domingo, septiembre 30, 2012

Weng Weng, el héroe de 83 cm.

En el ‘mondo freak’ se han destacado, a lo largo de su extraña y sinuosa historia, muchas de las figuras de culto o grotescos personajes de los que que hoy algunos pocos conocen o han oído hablar alguna vez. Hoy rescato de mi retentiva ‘freakie’ a un titán de menos de un metro de estatura que, a finales de los 70, intentó convertirse en un héroe de acción proscrito a su país de origen, Filipinas. Por supuesto que no tuvo éxito, pero sí traspasó fronteras por lo exótico de la operación cinematográfica. Me refiero al grandiosamente liliputiense Weng Weng, un menudo hombre de 83 cm. (el actor más pequeño de la historia junto a Verne Troyer) todo esfuerzo e ímpetu, que sabiendo de sus limitaciones como estrella interpretativa, encumbró su propio mito por encima de cualquier concesión al tópico, ofrendando un pequeño clásico de la serie Z basado en un insólito ‘made him self’.
‘For Your Height Only’, es una película de Eddie Nicart erigida para la gloria de nuestro minúsculo héroe, que interpretó al Agente 00, un superespía bajito, vestido elegantemente de blanco (look que luego relumbraría Sonny Crockett en ‘Miami Vice’) carismático y resultón poseedor de todo lo que un héroe aspira a tener: sagacidad, intrepidez, desvergonzado atrevimiento y un ‘sex appeal’ que hacía que cualquier fémina cayera rendida a sus reducidas piernecillas. La historia bebía de una fuente como eran las películas de James Bond. Un intento de asesinato sobre el miniagente nos revela, de entrada, que Weng Weng trabaja para la INTERPOL. Se advierte en seguida que todos consideran al agente de reducida estatura como un temerario aventurero.
La misión: aprisionar a Mr. X, un irascible terrorista enmascarado tras una capucha que lanza un despiadado ultimátum amenzando con empezar a aniquilar a la población filipina si no recibe una cuantiosa suma de dinero (cuantiosa en Filipinas, ya que en aquel momento, al cambio, la suma ya era ridícula). A lomos de una espectacular Honda Accord ajustada a su tamaño (en realidad una moto Febber de esas que todos hemos anhelado en nuestra niñez), Weng Weng subsistirá ante el peligro sobreviviendo a una ardua experiencia que tiene como resultado una encarnizada lucha con Mr. X. Antes de ello, siendo coherentes con el género, no se podía omitir el ineludible catálogo de armas secretas, recalcando un inolvidable ‘sombrero-sierra’ dirigido con un mando a distancia, un reactor a propulsión en la espalda (mítico) o una ultratecnológica ‘sombrilla paracaídas’, que le permitía arrojarse desde un rascacielos sin que le pasase nada.
Cabe que destacar dos delirantes secuencias; la primera, derivada de un cómico altercado que da como consecuencia una pelea de kárate en una escuela de instruidos y violentos karatekas que perecen ante el curtido enano, que se hincha a dar hostias a diestro y siniestro. Otra, en su final, cuando los malvados le capturan no le torturan ni amenazan, sino que recluyen en una ridícula jaula de loros.
Un clásico impagable.