy. Al menos para mí, claro está. En estos términos de desvarío, en un halo superficialidad, se esconde el secreto de avanzar la edad sin que a uno le reconcoman los años. Se llama indiferencia ¿Que lo estoy confundiendo con cierto "Peterpanismo"? Puede ser. Eso sí, que me quiten lo “bailao”. Vale, reconozcámoslo, no podré ser joven toda la vida, pero lo que nadie puede quitarme es la ilusión de seguir siendo un inmaduro empedernido. Lo que me lleva a otro estrato habitual en este tipo de celebraciones, la irrefutable utilización de esta inconsecuente circunstancia anual para afianzar otra gran oportunidad para la juerga dipsomaníaca. Otro año al bote. Otra celebración. Porque aquí, lo importante es pasarlo bien y el alborozo requiere una inquebrantable subordinación a la fiesta, en la que no hay lugar para plantearse si uno tiene un año más.
Es hora de celebrarlo. Y a eso voy.

martes, febrero 14, 2012

Review 'Promoción Fantasma', de Javier Ruiz Caldera

El club de los cinco fantasmas
La segunda película de Javier Ruiz Caldera reivindica una miscelánea de cine adolescente y fantástico que remite a las comedias del cine de los 80 desde una perspectiva de respeto e influencia más que desde el simple homenaje referencial.
El cine de John Hughes definió una forma de entender la vida que parecía circunscribirse a una época concreta, aquellos años 80 de confusión, de perspectivas frustradas, de incomunicación y desorientación de una juventud perdida. Hoy en día parece que el mundo no ha cambiado mucho desde entonces. Las comedias adolescentes americanas vertían tras sus risas y situaciones reconocibles una misma línea de inquietudes, carencias afectivas o desilusiones. La reivindicación de esa tipología desde una realidad arquetípica compuesta por aquellos caracteres categóricos de un cine adolescente que nunca ha dejado de funcionar.
La creencia en esta última idea es en la parece erigirse en ‘Promoción Fantasma’, la segunda película de Javier Ruiz Caldera, que rescata desde la nostalgia esa sensación de cine espiritualmente ‘ochentero’, que afectará con una implicación especial a una generación que vivió aquel cine en primera persona, resucitando la energía vital de aquellas recordadas sesiones de hace tres décadas. De ahí, que se recurra a las mismas estratagemas, siguiendo un norte muy concreto, manejando en todo instante los perfiles delimitados a un sucinto trazo de personalidades de catálogo, muy recurrentes y honestas en la correlación a la hora de adaptar a nuestro entorno patrio una ráfaga de situaciones identificables pretéritas acopladas a nuestro cine más actual, sin perder la identidad y la esencia de aquellas míticas cintas que ya no volverán.
Ruiz Caldera, que asumió el reto de debutar con ‘Spanish Movie’, una ‘spoof movie’, es decir, una comedia de ‘gags’ paródicos y satíricos que se nutría de la imitación y burlas de otros filmes nacionales, rehúsa a los límites de un humor colegial zafio o provocador que siguiera los estigmas de los (no menos reivindicables) ‘Porky’s’ o ‘Los albóndigas en remojo’ para proyectar un vademecum de nobles convencionalismos y actitudes conciliadoras hacia un ‘target’ verdaderamente inteligente; por una parte, consciente de la vía emotiva de esa generación ya mencionada, pero a su vez por otra, la actual, mucho más acostumbrada a la inmediatez y al consumo rápido. Un primer logro muy loable y complejo de conseguir.
