martes, 31 de enero de 2012

Orson Welles sobre Hitchcock

Orson Welles, el prestidigitador hedonista, el oscuro innovador de verbo fluido y narrativa deslumbrante, uno de esos cineastas con inigualable talento que ejerció de manipulador y genio fue capaz de gestar auténticas obras maestras en muchas ocasiones y en otras terminar desmañándolas por la ambición de un megalómano que fue perdiendo su credibilidad frente a los grandes estudios hasta llegar el vivir en el exilio, viviendo entre el fracaso y el singular ingenio del artista en constante estado de gracia. A veces aportó sentenciosamente su opinión sobre ciertos compañeros de profesión como otro dios de la pantalla como Alfred Hitchcock en la sección de Playboy Interviews, expresándole a Kenneth Tynan en 1977 lo siguiente…
Stanley Kubrick y Richard Lester son los que más me atraen, dejando aparte a los viejos maestros. Con esto quiero decir John Ford, John Ford y John Ford. No considero a Alfred Hitchcock un cineasta americano aunque haya trabajado en Hollywood todos estos años. Me parece terriblemente inglés, en la mejor tradición de Edgard Wallace y poco más. Siempre hay algo anecdótico en su trabajo; sus artificios siguen siendo artificios, pero poco importa su maravillosa concepción y puesta en práctica. Honestamente, creo que Hitchcock es un cineasta cuyos filmes no suscitarán ningún interés dentro de un siglo. En el mejor Ford, el filme vive y respira un mundo verdadero, aunque hubiese podido escribirlo Mamma Machree. El mundo de Hitchcock es un mundo de espectros”.

jueves, 26 de enero de 2012

Review 'Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (The Girl with the Dragon Tattoo)', de David Fincher

