viernes, diciembre 30, 2011

Resumen Abismal del 2011 Cinematográfico

TOP TEN 2011
10. ‘Una mujer en África (White Material)’, de de Claire Denis.
En su arranque desesperanzador en una calurosa carretera perdida se percibe crudeza y desaliento dislocados hacia la locura enfurecida de una situación extrema. La intimidación se quiebra con una elipsis, con una descripción del porqué de una insostenible situación en el relato postcolonialista sobre el desgastado sentimiento de pertenencia inaceptable, de la furia de una capataz de una plantación de café en un país africano flagelado por la guerra civil que intenta sobrevivir mostrando orgullo y resistencia. El filme subyuga por esa intimidación sensorial, por la violencia física que sufren tanto el dominador como el avasallado, apelando a esa feroz y espeluznante metamorfosis sociohistórica que sufre el continente africano.
Denis se despoja de formulismos y entrega un brutal y poético alegato a la psicología de una mujer obcecada, que no acepta la hostilidad y el miedo luchando por no ver derrumbado todo aquello por lo que su familia ha luchado. De este modo, la cineasta francesa consigue transmitir una atmósfera cargada de violencia y de odio imprevisible, reflejo de una pesadilla realista que no se postra ante al morbo o a la denuncia política o social, por mucho que se hurgue en la amenaza nativa que expulsa al hombre blanco, ese ‘white material (título original)’ que se ha desvirtuado como un vestigio pretérito e impone la ley del más fuerte. No hay que olvidar, por supuesto, a ese animal interpretativo en constante estado de gracia que es Isabelle Huppert, que se convierte una vez más en el alma medular de la historia. Una actriz dotada de ambigüedad y fisicidad perturbadores en un filme que devuelve la mirada hacia ciertos países donde el germen del odio asola con la amenaza de guerras y genocidios que parecen importar poco a Occidente.
9. ‘Un método peligroso (A Dangerous Method)’, de David Cronenberg.
‘Un método peligroso’, a pesar de vislumbrar una aparente discontinuidad estilística y temática en Cronenberg, no es más que una tentativa de metamorfosis metalingüística, de nuevas vías más arraigadas a una visión digamos más académica, pero sin abandonar la obstinación del cineasta por indagar en las oscuras acequias morales que inundan cuestiones acerca de la naturaleza humana y la obsesiva dualidad encubierta. El triángulo psicoanalítico formado por Carl Gustav Jung, Sigmund Freud y Sabina Spielrein evoca la naturaleza enferma e incisiva de su cine, más allá de alteraciones parasíticas o de cine fantástico, llevando con gran destreza esa perforación en la psique de ambos doctores que evidencia que, por mucho que haya evolucionado el psicoanálisis, las contradicciones en relación al disyunción de ideas de ambos componen un manifiesto bastante desalentador sobre la corriente psiquiátrica que, según las conclusiones que vierte Cronenberg, inutilizan la resolución real de los problemas planteados.
‘Un método peligroso’ es una película que aborda cuestiones que se entretejen entre la pasión y la consciencia, el deseo y la razón, el cuerpo y la mente que Cronenberg aprovecha con elegancia entrever la perturbación que anida reposada en cada fotograma de un cine intelectualmente estimulante con un material psiquiátrico, nutrido de anomalías y coerciones, de masoquismo sexual y efusiones reprimidas. Cronenberg no desaprovecha la ocasión de explorar de los límites humanos con un brío estilizado, muy moderado y maduro, dejando a un lado la simbolización de las habituales alteraciones somáticas y la subversión para realzar su tono convencional, más falsamente cercano, con una historia de un hombre que desafía a su maestro y a sus instintos.
8. ‘Inside Job (Inside Job)’, de Charles Ferguson .
El documental ganador del Oscar en su categoría supo atender al espectador revelando ciertas respuestas sobre el origen y desarrollo de la crisis económica que devasta las expectativas del mundo occidental en estos instantes. Detrás de números, especulaciones, pretextos y falsedades se esconde un cúmulo de financieros corruptos, banqueros, políticos, burócratas, expertos en la materia y agencias calificadoras que esgrimieron excusas absurdas y juego sucio resguardados en la desregulación financiera para abultar sus cuentas bancarias e ir arruinando el mundo, escudados en una teoría económica convencional, cuyo revestimiento ideológico y supuesta legitimidad con su treta de adquirir activos de riesgo rebajando los tipos de interés reales en una manipulación de precios que ha hundido la economía mundial.
Ferguson no escatima en entrevistas, documentos y pruebas que evidencian que el poder y la corrupción son capaces de camuflar a unos responsables que, lejos de ser condenados y señalados como ejecutores punibles del actual sistema financiero han sido incapaces de reconocer su propia culpa y lo que es peor, se siguen lucrando después de haber depreciado el capital de las estructuras políticas y administrativas de medio mundo. ‘Inside Job’, en último término, es una película de terror que lanza al espectador una verdad desoladora: le escupe a la cara la verdad del porqué de esta situación que no es más que una gran estafa a la sociedad y al ciudadano mientras los culpables cuentan dinero a espuertas y se ríen por la espalda al mismo tiempo que hacen creer a la sociedad una esperanza que no existe, desde una posición de privilegios en la que teorizar con un pesado lastre encubierto en mentiras, falsedad y engaños.
7. ‘Super 8 (Super 8)’, de J.J. Abrams..
El pasado tiene una carga importante en nuestras vidas y todo lo que recuerde aquellos retazos escondidos en la memoria espolea la juventud para despertar una fantasía hacinada en la nostalgia y en los recuerdos. ‘Super 8’ responde a ésa motivación sentimental, que no contextualiza su melancolía tanto en el pasado como en los designios del cine actual que mira con tristeza a lo que fue el cine comercial, sin perder su relatividad y entendiendo las licencias para que todo resulte reconocible en función de su ofrenda. Es decir, por un lado tenemos ese ineludible factor de la memoria y del homenaje al cine de Steven Spielberg, pero por otro, también, la capacidad de Abrams para encauzar su historia con la personalidad necesaria sin traicionar su estilo.
El filme de Abrams se convierte así en una mezcla inspirada, un edicto melancólico que no oculta su deuda con Spielberg y que sufraga esa imposible asignación a los que aman la imperfección de un cine que ya no se hace y aquel fondo optimista y esperanzador que confluye en una película veraniega como esta. Eso sí, Abrams no es el Maestro. Ni pretende serlo. Por ello, no tiene sentido alguno cualquier tipo de cotejo con un tiempo pasado. ‘Super 8’ no se puede ni debe comparar con aquella estela de filmes de cariz infantil sobre cuestiones más trascendentes y de las que Abrams bebe continuamente, sino que esa magia idealizada simboliza una oda de cariño hacia todo ello.
6. ‘Winter’s bone (Winter’s bone)’, de Debra Granik .
La América profunda, ése entorno hostil y perdido en el que pervive la clase social conocida como ‘white trash’, con sus códigos y preceptos, es el escenario para la que ha sido una de las sorpresas más agradables de este año que cierra su curso. Ubicada en el corazón de Missouri, Debra Granik relata una antifábula sobre una adolescente que ve cómo su inocencia se va resquebrajando a medida que busca dentro de su devastada familia el rastro de un padre desaparecido que es clave para la subsistencia. En su lucha por salvar a su familia desestructurada y mermada por la necesidad de un aviso de desahucio acabará encontrándose a sí misma. Bajo un tono refrigerado por la dureza emocional a la que condiciona al espectador, la perseverancia de un personaje con nombre tan inolvidable (Ree Dolly) como a su ejemplar intérprete (la joven Jennifer Lawrence) hace que defina su grandeza en el rigor de la narración, en el encarnizando modo silente y sutil que destapará ese universo de secretismo familiar tan arriesgado y chungo, como si las reacciones se pudieran equiparar a animales salvajes desafiantes.
