lunes, diciembre 31, 2012

Resumen Abismal del 2012 Cinematográfico

TOP TEN 2012
10. ‘Infierno Blanco (The Grey)’, de Joe Carnahan.
Ya desde su descorazonador prólogo, ‘The Grey’ impone una lucha contracorriente con la historia que narrará a continuación, la de seis trabajadores de una compañía petrolífera que sobreviven a un accidente de avión que les deja perdidos en algún lugar de Alaska, acechados por una manada de lobos que va menoscabando al grupo en una lucha contrarreloj por subsistir en tan hostil escenario. Se trata de un ‘survival’ insólito, a medio camino entre el ‘thriller’, el drama y el género de acción, que esconde bajo sus estereotipos multireferenciales una fábula existencialista que exprime las propulsiones primarias del ser humano cuando se trata de subsistir ante la adversidad.
A todo ello se suma ese velado tono de ‘western’, de clásico alusivo a ciertas situaciones reconocibles del género, refrigerado por un éter insostenible que representa ese desierto de nieve y hielo, donde hombres cercados exploran sus soledades y miedos de diversas formas, acumulando en esta indagación ciertas dosis de tensión excepcionales cuando se enfrentan a una muerte segura en las fauces lobeznas que les hostigan. Un filme mucho más reflexivo de lo que parece, que sabe dotar de humanidad a todos esos hombres enfrentados con la cruel naturaleza y que alcanza las bondades de un director que realiza su mejor película hasta la fecha e invoca la épica de supervivencia ante esas bestias que han marcado su territorio y que proponen un aciago destino hasta desprender un halo de pesimismo inherente a las circunstancias de esta gélida y fascinante pesadilla.
9. ‘Argo (Argo)’, de Ben Affleck.
Ya en sus primeros dos filmes, ‘Adiós, pequeña, adiós’ y ‘The Town (Ciudad de ladrones)’, Ben Affleck verificó su condición de cineasta capaz de definirse con un talento demostrativo, sin alardes ni pretensiones, dejando constancia de ser un sólido realizador empecinado en un proceder no exento de identidad, arraigado a una energía narrativa de honesto impacto visceral que no necesita enfatizar en el peso autoral de la obra, haciendo que la modestia hable por encima de una demanda de espectacularidad en lo narrado. Son esos valores los que eclosionan de una forma más manifiesta en ‘Argo’, un incisivo ‘thriller’ político de suspense deudor de esa reconocible atmósfera vivificante del cine genérico de los años 70. En ella, Affleck aporta una mirada nostálgica que promueve un estilo depurado en la concesión para apostar por un juego de contrastes y percepciones con una maravillosa puesta en escena en la historia de ese esperpéntico plan de la CIA para rescatar a un grupo de embajadores americanos en Irán, en plena crisis entre ambos países con una supuesta filmación de una película en Oriente Medio.
Todo está sistematizado en un cúmulo de aciertos que engloban paulatinamente las buenas sensaciones que va creando una película en constante ascenso de interés, con una gratificante contención en la visualización de una trama dramatizado que defragmenta todos sus elementos para trenzar un descriptivo aditamento de suertes en una cinta llevada al entretenimiento sin pausa, que evita caer en la sobreinformación o el exceso. Todos los dispositivos operan a favor de un equilibrio espléndido entre tensión y equilibrio, pulsando las emociones en un ‘in crescendo’ que combina humor y acción con ese trasfondo cinematográfico pulsado con inteligencia y cognición y que encuentra su mejor ejemplo en un tramo final totalmente magnífico.
8. ‘Take Shelter (Take Shelter)’, de Jeff Nichols.
Jugando con la percepción real y la ficción alterada por una imaginación enfermiza o tal vez visionaria de los acontecimientos que acontecen dentro de este abrumante drama, Jeff Nichols aborda el cine apocalíptico desde un prisma intrínseco e íntimo, con el drama de un hombre que percibe truenos amenazantes, lluvias oleaginosas, pájaros muertos y un acuciante ultimátum que revierte en su condición de vástago obsesionado con la esquizofrenia de su madre, lo que le lleva a construir un refugio antinuclear en su jardín. Ello será el desencadenante de esa doble articulación que mezcla subconsciente y realidad, confundiéndolas en una espiral de simbolismos continuamente enfrentados.