La fría obsesión de un secreto familiar
Fincher despoja con su habitual destreza el matiz folletinesco de la obra de Larsson mostrando un dominio de la mecánica criminal en un universo viciado por la naturaleza depravada y las consecuencias de la obsesión.
El cine de David Fincher ha (mal)acostumbrado al espectador a albergar unas expectativas cada vez más difíciles de satisfacer. Su fascinación por el ‘thriller’, a medio camino entre el modernismo y la narrativa clásica, conjuga talento y versatilidad con inolvidables y vibrantes ejercicios de metodismo dentro un género que ha logrado modernizar con la renovación de costumbres del cine negro y reinventar con ello el ‘thriller’ psicológico. Sorprende, por tanto, que el director de ‘Seven’ haya optado por una adaptación literaria llevada a los altares del ‘best-seller’ como la transformación del primer episodio de la trilogía de Stieg Larsson ‘Millenium’, que lleva por subtítulo ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’, recurriendo así a unos ingredientes constitutivos ya explorados anteriormente en parte de su filmografía. También es llamativo que se trate de un ‘remake’ con muy poca diferencia de tiempo desde su estreno y que sus traslaciones cinematográficas suecas fueran un éxito que traspasara fronteras.
A Fincher no ha parecido importarle. El guión de Steven Zaillian tiene el espíritu de la obra de Larsson, es decir una proximidad a la amoralidad fermentada bajo el yugo de un dorso indescifrable de maldad y perversión que tanto apasionan al cineasta. ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’ supone el reto de asumir otro de esos inquietantes estudios sobre el miedo, esta vez en los bajos fondos de un clan familiar acomodado con oscuros secretos en una progresiva y tenebrosa dilucidación sobre la obsesión protagonizada por dos mentes privilegiadas para la investigación que se enfrentan a una amenaza mucho más cruel de lo que, a priori, se pueda imaginar. Se trata del periodista Mikael Blomkvist, cofundador y escritor de la revista que da nombre a la saga, que acepta un extraño caso relacionado con un clan familiar de la isla sueca Hedeby, donde el mayor de los hermanos, Henrik Vanger, pretende esclarecer la desaparición de su sobrina Harriet hace casi cuarenta años durante un carnaval de verano y la otra cara de la moneda, el icónico personaje Lisbeth Salander, una joven de personalidad compleja y socialmente inadaptada, que también se meterá de lleno en la peligrosa investigación.
La historia tiene todos los componentes necesarios para que Fincher pueda exhibir su grafía visual dentro de una fábula de mentiras encubiertas, un oscuro pasado del que nadie quiere hablar, enemistades familiares, una gran empresa y una reflexión moral sobre la ética y la violencia. El filme arranca con una duplicidad de tramas paralelas que van equilibrándose según progresan hasta ensamblarse. Blomkvist inicia su investigación abriendo la puerta al mundo podrido de esa antipática y sospechosa familia Vanger, a la vez que evita ser el centro de atención tras sacar a la luz los trapos sucios de un magnate corrupto que ha ganado un juicio por difamación. Con una metodología minuciosa, se irá descubriendo a un hombre aparentemente frágil cuya relación con las mujeres parecen influir en su vida y en su suspicaz estoicismo ante la vida. Por otro, alejado de la búsqueda de ese posible asesino por parte del redactor, el espectador asiste a la composición de la personalidad de Salander, una joven alineada que trabaja para una agencia federal pero que sin embargo mantiene un repugnante desencuentro con su lascivo nuevo tutor. Componiendo un puzzle destinado a encajar, Zaillian y Fincher aprovechan esas dobleces para enriquecer la historia a base de encontronazos con la realidad de sus protagonistas, perfilándolos y asimilando en una procesión de retazos hacia las claves intencionales de la película.
La metáfora de fondo de ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’ vendría a ser ese aparente y gélido dibujo silente de un país que esconde los fantasmas aún latentes del nazismo y el mórbido mutismo que aplaca una violencia potencial y despiadada revivida hoy en día en pederastas y asesinos en serie camuflados con la cortesía y el bienestar. No es más que un símbolo más de la ilusoria estructura de cualquier sociedad capitalista occidental. Esa Europa nórdica insociable de una burguesía infectada por un pasado que sigue pagando un elevado precio en el presente queda en un segundo plano, pese a percibir una inquietante voracidad.
