viernes, 21 de diciembre de 2012

La Navidad y el Fin del Mundo

Cada año por estas fechas, en el Abismo suele lanzarse uno de esos panegíricos sinsentido que sirve para felicitar, de uno u otro modo, la Navidad a sus cada vez menos lectores. Este año, de forma paradójica, también han anunciado el Fin del Mundo según el calendario maya. No nos damos cuenta, pero es cierto. Desde hace tiempo estamos viviendo ese lento Apocalipsis que nos consume diariamente perplejos ante la insidia y el fraude de aquellos que nos miran descojonándose de todos nosotros, ajenos a esta infausta situación que vivimos en este país empobrecido y ridículo.
La mercadotecnia de las grandes superficies comerciales que han matado al pequeño negocio, la teatralidad lumínica, los adornos y guirnaldas, la Lotería del día 22, el portal de Belén (ojo, sin buey y mula, que lo dice el Papa), ese consumismo con el que las grandes superficies se frotaban las manos, comer y beber de todo sin control, machacando el hígado y subiendo el colesterol como si de un concurso se tratase, cenas de empresa en las que asistir a cómo la compañera más inesperada se pone “piripi”, cestas que van mermando y desapareciendo, aquélla paga extra… Todo eso, ahora ya no luce tanto. Fundamentalmente, porque no estamos para jolgorios ni gilipolleces. Nuestro regalo navideño de este año se ha ido fraguando lentamente, como ese pavo relleno que se hace en el horno, sólo que preñado de precariedad, desposesión y privatización, que es lo que estamos viviendo en este (ahora SÍ) país de pandereta. Un término identificativo ideal para estos días.
Por eso, la espiral de convite y brindis varios se limita, la celebración este año es una justificación disimulada de esa sonrisa a media comisura que esconde una gran preocupación por el devenir. A buen seguro que los que ostentan o han ostentado el poder y altos cargos, aquellos que viven en puestos intocables de privilegios y corruptelas, brindarán con champán exquisito, comerán marisco recién capturado, seguirán fomentando el despilfarro generalizado con una risa cínica mientras eluden hacer memoria sobre las continuas caídas y desplomes del consumo, las bajadas de producción, los descensos de las importaciones y exportaciones, la emigración y la falta de puestos de trabajo, los recortes…
Pero al fin y al cabo, es Navidad… Hay que disfrutar mientras se pueda y olvidar por unos días que estamos siendo desposeídos de nuestra voz y de nuestros derechos ¿Y todavía hay quien se pregunta cómo será el Fin del Mundo? Amigos, ya lo estamos viviendo. En primera persona. En directo y con un collar de espumillón y un matasuegras en la boca, levantando la copa, pidiendo deseos imposibles. Pese a todo, no hay que desnaturalizar este estético y hermoso periodo, ni arremeter contra una serie de ritos sacralizados que han perdido la batalla contra el gasto comercial sin control.
Vamos a intentar rebañar esa felicidad a modo de sobras. Lo poco que nos dejen. Y disfrutar un poco de esas cosas que ahora saben mejor en esta tradición universal y ancestral. Por lo menos, siempre habrá amigos con los que agarrarse un morón, la familia a la que soportar y querer a partes iguales y vivir unos días con especial énfasis en mirar el triste escenario con distancia. Siempre en su justa medida. No tendremos la suerte de que se acabe el mundo, como avanzaron unos cabalistas mexicanos hace siglos en ese cambio a la era de el B’aktun.
Ya tendremos todo 2013 para seguir haciéndonos mala sangre, presenciar ultrajes a nuestra debilitada situación por ese señor Potter que es el Estado, el mismo que nos oprime como a los habitantes de Bedford Falls. Como siempre escribo, la predisposición de los buenos sentimientos convertidos a la mínima de cambio en encendida mala hostia no puede quitárnosla nadie. Y al fin y al cabo, eso es la Navidad. Un pequeño fragmento tendente a la omisión y al perdón de nuestras vidas. Aunque sea una vez al año. Aprovechémosla.
Por eso, desde este blog que cumplirá nueve años en 2013 os deseo, esta vez de todo corazón y sinceramente, una FELIZ NAVIDAD.
Si es que todavía me lee alguien, claro.
Un abrazo a tod@s.
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