‘Take Shelter’ ejerce un poder de fascinación insano que corroe la perspectiva sobre lo que se está percibiendo, planteando dudas sin respuesta, mostrando la locura profética con sutileza, en la violenta transformación de una mentalidad que resquebraja una relación matrimonial y profesional y que impone la necesidad de creer en esa amenaza mucho más tangible que la de ese fin del mundo y que levanta la suspicacia de todos sus allegados. Una cinta excepcional con un Michael Shannon que está tremendamente hipnótico y que posee una perturbadora condición que hace que la subjetividad limite la previsibilidad, haciendo que el espectador acompañe en la percepción de esa realidad alterada por el miedo y el trastorno ante esa ceguera que parece rodearle y que no es más que esa aceptación de los males que corroen nuestra sociedad actual.
7. ‘Los descendientes (The descendants)’, de Alexander Payne.
‘Los descendientes’ continúa férrea al estilo inconfundible de Payne, en la que línea que separa la comedia del drama es tan delgada que apenas es imperceptible, ambos géneros son utilizados como un arma de doble filo, estilando como principal instrumento la ambigüedad que rodea a sus personajes, a los que suele dotar de un caparazón que camufla un carácter tan poliédrico como realista. Durante toda la película, de forma etérea y transversal, las distancias se alejan y se acercan, concretando las posturas encontradas por una mentira que tambalea todos los cimientos de la amargura y las emociones volcadas en una muerte anunciada, en una disyuntiva de odio y compasión.
Un enternecedor relato en el que el director vuelve a demostrar que es un maestro cuando se trata de filmar la simplicidad de esos fragmentos de vida que marcan una existencia, sabiendo sutilizar la insondable dramaturgia hacia un terreno naturalizado y cercano para arrimar al espectador a un episodio que mañana podría sucederle a él. Lo cotidiano, lleno de esperanza y patetismo, es relatado con emotiva sinceridad, sin dejar de lado los destellos de brillantez cuando mueve la cámara siempre en función de la necesidad del personaje y nunca al contrario, filmando consecuentemente lo inmaterial, las sensaciones que rodean el paraíso transformado en un suplicio para los King. ‘Los descendientes’ es una imprescindible obra sobre la madurez y la aceptación que deja un emboque mucho más amargo que agridulce, en la que Payne sabe filtrar la ficción y hacer de su cine una experiencia de riqueza y pureza cinematográfica que respira verdad por todos sus fotogramas.
6. ‘Holy Motors (Holy Motors)’, de Leos Carax.
‘Holy Motors’ muestra un juego de máscaras como símbolo posmoderno, exponiendo bajo su feísmo y transgresión un discurso de necesidad de cambio, como una metáfora de la crisis social que estamos viviendo, también en el arte, de su sordidez y miseria estructural, de la escasez y la necesidad que pide a gritos una metamorfosis radical, como las vidas que interpreta ese actor que recorre la ciudad en una limousine-camerino un protagonista que da vida hasta nueve personajes distintos. Resulta complejo definir este trayecto sin principio ni final, transmutado en experiencia a través del espacio cinematográfico, geográfico y psíquico de un cineasta que parece no temer la exposición de su obra y lanzarla a los riesgos estéticos y argumentales definitorios de un cineasta kamikaze. Su poder de abstracción e intertextualidad parecen ser el modelo preexistente en las narraciones en las que cada espectador pueda interpretar sus piezas.
El cine es concebido como una mitología pagana que acerca al actor y al espectador a la vida real desde una ficción mostrada como paisaje onírico. Carax busca provocar reacciones, impulsar su discurso metalingüístico más allá de los ojos del que mira, llevándolo al límite, sin que importe lo bizarro que pueda llegar a ser el hecho de sustraerse a la teatralidad de los conceptos enrevesados que convergen en esta oda sobre la identidad, la vida, la muerte o la mutación tecnológica del arte hacia algo imperceptible. Lo que hace de ella una obra radicalmente distinta, críptica e hipnótica, que se establece como narración vivida y filmada al límite.
5. ‘La invención de Hugo (Hugo)’, de Martin Scorsese.