Lo que trasciende es el juego de matices emocionales que van saliendo a la superficie en un universo viciado por la naturaleza depravada y las consecuencias de la obsesión. A medida que su investigación le lleva a profundizar en las oscuras aristas de la tortura sexual y el asesinato, Blomkvist parece darse cuenta de que a pesar de vivir un riesgo cuya verdad merece la pena descubrirse, concede un punto de obcecación que admite la nulidad de sus esfuerzos en un entorno hostil, así como el empeño intuitivo de Salander aplicando su excepcional memoria fotográfica y abriéndose al periodista tampoco dan sus frutos, por mucho que logren esclarecer el misterio sobre la desaparición de Harriet.
La hipnótica representación de un paisaje gélido como cartografía tumefacta gracias a la labor de Jeff Cronenweth, extendida a los nevados paisajes de Suecia, proporciona que los personajes respiren y padezcan con una credibilidad reconocible en un laberinto de pervertida violencia, situado en las antípodas del estereotipo nórdico de civismo y ética. No obstante, a Fincher nunca le ha interesado el ímpetu gráfico en su exploración de la brutalidad y aquí no iba a ser menos. Por mucho que visualicemos hasta la arcada el choque de Salander con su tutor y administrador (en una venganza de prodigiosa empatía) o los pasajes de brusquedad no dejen margen a la imaginación, predomina la propensión de cuestionamientos acerca de la fragilidad humana, de los defectos de las personas, de sus imperfecciones en un espectro de crimen y castigo donde los valores existenciales están constantemente amenazados. Muy por encima de la obra de Larsson y sobre todo, de la adaptación patria, en ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’ prolifera una cercanía implicada en los personajes y sus motivaciones, a su continua incomodidad, esgrimiendo un módelico paradigma del ‘thriller’ que asume sus clichés y detonantes, su rutina reconocible, de voluntad dicotómica entre el bien y el mal a través de un contrapeso perfecto en el cual hay que subrayar esa superlativa mecánica criminal de incomparable dualidad de atracción y repulsa que sabe conferirle Fincher.
La síntesis cardinal genérica de esa infernal órbita familiar que propuso Stieg Larsson es ungida en la densa sordidez de un material que, en manos de Zaillian y el dominio narrativo y visual de Fincher, potencia y optimiza los puntos de partido literarios. Estamos ante otro patrón meticulosamente facturado hasta la obsesión por un director que parece no tener límites en su detallismo y cuidado de cada fotograma y que consuma el esperado y excelente nivel formal de su incontestable nivel de tensión y suspense. Tal vez pueda apreciarse como una historia que promete más que lo que da. Sin embargo, es de justicia evaluar la forma en que Fincher despoja con su habitual destreza el matiz folletinesco de la obra, haciendo accesible la investigación a base de pulso y golpes de efecto vinculados a la observación de una serie fotográfica que irá abriendo el camino a la lóbrega resolución del entramado, con fragmentos de la memoria a modo de ‘flashbacks’.
Metódicamente gramatical y con un rigor de procedimiento absoluto, el filme hipnotiza con un notable epigrama a modo de fabula detectivesca, con ‘whodunit’ incluido y formulaciones tradicionales conducidas hacia una especie de mistificación enigmática donde destaca, sobre todos los elementos artísticos (con un gran Daniel Craig a la cabeza), la sugerente presencia de Rooney Mara como Salander, a la que la actriz confiere un magnetismo y oscuridad admirables. No sólo como una víctima de la violencia y el desprecio con los que convive, sino en la vulnerabilidad encubierta que esconde este ángel vengador, una criatura salvaje cuya intensidad inquietante resulta tan atractiva y sexual como amenazante.
Puede que ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’ sea un alto en el camino, pero es una obra que no puede ser considerada “menor”, aunque lo parezca, porque no traiciona los códigos ni evolución de su autor. Puede que haya sido un capricho para un cineasta cuyas cotas de maestría son impredecibles, que ha querido introducirse en un submundo ajeno con el fin de aportar sus rasgos artesanales y pulidamente clásicos a una entretenida y bien diseñada historia que ha abrumado al público literario. Llegados a este punto, la pregunta está clara: ¿Era necesario este ‘remake’ como nuevo eslabón en el universo Fincher?
Por cierto, si os ha gustado la película, echadle un ojo a esta página. Os gustará.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2012

