lunes, 14 de mayo de 2012

Un cuarto de siglo sin Rita Hayworth

Se cumplen 25 años desde que el mundo perdiera a uno de sus iconos más carismáticos y reconocibles de la época más gloriosa del Séptimo Arte. Aquélla bailarina que heredó las dotes artísticas de su padre, Eduardo Cansino y de su madre, la chica ‘Ziegfield’ de origen irlandés Volga Hayworth, debutaría en 1935 con pequeños papeles sin importancia, pasando desapercibida hasta que se casó con el multimillonario Edward Judson (el primero de sus cinco matrimonios) y Columbia se fijó en esa mezcla de exotismo sensual y sofisticada elegancia de una pelirroja imponente. Introvertida y poco amiga de las cámaras, Margarita Cansino era ya Rita Hayworth, una pieza indispensable para entender el ‘star system’ del momento y pieza clave en la mitología de la Edad de Oro de Hollywood. Howard Hawks atrapó todo su magnetismo en ‘Sólo los ángeles tienen alas’ para pasar a desplegar su talento coreográfico en clásicos del cine musical de baile junto a Fred Astaire o Gene Kelly en ‘Desde aquel beso’ o ‘Las modelos’, respectivamente.
Su imagen de bomba sexual llega al culmen con ‘Gilda’, de Charles Vidor, la cinta que marcaría su imagen y carrera y la transformarían en una efigie reconocible y mundial. Aquélla canción ‘Put the blame on mame’, en el playback de la voz Anita Ellis y el sugerente baile con sus movimientos al compás de la música mientras desnudaba su brazo despojándose de su guante de negro satén la elevaron a la etiqueta de mito erótico. Orson Welles, otro de sus maridos, inmortalizó esa fuerza de potencial imparable en ‘La dama de Shanghai’. Pero la voluble carrera de Rita no aguantó el peso de la fama, ni de sus controvertidas confesiones, ni de su debilidad frente a la adversidad. La modélica estrella de aquélla estirada mujer de pelo caoba y curvas interminables empezó su caída libre cuando rompió su contrato con Columbia y se casó con el príncipe Ali Khan. Todo fueron desaciertos y decisiones erróneas, como aceptar las propuestas cinematográficas de Harry Cohn, que la incluiría en películas mediocres como ‘La dama de Trinidad’, una versión absurda de ‘Gilda’, rol que la perseguiría para el resto de su vida. Perdida en sus fracasos amorosos (después de Khan, el cantante Dick Haymes o el productor James Hill) y fracasada en el objetivo de ser feliz sentimentalmente, aparecería en papeles esporádicos mostrando aún que era una gran actriz que había tenido mala suerte. El alcohol, las depresiones y el amargor de una vida de luces y sombras envejecerían a una mujer que terminó por olvidar la estela de su nombre cuando fue diagnosticada de Alzheimer para morir el 14 de mayo de 1987.
Rita Hayworth, sin embargo, siempre será eterna.