Más allá de un rotundo ejercicio de nostalgia abrumadora que remite a los ancestros del cine en su quimérico poder visual, la esencia que delimita una cinta de la magnitud de ‘La invención de Hugo’ se haya en los sueños, en el despliegue de la ficción a un mundo de hipnotismo transformado en oda de amor al séptimo arte en su concepción más diáfana. La historia de ese niño huérfano que sobrevive en la estación de Montparnasse arreglando relojes, invisible al mundo y que sueña con arreglar un misterioso autómata heredado de su padre se concibe como un proyector de sentimientos, de filias, de amistad y de amor que recupera esa percepción iniciática de los albores fílmicos de la mano de nombres como los Lumière y George Méliès, uno de los protagonistas y figura idealizada de esta aventura cinéfila.
Martin Scorsese, constituido por méritos propios como genio y maestro del cine contemporáneo, orquesta un cuento sobre la pasión cinematográfica donde impera el clasicismo, pero que sabe mantener la constante de innovar a través de esta epístola atávica sobre el arte. Y lo hace con una profunda sensibilidad, con imaginería inagotable en su constante empeño de transcribir la belleza de narrar historias y resucitar fantasías llenas de matices y referencias para desplegar un cúmulo de homenajes ilusionistas. A través de la mirada infantil a ese mundo de magia y arte, de vida y sensibilidad, Scorsese despliega su portentoso talento con el propósito de componer una película familiar bajo la estela de una poética absolutamente milagrosa que reivindica la cinefilia y capta en toda su dimensión el lenguaje fílmico.
4. ‘Cosmópolis (Cosmopolis)’, de David Cronenberg.
Una de las cintas más incomprendidas del año, resulta ser uno de los análisis más rotundos y brillantes sobre esta crisis destructiva a la que ha llevado un capitalismo neoliberal que se derrumba como una distopía triunfalista donde, como apuntaba Zbigniew Herbert, las ratas operan como valor de cambio. Basado en la novela de Don DeLillo, la trama se objetiviza a través de los ojos de un alineado, poderoso y displicente multimillonario que ve caer su imperio mientras recorre las calles de Nueva York en una limousine impenetrable ajena a una ciudad que es representada como una selva. Las páginas de DeLillo apuntaban a la exoneración de un arquetipo económico extenuado, de una esencia profética que impone la realidad de tintes conspiratorios y que han creado entes autodestructivos inmersos en un sistema dinamitado no por sus reglas, si no por la mano humana y sus errores. Cronenberg transcribe los diálogos de la novela y asume una aceptada frialdad del relato para construir un juego de modulación de un discurso sobre la gran tragedia de nuestro tiempo en una realidad neoliberalista dislocada, retando al espectador con un expresionismo y abstracción poco asequibles.
‘Cosmópolis’ es una cinta extremadamente hermética, que usa su énfasis discursivo como modelo de metáforas sociopolíticas para exponer su discurso a base de monólogos que van escupiendo profusos datos sobre su clave reflexiva en torno a una invectiva sobre las teorías del valor, del trabajo y del tiempo. Una corrosiva visión del mundo contemporáneo, de la realidad que vivimos, en una gélida y enfermiza representación que entroniza un discurso que apunta a que después del dinero no hay absolutamente nada, dando a entender hasta qué punto está carcomido un sistema que ofrece un futuro que es posesión de los poderosos y viene a ser, como dice el propio autor, total incertidumbre. El mundo parece nutrirse de ególatras nihilistas que viven en una realidad configurada por la asimetría multidisciplinar. Eso es ‘Cosmópolis’.
3. ‘Redención (Tyrannosaur)’, de Paddy Considine.
Con esta adaptación de su premiado cortometraje ‘Dog Altogether’, el actor Paddy Considine debuta en el largometraje con una dura historia que podría encuadrarse en esa tipología tan británica que es el cine social de suburbio evocadora del ‘free cinema’. Una áspera cinta sobre un borracho de tendencias violentas y complejo de culpa que vive su miseria como un infierno y una beata que convive con una pesadilla insostenible y subsiste ayudando a los demás, pero incapaz de solventar su propio tormento. Se trata de un amargo y brutal retrato sobre la soledad y la frustración, sobre la violencia que corroe y destruye la bondad dentro de una fábula de terror bajo una máscara de normalidad.