Con cierto tono de ‘western’ desangelado o un ‘thriller’ incómodo, pero sin pertenecer a cualquiera de los dos géneros, Granik despoja a su película de cualquier épica, creando una extraña descripción de una rutina viciada por un trance que golpeará con fuerza el estado mortecino de unos valores morales silenciados por miradas que dicen más que la dialéctica que cualquier drama familiar al uso. ‘Winter’s bone’ no pierde de vista la frialdad y la reserva en su transición hacia ese clímax que se va encaminando hacia lo cenagoso, lo que hace de ella la ejemplificación de una edificación compleja sobre los motivos de supervivencia y la defensa de la identidad la búsqueda de una verdad que muchas veces ocasiona el desgarro de una herida familiar cerrada durante años en un entorno de marginalidad rural, dentro de un contexto hostil que esconde elaboración de droga y secretos sepultados en violencia y engaños.
5. ‘Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin)’, de Asghar Farhadi.
No es de extrañar que ‘Nader y Simin, una separación’ haya sido una de las películas más premiadas y reconocidas de este 2011. Su composición humana, su retrato cercano y certero sobre la vulnerabilidad con la que están confeccionados unos personajes respiran realidad. Sin necesidad de metaforizar ni teorizar de un modo escolástico, sabe reflejar la situación política y socioeconómica, el distanciamiento de clases y de géneros que existe en un país empobrecido como es Irán. Farhadi traza una separación matrimonial con intereses discordantes (la emigración por el bien de la hija o el cuidado de un padre enfermo) vulcanizados por un incidente que pondrá a prueba su honestidad como padres y como personas enfrentadas a una comprometida situación judicial. Los valores que compensan la justicia y la moral se ven entorpecidos por otras cuestiones de carácter civil, judicial y religioso, que desfiguran las verdades a medias con engaños, falsedades compasivas y silencios provocados por las férreas creencias que limitan el papel de la mujer en un país donde ante la sinceridad muchas veces prevalecen las apariencias y las dudas, la dignidad familiar o la religión con el ánimo de proteger a la familia.
Conmovedora y transparente cinta en la que Farhadi le reserva al espectador un papel comprometido dentro de su categórica muestra de talento; la del juez que dictamine la posición y méritos de cada rol, el que concluya cuál será la decisión enigmática de esa niña que ha sufrido un desdichado viaje al mundo adulto. Su película entiende su alejamiento desde una posición crítica a favor de la intriga emocional y la preocupación que se apodera de unos actores estupendamente veraces. Una cinta sobre la verdad y la forma en que se llega a manipular cuando llega la hora de tomar decisiones que mediarán en la vida del entorno familiar capaz de romper a su vez valores como la lealtad y la confianza para acabar con una decepción que afectan, más allá de los obstáculos y desencuentros, afectan directamente a la inocencia y candidez de los hijos.
4. ‘El niño de la bicicleta (Le gamin au vélo)’, de Jean-Pierre y Luc Dardenne .
El cine de los hermanos Dardenne sigue en su cauce de golpe directo a la conciencia del público, alejados de ningún tipo de mensaje compasivo circunscrito a la emotividad. Su compromiso sigue férreamente apegado a la realidad minimalista de una sociedad agresiva y egoísta que amenaza con su incomprensión a personajes débiles y desheredados que necesitan afecto y atención. Para los directores su ideal narrativo sigue con vehemencia las vicisitudes de personas heridas emocionalmente que quieren huir de una espiral de problemas cuya conversión en la avenencia y estabilidad viene por una vía familiar para construir una esperanza. ‘El niño de la bicicleta’ supone otro hermoso encontronazo con su cine inmediato y absolutamente diligente con la una perspectiva de cuento moral que no decae en su actitud de ‘autor’, por primera vez punteada por notas sinfónicas que recalcan la voluntad artística de localizar nuevas perspectivas anexas a su metodología de universalizar la problemática del marginado sin desertar de su esencia. Los belgas cuentan la vida iniciática de ese muchacho díscolo y contestatario llamado Cyril que busca ansiosamente a la figura paterna que le abandonó en un centro de acogida y acaba encontrando el cariño y la comprensión de una madre adoptiva en forma de peluquera samaritana.
Un filme que insiste en una tipología de personajes con sentido de la evolución y coraje incorregible cuyo carácter para entrar en las pautas sociales e integrarse en ella utiliza símbolos ecuménicos como el perdón y la redención. Bajo un manto trágico, de fondo insólitamente fabulesco, la cinta alberga grandes dosis de optimismo en un cine como forma de conciencia social, con un lenguaje narrativo reconocible, pero con permisión hacia el cambio. A los Dardenne nunca les ha gustado traumas esgrimir fríos dramas emocionales abigarrados en una excesiva retórica, sino que siempre abogan por la dureza realista, por el gesto físico antes que la reflexión psicológica, la mirada de auxilio silenciosa antes que la dialéctica trágica. Y aquí, aunque todo eso sigue imperturbable, es cierto que existen ciertas concesiones a algunos lugares comunes ‘ficcionales’, pero sin dejar de lado verosimilitud en esta epifanía con asombrosa capacidad de síntesis y falta de sentimentalismo o de pretensiones morales.
3. ‘De dioses y hombres (Des hommes et des dieux)’, de Xavier Beauvois.
Allá por el año 1996, una noticia conmovió al mundo. Siete monjes cistercienses de un monasterio situado en las montañas del Magreb, en Tibhirine (Argelia) que habitaban en paz y armonía en un entorno demonizado por una facción de integristas islámicos y el ejército regular argelino fueron secuestrados y asesinados un grupo de radicales. Eran hombres de buena voluntad que ignoraban el fundamentalismo que les amenazaba y plantearon un objetivo humanista fundamentado en su misión de ayudar al prójimo, compartiendo y ayudando al hermano musulmán, sin adoctrinamientos más que sabios consejos vitales y médicos. Se trata de una visión reflexiva y pausada sobre el acercamiento entre religiones, donde el Islam se respeta y sólo cuando es malentendido por los radicales se convierte en una coacción y arma de sometimiento. Los monjes eran personas que habían aprendido a perdonar y compartir, asumiendo su decisión y poniendo en peligro sus vidas, respetando lo diverso con tolerancia, sin entrar a juzgar los distintos dioses, apoyándose en la idea de los hombres de fe que no entienden la radical inconcreción que separa el concepto de bondad de la de maldad. Y es lo que Beauvois logra transmitir con su filme.
Beauvois acerca la cámara casi de manera antropológica a la vida y sentimientos de estos hombres que exponen la convivencia con sus semejantes, la bondad y respeto por la humanidad y la tolerancia. Un cine espiritual que en ningún instante transita por la divinización de los clérigos, sino por su perfil arraigado a la clemencia y al altruismo, sin caer en juicios éticos sobre la comunidad musulmana más drástica ni sobre una fe católica ensalzada. La descripción de sus ideas respecto a esa misión, sus debilidades y miedos dentro de un mundo que se viene abajo sin que puedan entender el porqué de tanto terror suponen el corpus de una maravillosa película. Una cinta de grandeza poética y visual realmente suntuosa que tiene su mejor ejemplo en una cena de Navidad, cuando belleza y tristeza hacen florecer la espiritualidad y anticipa el fatal destino con las lágrimas de complicidad al son de las notas de ‘El lago de los cisnes’, de Tchaikovski. Más que un filme, ‘De dioses y hombres’ es una experiencia enriquecedora, tan intensa como conmovedora.