‘Promoción Fantasma’ comienza reflejando un pasado no tan lejano con un magnífico prólogo en el que su protagonista, Modesto, un ‘loser’ con aparato dental y mirada perdida, descubre que, más allá de su inercia hacia la timidez y apocamiento, puede ver espectros que nadie ve, haciendo de su vida un tormento de traumas y obcecación insana con la locura que ello supone. Hoy en día, se ha convertido en un profesor que no impone ningún tipo de respeto y sigue sin poder superar ni aceptar esa capacidad sensorial para comunicarse con los muertos. Hasta que es contratado en el Instituto Monforte, en cuyas paredes descubrirá a cinco alumnos que llevan un cuarto de siglo muertos vagando como fantasmas y que representan efigies de aquel cine adolescente del tiempo en que murieron; el macarra soberbio, el deportista chulito, la ligera de cascos, la empollona amante de la música o el inadaptado que se dio a la bebida y vive en una juerga eterna.
Con ello, ‘Promoción fantasma’ se va desarrollando con pulso firme, con una celeridad que avanza con la precisión de un reloj, midiendo todos sus giros y situaciones con perspicacia y gran talento. Se nota que sus guionistas, Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, han vertido con devota sensibilidad un manifiesto a cierta tipología de cine olvidado en la memoria, transformando sus intenciones en cercanía, adaptándola a una historia tan inocente como efectiva, vertida con una sencillez y una sinceridad que desarticula cualquier mal adjetivo hacia los propósitos del filme de Ruiz Caldera. Porque aquí no importa tanto la definición del perfil social que desempeñan los fantasmas, ni los condicionantes que les llevaron a ser castigados mientras los demás compañeros disfrutaron de la fiesta de fin de curso, sino la reciprocidad de salvación que establecen con Modesto, que los necesita para afianzar la perpetua relación que le mantiene en conexión con el mundo de los muertos.
Los objetivos que deben cumplir en sus vidas (en este caso, en sus muertes) se explicitan en un acontecimiento inacabado que deviene en necesidad de encontrar diversos objetivos y metas. Entre ellos, cerrar el ciclo que les vincula al mundo terrestre y a su vez, el profesor, despojarse de su condición de educador fracasado y encontrar, de paso, la valentía para enfrentarse a una relación madura con la directora del colegio, que es la persona que le abre los ojos en todos los sentidos. Y así, el filme de Ruiz Caldera encuentra su dignidad y esplendor en ese trasfondo, tal vez poco referido dentro del filme, de más de dos décadas de eternidad de los jóvenes espíritus como entes fantasmales obligados a aguantarse y conocerse, conviviendo en un estrato indeterminado, imponiendo en sus respectivas búsquedas una entrañable historia de relaciones y amistad que les supedita a la convivencia, al diálogo y al descubrimiento participativo que tiene como culmen el encuentro con Modesto.