Considine acerca al espectador a la humillación y a la redención, a la rudeza sin sutilezas, con voluntad de crítica, retratando esos barrios empobrecidos que esconden dramas urbanos terribles, sin ningún efectismo ni artificio formal, rodado de una forma directa y frontal. Mediante sutiles pinceladas se va fraguando una historia de acercamiento y comprensión, mucho más allá de una inexistente relación afectiva, de dos personajes que padecen la violencia de un modo dicotómico, enfrascados en una espiral de fragilidad que les supera, unidos por un nexo espiritual tan desapacible como es el sufrimiento y que al unir sus tragedias encuentran una pequeña esperanza liberadora. Estamos ante un filme de autodestrucción expuesto como un universo tan sórdido e implacable que llega a resultar incómodo. Cine hiperrealista que subyuga y punza con su afilada visceralidad y que encuentra en sus dos protagonistas, Peter Mullan y Olivia Colman, una muestra abrumante de interpretaciones que llega a alcanzar la perfección, mostrando una humanidad despojada de cualquier artificio que se une al empeño de su realizador por no caer en el sentimentalismo para afrontar una realidad tan terrible como rigurosamente real.
2. ‘Moonrise Kingdom (Moonrise Kingdom)’, de Wes Anderson.
El séptimo largometraje de Wes Anderson puntúa un estilo invariable que aborda un viaje iniciático, de sensaciones desarrolladas, para enfatizar la honestidad con la que el cineasta ha sabido inteligentemente ir mostrando su ya reconocible imaginario cinematográfico. ‘Moonrise kingdom’ devuelve ese personal y demencial equilibrio entre belleza, riesgo y talento que imprime a sus obras, con un sentido de la teatralidad, de melancolía emocional, de introversión y deseo a flor de piel en una historia de amor primeriza, un viaje iniciático donde la identidad y discurso juegan con la alteración cuantitativa o cualitativa del relato para hacer de la tragedia una comedia y viceversa.
Wes Anderson destruye lo preconcebido, desformalizando los criterios discurridos, experimentando con el cine, con el arte gráfico, con el drama y la comedia, con todo aquello que pueda hacer delimitar sus películas a un cualquier concepto estipulado. Vuelve, por tanto, a profundizar en esa raigambre de personajes desencantados, modelos jerarquizados como los Boy Scouts o las familias que aparecen como ente disfuncional que catalizan la alucinación soñadora de ese amor virginal y translúcido que es contrapuesto al de esos adultos con carencias afectivas y desorientados en una vida de monotonía que ha perdido, precisamente, esa pureza afectiva y hermosa que es el primer amor. Un filme maravilloso que deconstruye las peculiaridades de un entorno donde la candidez de sus personajes elevan la aceptación de un barroquismo visual que se va disolviendo cuanto más complicado se pone el amor preadolescente de Sam y Suzy, haciendo de sus pequeños fragmentos una necesidad para que la armonía colectiva imponga su lógica proclamación de la excentricidad con grandes dosis de nostalgia desencantada, como esa ‘Guía de orquesta para jóvenes’, de Benjamín Britten, que abre el relato y anuncia el sello del director.
1. ‘Moneyball: Rompiendo las reglas (Moneyball)’, de Bennett Miller.
El discurso del filme de Miller parece orientar hacia una la adaptación a nuevos recursos como prototipo de salvaguardia, porque sólo así es posible la derrota de los grandes por parte de los modestos, certificando con ello la imperecedera eficacia del sueño americano. A través de esta historia de béisbol se induce a pensar que el riesgo de asumir todo como una cábala moderna sobre la superación del fracaso con estos designios argumentales oculta, bajo teorías y praxis, cierto cariz descriptivo de la parte menos humana del deporte.
El libro de Michael Lewis en el que se basa la película era una especie de epítome sumarial de cifras y estadísticas, de números y demostraciones matemáticas sobre el valor de los talentos atribuidos a jugadores que no eran ni mucho menos estrellas de primer orden pero que podían rendir como tales. La arquitectura de las tramas y los soberbios diálogos de Aaron Sorkin van dando las claves para meterse de lleno en un universo tan aparentemente poco accesible como lo es el vaivén de gestiones deportivas y financieras de un deporte que lejos de América tiene poca o nula repercusión. La grandeza del filme es que todos los números acaban siendo personas y el espectador se deja llevar en una inolvidable travesía de voluntades y triunfos personales plasmando con acierto sus circunstancias.