2. ‘Cisne Negro (Black Swan)’, de Darren Aronofsky.
Darren Aronofsky vuelve a escarbar en la violenta, cruda y dolorosa turbiedad de una obsesión, ésta vez en la de una bailarina en pleno auge. Su envidiable situación converge con su descomposición emocional y con los terrores atávicos por lograr la perfección a cualquier precio. Tiene un complejo infantil de sobreprotección materna que le hace conferir un grado de inseguridad enfermizo. La figura del ‘doppelgänger’ es fundamental dentro de ‘Cisne Negro’. Siguiendo las huellas literarias de Poe en ‘William Wilson’, de Freud en ‘Lo ominoso’, de Hoffmann en ‘Los elixires del diablo’ o de Dostoievsky en ‘El doble’, el filme de Aronofsky encuentra su sentido en el aterrador encontronazo que personifica el lado oscuro del “yo” desfigurado en un ser tenebroso como dualidad que atormenta a la inconsistente bailarina. Aronofsky asume los riesgos a los que conllevan los límites del exceso y, a cambio, como ya hizo en ‘El luchador’, se muestra minucioso en el tratamiento con el que desciende a los infiernos de la danza, dejando ver el sufrimiento y la entrega con la que se someten las profesionales del baile a su profesión. Con ello, el director de ‘Requiem por un sueño’ propone un incómodo cuento de hadas infectado por el sondeo de la parte más oscura del alma humana. Un periplo de autodestrucción y trastorno de un ser machacado física y sentimentalmente que ilustra cómo los efectos del artista por alcanzar la perfección de su arte puede desembocar en la locura.
‘Cisne negro’ vuelve a hablar de la bifurcación entre Bien y el mal, donde luz y la oscuridad se cofunden en un contexto de realidad y alucinación en el que los intersticios de locura hacen que la apocada y marginal muchacha, inocente y temerosa, vaya perdiendo su personalidad hasta lograr alcanzar esa sublimación de la perfección, en una liberación catártica donde se da una doble pugna segmentada en sacrificio; la de Nina y su lucha por dejar de ser como es y lograr sus objetivos y, por otro lado, la del cisne blanco por llegar a un cisne negro y romper así con el germen de la frígida y glacial distancia con el mundo, que deviene en terrores internos y en una extrapolación de un sexo inmaculado (y a la vez marchito) que sólo tiene cabida en sus dislocados trances onírico.
1. ‘El árbol de la vida (The tree of life)’, de Terrence Malick.
‘El árbol de la vida’ es el último milagro del iconoclasta director Terrence Malick, donde convierte el filme en un desafío de constante progreso personal y artístico que se define por un universo sensorial particular que deviene en la exploración de la profundidad del lenguaje, con un cine estimulante de estructura fragmentaria. El cine de Malick no es convencional y ‘El árbol de la vida’ no es diferente. Su densidad abrumante no es apta para todos los públicos, provocando con ello una filtración a la accesibilidad de su filosofía discursiva, en este caso a través de una odisea temporal y transgresora que armoniza la memoria de una familia instaurada a finales de los años cincuenta, puntuada en los recuerdos infantiles de un hombre sumido en el vacío existencial y una solemne deliberación visual sobre los orígenes de la Tierra. El profundo vínculo de la naturaleza y ser humano, de su hábitat, de la evolución y creación de mitos, del existencialismo teológico, parece decirnos Malick, es como una condición ‘sine qua non’, por eso su designio para trazar el drama familiar explora el génesis, la prehistoria, ignorando lo fugaz y lo visible para sumergirse en la idea de su objetivo por transmitir el carácter atávico de la esencia humana.
Estamos ante la película más espiritual e íntima de Malick, dolorosamente romántica que sublima su iconografía minimalista gracias a sus imágenes simbólicas, llenas de sentimiento y visualidad a la hora de declinar la materialidad obsesiva y especular sobre la confrontación dicotómica y abstracta entre la divinidad y la naturaleza. Una obra poética capaz de hacer sentir instantes, fragmentos de vida con todo lujo de detalle, sumida en la esencialidad percibida como arte indescifrable y fascinante que magnifica la destreza como director de Malick. ‘El árbol de la vida’ ofrece una epifanía que responde a las palabras de Shrii Shrii Anandamurti: “cuanto más concibe y percibe el artista su parentesco con Dios, mayor elevación alcanzará su arte”, que es el atributo que define la ambición epopéyica que posee una película que tributa al espectador con dosis de cine con mayúsculas. ‘El árbol de la vida’ es una experiencia total.
ACTOR 2011
Michael Fassbender (‘Un método peligroso’, ‘X-Men: Primera generación’, ‘Jane Eyre’).
Se ha convertido en el actor de moda. En las miradas de todos los grandes cineastas y el símbolo de un intérprete hecho así mismo que con voluntad y trabajo ha conseguido hacerse un hueco en el exigente estrellato de Hollywood. Lo tiene todo para seguir escalando y convertirse en uno de los grandes; mucha carisma, talento natural, un físico adaptable a cualquier tipo de papel y un tremendo olfato para elegir y medir los papeles que van conformando una incontestable buena filmografía donde destaca con gran diferencia su agradecida presencia. Este alemán de ascendencia irlandesa se ha dio haciendo un hueco con títulos muy heterogéneos, ofreciendo una polivalencia interpretativa en la que parece no tener mucha dificultad por destacar por encima de sus compañeros de reparto con una naturalidad y aptitudes que le posicionan en estos instantes como el actor a seguir con una asombrosa capacidad para resultar creíble tanto en papeles contemporáneos como de época.
Su llegada a Holywood dejó atrás su paso por alguna teleserie sin mucho renombre a excepción de la prestigiosa ‘Hermanos de sangre’ y un buen puñado de telefilmes. Su oportunidad le llegó gracias a la mano de Snyder con un pequeño papel en ‘300’, pero fueron Steve McQueen, con ‘Hunger’, el célebre preso del IRA fallecido en huelga de hambre Bobby Sands y de Quentin Tarantino en ‘Malditos bastardos’ los encargados de elevar su nombre a las portadas de los medios especializados. Desde entonces, el año que estaba esperando ha eclosionado este 2011 con roles protagónicos que no ha dejado indiferente a nadie. Desde su recreación de Magneto para ‘X-Men: First Class’ hasta su magnífica recreación de Carl Gustav Jung en el último Cronenberg, Fassbender tuvo tiempo de humanizar a Mr. Rochester de la nueva adaptación de Jane Eyre y recibir todo tipo de elogios y galardones por ‘Shame’ trabajo aún inédito en nuestro país con el que obtuvo la Copa Volpi en el Festival de Cine de Venecia, en los British Independent Film Awards y por el que ha sido nominado a los Globos de Oro. Todo indica que será por este papel de un adicto al sexo con graves problemas afectivos.
ACTRIZ 2011
Natalie Portman (‘Cisne negro’, ‘Sin compromiso’, ‘Thor’, ‘El amor y otras cosas imposibles’, ‘Caballeros, princesas y otras bestias’).