martes, 24 de enero de 2012

Nominaciones Oscars 2011

Esto de las nominaciones de los Oscar, con su antesala fundada en los Premios de la Prensa extranjera comienza a no suscitar ningún interés debido, fundamentalmente a lo previsible de las candidaturas. Este año no ha habido sorpresas aparentes en lo que nos deparará la noche del próximo 26 de febrero. Al menos, en las categorías más importantes. Tanto es así, que citando el hecho de que ‘La invención de Hugo’, la loa al cine clásico de la mano de Scorsese haya obtenido una mención que la tan cacareada ‘The Artist’, de Michel Hazanavicius, son las dos obras que acaparan la atención de la lista de nominados; once y diez, respectivamente.
Meryl Streep sigue sumando récords dentro de esta fiesta de oropel y apariencias y acumula 17 candidaturas. Aunque este año pueda ser la tercera vez que se lleve la asexuada figura a casa, por mucho que tenga delante a Glenn Close, Viola Davis y Rooney Mara, la actriz revelación de este año con su papel de Lisbeth Salander en ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’, de un David Fincher que este año, como viene siendo habitual, es anulado de los favoritos como mejor director. Woody Allen, por el contrario, ha visto cómo ‘Midnight in Paris’ ha sido convocada a cuatro categorías (entre ellas, película, guión y director), por lo que no sería extraño que Allen ganara y no fuera a recoger la estatuilla por tocar en el Café Carlyle. Como la Academia parece que ignora los esfuerzos interpretativos de Leonardo DiCaprio, Jean Dujardin tiene las de ganarle la partida a George Clooney, a Gary Oldman o a Brad Pitt. Christopher Plummer por ‘Beginners’ y Octavia Spencer por ‘Criadas y señoras’ ya han ganado el Globo de Oro, por lo que lógico es que también suban a por el Oscar. Como hará el iraní Asghar Farhadi, que a buen ampliará el impresionante palmarés con ‘Nader y Simin, una separación’ (que también ha conseguido nominación a guión). Dos pequeños apuntes además de citar a Alberto Iglesias, nominado por ‘El topo’ como mejor partitura; en el apartado de mejor canción sólo hay dos candidatos (‘Los muppets’ y ‘Río’) y en animación, más allá de ese logro de Fernando Trueba y Javier Mariscal por ‘Chico y Rita’, ha quedado fuera la megaproducción de ‘Tintín’, de Spielberg y Jackson y lo que es más chocante, es la primera vez desde que existe esta categoría que una cinta de Pixar, en este caso ‘Cars 2’, se ha quedado fuera.
Veremos quién gana esta 84ª edición de unos premios de cara a la galería que espectacularizan el lado más bizantino de Hollywood y que a la vez es su seña de identidad. Seguro que todos nos quedamos mudos celebrando que la gala ha acabado. Este año, al menos, está Billy Crystal, sobre cuyos hombros recae gran parte de hacer llevadera una noche que algunos vivimos ya por rutina y tradición.
(Fuente Tío Oscar)

jueves, 19 de enero de 2012

‘El Gran Vázquez. Coge el dinero y corre’, nostálgica monografía sobre un mito

‘El Gran Vázquez. Coge el dinero y corre’ es un libro colectivo coordinador por J.J. Vargas en el que once prestigiosas firmas recorren la vida y obra de uno de los más representativos e icónicos autores de cómics de la historia nacional: Manuel Vázquez. Con pequeños y valiosos anecdotarios particulares que desgranan aspectos subjetivos sobre la figura del humorista y dibujante, este libro analítico se centra en el retrato de un hombre a través de pistas y valiosas claves para el conocimiento de su trayectoria. Un personaje que lidió con el esperpento y el humor negro, haciendo de estos un vehículo existencial que ejemplifican la versatilidad e imaginación de un autor que fraguó sobre sí mismo varias leyendas urbanas donde se confabulaban la carencia de ética, la picaresca y una sugestiva pendencia a las normas de una sociedad reprimida y condenada a la hipocresía.
Se trata de obra colectiva que mira con afecto a la figura del maestro, bien armada y copiosamente ilustrada, que retribuye al lector con una prosa destellante y ágil, donde información y opinión escapan a la sumisión acrítica, con profundidad y sin ahorrar testimonios y lúcidas reflexiones. Desde el primer Vázquez y sus comienzos a principios de los 40, que le consolidaron a lo largo de dos décadas como un referente dentro del medio, la relación entre sus viñetas y el humor concebido por la generación de ‘La Codorniz’, sin olvidar otras series menores y más efímeras, hasta llegar a un apartado sobre proyectos frustrados. Cabe destacar un episodio donde se construye un entrañable examen sobre el vínculo profesional y la influencia de Vázquez en Ibáñez.
Además no faltan profusos análisis, datos inéditos y valoraciones con criterio examinador de iconos surgidos de la mente de este autor como ‘La Abuelita Paz’, ‘Angelito’ o ‘Anacleto, agente secreto’, sin esquivar esa cara gamberra del Vázquez para adultos de su última etapa. El tomo también incluye dos apreciables entrevistas a gente que rodeó y conoció de cerca del mito como son el gran Jaume Rovira (colaborador directo y discípulo) y Vicky Vázquez (hija del creador), articuladas en la consecución de un catálogo de anécdotas sobre el rostro más íntimo y cercano de Vázquez.
Nostálgica monografía plagada de testimonios que exponen, bajo una postura de afinidad selectiva y entusiasta, los elementos configurativos de un estilo que desvela la personalidad de este mito, ‘El Gran Vázquez. Coge el dinero y corre’ es un libro imprescindible, provisto de entretenimiento, que brinda un cariñoso tributo para acercar al lector a un entendimiento sobre el dibujante, el hombre y el personaje que simbolizó Vázquez dentro de los contornos del cómic y de la cultura popular española. Un genio irrepetible.