ACTRIZ 2012
Olivia Colman (‘Redención’, ‘La dama de hierro’).
Este año Meryl Streep acaparó todas las miradas con ‘La dama de hierro’, de Phyllida Lloyd, por mimetizarse con la icónica Margaret Thatcher en una virtuosa interpretación llena de sutileza y humanidad, calcando los gestos, la voz y los movimientos de la malograda y célebre ex primera ministra británica. No obstante, el Oscar fue el reconocimiento a tan espectacular y merecido logro. En dicho filme, la actriz que interpreta fugazmente a su hija Carol Thatcher es el rostro que merece este silencioso distintivo dentro del blog. Se trata de Olivia Colman, cuya interpretación en el debut de Paddy Considine ‘Redención’ supone una de las mayores consecuciones interpretativas de los últimos años. Colman, es una actriz con una carrera cinematográfica que ha pasado un tanto desapercibida, aunque se la recuerda por apariciones en la gran pantalla en filmes como ‘Arma fatal’ o ‘Le Donk & Scor-zay-zee,’, aunque su carrera esté más enfocada al teatro y la televisión.
Aquí da vida a uno de los personajes más humillados vistos dentro del género del drama social en años, a una mujer que necesita abrazarse a la Fe y al alcohol para soportar las vejaciones de un marido al que todos consideran modélico. Su interpretación es simplemente devastadora, dándole un sentido de esperanza y trascendencia a ese rostro envejecido por el infierno sin descanso en el que sobrevive. Colman moldea a Hannah con una sutileza y verdad fuera de lo común, haciendo que la desgraciada vida de esta mujer impregne y ahogue dentro de una narración donde cualquier gesto, cualquier mirada o sollozo provocan el estertor de un espectador llevado al extremo por los dos protagonistas. La actriz desnuda su talento entregando una actuación magistral, donde la desolación está presente en cada plano, capaz de transmitir el miedo y la fragilidad hasta límites insospechados.
ACTOR 2012
Peter Mullan (‘Redención’, ‘Caballo de batalla’).
Siempre ha sido uno de los talentos interpretativos más destacados del panorama internacional. Sin embargo, dada la poca trascendencia que suelen tener sus trabajos más poderosos le sitúan como ese rostro familiar con esa voz profunda y majestuosa, algo reconocible que se ha visto en alguna que otra producción algo más ‘maisntream’ de lo que él acostumbra. Dos de sus películas de 2012 provocan ese doble condicionante que determina su grandeza como actor. En ‘Caballo de batalla’, de Steven Spielberg, da vida con una fantástica convicción a Ted Narracott, un alcohólico padre de familia que cultiva los campos y adquiere el que será protagonista de la historia dramática que vehicula la trama del filme, un equino que forjará una especial amistad con su hijo, que le considera un perdedor, cuando fue condecorado de guerra y un buen hombre, al fin al cabo. Un personaje básico que determina con su profesionalidad británica. La otra película, en divergencia intencional con el ‘blockbuster’ hollywoodiense, es ‘Redención’, ese desgarrador drama de Paddy Considine.
En él, Mullan roza la perfección actoral, con una insostenible presión trágica que naturaliza desde su personaje, otro alcohólico con complejo de culpa por la muerte de su esposa que no puede evitar inclinar su actitud hacia una violencia desbocada. El rol del actor es muy complejo, porque a través de su viaje y encuentro con su pareja protagonista logrará ir ganándose al público, pasando de una fuerte antipatía a la fragilidad interna de un hombre torturado, capaz de transmitir sus emociones ambivalentes. Mullan es ese actor despojado de cualquier atisbo de glamour al que nos tienen acostumbrados las estrellas norteamericanas pero que, a cambio, es capaz de vivir a través de un personaje con actuaciones en carne viva, que traspasan la pantalla con un excepcional talento que le hacen ser considerado uno de los mejores intérpretes del cine actual.
DIRECTOR 2012
Leos Carax (‘Holy Motors’).
Hacía trece años que Leos Carax no estrenaba un largometraje. Desde que en 1999 lo hiciera con ‘Pola X’, tan sólo había filmado uno de los episodios del filme colectivo ‘Tokyo’ con una pieza que ya avanzaba los objetivos de este nuevo filme y ‘42 One Dream Rush’, cuarenta y dos cortos de cuarenta y dos segundos dirigidos por algunos de los nombres más trascendentes del mundo del cine. Como viene siendo habitual en él, la normalidad parece ser un obstáculo en su condición de entender el arte. Para Carax la noción obsoleta de una realidad objetiva es sustituida y reinterpretada por la magia del cine y la contravención de los formalismos. Y en esta línea sigue esta locura fantástica llamada ‘Holy Motors’.