Bien podría haber sido este el año de estupendísimas actrices que han demostrado un talento capaz de acaparar portadas y reconocimientos. Ejemplo de ello son la incombustible Emma Stone, el espectacular lanzamiento de Jessica Chastain, el asentamiento de Carey Mulligan o el definitivo estrellato y demostración de talento de Keira Knightley, pero lo cierto es que el año empezó siendo de Natalie Portman. Su papel en ‘Cisne negro’ es de los que no se olvidan fácilmente. Su portentosa exhibición interpretativa dando vida a esa bailarina endeble, acuciada por la oscuridad de su alma patentizó un talento increíble es de un reconocimiento aplastante. Su dulce rostro magnificaba cada instante un mundo interior hermético y desagradable, que escondía el desconcierto y la indefensión de su rol. ‘Thor’, ‘El amor y otras cosas imposibles’, ‘Caballeros, princesas y otras bestias’ y, sobre todo, la espantosa ‘Sin compromiso’ no deberían oscurecer el tremendo papelón del personaje que le otorgó en marzo el Oscar a la mejor actriz. Sus rivales han sabido diversificar mejor su año. No obstante, Portman (que ya fue la actriz abismal del año 2005, temporada que dejó su madurez interpretativa con títulos como ‘Closer’, ‘Garden State’ y ‘Free Zone’) siempre ha mostrado una loable devoción por el riesgo, por el cambio de registro y por una vena más polifacética que el resto de sus generación.
Su baile, sus miradas, su dolor físico… lograron traspasar la pantalla con asombrosa facilidad como en su día ya hiciera con Mikcey Rourke en ‘El luchador’. No cabe duda que Aronofsky sabe incitar a dejarse la piel en un duro desafío. Portman ha tenido un año completo en cuanto a estrenos se refiere. Sin embargo, han sido trabajos que están muy por debajo de su frágil carisma. Su actuación es antológica, poniendo toda su voluntad en la propuesta, superando el reto técnico del exigente del baile y entregando un viaje entusiasta y emocional que resulta definitivamente extenuante.
DIRECTOR 2011
Terrence Malick (‘El árbol de la vida’).
Terrence Malick es diferente. Tanto su cine como su enigmática figura dentro del ‘establishment’ de Hollywood. O al menos, así lo ha venido demostrando a largo de su carrera. Cinco filmes en casi cuatro décadas como cineasta. Hermético y misterioso, ajeno al marasmo promocional y publicitario, esquivo y casi fantasmal con la prensa, Malick ha aparcado su fama de misántropo para seguir urdiendo su leyenda en su particular camino por conseguir la alquimia cinematográfica. Malick teje su cinta más ambiciosa, más arriesgada y autobiográfica. Una película que se abre con la pregunta… ¿cuál s el sentido de la pérdida de alguien contextualizado dentro de la eternidad? No puede dejar una pauta de normalidad ante una experiencia no apta para todos los públicos.
Para Malick, el cine es una vía de ruptura con el concepto clásico del cine, donde la cognición del amor y del perdón viene implícito en la vida y logra de este modo que lo tradicional resulte infrecuente. En ‘El árbol de la vida’ parece sucumbir parcialmente a un artificioso término místico, abriendo la puerta al escarceo con el entendimiento divino y la abstracción llevada a entender la muerte y asumir la esperanza de un reencuentro, pero es parte fundamental para entender la comprensión de la culpa del pasado y la expiación de aquellos sentimientos arraigados a los recuerdos de una infancia. Es cine complejo y poco accesible, pero abarca tantas esferas que no puede dejar de ser universal. 2011 será el año en que Malick volvió a describir su poética, a legar una proeza de magia filosófica, donde se entrelaza su vocación de artista y artesano con la de un humanista que habla desde lo más indescifrable y fascinante que reside en el interior del ser humano.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘Valor de Ley (True Grit)’, de Joel y Ethan Coen. (Leer crítica).
- ‘Nunca me abandones (Never let me go)’, de Mark Romanek. (Leer crítica).
- ‘El Diablo bajo la piel (The killer inside me)’, de Michael Winterbottom.
- ‘Animal Kingdom (Animal Kingdom)’, de David Michôd.
- ‘Amor y otras drogas (Love and other drugs)’, de Edward Zwick.
- ‘X-Men: Primera generación (X-Men: First Class)’, de Matthew Vaughn. (Leer crítica).
- ‘Sin límites (Limitless), de Neil Burger.
- ‘13 asesinos (Jûsan-nin no shikaku), de Takashi Miike.
- ‘El mundo según Barney (Barney’s version)’, de Richard J. Lewis.
- ‘Los amos de Brooklyn (Brooklyn’s finest)’, de Antoine Fuqua.
- ‘Potiche, mujeres al poder (Potiche)’, de François Ozon.
- ‘El ilusionista (L'illusionniste)’, de Sylvain Chomet.
- ‘El inocente (The Lincoln Sawyer)’, de Brad Furman.
- ‘Pequeñas mentiras sin importancia (Les petits mouchoirs)’, de Guillaume Canet.
- ‘The company men (The company men)’, de John Wells.
- ‘El origen del Planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes)’, de Rupert Wyatt. (Leer crítica).
- ‘Four Lions (4 Lions)’, de Christopher Morris.
- ‘Tourneé (Tourneé)’, de Mathieu Amalric.
- ‘Tokio blues (Norwegian wood)’, de Kenichi Matsuyama.
- ‘El último verano (36 vues du pic Saint Loup)’, de Jacques Rivette.
- ‘Cirkus Columbia (Cirkus Columbia), de Danis Tanovic.
- ‘La deuda (The debt)’, de John Madden.
- ‘Another year (Another Year)’, de Mike Leigh.
- ‘Margin Call (Margin call)’, de J.C. Chandor.
- ‘Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (The Adventures of Tintin)’, de Steven Spielberg. (Leer crítica).
- ‘Melancolia (Melancholia)’, de Lars Von Trier.
- ‘Contagio (Contagion)’, de Steven Sodergberg.
- ‘El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy)’, de Tomas Alfredson.
CINE ESPAÑOL
- ‘Blog’, de Elena Trapé.
- ‘También la lluvia’, de Icíar Bollaín.
- ‘18 comidas’, de Jorge Coira.
- ‘Secuestrados’, de Miguel Ángel Vivas.
- ‘No tengas miedo’, de Montxo Armendáriz.
- ‘Guest’, de José Luis Guerín.
- ‘La cara oculta’, de Andrés Baiz.
- ‘No habrá paz para los malvados’, de Enrique Urbizu. (Leer crítica).
- ‘La piel que habito’, de Pedro Almodóvar. (Leer crítica).
- ‘Mientras duermes’, de Jaume Balagueró. (Leer crítica).
- ‘Eva’, de Kike Maillo.
DECEPCIONES
- ‘The fighter (The fighter)’, de David O. Russell.
- ‘Cars 2 (Cars 2)’, de John Lasseter y Brad Lewis. (Leer crítica).
- ‘Sucker punch (Sucker punch)’, de Zack Snyder.
- ‘Insidious (Insidious)’, de James Wan.
- ‘El último exorcismo (The last exorcism)’, de Daniel Stamm. (Leer crítica).
- ‘Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! (The Hangover Part II)’, de Todd Phillips. (Leer crítica).
- ‘La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids), de Paul Feig.
- ‘Somewhere (Somewhere)’, de Sofia Coppola.
- ‘Cowboys & aliens (Cowboys & aliens)’ Jon Favreau.
- ‘30 minutos o menos (30 minutes or less)’, de Ruben Fleischer.
- ‘Attack the block’ (Attack The Block), de Joe Cornish.
- ‘Drive (Drive)’, de Nicolas Winding Refn.
PEORES PELÍCULAS
- ‘The Tourist (The Tourist)’, de Florian Henckel.
- ‘La daga de Rasputín’, de Jesús Bonilla.
- ‘Caballeros, princesas y otras bestias (Your Highness)’, de David Gordon Green.
- ‘Sin compromiso (No strings attached)’, de Ivan Reitman.
- ‘Caperucita Roja ¿A quién tienes miedo? (Red Riding Hood)’, de Catherine Hardwicke.
- ‘Green Lantern: Linterna Verde (Green Lantern)’, de Martin Campbell. (Leer crítica).
- ‘127 horas (127 hours)’, de Danny Boyle.
- ‘Los pitufos 3D (The Smurfs)’, de Raja Gosnell.
- ‘Fast & furious 5 (Fast five), de Justin Lin.
- ‘Country strong (Country strong)’, de Shana Feste.
- ‘Larry Crowne, nunca es tarde (Larry Crowne)’, de Tom Hanks.
- ‘Sin salida (Abduction), de John Singleton.
- Jack y su gemela (Jack y Jill), de Dennis Dugan.
FUTURAS ‘CULT MOVIES’
- ‘Monsters (Monsters)’, de Gareth Edwards. (Leer crítica).
- ‘Código fuente (Source code), de Duncan Jones. (Leer crítica).
- ‘Win win (Ganamos todos)’, de Tom McCarthy.
- ‘Blitz (Blitz)’, de Elliott Lester.
- ‘Scream 4 (Scream 4’)’, de Wes Craven.
- ‘Red (Red)’, de Robert Schwentke. (Leer crítica).
- ‘Piraña 3D (Piranha 3D)’, de Alexander Aja. (Leer crítica).
- ‘El perfecto anfitrión (The perfect host), de Nick Tomnay.
LO MEJOR…DE OTROS AÑOS
- 2004.
- 2005.
- 2006.
- 2007.
- 2008.
- 2009.
- 2010.

