lunes, 19 de noviembre de 2012

'Kane', una genial obra incandescente de Paul Grist

A pesar de pertenecer a los años 90, ‘Kane’, una de las obras más reconocidas de su autor, el británico Paul Grist, continúa considerándose como uno de esos referentes a redescubrir en el ámbito del cómic que logró aunar reconocimiento de crítica y público y arrasar en nominaciones y premios dentro de los mejores certámenes del ámbito del cómic (Eisner, Eagle, Professional Comic Awards…). Parece que el tiempo no pasa para un creador que imprimió en esta obra su impronta alejada de todo tipo de convencionalismos, ilustrando y guionizando con personalidad absoluta un complejo juego con la morfología de la narración. ‘Kane’ es una modélica obra donde su grandeza de detallismo se esconde en la sencillez de un trazo que cautiva al lector desde el primer momento, estudiado desde un fin artístico y exteriorizado en la distribución de las viñetas y los contundentes dibujos.
Ubicada en el género policiaco, desde una disposición orientada a sacar partido a las posibilidades del medio tebeístico, Grist construyó una narrativa a través del arte y diseños innovadores que logró impulsar a través de las emociones y las tramas de sus dibujos, con un blanco y negro sin matices, forjando sus virtudes mediante el uso de la página y el espacio en blanco. Su historia se sitúa en el departamento de policía 39 de Nuevo Edén, una ciudad que fuera un paraíso que evocara su nombre, pero que, como todo en este mundo, ha acabado pervirtiéndose y embruteciéndose. El detective Kane regresa al servicio cuestionado por sus compañeros tras una suspensión de medio año después de matar en defensa propia a su ex compañero, Dennis Harvey, al que iba a arrestar por un tema de corrupción. Por si fuera poco, le acaban de asignar a una nueva compañera de fatigas, Kate Felix, junto a la que intentará dar caza al gran capo mafioso de la ciudad, el oscuro Oscar Darke.
Lo que caracteriza a ese Nuevo Edén es que se configura como una orbe delineada dentro de una moral desordenada y confusa, ideal como sustancia de dramas internos y humanizadores, donde Felix, pese a su creencia en la justicia y el honor, nunca ejerce como la voz de la razón ante Kane o el villano puede resultar muy cruel a la vez que humano y piadoso. El cómic amplia su profundidad con ‘flashbacks’ ciertamente solemnes, añadiendo una modélica diversidad de puntos de vista integrados como parte de la narrativa más allá de la intención del autor, sin recurrir a un solo diálogo en algunos de sus capítulos, asumiendo alteraciones argumentales deliberadas para alcanzar el realismo necesario tanto en la rutina policial como en las espectaculares persecuciones. A Grist le encanta salpicar sus viñetas con frases de ambigüedad y dobles sentidos para que el lector intuya que la criminalidad y la defensa de la ley encubren dudosas motivaciones. ‘Kane’ no necesita circunloquios ni explicaciones visuales para dar entender qué está pasando, tampoco inferir con recalcados en ese fondo metafórico alusivo a la Biblia o a la hora de referenciar y aportar ofrendas o parodias a estereotipos del género.
No es necesario que surjan nombres como David Lapham o Frank Miller a la hora buscar comparativas en sus reminiscencias del ‘noir’, enfundadas en la ironía que no deja vislumbrar esa pesadumbre que mantienen todos los personajes de la historia, permitiéndose incluso acercarse a la parodia. Por tanto, ‘Kane’ es una impredecible y enérgica obra, capaz de articular un lenguaje idiosincrático que expone del mismo modo las hazañas de este peculiar agente de la ley a la vez que las de un improbable Sr. Flopssie Whopssie, un ladrón disfrazado de conejo que no soporta que le comparen con Bugs Bunny. Se trata de un cómic policial extraordinario, una cumbre en su género que rezuma libertad por todos sus flancos con su sorprendente y fascinante habilidad dentro de un medio entregado a la mecánica visual con grandes planos generales únicos y habilidosas fragmentaciones llenas de matices.
Una genialidad que no hay que perderse.