lunes, 9 de julio de 2012

Se va el mítico Ernest Borgnine, uno de los nuestros

La oportunidad de actuar llegó de forma tardía a la vida de Ernest Borgnine. Después de combatir en la Segunda Guerra Mundial, cumplidos los 31 años, debutó con ‘Harvey’ sobre un escenario y en la gran pantalla lo haría tres años más tarde, en ‘China Corsair’ y bajo las órdenes de Robert Siodmack en ‘The Whistle at Eaton Falls’. Dotado con un rostro familiar que acercaba al espectador, a esa normalidad tan infrecuente en la era dorada de Hollywood que simbolizaba la perfección inalcanzable, Borgnine sobresalió con ese rostro imperfecto y cercano que tan bien interpretó siempre en pantalla. Comenzó dando vida a algún desalmado con cara de bruto en filmes de gran enjundia como ‘De aquí a la eternidad’, de Fred Zinnemann, ‘Veracruz’, de Robert Aldrich o ‘Conspiración de silencio’ de John Sturges. Sin embargo sería con esa naturalidad que desprendía y la ternura rústica que emanaba la que le llevaría a lo más alto con ‘Marty’, donde encarnaba a un carnicero solterón enamorado de una tímida institutriz y que le supuso un Oscar y un premio como mejor actor en el Festival de Cannes.
La constatada rudeza e identificación con el villano tosco en el que empezaba a encasillarse le llevaron a desplegar su talento en la televisión, alejado del cine, como el oficial de la Marina Quinton McHale en la serie ‘Barco a la vista (McHale’s Navy’), con la que obtuvo su primer premio Emmy. Con Aldrich rodó ‘El vuelo del Fénix’, la mítica ‘Doce del patíbulo’, ‘La leyenda de Lylah Clare’, ‘El emperador del Norte’ y ‘Destino fatal’, además de envidiables títulos entre los que destacan ‘Johnny Guitar’, de Nicholas Ray, ‘Jubal’, de Delmer Daves, ‘Los vikingos’, de Richard Flesicher, ‘La revolución de las ratas’, de Daniel Mann o ‘La aventura del Poseidón’, de Ronald Neame. A Borgnine se le conocerá siempre por su valía como secundario capaz de eclipsar al protagonista, por ese tipo de porte simplón que puede llegar a ser peligroso, como en su inolvidable Dutch Engstrom para Sam Peckinpah en ‘Grupo Salvaje’ o su estampa más entrañable como el taxista Cabbie de ‘1997: Rescate en Nueva York’, de John Carpenter.
Otros dos Emmys (la versión televisiva de ‘Sin novedad en el frente’ y un capítulo de la serie ‘Urgencias’) y una incesable carrera que llenó una filmografía vasta y fructífera es el gran logro de esa estirpe de actor incombustible y clásico. Uno de los grandes, sin duda.