sábado, diciembre 24, 2011

FELIZ NAVIDAD 2011, amigos del Abismo

“Esta noche es Nochebuena. Y mañana Navidad. Saca la bota María que me voy a emborrachar”. Parece un dislate absurdo, pero creo que en estas líneas de unos de los villancicos más populares se esconde una de las grandes verdades de estas fiestas. Se trata no evidentemente de cogerse una cogorza hasta caer al suelo sin conocimiento, pero sí de disfrutar sin complejos, de procurar ser feliz sin preocupaciones y evitando los problemas diarios que nos asolan en nuestra gris rutina. La Navidad tiene esta parte real, más allá de la parafernalia consumista o la aparente hipocresía que se vislumbra en este tipo de celebraciones. Desde su origen pagano, donde la confusión atávica ante el inexorable ciclo vital, del invierno y del verano, se ha creado una tipología de fiesta dentro de sus solsticios que hay que aprender a valorar con la importancia que debe tener.
Incluso desde un punto de vista religioso, sobre el sentido de las fiestas y la esencia de la Historia de la Navidad se apega al presente con más fuerza que nunca. Al fin y al cabo, el nacimiento de Jesús invoca a la necesidad de los pobres y los humildes a escapar de la amenaza de los poderosos que nadan en la abundancia y les hostigan y apesadumbran ante una única meta, que es ser felices y vivir como mejor se pueda ante una época de pobreza y amenazas. Como en estos momentos. Bueno, más o menos. Mi ateísmo me hace verlo de esta manera para poder vivir con fruición esta excusa.
La navidad hay que preconizarla, amigos. Hay que percibirla con complacencia, aunque sea por estética y vistosidad, por la preferencia a la algarabía que acompaña a esta época, por las ridículas cestas con embutido barato, por el champán de marca absurda y el turrón del duro, por esperar a que los niños sudamericanos de San Ildefonso canten el Gordo y que ése sea nuestro número, por salir de fiesta casi de continuo y emborracharse con compañeros de trabajo, familia, amigos de siempre, amigos lejanos, amigos de amigos, desconocidos…. Aunque también para proponerse sin éxito ser mejor persona y objetivos ridículos para el Nuevo Año que se irán desvaneciendo a partir del día 2 de enero. Una época para comer y beber de todo sin control y saborear todo tipo de reencuentros. Sé que para algunos esto de celebrar la Navidad se ha convertido en una actividad infamada y apática. No dejemos que los árboles no sean decorados y, como en el cuento de Christoher Morley, salvemos el sentido último de salvación que tiene en su subtexto esta celebración. Al fin al cabo, los que soportan el poder siguen siendo nuestro señor Potter particular y nosotros, agobiados por el sistema, ejercemos de George Bailey. Intentemos demostrar que la humanidad es capaz de variar su condición y de ser digna de redención.
Si este 2012 venidero simboliza el Fin del Mundo, al menos hagamos que sea el mejor de nuestras vidas, aunque las condiciones adversas no sean las más indicadas para ello. Tenemos que valorar en su justa medida estas Fiestas arraigadas a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a los belenes, a un pequeño pino talado violentamente para goce efímero de la vista, a la predisposición de los buenos sentimientos convertidos a la mínima de cambio en encendida mala hostia. Eso es la Navidad.
Felices fiestas, amigos del Abismo. Si es que todavía queda alguien que siga este blog.
Un abrazo a tod@s.

jueves, diciembre 22, 2011

58.268: el Gordo de Navidad 2011

Cada año, millones de españoles depositan su ilusión en el Sorteo de Navidad con la esperanza de que sus vidas puedan cambiar. En esta ocasión, sumidos en la peor crisis económica que se recuerde en mucho tiempo la utopía estaba envuelta de necesidad. Más pronto de lo que muchos creían, a las 09:57, esa pareja desigualada en altura a modo de Gandalf y el pequeño Frodo, los niños María José Posligua y Johan Fernández cantaban el número 58.268. El Gordo madrugador, sí. El anhelo de casi todos se iba al traste. Otro año más, seguíamos siendo pobres. Menos en la pequeña localidad de Grañén en Huesca, donde ha caído íntegramente el premio más codiciado. Allí sí podrán celebrarlo y hacer frente a las penurias que vive el país. Mientras, los apóstoles de Mariano Rajoy juraban cargo como ministros ajenos a toda esta parafernalia de ilusión. En realidad, ellos ya disfrutan de un gordo mucho mejor: el de su posición superior con altos sueldos patrocinado por el ciudadano agobiado y sin un futuro inmediato claro. A ellos no les hace falta que les toque la lotería porque ya viven con opulencia a costa de los demás. De hecho, el sector político, subrayo que da igual la bandera que ondeen y el color de una ideología cancerígena, representan camuflados una democracia que huele a mentira e inmundicia un régimen tiránico sustentado, en última instancia, en la aceptación mayoritaria.
Nosotros seguimos el sorteo de la lotería, con algo de confianza, sabiendo en el fondo lo complejo e imposible es que caiga algo, aunque sea un número de la pedrea. La probabilidad de que nos pueda tocar algo con un décimo premiado entre los 85.000 que entran en el bombo es de 0’0000117647. Echad cuentas. Por eso, siempre miramos con cierta envidia y algo de alegría ajena esas frases míticas que se oyen cada Navidad y que suponen el sueño de todos aquellos que no hemos sido agraciados nada más que con la frustración de no haber sido los afortunados del día; “a celebrarlo con la familia”, “muy feliz”, “me hacía mucha falta”, “para mis hijos, que están todos en el paro”, “comprarme un piso”, “para la boda” o la mejor de todas, aquella expresión jornalera de cemento y ladrillo y ex profesión de Nacho Vidal: “tapar agujeros”. Ha comenzado oficialmente la Navidad, amigos. Los que soñábamos con un cambio de vida y seguimos siendo más pobres que nunca estamos acojonados con el devenir de los acontecimientos, pero nos escudamos en otro tópico; “mientras haya salud…”. Eso sí, hasta que se imponga la ‘tasa receta’ y que la atención sanitaria de los españoles sea un lujo al alcance únicamente de unos pocos.
Enhorabuena a los privilegiados que han recibido la noticia de que son millonarios. Al resto, preparaos para lo que viene…