Una platea repleta de espectadores duerme ante el sonido de unos pasos de alguien que abre una puerta, se lamenta y seguidamente escuchamos un disparo que encadena con la resonancia de un barco, las gaviotas, las olas, el mar… El propio ‘enfant terrible’ del cine francés despierta de un sueño para abrir con una especie de llave adaptada a su dedo una puerta fantástica sobre una pared con un bosque dibujado sobre el papel. Una vez dentro, un corredor le lleva directamente a ese enorme cine lleno de gente aletargada ante la pantalla. Por uno de sus pasillos corretea un bebé desnudo, al que sigue un enorme perro que transita lentamente por la alfombra del patio de butacas mientras Carax echa un vistazo a la proyección. Es el umbral de todo lo enigmático y surrealista que está por venir y que aludirá a territorios comunes de Cocteau, Franju, Demy, Buñuel, Godard o Lynch.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘Milagro (Kiseki)’, de de Hirokazu Kore-eda.
- ‘Martha Marcy May Marlene (Martha Marcy May Marlene)’, de Sean Durkin.
- ‘Caballo de batalla (War horse)’, de Steven Spielberg. (Leer crítica).
- ‘Alps (Alpeis)’, de Yorgos Lanthimos.
- ‘Martes, después de Navidad (Marti, dupa craciun)’, de Radu Muntean.
- ‘Vacaciones en el infierno (Get the gringo)’, de Adrian Grunberg.
- ‘El profesor (Detachment)’, de Tony Kaye.
- ‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (The girl with the dragon tattoo)’, de David Fincher. (Leer crítica).
- ‘Looper (Looper)’, de Rian Johnson.
- ‘J. Edgar (J. Edgar)’, de Clint Eastwood.
- ‘Los Muppets (The Muppets)’, de James Bobin.
- ‘Declaración de guerra (La guerre est déclarée)’, de Valérie Donzelli.
- ‘Young adult (Young adult)’, de Jason Reitman.
- ‘¡Piratas! (The pirates! Band of misfits)’, de Peter Lord.
- ‘Los idus de marzo (The ides of march)’, de Farragut North.
- ‘Polisse (Polisse)’, de Maïwenn.
- ‘Indomable (Haywire)’, de Steven Soderbergh.
- ‘Fausto (Faust)’, de Alexander Sokurov.
- ‘Las malas hierbas (Les herbes folles)’, de Alain Resnais.
- ‘Esto no es una película (‘In film nist’)’, de Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb.
- ‘Las nieves del Kilimanjaro (Les neiges du Kilimanjaro)’, de Robert Guédiguian.
- ‘Los Vengadores (The Avengers)’, de Joss Whedon. (Leer crítica).
- ‘Hara-kiri, muerte de un samurai (Ichimei)’, de Takashi Miike.
- ‘La cueva de los sueños olvidados (Cave of forgotten dreams)’, de Werner Herzog.
- ‘Profesor Lazhar (Monsieur Lazhar)’, de Philippe Falardeau.
- ‘Marley (Marley)’, de Kevin Macdonald.
- ‘Madagascar 3: De marcha por Europa (Madagascar 3: Europe’s most wanted)’, de Eric Darnell.
- ‘El fraude (Arbitrage)’, de Nicholas Jarecki.
- ‘Brave. Indomable (Brave)’, de Mark Andrews y Brenda Chapman.
- ‘The deep blue sea (The deep blue sea)’, de Terence Davies.
- ‘Ted (Ted)’, de Seth MacFarlane.
- ‘007: Operación Skyfall (Skyfall)’, de Sam Mendes. (Leer crítica).
- ‘Frankenweenie (Frankenweenie)’, de Tim Burton.
- ‘Damiselas en apuros (Damsels in distress)’, de Whit Stillman.
- ‘El hobbit: Un viaje inesperado (The hobbit: An unexpected journey)’, de Peter Jackson.
- ‘Sin tregua (End of watch)’, de David Ayer.
CINE ESPAÑOL
- ‘Promoción fantasma’, de Javier Ruiz Caldera. (Leer crítica).
- ‘Extraterrestre’, de Nacho Vigalondo. (Leer crítica).
- ‘Blancanieves’, de Pablo Berger.
- ‘Arrugas’, de Ignacio Ferreras.
- ‘Grupo 7’, de Alberto Rodríguez.
- ‘Lo imposible’, de J.A. Bayona. (Leer crítica).
- ‘[REC]³ Génesis’, de Paco Plaza.
- ‘Carmina o revienta’, de Paco León.
- ‘El artista y la modelo’, de Fernando Trueba.
- ‘Una pistola en cada mano’, de Cesc Gay.
- ‘Luces rojas’, de Rodrigo Cortés.
DECEPCIONES
- ‘Prometheus (Prometheus)’, de Ridley Scott.
- ‘El Caballero Oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight rises)’, de Christopher Nolan.
- ‘Tan fuerte, tan cerca (Extremely loud and incredibly close)’, de Stephen Daldry.
- ‘Sombras tenebrosas (Dark shadows)’, de Tim Burton.
- ‘Los juegos del hambre (The Unger games)’, de Gary Ross.
