miércoles, 9 de mayo de 2012

Athletic Club y la final de la Europa League: La deuda con el pasado

En la temporada 1976-77, el Athletic Club de Bilbao también jugó dos finales. Las mismas que disputará este año. En aquélla ocasión perdió ambas. En la Copa del Rey sucumbió ante el Betis en una histórica tanda de penaltys en la que se llegaron hasta la veintena y donde el portero Esnaola terminaría por convertir un lanzamiento ante un Iríbar que éste sí erró. Antes, había caído en final de la UEFA (hoy Europa League) contra la Juventus de Turín, en la que sigue siendo la única final continental disputada en su Historia. En ambos casos se mereció mejor suerte aquella escuadra entrenada por Koldo Aguirre y con nombres míticos como los del mencionado Iríbar, Villar, Rojo, Goikoetxea, Dani, Irureta
Las equivalencias entre ambos clubes, pasado y presente, no son baladíes. Entonces el Athletic eliminó a grandes equipos como Milán, el Barça, el Molenbeek… este año han caído contra el fútbol imaginativo que impone Marcelo Bielsa equipos de la talla del Manchester United, Schalke 04 o Sporting de Lisboa. Por eso, esta segunda oportunidad supone un otro acontecimiento legendario que supone uno de los desafíos más grandes del club. El Athletic tiene en su mano saldar una deuda trascendental con su pasado, una segunda oportunidad de oro para ganar un título europeo por primera vez para su palmarés. Y puede lograrlo en Bucarest contra un viejo conocido de finales como es el Atlético de Madrid.
Estamos ante un auténtico partidazo en el que no hay favoritos, con dos conjuntos de empuje que han demostrado que en la intensidad y la fuerza, la inteligencia y la circunspección se fraguan las victorias. Aunque en ésa directriz sin traición a su juego, muchas veces hayan limitado sus opciones de victoria y hayan terminado dejándose puntos muy importantes. Hace dos años, el Atlético alcanzó el doblete al que aspira el Athletic bajo la dirección de Quique Sánchez Flores. De aquélla final de la Europa League jugada en Hamburgo contra el Fulham inglés solamente siete jugadores quedan de la gesta y de la que sólo dos fueron titulares entonces. El Athletic estaba en pleno proceso de construcción para llegar al modelo de fuerza y juego que hoy luce orgullo en toda Europa. Mucho de ello se lo debemos a Joaquín Caparrós, cuya contribución a la estructura del equipo ha sido básica. La llegada de Bielsa constituyó un modelo de juego asentado en un proceso que comienza con la determinación a la hora de recuperar rápidamente el balón y mantener la posesión inmediata. Para el técnico argentino lo importante es la presión desde un enfoque racional, subrayando una lectura anticipada de aquello que puede hacer el rival. Bielsa es el “loco” más cuerdo del fútbol actual y ha solidificado un Athletic ambicioso y desbordante, con un juego sugestivo que, más allá de los resultados en la liga, no dejan de ilusionar por la grandeza con la que se dilucida y mueve dentro del terreno de juego.
Treinta y cinco años son demasiados esperando dos finales que abran la viabilidad al Athletic de reconciliarse con la Gloria. Levantar esos quince kilos de ilusión y sueños que pesa la Copa de la Europa League significaría un hito que va más allá de la emoción y el sufrimiento con el que se va a vivir el partido vital de esta noche. Significaría que, como manda la tradición, la Gabarra volvería a surcar el Nervión después de casi tres décadas sin ver la luz. Y la insignia de la victoria bilbaína sólo se deja ver en la Ría cuando se consiguen títulos, no cuando se llega a las finales. Por eso, esta noche en el Estadio Nacional de Bucarest hay que apelar al espíritu de la trayectoria europea del Athletic esta temporada, donde ha dejado partidos y remontadas que se narrarán a las generaciones venideras. Como la gesta de Teatro de los Sueños contra el United, convocando el juego de fútbol dominante y abierto convertido en obra de arte de juego colectivo que dejó uno de los choques más imperecederos para los fastos de este deporte.
Hoy es el día en que toca arropar más que nunca a nuestro equipo. Un equipo único en el mundo seguido por millones de aficionados que hoy ondearán con orgullo sus banderas y sus bufandas en una comunión de júbilo y exaltación, de unidad por una emoción común de esperanza transformada en realidad. Desde su origen, en la que unos deportistas locales tuvieron la osadía de enviar a la prensa un aviso en el que desafiaban a los residentes británicos en Bizkaia a disputar un encuentro futbolístico en las campas de Lamiaco, el Athletic sólo había jugado una final continental. Hoy la espera ha terminado.
La identificación y lealtad a un estilo pueden desempolvar los sueños de una afición de poderosa fuerza. Estamos en la antesala de lo que puede ser un triunfo que invoque una aureola tanteada con un juego envidiable, que suponga el colofón de una temporada para enmarcar, pese a que muchas veces los resultados no hayan respondido a las expectativas del esfuerzo. La Historia se escribe desde aquel primer gol que marcó Rafel Moreno Arazandi “Pichichi” en San Mamés hasta la llegada de esta noche, en la que hay una primera cita importante para rubricar una temporada de ensueño. El Athletic tiene una idea clara, un concepto definido de juego y un sistema táctico de primera magnitud. Por eso, se ha suscitado una unanimidad colectiva a la hora de afrontar con esperanza e ilusión esta final.
Y en el campo no sólo jugarán once leones, porque somos millones de gargantas animando al equipo. Uno sólo, todos a la vez, vestidos de rojo y blanco, evocando la herencia de semejante sentimiento, de este amor incondicional a unos colores que conllevan la inculcación de unos valores éticos y deportivos. Hoy recordaremos a los que no están y no van a poder disfrutar de este día inolvidable, perpetuando con abrazos, lágrimas e himnos la puede ser la noche más trascendental del club. Siguiendo la coherencia y la estabilidad de una idea de la que no ha desertado en ningún instante, llevándola hasta sus últimas consecuencias, el juego del equipo debe ser el característico de ese Athletic orgulloso y aguerrido, capaz de conseguirlo todo.
Estamos preparados tanto para la euforia como para la decepción, pero sin renunciar nunca al juego que ha llevado al Athletic tan alto. El sentimiento, sea cual sea el resultado, permanecerá inalterable, porque el Athletic es algo más que un club. Es una forma de ver la vida, un aliciente confeccionado con el tejido sueños y traducido en la devoción de una afición modélica. Ha llegado pues la hora de concretar esa esperanza que nos invade desde hace días, de hacer realidad los deseos de unos seguidores cuyas vidas se detendrán durante noventa minutos para dedicarle toda su energía a que su equipo consiga una victoria histórica. Ha llegado momento de la VERDAD.
¡¡A por ellos, leones!!
AUPA ATHLETIC. Beti Zurekin!!