lunes, diciembre 19, 2011

BuzzFedd: Las 45 imágenes más impactantes de 2011

Con la llegada del fin de año lo lógico es hacer compendio de aquello que ha marcado la importancia de lo sucedido a lo largo del año, epítomes que dejen para la memoria lo más destacado de este 2011 que está a punto de fenecer, dejando un puñado de instantes que difícilmente podremos olvidar. El mundo, en general, no vive una época indulgente; la revolución árabe, la crisis mundial avalada por la abnegación de los bancos y los políticos ante una situación que parece no afectarles cuando han sido ellos los que la han provocado, el déficit democrático, la transformación de la geopolítica mundial, la captura y muerte de Bin Laden, los movimientos de protesta social internacionales iniciados en España con el 15M, fallecimientos de relevantes figuras ‘mainstrean’ como Steve Jobs o Amy Winehouse, pero sobre todo las graves transformaciones del clima que trajeron como consecuencia las devastadoras consecuencias del trágico tsunami de Fukushima se han unido a terremotos, huracanes y demás sacudidas naturales para azotar a este 2011 con un extraño cúmulo de imágenes impactantes que recogen la fuerza de la destrucción y la inquietud social que no auguran un futuro a corto plazo con cambios beneficiosos.
La colección de 45 fotografías más impactantes de la revista on-line BuzzFedd aglomera algunos de esos instantes que han marcado la dureza y el impacto de un año que es mejor ir olvidando.
Inquietan y acojonan. Esperemos que no sean el principio de lo que estar por venir. De momento, el descontento, la crisis que genera odio y el aciago panorama que comienza a debilitar las sociedades va siendo el factor determinante que cerciora el alcance del acontecer más allá que cualquier especulación profética. Lo que está visto es que la consumación de aquello que se cierne sobre el mundo se grabará en directo y se narrará al instante. Y estaremos aquí para vivirlo.