- ‘Red state (Red state)’, de Kevin Smith.
- ‘The amazing Spider-Man (The amazing Spider-Man)’, de Marc Webb.
PEORES PELÍCULAS
- ‘Shame (Shame)’, de Steve McQueen.
- ‘Jack y su gemela (Jack and Jill)’, de Dennis Dugan.
- ‘Ira de titanes 3D (Wrath of the titans)’, de Jonathan Liebesman.
- ‘Battleship (Battleship)’, de Peter Berg.
- ‘Rock of Ages (La Era del Rock)’, de Adam Shankman.
- ‘Un lugar donde quedarse (This must be the place)’, de Paolo Sorrentino.
- ‘Qué esperar cuando estás esperando (What to expect when you’re expecting)’, de Kirk Jones.
- ‘Esto es la guerra (This means war)’, de McG.
- ‘La montaña rusa’, de Emilio Martínez-Lázaro.
FUTURAS ‘CULT MOVIES’
- ‘Project X (Project X)’, de Nima Nourizadeh.
- ‘Chronicle’, de Josh Trank.
- ‘La cabaña del bosque (The Cabin in the Woods)’, de Drew Goddard.
- ‘Sinister (Sinister)’, de Scott Derrickson.
- ‘The Yellow Sea (Hwanghae)’, de Na Hong-jin.
- ‘El irlandés (The Guard)’, de John Michael McDonagh.
- ‘The French kissers (Les beaux gosses)’, de Riad Sattouf.
LO MEJOR…DE OTROS AÑOS
- 2004.
- 2005.
- 2006.
- 2007.
- 2008.
- 2009.
- 2010.
- 2011.
Es paradójico que el cine español acabe con una cuota de mercado del 17,9%, la cifra más alta desde hace 27 años, cuando en este año el Gobierno apuñaló salvajemente el séptimo arte aplicando la subida del IVA de las entradas en trece puntos porcentuales, situándolo en un 21%, como los artículos de lujo. Los 40,5 millones de euros y casi 5,8 millones de espectadores que ha recaudado ‘Lo imposible’ parece la respuesta a esta subida, ejemplarizando un modelo de promoción, producción y distribución que no parece que esté al alcance del resto del cine patrio. La política de recortes y el tratamiento que se le está dando al cine parece no poder con la actitud del público, que sigue viendo cine español, le pese a quien le pese. Que el descenso de la taquilla haya caído al 6% es mucho más significativo que los buenos datos con respecto a la situación de nuestro cine. No obstante, este año, aunque con menos espectadores, el cine internacional también ha dado un puñado de buenos títulos que no han pasado desapercibidos, dejando una buena cosecha en este 2012.
A título personal, la cosa sigue en ‘stand by’, rozando el catastrofismo. Este año estuvo a punto de ser el punto y final de un blog que subsiste pese a los contratiempos. Los desafíos incompletos acaban por destruir la moral y el ánimo se resquebraja con el pesimismo cada vez que se envía un curriculum o se sigue perseverante en la búsqueda de un empleo, eliminadas hace tiempo las preferencias en cuanto a la labor a desempeñar. Así está la cosa. Para colmo, el cortometraje ‘3665’, que rodamos en septiembre de 2011, sigue aguardando la finalización de algunos departamentos técnicos para poder estrenarse. No hay fecha concreta. Tampoco parece que haya espacio para la esperanza de llevar a cabo ningún otro proyecto en 2013, por lo que el optimismo es nulo. Habrá que tomar decisiones y medidas para evitar que este declive siga su curso paulatino. Tal vez abandonando las ilusiones. Cambiando de aires, muy lejos de todo. Hay veces en que los sueños son los que te abandonan y aquello para lo único que sirves no te ofrece una vía satisfactoria para poder encontrar un soplo de calma o algo de felicidad. Eso queda muy lejos. Es lo complejo de la vida y la espiral de insatisfacción que te ahoga y te mata cada día lentamente. Pese a ello, hay que seguir luchando contra viento y marea. No quedan más cojones.
Dejando a un lado las lamentaciones, sólo quiero daros las gracias a todos los que todavía seguís el Abismo. 2013 debería ser un año de cambios. Por ello le deseo a todos aquellos que nos han llevado donde estamos las peores y más atroces calamidades que puedan suceder. El bienestar de unos parece significar la zozobra del resto. Y no estaría nada mal que la situación se invirtiera de forma inhumana, incluso sanguinaria. Aunque sea una utopía.
Por lo demás, tan sólo desearos a la gente de bien un FELIZ AÑO NUEVO lleno de gratas sorpresas, buen cine, salud y algo de ilusión, esa que nos han logrado arrebatar.
Como escribo cada año en este post que cierra el año, haré como R.J. MacReady, el piloto del puesto fronterizo número 31 al final del clásico de culto ‘La Cosa’, de John Carpenter, “esperaré... aquí, un rato... a ver que ocurre”.
Un fuerte abrazo a tod@s. De corazón.