Una comedia que no se sonroja ante sus limitaciones, porque tenerlas tiene. Pero es lo de menos, porque las va venciendo a golpe de ‘gag’, de sonrisa cómplice, de hilarantes y brillantes ‘set pieces’ que convocan una entelequia de risas y confabulación con el público, sin perder de vista temas como la amistad y un subtexto perfilado que arremete con una feroz crítica al modelo de educación privada (también la pública) que, escudado en la rectitud y la severidad, descompone la enseñanza hacia unos derroteros que se han consolidado en el fracaso escolar. Aunque éste no sea el propósito y se diluya en la diversión, la ocasional falta de profundidad lleva siempre consigo la férrea intención de concebir sus giros y diálogos hacia una gratificante concordia entre la emoción y las risas. No cabe la trascendencia artificiosa porque en ‘Promoción Fantasma’ la búsqueda va orientada en su totalidad al entretenimiento.
Al mismo tiempo, uno de de los puntos más sobresalientes que equilibra con solidez la magnífica función gravita en un elenco de actores y actrices que proporcionan una virtuosa labor interpretativa encabezada por el siempre talentoso Raúl Arévalo, capaz de dotar a este perdedor pusilánime de una afectuosidad instantánea, así como la naturalidad directa de la gran Alexandra Jiménez, dándole la réplica con un personaje que sirve de apoyo para hacer evolucionar a ese ‘loser’ con cara de pardillo. Es asimismo una sorpresa encontrar a todas esas jóvenes estrellas televisivas (Alex Maruny, Jaime Olías, Andrea Duro, Anna Castillo y Javier Bódalo) en un nivel actoral muy por encima de lo que estamos acostumbrados a ver en ese trasvase de la pequeña a la gran pantalla de nuevos y bellos rostros. La comedia se ve enaltecida del mismo modo con la contribución de tres bestias cómicas en constante estado de gracia; Joaquín Reyes y Carlos Areces, como apolillado y confundido psiquiatra y presidente de la asociación de padres respectivamente, aportan un punto humorístico que tiene su colofón con la inmensa Silvia Abril, a la que corresponde la grandeza de la mejor y más extravagante secuencia de la película.
‘Promoción Fantasma’ no sólo divierte y entretiene, sino que por momentos alcanza un alto grado de emoción que llega a tocar la fibra sensible con emotivas puntualizaciones y su selección musical (Radio Futura, Whigfield, la anacrónica Shakira y aunque a veces sea reiterativo, el ‘Total Eclipse of the Heart’ de Bonnie Tyler) que homenajean precisamente a todo una estirpe de cine que revive en ‘Promoción fantasma’ con notable afecto y respeto. Es un filme plagado de guiños, referencias y alusiones a un cúmulo de situaciones y películas reconocibles que devuelven al espectador a una perspectiva enternecedora del cine comercial rescatando valores como la superación personal y el aprendizaje a estimar la vida, pero no por ello respondiendo a una necesidad de película ofrenda, sino más bien a un ejercicio de ingenio y energía cómica que avoca directamente a la gran capacidad de la cinematografía española hacia una apertura de un cine voluntarioso y competente que lleva años gestándose silenciosamente. Un filme que busca entretenimiento cargado de buenas intenciones, donde la eminencia y la magnitud de su discurso yacen en la cercanía y la complicidad de un espectador que debe reconocer y agradecer una película tan especial como esta comedia que es un ejemplo a seguir para el cine español.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2012