lunes, 16 de enero de 2012

69th Golden Globes: la infumable noche de 'The Artist'

Todo parecía preparado para que este año los Blobos de Oro siguieran la estela que tan bien evidenció la pasada edición. Ricky Gervais se había convertido en un dardo envenenado, en el enemigo público de Hollywood, con su retahíla de mala educación y desmedido humor sardónico contra el ‘estabablishment’ de oropel y alfombra rojo de Hollywood. Salió al atril generando expectativas, con todas las miradas puestas en él y pese a que en su discurso inicial hizo amago de crítica ácida embistiendo contra algunos célebres miembros del mundo del cine como Mel Gibson o Jodie Foster, el fenómeno Justin Bieber, Johnny Depp o la mismísima NBC, que era la que retransmitía la gala, la estrella del humorista y cómico inglés desapareció fulminantemente para aparecer de forma puntual con una cerveza de la mano y dar paso a los presentadores de los premios.
Sin eso, esta 69ª edición de la cacareada “antesala de los Oscar” se vino abajo. Pocas veces una velada de premios de este calado fue tan aburrida, plomiza y eterna. No hubo ningún atisbo de emoción más allá de la sorpresa que se llevó Kelsey Grammer (el mítico ‘Frasier’) a la hora de recoger su premio a mejor actor dramático por ‘Boss’ ante el asombro de los que daban como ganador a Walter White con ‘Breaking Bad’ o la consolidación del pequeño actor Peter Dinklage en su papel dentro de ‘Juego de tronos’. También hizo ilusión ver cómo una gran dama de Hollywood como Jessica Lange subiera a por su premio a mejor actriz de reparto televisiva por su papel en ‘American Horror history’. Ni siquiera ver aparecer al gran Sidney Poitier para entregarle el premio honorífico al gran caballero de la pantalla Morgan Freeman suscitó un instante enternecedor. Por si fuera poco, la audiencia tuve que digerir un descomunal cauce de anuncios publicitarios que interrumpían cada poco la retransmisión.
Por lo demás, todo fue ciertamente previsible e inacabable, entre anuncio y anuncio emitían los Globos de Oro. ‘The artist’, de Michel Hazanavicius, se afianzó como la más que posible ganadora de la próxima ceremonia de los Oscar que presentará, a buen seguro con más desparpajo que Gervais Billy Crystal (o al menos eso esperamos). Además del premio a la mejor comedia o musical, Jean Dujardin obtuvo el de mejor actor y mejor banda sonora para Ludovic Bource. ‘Los descendientes’, de Alexander Payne, fue la elegida como mejor drama. Después de más spots publicitarios se ratificó el liderazgo de Meryl Streep ante sus rivales con ‘La dama de hierro’ y que George Clooney fue considerado el mejor actor dramático por la cinta de Payne. Si se quiere dos nombres seguros para la quiniela de los Oscar, ahí están los favoritos como mejor secundarios Christopher Plummer por ‘Beginners’ y Octavia Spencer, por ‘Criadas y señoras’.
‘Homeland’ le ganó la partida catódica a otras series con más renombre, como ‘Boardwalk empire’ o ‘Juego de tronos’, así como ‘Modern family’ se convertía en la ‘sitcom’ más premiada del año con la traducción simultánea de Sofia Vergara al recoger el premio de manos de Antonio Banderas y Salma Hayek. Jane Fonda volvió a lucir, al igual que al año pasado, ajena al paso del tiempo, lo mismo que Helen Mirren, que sigue siendo la eterna y bella MILF por excelencia del cine actual. También que Michelle Pfeiffer sigue manteniendo su figura enigmática y esbelta. Martin Scorsese ganó el premio al mejor director por ‘La invención de Hugo’ dejando la abierta la puerta a la sorpresa, aunque después del enésimo corte publicitario, la noche estaba perdida y el sopor se fue adueñando de todos. Esta gala de los Globos de Oro ha sido infumable y eterna, llena de bostezos y tedio. En plata: un auténtico coñazo al borde del despropósito.
Una cosa más... ¿De verdad que alguien creía que Pedro Almodóvar tenía alguna posibilidad con ‘La piel que habito’ cuando tenía como contrincante ‘Nader y Simin, una separación’, de Asghar Farhadi? Seamos serios.
Esperemos que los Goya o los Oscar den algo más de juego, porque si no…

