jueves, 28 de junio de 2012

HELLRAISER: Hellbound's Heart (I)

25 años desgarrando almas
Este año se cumple un cuarto de siglo del estreno de este clásico del cine de terror, que sigue siendo una de las películas más influyentes del cine contemporáneo. Con el paso de los años, una obra como ‘Hellraiser’ se ha extendido a una cultura que vislumbra iconos pesadillescos y mitos capaces de estremecer conciencias desprovistas de emociones escalofriantes. Ahora mismo, nadie duda en determinar que esta cinta es una pequeña obra maestra del género. El luminiscente héroe ‘onírico-infernal’ de los clavos en la cabeza (el eterno Pinhead) nacido en una inolvidable década tan proclive para el terror como fueron los 80, ha engrandecido su efigie a lo largo de dos décadas para pasar a ser uno de los iconos fundamentales del cine apocalíptico y sangriento. En 1987, la New World Pictures trajo al mundo la ‘opera prima’ del que es uno de los genios más importantes de la literatura contemporánea, Clive Barker.
En aquélla se narraba la historia de Frank Cotton (Sean Chapman), un hombre que, aburrido de su vida cotidiana, viajaba a Oriente para conocer sus exquisiteces y perversidades. Allí, en lugar de nadie, un asiático le vendía una caja que, según la leyenda, le abriría las puertas del Infierno, ofreciéndole la posibilidad de disfrutar del placer y del dolor en una dimensión desconocida por el hombre. La curiosidad de Frank hace que resuelva el enigma de la caja con la consiguiente manifestación de los Cenobitas, seres infernales encargados de llevar la fruición del sufrimiento a quien los invoque. La casa desde la que Frank fuera llevado al Infierno, es habitada por su hermano Larry (Andrew Robinson), su hija Kirsty (Ashley Laurence) y su segunda esposa, Julia (Clare Higgins). Frank revivirá recobrando su humanidad gracias a la siniestra ayuda de ésta última, que fue su amante durante una época pasada. Renacido de entre los muertos, Frank no imagina que la inocente presencia de Kirsty iba a ser funesta para sus intenciones de regresar al mundo de los vivos, ya que la joven entregará a su tío a los Cenobitas para salvar su alma del enigma que reside en el misterioso receptáculo...
Este era el comienzo de la saga ‘Hellraiser’, un fascinante viaje a través de la transformación del cuerpo humano y el alma en su fase más salvaje, más dolorosa: placer y dolor en un solo concepto jamás experimentado por ningún hombre. Clive Barker estaba ya consolidado como uno de los herederos directos y a la vez congénere de Stephen King (quién llegó a decir “He visto el futuro del terror, y su nombre es Clive Barker”) cuando escribió esta inolvidable historia de horror, destinada a ser un clásico de dos ámbitos tan difíciles de vincular como son la literatura y el cine. El neófito realizador, al cual se le achacó en su momento su nula experiencia en el campo del celuloide, otorgó a la iconografía del fantaterrorífico (muy cerca del ‘gore’ –aunque nunca incluida en este subgénero-) una profundidad temática y estética revolucionaria, recreando una novedosa visión del terror basado en la insania fría, distante y en muchos momentos aberrante, en la que cada elemento que rodea la historia tiene algo de lúgubre y desagradable. Cada uno de los personajes se muestra de forma tenebrosa y sólo existe una cierta equidistancia del público con respecto a la cándida Kirsty (la hermosa actriz de culto, la musa de muchos sueños generacionales Ashley Laurence). Es cierto que el neófito director y novelista dirigió esta opera prima sin tener un conocimiento exacto del lenguaje cinematográfico, pero esto, si bien a veces evidencie una falta control de la acción visual sobre el argumento, sirve para ofrecer una perspectiva cristalina del espíritu global de ‘Hellraiser’ y su significado.