lunes, febrero 13, 2012

Un lunes, una frase

“Si no andas con cuidado, los medios de comunicación lograrán que termines por odiar a los oprimidos y amando a los opresores”.
Malcolm X.

viernes, febrero 10, 2012

Semana deportiva: unas de cal y unas de arena

Esta semana ha estado plagada de noticias deportivas que podían haber llenado posts de controversia y de indignación respecto a teorías conspiratorias y de humillación sin sentido contra deportistas partios promovidas por la envidia, la confusa rivalidad y la estulticia. Los 565 días de amargura e incertidumbre que ha sufrido el campeón de ciclismo Alberto Contador se acabaron con un jarro de agua fría, con una resolución cuanto menos revestida de polémica y asombro. Los dos años de sanción son exagerados y desproporcionados debido a que ni siquiera han podido demostrar fehacientemente los argumentos que llevaron al ciclista de Pinto a los sistemas jurídicos que velan por la limpieza de un deporte constantemente puesto en duda y que han acabado con una imagen pública de deslegitimación y procacidad, de incredulidad y falta de respeto al deporte que se supone que representan. El TAS, la UCI y el AMA son los culpables de este fantasma del dopaje. Han terminado por transformar su posición de vigilantes de la decencia en un circo de miserables que desean estar en portada confirmando una y otra vez su perpetua desacreditación. Sobre todo porque su decisión vulnera la presunción de inocencia como significa que con nada se puede sancionar con el todo.
Por si fuera poco, le retiran un Tour en el que se duda de este positivo y un Giro que fue ganado con la máxima vigilancia de una víctima a punto de ser ejecutada. Un arbitraje ilícito y despótico que vuelve a poner de manifiesto que la burocracia administrativa suele ser inoperante y caprichosa. Ejemplarizar con Contador ha sido una puñalada trapera a un deporte tan machacado como el de la bici, tirando piedras en el tejado de una competición que, visto lo visto, puede ser adulterada desde algo diametralmente opuesto a la justicia. No han podido probar con fundamentos que Contador se dopara y se han montado una venganza personal para que éste no pueda correr ni el Tour de este año ni estar presente en los Juegos Olímpicos sólo por una semana. Y mientras tanto, en el lado inverso, Lance Armstrong ha sido absuelto de las mismas acusaciones tras cerrarse la investigación federal que durante dos años ha tratado de relacionarle con el dopaje.
El otro tema controvertido ha llegado como consecuencia de esta ridícula resolución. Los franceses, caracterizados por una inoperante falta de humor y tacto, han abierto el debate social con su incomprensible mofa en Canal +, donde los Guiñoles (sí, en Francia todavía siguen con esto) han abochornado con sus paupérrimos ‘sketches’ mancillando el esfuerzo y el sacrificio de nuestros campeones. Más allá de la chorrada que simboliza la envidia y la incompetencia de tratar piques inconsecuentes en terrenos extradeportivos, el país vecino siempre ha sido un negado en muchas de las competiciones en la España tiene primacía, exceptuando alguna contada ocasión que se pierde en una memoria llena de telarañas y olvido. Este incomprensible embate cuestiona nuestros éxitos en un universo que ayer más que nunca podía cerrar bocas: el equipo español de fútbol sala, el mejor del mundo desde hace años, se clasificaba para la final del Europeo. Mejor ejemplo imposible. Lo más triste de todo, la cuestión de fondo, es que pasamos todo el año hablando de dos equipos de fútbol, sin darle importancia al resto de las demás disciplinas que saltan a la palestra cuando se obtiene algún logro descomunal y no se le concede la misma importancia a un campeonato del mundo colectivo que al nuevo peinado del entrenador de uno de los dos intocables.