viernes, 13 de enero de 2012

Review 'Drive (Drive)', de Nicolas Winding Refn

‘Savoir faire’ de cine ‘neo-noir’ tuneado
Mucho se está hablando de la nueva película de Nicolas Winding Refn, un cineasta con una solvente trayectoria a sus espaldas y un buen puñado de títulos que se han convertido en películas de culto. ‘Drive’ es su último logro. La película de moda entre los círculos cinéfilos más selectos. De hecho, lleva bastante tiempo siéndolo. Es la sorpresa de la temporada. Ése tipo de filme que todo el mundo debe ver y que se presupone que no deja indiferente a nadie. Los foros se llenan de elogios y reverencias, formulan conjeturas y teorías sobre su planificación, sobre sus múltiples metáforas y referencias e intenciones del director danés.
‘Drive’ es la historia de un antihéroe hierático y silencioso que va por la vida con un palillo en la boca, como lo hacía el teniente Marion Cobretti interpretado por Sylvester Stallone en aquélla infravalorada cinta de George P. Cosmatos. Un solitario misántropo que trabaja de mecánico en un taller, de doble cinematográfico en escenas de conducción y en sus ratos libres, ofrece escapatoria a delincuentes en huidas de la policía. Un fulano que vendría a seguir la genealogía de aquellos invencibles “hombres sin nombre” de Clint Eastwood o del silente samurai de Alain Dellon en el filme de Melville ‘El silencio de un hombre’ que, obviamente, conduce como Bullit o como el Ryan O’Neal de la cinta de Walter Hill de 1978 con la que comparte título esta obra. Por si fuera poco, viste una genuina cazadora muy molona con un escorpión amarillo bordado en su espalda que define la naturaleza de un hombre tranquilo que esconde una bestia. La metáfora perfecta de ese animal que actúa de determinada manera salvaje porque está en su carácter. Un guerrero perfecto, sin pasado ni condicionantes, capaz de sacrificar su atracción por una vecinita atractiva con hijo con tal de salvaguardar su felicidad si por ello es necesario echar una mano a su marido ex convicto recién salido de la cárcel y llevar a cabo un peligroso atraco y huída para saldar sus deudas. Con ello, Winding Refn propone al espectador una contienda moral que pondrá a prueba la verdadera identidad de un ‘real human being’ reconvertido en un ‘real hero’ (como vendría a definirse en la canción de College al personaje de un Ryan Gosling que sí, pero que no).
‘Drive’ podría funcionar a tanto como aspira. Su director es un tipo ambicioso y con talento que urde un manifiesto a modo de simulacro de cine negro americano muy voluntarioso y consciente de todos los elementos que lo componen. La historia está algo alejada del tono romántico que anhela, pero no se puede negar el gran tonelaje de narrativa directa y frontal del mejor cine de serie B de oscura ironía que combina a la perfección con una capacidad visual ataviada con cimentada lírica y poesía fotográfica. El talento narrativo escapa al tono ‘kistch’ en su apego por lo retro y la notable inspiración de ese cine de género purificado por la irrupción conceptual envuelve sus propósitos ‘ofrendísticos’ de un cine que se mueve de un modo transversal entre distintas influencias y épocas, tuneando referencias directas y metáforas de directores clásicos y modernos. Todo está medido a la perfección, en una sobredosis de tensión que hace albergar la esperanza de una resolución previsible pero apoteósica desde sus primeros coletazos y que, lamentable, no está a la altura de lo que se ha ido concibiendo.