5 comentarios:

Alberto dijo...

Refo, te deseo lo mejor para este año que comienza, espero que puedas cumplir tus sueños. Ánimo, yo pienso que cuando alquien tiene algo que ofrecer, tarde o temprano su ilusión y valía deben ser reconocidas , al menos, quiero seguir pensando así. Un abrazo desde Moraleja.

Pep dijo...

Refo, mis mejores deseos para el 2013, y espero que sea el inicio de la recuperación moral, y también económica de este país. Y, gracias, por todos los posts que escribes.
Refo, te dejo esta información sobre una convocatoria de plazas para trabajar en el Museo del Prado, echale un vistazo, a ver si te interesa http://www.mad.es/411-VIGILANTE-DE-SALAS-fo-83422.html
(no trabajo para esta academia,)
Os dejo mi lista
1.Holy Motors.
2.La vida de Pi
3.Shame
4.Moonrise Kingdom
5.the Yellow Sea
6The French Kissers
7.Milagro
8.The deep blue sea
9.Grupo 7
10. Ted

JImbo dijo...

Hola!

Un post muy esperado por todos.

¿Has visto todas? ya me contaras.

No estoy de acuerdo con SHAME. No la considero tan mala. En cambio YOUNG ADULT no me gustó nada.

Y del cine comercial? acabo de ver BATTLESHIP y joder, esta bastante mejor que muchas otras pelis del estilo. Entretiene y sale Brooklyn Decker. Y el tufillo patriotico americano es menos desagradable que de costumbre. Pero ya sabes, es el precio a pagar para disfrutar de esos Efectos Especiales. A mi me vale.

Anónimo dijo...

>>>Habrá que tomar decisiones>>>

Hágase guionista de cómics. Al menos no perderá la mano construyendo historias y su trabajo creativo tendrá cierta difusión.

Miguel Ángel Martin, y muchos otros autores, han convertido en cómics sus proyectos cinematográficos abortados.


Un saludo

manipulador de alimentos dijo...

Si Carax a veces ha acertado o se ha acercado al blanco, no es desde luego con 'Holy Motors'. ¡¡¡Vaya pedazo de caca pretenciosa!!! Un saludo