Que los franceses sean unos ineptos a la hora de provocar sin gracia y las grandes estrellas hayan salido en la defensa de la bandera debería ser una actitud diaria que no sobrevalore ciertos eventos mediáticos y oscurezcan el esfuerzo colectivo que dan el esplendor necesario a una élite que ha demostrado a lo largo de los años que está en la cumbre, definiendo la humildad y el arraigo a un país malacostumbrado al éxito. El error ha sido darle trascendencia a la estupidez y priorizar la idiotez a los logros. Si los franceses tienen rencor y escudan su condición de perdedores ante la grandeza de otros, es su problema. Que les den por culo. Ayer, sin ir más lejos, conocíamos la gran noticia que sitúa a Marc Gasol en un All Star Game, entre los mejores jugadores del mundo. Mientras, Ricky Rubio sigue sorprendiendo y deslumbrado con una evolución baloncescística que parece no tener fin y estará en el aprtido de los novatos. Es donde deben hablar los deportistas españoles. No es necesario ridiculizar a los demás para evidenciar carencias.
Por último, e inevitablemente (viniendo de este blog), el Athletic Club de Bilbao vuelve, tres años después a una final de la Copa del Rey, su competición, con una imagen que nada tiene que ver con aquélla que volcó a una afición hacia la utopía vestida de ilusión. Este año es muy diferente. El fútbol impuesto por Marcelo Bielsa es incontestable, la progresión de todos sus titulares ha sido escalofriante y las expectativas no hacen más que subrayarse en un momento dulce donde el juego apasiona, donde el fútbol es fútbol independientemente de las victorias. Este Athletic sale a hacer su juego, dejándose todo en el césped y brindando a sus parroquianos puro espectáculo y magia en una de las mejores temporadas que se recuerdan en la última década.
A pesar de los defectos, de los errores y de los puntos injustos que se escapan en los últimos minutos, el Athletic juega con la honestidad que tanto echan de menos los grandes. Un equipo vivo en tres competiciones, que sobrecarga sus elementos pero que hace posible que el sueño de la Catedral se consume poco a poco, sin prisas, enalteciendo el escudo y los colores con un fútbol que despierta envidias. Esta semana derrotó al campeón moral de esta Copa, a un Mirandés que ha puesto de manifiesto que a los equipos no se les mide por su división, si no por el juego y el esfuerzo. Ha sido uno de los rivales más desafiantes y nobles que se han enfrentado esta temporada al Athletic y su eliminación no empaña la grandeza de su gesta. El testigo lo recoge un club que está en estado de gracia y que mirará a los ojos a un F.C. Barcelona que no da tanto miedo como antes. Entre otras cosas, porque el club rojiblanco sabe que, desde que perdió aquella final de hace tres años, es mucho más complicado perder. Este equipo sediento de venganza deportiva lleva tiempo intentando recuperar el cetro que a día hoy, digan lo que digan los números alterados, sigue siendo suyo: el del Rey de Copas. Para el Barça de Pep, éste puede que sea un título más entre todo el asombroso palmarés que lleva cosechando. Para Mourinho el año pasado fue la Copa más culminante del año. También lo fue porque fue el único título que ganaron. Para el Athletic, sin embargo, esta Copa del Rey es mucho más que eso. Es especial, por simboliza mucho más que un título. Este año vuelve a ser la hora de recuperar aquel sentimiento de éxito que este Athletic campeón y ambicioso. Y sin traicionar ningún tipo de cuestionada filosofía, la de un equipo diferente que se lleva en el corazón.
La conclusión: en un país que se derrumba, que pierde su naturaleza democrática, que se humilla ante sus dirigentes y opositores, que se deja escupir por los altos estratos bancarios y que alza a jueces amantes de la infamia para albergar la impunidad de los culpables esgrimiendo el rasero de la importancia se encadenan noticias desesperadas ante un declive y hundimiento sin atisbo de tener final a largo plazo. Éstas son las cuestiones que han definido una semana que ha terminado con una reforma laboral que arremete contra el pequeño trabajador y asegura el afianzamiento de ciertas clases sociales y políticas en la sátira colectiva. De todo ello, sí se podían reirse los franceses haciendo sangre. De ironizar con la realidad que azota a la piel de toro. No de inventarse mofas contra el deporte español, una de las pocas vías de escape que tenemos ante tanta desvergüenza y depravación que nos rodea.