Estamos ante una aparente simulación de gran obra a modo de historia de amor imposible por ambas partes, la del conductor con ansías de redención y la de esa vecina timorata que espera un mundo mejor para ella y para su hijo. Una relación condenada que acaba sucumbiendo a los soportes de un moderno cuento de hadas. ‘Drive’ es a su vez un ‘western’ crepuscular bruñido por la postmodernidad de lo urbano, entre las tinieblas cosmopolitas de una ciudad de neones y amenazas como Los Ángeles descritas por el instinto narrativo de Winding Refn con un ‘savoir faire’ de cine ‘neo-noir’ que falsifica las emociones hacia una impostura guiada hacia la eclosión violenta y estética de un juego de máscaras, como la que luce en su representación de la venganza esa careta de ‘stunt’ frente a una cafetería, dispuesto a ejercer de justiciero. Se nota que para Refn el cine es una basta mitología intrínseca que evidencia una vuelta de tuerca a la filosofía convencional, haciendo de su coreografía de cámaras, su montaje, sus ‘ralentíes’, su utilización de la música incidental y canciones un complejo todo que provoca entusiasmo, pero al que le falta vida y emoción.
Tanta contención y catálogo de apuntes taciturnos de un inframundo de corrupción e inmoralidad en el enfrentamiento del conductor con los fantasmas de una tormentosa existencia convierten a su director en víctima del desabrimiento de la historia, abogando por sustituir los estados de ánimo y las emociones por una vocación estilística. El resultado es que tanta frialdad se desbarata por un circunspecto ascetismo, que endurece su violencia e intenciones de ruptura con el tiempo y la realidad. Sus personajes fantasmagóricos perviven en un universo en el que no parecen encajar y subsisten en un constante estado de supervivencia ante amenazas multilaterales, esgrimiendo la violencia como escape existencial y físico a sus problemas. Lo que se transmite como silencios llenos de sentimientos y de situaciones descritas con sumo detallismo, cincelado con una considerable precisión quirúrgica, no es más que un alejamiento endeble que pretende golpear a un espectador con una fuerza desprovista de tensión.
Procura ser un cine de estímulos, que mantiene su lógica en los códigos equilibrados de drama y cine de acción con una hermética artificiosidad canalizada en el apetito esteta y narrativo anhelado por muchos, ejemplarizando un cine fuera de lo común donde el nihilismo y vulnerabilidad evitan que la audiencia empatice de primeras con ese atormentado conductor del que apenas se sabe nada en todo el metraje. El rastro de una identidad borrada constantemente por una vida de juegos de muerte avocada hacia una liturgia de violencia como un acto espiritual que termina por ‘espectacularizar’ su simbolismo de amor y renuncia, de honor y dignidad. Tampoco ayudan esos villanos que esconden una caricaturización del mal, por mucho que su cabecilla (un inspiradamente histriónico y gritón Albert Brooks) esconda un trauma de perversidad natural, en contra de sus deseos de catarsis e integración en el mundo automovilístico. Su disposición trascendente, donde la gran cantidad de información visual sustituye a las palabras se antoja como un lujoso producto de sofisticada belleza dotada de una idiosincrasia muy “arty”, trufada de metáforas y planos con significado y significante. Pero nada más.
‘Drive’, eso sí, atesora uno de los mejores prólogos vistos en mucho tiempo. Una evasión al volante de las fuerzas de la ley, combinando el sonido de la frecuencia policial y la sigilosa e inteligente mirada de un animal de la conducción, compone una ‘set piece’ de contundencia absoluta, llena de desasosiego y suspense que incluso se da el lujo de no sacar la cámara en ningún instante de Chevy Impala plateado que, desde ese momento, pierde todo su protagonismo en favor de la historia de amor y venganza que Winding Refn postula. Desde ese momento, todo va perdiendo interés a velocidad vertiginosa. Como si al coche se le levantara el freno de mano en una inclinada pendiente y se dejara caer.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2012