La aterradora serie supone un trayecto por el lado más oscuro hacia la esencia de la razón y de locura, para experimentar nuevas dimensiones del ser y del placer, personalizados en unos entes demoníacos (los legendarios Cenobitas) llamados para sobrecoger a las incautas e imprudentes almas ante lo que puedan descubrir. La transformación como producto directo de los más ocultos miedos humanos es el verdadero significado de ‘Hellraiser’. La saga (diez entregas hasta la fecha), que tiene su mejor ejemplo en la fundadora de toda la leyenda, explora este miedo mostrando la consternación y la tribulación en momentos inolvidables gracias, en gran parte, a los excelentes efectos especiales de pura artesanía creados por Bobb Keen.
Clive Barker definió el Infierno en la serie ‘Hellraiser’ de una forma novedosa, más espiritual que fabulesca, muy diferente (pero a la vez paralela) a la creencia cristiana. En ‘Hellraiser’, aquellos que traen el averno destinan la voluntad humana a un caos de sufrimiento en el que la representación de las llamas eternas es sustituida por las torturas a las que someten los siniestros Cenobitas, descritos por el propio Barker como “demonios para algunos y ángeles para otros”. El extenso universo generado por el literato está dominado por Leviatán, un dios ávido de torturas y deseos, materializado en un octaedro punzante. Y la única forma posible de abrir las puertas del Infierno, de acceder al Leviatán oculto, el que se esconde en nuestro morbo más escabroso, es a través de la resolución de un puzzle, un enigma inscrito en una caja llamada la ‘Configuración del Lamento’ que descubrirá los Milagros Negros y las Maravillas de la Oscuridad. Clive Barker se acercó con el mito y la doctrina de aquella película a aspectos filosóficos hasta entonces poco abordados en el cine, basados más en la ideología de Jung –complejo entendido como constructor de los sueños y los síntomas- que en la factible teoría de Freud y su vertiente sexual, todo siguiendo una particular imaginería inscrita en las mitología sumeria.
‘Hellraiser’ explora la colectividad inconsciente, en la que los sueños tienen tanta importancia como la realidad que nos rodea. Gracias al ingenio del escritor británico, el ‘fantastastique’ se aproximó al terror de una manera virtuosa, ejecutando un análisis introspectivo de esperanzas y miedos, de sueños y realidades. A pesar de tratarse de un filme relativamente pequeño (debido a su escaso presupuesto –1 millón de dólares-), en su núcleo argumental esta obra cumbre incluye una deliberación de todo aquello que circunscribe los secretos de Ciencia, los enigmas de Lógica y la llama de Prometeo.
‘Hellraiser’ sirvió también para que muchos descubrieran una de las alegorías del género más carismáticas y menos conocidas de la tradición del terror. Reiterado el símbolo del ‘psycho-killer’ mesiánico y enajenado que cometía sus barbaries en un mundo real y cotidiano (Jason Voorhes, Michael Myers o Leatherface), Barker optó por un ser infernal, dinámico, de personalidad arrolladora y de estética fastuosamente cuidada. Pinhead (‘cabeza de alfiler’ en su traducción literal) embelesó a los amantes de un género necesitado del cambio que transfirió esta cinta clásica. Muchos conocen a Pinhead, pero pocos saben que en realidad Barker le dio un pasado enigmático, ya que se trata del Capitán Elliout Spencer, un soldado que luchó en la segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, aburrido y en constante crisis, encontró la leyenda del Infierno, la caja que abre las puertas hacia la dimensión de placer y tortura. Con el paso de los años sería uno de los Cenobitas más carismáticos del Tártaro, pasando a ser conocido como Pinhead, pero también Pontífice Oscuro del Dolor, el Papa Negro de Infierno, Vasa Inquatitis o también Xipe Totec. Pero no es el único. En el Infierno de ‘Hellraiser’ hay más Cenobitas iconográficos que mortificarán las almas que osen descubrir el enigma de la caja: son The Chatterer (que bate sus mandíbulas constantemente, castañeando los dientes como si fuera una trituradora), Butterball, la Cenobita Ángel y el satánico Channard.
El caso es que no sólo estos iconos tienen una leyenda propia en las páginas del ensayista inglés, llegando a escribir sus nombres con letras de oro en el género del terror, sino que el propio Clive Barker tendrá su lugar como uno de los maestros más incorruptibles de la historia de la literatura y el cine.
Si no conocéis ‘Hellraiser’, es el momento de que abráis la ‘Configuración del Lamento’...