viernes, 3 de febrero de 2012

'The Warriors': Épico vandalismo callejero

Cuentan que ‘The Warriors’ permaneció muy pocos días en cartel porque desde su estreno se produjeron varios conflictos (e incluso muertes) entre bandas callejeras que asistieron a este clásico dirigido por el gran y postergado Walter Hill. Tras estos incidentes, magnificados por varios de los críticos más prestigiosos de la época, la película sufrió numerosos cortes y se redujo su exhibición a un circuito minoritario. Estos hechos provocaron que el filme de Hill se convirtiera, casi desde su estreno, en una obra de culto en toda regla, obsesiva y nocturna, de perenne estética setentera, película inaugural de todo el subgénero de cine ‘pandillero’ que ha pasado a la historia como una de las mejores cintas de su autor y una referencia a la hora de aludir a viejas epopeyas suburbiales.
‘The Warriors’ comienza con un surtido número de delegados de todas las bandas de Nueva York, reunidos en congregación para escuchar las directrices de Cyrus, el cabecilla de los Riffs, la pandilla más poderosa de la ciudad, que ofrenda un discurso sobre la tregua de bandas y lograr así el propósito de dominar la ciudad ante la policía y las autoridades. Durante el acto, el enloquecido jefe de los Rogues dispara contra Cyrus y acusa a los Warriors como autores del crimen antes de que la policía acordone el cónclave vandálico. Desde ese momento, los Warriors emprenderán un duro regreso a su demarcación territorial, Coney Island, en una esperpéntica noche donde tendrán que luchar por sus vidas, sobreviviendo a la fragosidad urbana barriobajera de Nueva York, donde no faltará la iracunda violencia callejera, persecuciones subterráneas, violentas peleas, hercúlea indocilidad y una agreste hombría prodigada por los Warriors en cuanto ven a una mujer. De ahí, que uno de ellos sea detenido por una policía cuando intenta camelársela en un parque.
Una imborrable película de acción y aventuras que tiene imágenes y secuencias imborrables; como los Orphans, una pandilla de ridículos aprendices que amedrentan con recortes de periódicos y vuelven a aparecer con una minúscula navaja para intimidar, los Baseball Furies, unos tipos hereditarios de los drugos de ‘La Naranja Mecánica’ con atuendo de beisboleros portando un bate, las Lizzies, unas golfas que actúan como mantis religiosas, los labios junto al micrófono de Lynne Thigpen (sustraído por Tarantino para ‘Pulp Fiction’) y, en definitiva, todas y cada una de las secuencias de lucha y persecuciones que Walter Hill cuida milimétricamente hasta el extremo.
‘The Warriors’ reúne todas las características que se ajustan a un filme de culto que ha trascendido a través de los años, debido, en gran parte, a que sus personajes son arquetipos carentes de profundas sinecuras y motivaciones. No hay búsqueda de una causa, porque, pese a que estos antihéroes contienen un variado código ético, tienen una directriz como fin de su violenta conducta: la de sobrevivir y llegar a Coney Island.
Los miembros de las bandas que aparecen en la película no son descritos como relegados sociales, sino como hombres con honor que velan por la territorialidad y la justicia. Llama la atención, vista desde la actualidad, cómo Hill ya buscaba entonces una personal forma de representar la violencia como estético impacto en el espectador, construyendo con eficacia los muchos momentos violentos que hay en este pequeño clásico, centrándose en su visualidad, sin atender a los motivos que la provocan, olvidándose de representar la realidad. Un postulado que ha seguido imperecedero en un director tan olvidado como legendario dentro de la Serie B.
Es también ‘The Warriors’ un ‘western’ urbano, modernizado por los neones y la nocturnidad de su contexto, extraordinariamente fotografiado por Adrew Laszlo, donde más allá de hablar del bien y el mal, de sus criterios morales clásicos, se centra en la supervivencia de unos ‘cowboys nocturnos’ en su regreso a casa, dotando a este entrañable clásico con una lapidaria puesta en escena, donde el ritmo es perfecto y frenético, sin respiro, para invocar al relato épico de un modo cerebral.
No es extraño que cuando se habla de ‘The Warriors’ se aluda a ‘Anábasis’, de Jenofonte, la clásica obra que narraba cómo unos guerreros atenienses regresaban a casa tras batirse contra los persas, tropezando en su camino con miles de enemigos que quieren acabar con ellos. Historia trasladada a finales de los 70, definiendo la cruda y estilizada descripción de la violencia nocturna de los bajos fondos Nueva York de este clásico de culto.