jueves, 12 de enero de 2012

Ussía y su amor por el cine español

Cuando la altanería despótica se mezcla con la ignorancia. Cuando la estupidez y el desprecio son el arma para juzgar desde el desconocimiento con el avieso objetivo de sentenciar a modo de dictamen y perder el respeto hacia aquellos que hacen posible que el cine español subsista con dignidad, se llegan a escribir obscenidades llenas de resentimiento como las que ha lanzado ese retrógrado y rancio “opinador” llamado Alfonso Ussía, maestro de las peores técnicas del exabrupto y la demagogia.
Su nueva llamada de atención se llama ‘La farsa’. Basta leer por encima para comenzar a echarse unas risas.

lunes, 9 de enero de 2012

Comienza 2012 con los primeros fotogramas de '3665'

Socialmente la Navidad se dilata hasta unos extremos inconcebibles. La actividad con amigos y viejos conocidos se multiplica y la bebida y la comida parecen convertirse en una extensión de tu mano. El ajetreo, los reencuentros, las salidas nocturnas y las citas con la diversión se hacen inacabables y a veces extenuantes. Merece la pena, aunque el tiempo quede limitado a levantarte y repetir la letanía de fiesta y disfrute. Es el hecho principal del momentáneo abandono del blog. El primer post de 2012 solía ser ese repaso a los regalos de la Noche de Reyes, mostrando una instantánea con los presentes debajo del árbol. Pues bien, éste año no será así. La carestía y la crisis han hecho que, a pesar de no irnos de vacío total, seguir con la tradición abismal no tendría ningún sentido. Muchos dicen que 2011 ha sido un año horrible. Probablemente tengan razón. Sin embargo, yo no tengo ningún género de dudas de que 2010 fue muchísimo peor. En todos los sentidos. Este año que ha acabado ubico a modo personal un feliz acontecimiento que ha diluido cualquier contratiempo, por muy jodido que éste fuera. 2011 ha sido el año de mi regreso detrás de las cámaras. A mí, particularmente, eso me ha servido para recuperar la ilusión.
En septiembre se rodaba ‘3665’, esa historia post-apocalíptica que hasta el día de hoy sigue siendo una incógnita. 2012 tiene que ser la eclosión de este trabajo. Ya existe un primer montaje y hay departamentos de postproducción trabajando en su desarrollo. Una experiencia gratificante que debe comenzar a dar sus primeros pasos, a mostrar algo de lo que irá siendo su dilatada confección. Por eso, la primera publicación del año en este blog he querido que sea la publicación de las primeras imágenes que marcan la pauta del ‘look’ aproximado del corto. Algunos fotogramas que dan una idea visual de lo que está por venir. Álvaro Martín Blanco, director de fotografía de ‘3665’, realizó unas pruebas de preetalonaje con un claro fondo intencional sobre la estética que lucirá este trabajo. Poco a poco irán apareciendo breves líneas sobre su desarrollo hasta que vea la luz en una fecha indeterminada.
Aquí tenéis un primer vistazo a esa historia sobre los recuerdos emplazada en un pasado narrado desde el futuro que protagoniza Raúl Prieto.
Feliz 2012 y disfrutad mientras podáis.