jueves, diciembre 15, 2011

Review 'Un método peligroso (A Dangerous Method), de David Cronenberg

El poder de la perversión dialéctica
Aunque parezca desviarse de su provocadora y morbosa temática, el material psiquiátrico del filme, nutrido de coerciones, masoquismo sexual y efusiones reprimidas, se equipara a los rasgos identificativos del cine de Cronenberg para explorar los límites del ser humano.
La última película de David Cronenberg es, a priori, un cambio de registro, un desviamiento de ese habitual universo que colecciona morbidez y desasosiego tendente a la enfermiza náusea implícita. Sin embargo, ‘Un método peligroso’ revoca esta afirmación y sumerge al espectador en un viraje sutil que, a pesar de vislumbrar una discontinuidad estilística y temática del autor canadiense, no es más que una tentativa de metamorfosis metalingüística, de nuevas vías más arraigadas a una visión digamos académica, pero sin abandonar su obstinación por indagar en las oscuras acequias morales que inundan cuestiones acerca de la naturaleza humana y la obsesiva dualidad encubierta.
Por eso, los textos en los que se basa su última y apasionante cinta; la obra de Christopher Hampton ‘The talking cure’ y ‘A most dangerous method’, de John Kerr, se acomodan como material idóneo para seguir refiriendo algunos de los grandes temas dentro de la obra de Cronenberg como puedan ser la sexualidad, el inconsciente o la represión dentro del aparato social que nos rodea, que a su vez pueden ser considerados como los tres grandes elementos que se erigen como el corpus ideológico de las teorías de Freud.
‘Un método peligroso’ arranca en agosto de 1904, con Sabina Spielrein siendo llevada en carruaje aquejada de neurosis histérica a la Clínica Burghölzli, el Hospital Psiquiátrico de la Universidad de Zurich donde trabaja el Dr. Carl Gustav Jung. Mientras la trata siguiendo el método de curación por la palabra, empleada por primera vez con fines terapéuticas por el Dr. Joseph Breuer, el prometedor psicoterapeuta maneja con vocación freudiana los conceptos de represión como dispositivo de autodefensa hasta lograr unos sorprendentes avances con los que la paciente se convertirá primero en pupila y después en amante. Sus avances serán detonante que abra la relación de Jung mediante un juego epistolar y amistoso con el Dr. Sigmund Freud. Se trata, por tanto de una historia de una relación a tres bandas, un ‘ménage à trois’ intelectual entre las tres mentes privilegiadas que definieron el psicoanálisis conocido como se conoce hoy en día; Jung, Freud y el vértice que forma la propia Spielrein, quien también ejerció gran influencia en el desarrollo de futuras claves psicoanalistas configuran así los roles protagónicos del filme.
En un principio, el guión de Hampton aboga por la relación que se establece entre Jung y Spielrein, del mismo modo que narraba la película de Roberto Faenza de 2002 ‘Prendimi l´anima’, comenzando su relación de colaboración en sus adelantos con test psicológicos por asociación de palabras combinados para medir los registros psicogalvánicos para pasar a la evolución de ambos roles. Ella arrastra un trauma infantil por el castigo paterno y el placer sexual masoquista cuando sentía dolor. Jung, obsesionado con la joven, reprime sus pulsiones, alejando el deseo ante la turbia relación que se fraguará con la joven cuando está a punto de recobrar la cordura total. Entretanto, van consolidando charlas profesionales sobre el inconsciente colectivo y el mito de Sigfrido, por el ambos comparten filia. Es en el momento en que se consuman las obsesiones de Sabina, al reconocer la figura paterna, el encuentro con el tortuoso pero placentero pasado, cuando la degradación sexual se solidifica en placer catártico y se produce la reconciliación de contrarios para Jung azote y desvirgue a Sabina y la cure definitivamente. Con esta forma de perversión es como Jung ejerce de medicina sobre la joven.
Los adelantos son compartidos a medio camino entre entre Zurich y Viena por Jung y su admirado Freud, que comienzan discutiendo sobre la perspectiva conceptual de Freud sobre la libido, sobre la necesidad del psicoanálisis como campo de fuerza y acaban distanciando opiniones y decepciones con distintos puntos de vista sobre la joven aprendiz de Jung. Para éste, la todopoderosa figura del psicoanalista checo se ve decepcionada en un primer momento, tal vez por un prejuicio socioeconómico derivado de su primera visita a la humilde casa de Freud en número 19 de la Berggasse vienesa, identificada con un modo de vida hogareño y rutinario con largos paseos por los jardines del Belvedere. Cronenberg va configurando ambas relaciones con un sentido de la estructura muy accesible al público, regalándole a su vez un destacado detallismo y puesta en escena. En estas conversaciones ambos dialogan sobre Spielrein con gran densidad y retazos bibliográficos de ambas obras científicas y hará que Freud vea una salida a sus avances profesionales en la figura de un terapeuta ario que consume sus teorías más allá de los claustros intelectuales judíos a los que pertenece.
Es cuando la historia toma sus tintes más sugestivos, en la construcción de ese distanciamiento, exponiendo con ello un apasionante tira y afloja de celos profesionales y personales apostados en la diferencia de clases, puesto que Jung reside en una cómoda situación económica y familiar gracias a su matrimonio con una rica heredera, que cultiva sobre una losa de coacción que no es bien vista por Freud. Así como su destronización como figura paterna, como árbitro de la conducta del doctor Jung, que opta por otras vías de investigación alejadas de los preceptos de las teorías sexuales como la mística o la precognición.
Entre medias, entra en escena un componente que transforma las líneas de acción. Se trata de un psicoanalista anarquista, el profesor Otto Gross, enviado a Burghölzli por Freud, que escaldará la liberación sexual de Jung para que éste haga físicos los sentimientos que desarrolla hacia su paciente. Su nihilismo de la “no represión” es otro de los dispositivos de separación entre Freud y Jung, puesto que en base a sus sugerentes exhortaciones comienza a poner en entredicho al maestro, constriñendo la etiología sexual de la neurosis hacia otros campos que van más allá de aquellos límites científicos y racionales. ‘Un método peligroso’ es una historia de dos desamores. El de Jung con Sabina Spielrein, pero también con su mentor, el Dr. Freud, que se materializa en dos momentos clave; con un sueño inconfeso ocultado en el viaje a Estados Unidos, cuando Freud da muestras de su hermetismo deontológico tratando a Jung como si fuera un paciente, hasta la ruptura de relaciones y charlas cuando Jung se obstina en contradecir a Freud durante el Congreso Psicoanalítico de Münich en 1912 y éste cae desplomado como identificación simbólica de la muerte del padre.
En este terreno, es donde Cronenberg más evoca la naturaleza enferma e incisiva de su cine, más allá de alteraciones parasíticas o de cine fantástico, llevando con gran destreza esa perforación en la psique de ambos doctores que evidencia que, por mucho que haya evolucionado el psicoanálisis, las contradicciones en relación al disyunción de ideas de ambos componen un manifiesto bastante desalentador sobre la corriente psiquiátrica que, según las conclusiones que vierte Cronenberg, inutilizan la resolución real de los problemas planteados. Su identidad característica proviene, por el contrario, con la metamorfosis de esa mujer débil que se transforma en una doctora capaz de sugerir al mismísimo Freud la hipótesis relacional entre la sexualidad y el instinto de muerte y superar los sentimientos que experimentó en su infancia hacia su padre y reflejados en el Dr. Jung cuando se va dejándole destrozado en su regazo. Son relaciones avocadas al fracaso, que concretan una de las claves ya visitadas por el cineasta en anteriores filmes: la de la necesidad de enfrentarse con diversos tipos de violencia a otras personas para encontrarse a uno mismo.
Con todo este material psiquiátrico, nutrido de anomalías y coerciones, de masoquismo sexual y efusiones reprimidas, Cronenberg no desaprovecha la ocasión de explorar de los límites humanos con un brío estilizado, muy moderado y maduro, dejando a un lado la simbolización de las habituales alteraciones somáticas y la subversión para realzar su tono convencional, más falsamente cercano, con una historia de un hombre que desafía a su maestro y a sus instintos. ‘Un método peligroso’ es la cinta más dialéctica de su autor, en la que la palabra es tan fundamental como las imágenes, subrayando sus disertaciones discursivas que cobran un valor protagónico por encima de una atmósfera que no resulta en absoluto malsana, pero sí viciada de una abyección ‘cronenbergiana’ escondida tras las palabras del guión y sin dejarse coartar por las restricciones de la época en la transcurre el drama. Una cinta fraguada en diálogos con resentimiento, reconcomidos con una violencia latente que nunca llega a estallar y donde las pulsiones potenciales se atenazan bajo la aparente calma con la que se van dirimiendo los conflictos de egos y lucha conceptual que atraviesa transversalmente la narración.
Sin embargo, a Cronenberg le pesa demasiado la tendencia del guión de Hampton hacia un vitriolo romántico, desdibujando la gran potencialidad enferma y psicoanalítica que encierra el texto muy dulcificado por el guionista de ‘Las amistades peligrosas’. Aunque hay que reconocer que ese sondeo al enrevesado mundo de la psique humana no evita que se tracen nexos de unión con sus anteriores y celebradas invectivas mucho más morbosas y oscuras como ‘Inseparables’, ‘M. Butterfly’, ‘Crash’ o ‘Spider’. A Cronenberg este punto de vista sobre la culpa sexual como germen de zozobra psicológica le interesa. Y mucho. El fracaso de la relación entre Jung y Freud no es otra que la de profetizar el inicio de una guerra, de la disección de Europa y del sistema cultural del occidente judeo-cristiano. Es la forma que tiene de lanzar una mirada cínica y crítica hacia los vicios y amoralidad de la sociedad burguesa de principios del Siglo XX a punto de materializar una era de conflictos y revoluciones de todo tipo y demostrar así la raíz de la hipocresía, las limitaciones y los convencionalismos que terminan por establecer complejos y traumas que asolan a los personajes.
En lo artístico, hay destacar la fuerza ponderativa de ese actor de moda que es Michael Fassbender o el carisma de un Viggo Mortensen con pocas líneas que hacen echarle de menos cuando no está en pantalla, al igual que el efímero lujo al que invita Vincent Cassel o la sutil importancia que despliega ese pilar terrenal que es Emma Jung, con los rasgos de una fantástica Sarah Gadon. Pero sería injusto no elogiar, al menos en intención y en arrojo, el trabajo de Keira Knightley y su construcción y evolución de su personaje a pesar de los espasmos con los que nos deleita en los comienzos del metraje, siendo capaz de hacer crucial su credibilidad como paciente reconvertida en psicoanalista. ‘Un método peligroso’ es una película que aborda cuestiones que se entretejen entre la pasión y la consciencia, el deseo y la razón, el cuerpo y la mente que Cronenberg aprovecha con elegancia entrever la perturbación que anida reposada en cada fotograma de un cine intelectualmente estimulante.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011