lunes, febrero 06, 2012

XLVI Super Bowl: Los Giants de Nueva York ganan la Superbowl en un 'déjà vu' de la final de 2008 contra los Patriots

La madrugada de ayer nos dejó otra de esas gestas deportivas de altos vuelos, de puro espectáculo y delirio de antología para aquellos que saben apreciar la belleza de un deporte por completo desconocido en nuestro país. Sabemos que es el evento del año en Estados Unidos y que lo siguen más de 115 millones de personas en el mundo, pero la gran mayoría ignora el porqué de tanto revuelo. Ayer, los aficionados y neófitos dentro del escaparate universal de la NFL volvieron a vibrar con un juego de fuerza, equilibrio y constante estrategia.
Faltaban 57 segundos para que finalizara un partido que había empezado con absoluto dominio de los Giants de Nueva York sobre los Patriots de Nueva Inglaterra, que comenzaron viendo anulada la explosividad de un Tom Brady perdido y sin encontrar receptor (forzando incluso un ‘safety’). Los neoyoquinos aprovecharon la fuerza de Eli Manning y la velocidad del puertorriqueño Víctor “Salsa” Cruz, para poner 9-0 par los de Nueva York con un ‘Touchdown’. Sin embargo los Patriots no quisieron ponerselo fácil a los de Tom Coughlin, con Stephen Gostkowski anotando un ‘fieldgoal’ de 29 yardas y Brady resurgiendo para batir un nuevo récord de la Superbowl: un avance de 96 yardas en 14 completados que acabó con un ‘touchdown’ de Danny Woodhead y el posterior punto extra de Gostkowski justo antes del descanso.
En la segunda parte todo parecía apuntar que iba a ser la noche Brady y de los ‘Pats’, ya que en ocho pases para 79 yardas en un lanzamiento de 12 logró colocar la bola a Aarón Hernández que fulminó un nuevo ‘touchdown’, lo que puso a los de Nueva Inglaterra con un 9-17 tras el punto adicional de Gostkowski y las expectativas de un nuevo título al alcance de la mano. El mayor temor de los ‘pats’ era que el partido siguiera el fantasmal efecto de la Superbowl de 2008, donde cayeron sin reaccionar a tiempo contra el mismo rival. Pero la historia es antojadiza y las venganzas deportivas, en ocasiones, no se cumplen y responden a las exigencias de la esperada épica. Pese a que los Giants perdían hombres en la batalla (Rolle, Beckum y Ballard salieron del campo lesionados) volvieron a tomar las riendas del partido. La cuestionada defensa de los ‘Pats’ permitió el ‘field goal’ de Lawrence Tynes cuando la sombra de otro ‘touchdown’ se cernía sobre sus pies. Con el 17-12, los gigantes se vinieron arriba y de nuevo fue Tynes quien logró otro gol de campo de 33 yardas de dejó el marcador en 17-15 antes de la finalización del tercer cuarto.
La pugna entre las dos estrella del equipo estaba muy pareja: Brady y Manning habián acumulado 26 intentos de pase y 20 de 21 completados, aunque el primero con mejores números en yardas (212/178). Pero la noche de Manning se truncó en el mismo instante en el que falló en un pase interceptado por Blackburn ante la mirada incrédula de Rob Gronkowski y en la yarda 44 Welker no llegó a un balón por los pelos. Fue lo que dio la alternativa al que sería el ‘quarterback’ artífice de la remontado y posterior MVP del partido: Eli Manning; primero con un pase espectacular que recogió Manningham, que colocaron a los Giants en medio campo, luego proporcionándole otro a Nicks, que logró el primer ‘down’ sobre la línea de 20 yardas. Quedaban 2 minutos y los Patriots ganaban en la agonía de lo que iba a ser la repetición catastrófica de 2008. Y entonces llegó el instante… Manningham recibe sobre la línea, aguantando la presión de Chung y Bradshaw se deja caer sobre el suelo para colocar un ‘touchdown’ concedido por los Patriots para intentar una última jugada heroica que salvara la noche y la final para su equipo. El pase de Brady a Branch, sobre la línea de 30 levantó al público de sus asientos y provocó alguna arritmia entre los espectadores de Massachusetts, avivada por otro de 10 yardas a Hernandez. Sin embargo, el pase definitivo que debería haber atrapado Branch; para concebir una gesta imposible para los de un Bill Belichik con los nervios de punta no fue completado, por lo que los Giants se proclamaban campeones de la 46ª Supebowl de nuevo ganando al mismo rival; remontando cuando restaban cuatro minutos para el final, cuatro años después, con cuatro puntos de diferencia, sumando su cuarto título en la Historia de la competición. Otra final de infarto que dejó la emoción de un espectáculo con mayúsculas y un partido vibrante y difícil de olvidar.
