jueves, 7 de junio de 2012

La fascinación por Ray Bradbury será eterna

1920-2012
“…Pero los primeros Solitarios tuvieron que saber soportar el estar solos...”.
‘Crónicas Marcianas’, de Ray Bradbury.
La pérdida de Ray Bradbury supone la desaparición de uno de los genios literarios más reconocidos dentro de un difícil género como la Ciencia-Ficción. Y lo ha hecho con el deber consumado, a los 91 años, dejando su inmortal figura escrita con letras de oro. Se trata de uno de los grandes escritores que contribuyó con su incandescente estrella artística a impulsar el género en el ámbito de la literatura junto a nombres como Robert A. Heinlein o Arthur C. Clarke.
Su vasta obra, donde los cuentos multiplican su grandeza y sus novelas conjugan la retórica sobre la razón que alienta al lector al placentero descubrimiento de un universo diferente, confirió una reconfortante accesibilidad a una lírica evocadora capaz de transportar hacia entornos inaccesibles y lejanos, descritos con un sentido de la claridad visual familiar, como si estuviera detallando un pueblo cercano y reconocible. Sus mundos, matemáticamente imaginados, indagaron en la fantasía, en las sombras de una América que escondía en sus márgenes un ruido de fondo metaforizado en amenazas incómodas silenciadas por la aparente normalidad.
Su obra magnifica la idea de una alimentación imaginativa, que describe con habilidad algunos insondables recovecos de la mente humana para fabricar una verdad vestida de futuro, logrando a su vez aterrar en el ahogo de una rutina para exprimir así la tensión hasta límites insospechados, penetrando en los miedos seculares arraigados a la humanidad. Bradbury, nunca se sintió un futurista, sino un escritor que advertía sobre lo que nos va a venir y sobre la depauperación de la bondad humana infectada por el progreso hacia una visión de modelo especulativo que, a la postre, se convertiría en la más perdurable dentro del género.
Tal así que, repasando las páginas de sus más notables libros y narraciones cortas, recordamos ese arcaico precepto que impone la transformación de la oscuridad en entelequias capaces de que el más pavoroso temor o soledad saque a flote nuestras insuficiencias y limitar con ello cualquier grandeza a una nada desoladora. Su carácter innovador utilizó la ciencia ficción para cultivar un apego en el desarrollo de las relaciones humanas y sus emociones antes que caer en la recreación excesiva de mecanismos adelantados a su tiempo o lustrosas máquinas robóticas. Travesías encaminadas siempre a lo fantástico, itinerarios a través del tiempo y la memoria donde todo es posible, donde lo desconcertante y extraño terminan por revelar la esencia de algún recelo, peligro o miedo.
El hombre que supo profetizar la ignominiosa evolución antidemocrática a la que estamos sujetos en estos instantes y que profetizaron tiempos como los mostrados en su obra maestra ‘Faherenheit 451’ siempre subrayó un individualismo enmascarado en la supervivencia de un boscaje tecnológico y urbano. Con una claridad de pensamiento y una sencillez de su discurso incorruptibles, más que un escritor fue una inspiración para varias generaciones. Y así lo seguirá siendo para la posteridad. Su legado queda fulgurado como excepciones manifiestas en páginas que siguen despertando la fascinación y la melancolía como remedio para los que lloran, de diversas formas, el adiós del Gran Maestro.