Como cada año, la galería comercial que constituye la Superbowl brindó uno de los mejores y más apoteósicos ‘shows’ del ‘half time’ de los últimos años y, probablemente de su historia. La invitada así lo hacía esperar: Madonna no defraudó. La coreografía, la escenografía faraónica y desorbitada y un control musical absoluto hicieron de su actuación un paradigma de la grandeza de esta ‘Ambición rubia’. Puro delirio de nostalgia con sus canciones; ‘Vogue’, ‘Music’, ‘Ray of Light’, ‘Holiday’, ‘Express Yourself’, terminando con su último éxito ‘Give me all your luvin’ y el mítico ‘Like a Prayer’ con un mensaje final de paz para el mundo.
No importó que la voz fuera en ‘playback’, ni que por el escenario desfilaran estrellas de actualidad como LMFAO, Cee Lo Green, Nicky Minaj o M.I.A. Madonna se convirtió en la gran figura de la Superbowl con un show tan grande y trascendente como su propia figura. Por otro lado, en este macroevento deportivo no podía faltar esa sugestiva llamada mediática que son los ‘spots’ que desfilan por la pantalla en los intervalos sin juego. Otro acontecimiento que mueve cifras millonarias que atesoran algunos de los mejores anuncios del año. Coches, refrescos, cervezas, snacks, bancos, portales de Internet, lencería…
La reina de la noche en este aspecto fue una sugerente y hermosa Adriana Lima, musa de la noche publicitaria y de los pensamientos más sicalípticos con doble anuncio, el impresionante destello de belleza de Teleflora y el más adecuado al partido ‘A dream car for real life’, de KIA, compartiendo pantalla con Chuck Liddell y Mötley Crüe reviviendo viejas leyendas. Del catálogo de innumerable talento y diversión que se da cita en la caja tonta, me quedo con ‘Transactions’ del Acura NSX con Jerry Seinfeld y Jay Leno, el de Honda CR-V con Matthew Broderick reviviendo sus andanzas como Ferris Bueller, los de ‘Rescue Dog’ de Bud Light y ‘The return of the king’ de Budweisser , el ‘Sling’ Baby’ de Doritos, el ‘King’s court’, de Pepsi con Elton John y Melanie Amaro, que ha ganado en USA el concurso ‘The X Factor’ o con los muy ‘freak’ y divertidos de Toyota Camry, Hyundai, AGT, Cars.com, Fiat 500 Abarth, GoDaddy.com, Hulu boratory… Tampoco faltó la sorpresa, con Clint Estwood prestando rostro e inconfundible voz a ‘It’s halftime in America’ de Chrysler y los de siempre de Bridgestone, los habituales de Coca-Cola, M&M’s…
Por supuesto, no podían faltar algunos de los trailers y teasers más esperados para este año; ‘G.I. Joe’ con Bruce Willis y “The Rock”, el alucinante despliegue de ‘The Avengers’, la locura humorística de Sasha Baron Coen con ‘El dictador’, la primera entrega de la trilogía de novelas de Suzanne Collins ‘Los Juegos del Hambre’, ‘John Carter’, ‘Battleship’, ‘21 Jump Street’, ‘Ghost Rider: Espíritu de venganza’ y ‘Act of Valor’ fueron otros de los anuncios cinematográficos que aprovecharon una noche con tanta audiencia potencial. Como cada año, el diario Boston.com tantea las preferencias de este apartado con un termómetro que indica lo más votado por los telespectadores a través de Twitter llamado ‘Brand Bowl 2012’. Y, cómo no, tenéis todos los vídeos promocionales de esta Super Bowl en el Canal Youtube dedicado a este microvento dentro del espectáculo deportivo.
Una noche fascinante que jamás traiciona la perspectiva de diversión y grandeza ostentosa tan americana como impresionante.

viernes, febrero 03, 2012

'The Warriors': Épico vandalismo callejero

Cuentan que ‘The Warriors’ permaneció muy pocos días en cartel porque desde su estreno se produjeron varios conflictos (e incluso muertes) entre bandas callejeras que asistieron a este clásico dirigido por el gran y postergado Walter Hill. Tras estos incidentes, magnificados por varios de los críticos más prestigiosos de la época, la película sufrió numerosos cortes y se redujo su exhibición a un circuito minoritario. Estos hechos provocaron que el filme de Hill se convirtiera, casi desde su estreno, en una obra de culto en toda regla, obsesiva y nocturna, de perenne estética setentera, película inaugural de todo el subgénero de cine ‘pandillero’ que ha pasado a la historia como una de las mejores cintas de su autor y una referencia a la hora de aludir a viejas epopeyas suburbiales.
‘The Warriors’ comienza con un surtido número de delegados de todas las bandas de Nueva York, reunidos en congregación para escuchar las directrices de Cyrus, el cabecilla de los Riffs, la pandilla más poderosa de la ciudad, que ofrenda un discurso sobre la tregua de bandas y lograr así el propósito de dominar la ciudad ante la policía y las autoridades. Durante el acto, el enloquecido jefe de los Rogues dispara contra Cyrus y acusa a los Warriors como autores del crimen antes de que la policía acordone el cónclave vandálico. Desde ese momento, los Warriors emprenderán un duro regreso a su demarcación territorial, Coney Island, en una esperpéntica noche donde tendrán que luchar por sus vidas, sobreviviendo a la fragosidad urbana barriobajera de Nueva York, donde no faltará la iracunda violencia callejera, persecuciones subterráneas, violentas peleas, hercúlea indocilidad y una agreste hombría prodigada por los Warriors en cuanto ven a una mujer. De ahí, que uno de ellos sea detenido por una policía cuando intenta camelársela en un parque.
Una imborrable película de acción y aventuras que tiene imágenes y secuencias imborrables; como los Orphans, una pandilla de ridículos aprendices que amedrentan con recortes de periódicos y vuelven a aparecer con una minúscula navaja para intimidar, los Baseball Furies, unos tipos hereditarios de los drugos de ‘La Naranja Mecánica’ con atuendo de beisboleros portando un bate, las Lizzies, unas golfas que actúan como mantis religiosas, los labios junto al micrófono de Lynne Thigpen (sustraído por Tarantino para ‘Pulp Fiction’) y, en definitiva, todas y cada una de las secuencias de lucha y persecuciones que Walter Hill cuida milimétricamente hasta el extremo.
‘The Warriors’ reúne todas las características que se ajustan a un filme de culto que ha trascendido a través de los años, debido, en gran parte, a que sus personajes son arquetipos carentes de profundas sinecuras y motivaciones. No hay búsqueda de una causa, porque, pese a que estos antihéroes contienen un variado código ético, tienen una directriz como fin de su violenta conducta: la de sobrevivir y llegar a Coney Island.
Los miembros de las bandas que aparecen en la película no son descritos como relegados sociales, sino como hombres con honor que velan por la territorialidad y la justicia. Llama la atención, vista desde la actualidad, cómo Hill ya buscaba entonces una personal forma de representar la violencia como estético impacto en el espectador, construyendo con eficacia los muchos momentos violentos que hay en este pequeño clásico, centrándose en su visualidad, sin atender a los motivos que la provocan, olvidándose de representar la realidad. Un postulado que ha seguido imperecedero en un director tan olvidado como legendario dentro de la Serie B.
Es también ‘The Warriors’ un ‘western’ urbano, modernizado por los neones y la nocturnidad de su contexto, extraordinariamente fotografiado por Adrew Laszlo, donde más allá de hablar del bien y el mal, de sus criterios morales clásicos, se centra en la supervivencia de unos ‘cowboys nocturnos’ en su regreso a casa, dotando a este entrañable clásico con una lapidaria puesta en escena, donde el ritmo es perfecto y frenético, sin respiro, para invocar al relato épico de un modo cerebral.
No es extraño que cuando se habla de ‘The Warriors’ se aluda a ‘Anábasis’, de Jenofonte, la clásica obra que narraba cómo unos guerreros atenienses regresaban a casa tras batirse contra los persas, tropezando en su camino con miles de enemigos que quieren acabar con ellos. Historia trasladada a finales de los 70, definiendo la cruda y estilizada descripción de la violencia nocturna de los bajos fondos Nueva York de este clásico de culto.