lunes, diciembre 12, 2011

'La diligencia', el origen del 'western' moderno

Antes de comenzar a rodar ‘Ciudadano Kane’, Orson Welles aseguro haber visto varias veces ‘La diligencia’. Según sus palabras "Yo quería aprender a hacer películas y ésta la cinta de Ford era la ideal. No es que sea mi favorita de Ford, pero me la aprendí de memoria como si fuera un libro de texto. Cualquiera que quiera hacer cine, debería estudiarla". Fellini dijo una vez de John Ford que era un cineasta sin perjuicios e inmune a las tentaciones del intelectualismo. Antes de ‘La Diligencia’, Ford había dirigido más de una veintena de filmes, pero fue ésta la que marcó el inicio del ‘western’ moderno, donde articularía su evolución hacia el clasicismo americano, hacia el esplendor majestuoso que Ford desarrollaría desde ese clásico del género.‘La diligencia’ puede considerarse el inicio, aunque no sea cierto, la pionera del genuino ‘western’, la característica impronta con el sello de John Ford (aunque no fuera su primera cinta dentro del género), de la disposición a vampirizar lo mejor de sus obras anteriores, remodelando tipologías, evolucionando en su estilo, encaminando sus temas hacia una dimensión épica sin prescindir de un siempre pétreo humor y subvirtiendo gran parte de su ideología a la vena ‘lincolniana’ que confirió a su filmografía.
Constituye un reflejo de lo que sería su cine posterior dentro del género, en su descripción territorial y humana del viaje de una diligencia por el desierto de Arizona, área infestada de indios acechándoles, con el mismísimo Jerónimo a la cabeza. Un sheriff paternalista, un tahúr del Sur, un banquero estafador, un médico alcohólico, un viajante, un dama embarazada, una chica de mala reputación y el hilarante conductor de la diligencia son los personajes que, junto al prófugo pistolero Ringo Kid, sirven como metáfora de la sociedad de la época, como patrones del western posterior en el cine de Ford y de sus predecesores.
Por eso, aquí importa, más que la amenaza exterior que representan los indios, la interrelación entre los personajes, la descripción de sus antagónicas personalidades y los rasgos que distinguen a cada uno de ellos. La tipificación responde a una gran variedad de detalles, a la originalidad de la propuesta siguiendo unos cauces de unión donde se concilian el humor y la aventura, la disposición analítica de las clases sociales y los sentimientos pocas veces vistos antes en el western. Destaca así la capacidad de Ford para narrar varias historias que se entrelazan con armonía, concluidas con clímax en cada una de ellas, como John Wayne como Ringo Kid avanzando hacia Plummer con un sonido de amenazantes timbales según se acerca, el tiroteo final fuera de campo o la persecución de los indios hostigando a la diligencia.
Un western que reúne magia cinematográfica en su proliferación argumental de tiempos mayestáticos, en la evolución del estatismo en movimiento que tanto desarrolló Ford a lo largo de su carrera, en la definición del itinerario antiheróico como constante búsqueda de una identidad por parte de sus personajes, en la expresión emocional y composición artística…
John Ford revolucionó con ella las directrices de los grandes estudios debido a lo asequible de sus producciones, haciendo que a la aventura instaurada en las raíces de la serie B afectara a sus historias de idealismo familiar y cálido con otros temas de gran calado dramático que fraguaron su origen en los bellos parajes de Monument Valley, iconografía pura del western, donde el paisaje se hace tan necesario como cualquiera de sus personajes.

jueves, diciembre 08, 2011

Andy Warhol, la simpleza como lucidez

A estas alturas Andy Warhol es al arte lo que John Casavettes pudiera ser al cine, un artista que hizo de sí mismo su mejor lanzamiento y se erigió en un símbolo icónico para una época concreta que marcara con su obra artística ajena a las modas. Por su forma de ser, de actuar y de concebir el arte, Warhol se convirtió en una de las figuras más carismáticas del arte contemporáneo y en el mago de una generación de artistas que creció bajo su basta sombra, bajo la sombra del rey del ‘pop art’. Un famoso vídeo de King Evans para la televisión americana se centraba en la vida y en la forma de ser de este Warhol logró con su obra cambiar el concepto del arte hasta entonces visto, provocando una revolución estética con sus series miméticas de retratos de cromatismos saturados. Aunque acabara copiándose a sí mismo una y otra vez en las páginas de la mediocre revista Interview, Warhol tuvo una época gloriosa dentro del arte neoyorquino, y por extensión, en un entorno global en el que arte y la industria realzaron su figura en el siempre exigente universo de las artes plásticas. Fue un artista innovador, un pensador estrambótico que contestaba a las preguntas con monosílabos, convirtiendo el cultivo de la simpleza en un soberbio ejercicio de lucidez.
Warhol no era como los demás, era diferente, raro, extraño… con un lenguaje parco en palabras que casi se veía reflejado en sus obras. Su concepción del mundo era la de un lugar caótico en el que para salir adelante uno tenía que inventarse una realidad propia. Una imaginería sin límites que plasmó su concepto de artista multidisciplinar y mediático en cada obra que creó. Un artista conceptual, creyente de la interactividad del espectador. Según Victor Bookis “El serigrafiar una foto de Marilyn era algo demasiado sencillo, pero una vez visto te quedabas mirándolo y te dabas cuenta de que era grandioso”. La evolución de Warhol, desde su infancia hasta la gloria que alcanzó con sus creaciones ‘pop’ pasando a se el abanderado de una vanguardia inventada sobre la superficialidad y sencillez casi infantil en sus obras como prolífico hombre de arte; dibujante, grafista, fotógrafo, cineasta, productor musical, empresario y, por último, estrella mediática.
Pasó de ser ilustrador a convertirse en un mito gracias a un bote de sopa Campbell, una botella de Coca-cola o una foto de Elvis que pasaron a ser simples objetos a iconos, en parte por que la gente al tener estas cosas tan alcance de la mano nunca había sabido mirar y Warhol ideó un concepto artístico donde la trascendencia carecía de cualquier de importancia asentada en la trivialidad cotidiana y consumista de los objetos que nos rodean. Pocos artistas de este siglo han tenido del extraño magnetismo con el que Warhol concentraba lo industrial y lo artesanal con sus mezclas y reproducciones sucesivas. Este observador silencioso creó en un estudio de la 47th East de Nueva York la que sería mitológica The Factory, una galería de artistas que entraban y salían según fuera el interés. Los jóvenes valores de cualquier rama de la cultura desfilarían por allí, gente que quería crear cosas con polivalentes acercamientos a esferas interpretativas del arte opuestas a lo concebido hasta el momento. De todo ello, Warhol desclavaba el talento y la inspiración para sus cuadros. Sin olvidar las canciones de la mítica y legendaria The Velvet Underground de Lou Reed o de las películas de un solo plano fijo, el la consecución radical de una idea y locura entregada al realismo cotidiano con ‘Sueños’ y ‘Las chicas de Chelsea’, así como su contundente vertiente ‘underground’ que destilaron filmes como ‘Trash’, ‘Flesh’ o ‘Heat’ rodadas con una Boxel de 16 mm.
Sus obras pronto empezaron a suscitar el interés de gente con inquietudes artísticas diferentes. El marchante Ivan Karp en 1961, con sólo ver una obra basada en Dick Tracy, fichó a Andy Warhol, que por aquel entonces defendía su obra con la simpleza de reproducir una y otra vez serigrafías de cereales Kellog’s, botellas de refrescos, jabones, sus propias fotografias y cualquier objeto rutinario. Con la ayuda de Gerard Malanga, Warhol aterrizó en los años sesenta como una estrella. Era considerado como un padrino de un movimiento inclasificable caracterizado por buscar la verdad en la sencillez del entorno. Y aunque para ciertos sectores de la sociedad Andy Warhol era un provocador y un demente o para otros fuera tratado como una providencia. Sobre todo en círculos burgueses, siempre acompañado de un séquito de grotescos intelectuales y pensadores bohemios del Upper East Side o estrellas a las que él mismo dio la fama y entre las que destacaban musas como Edie Sedgwick, Susan Bottomly, la mítica Ultra Violet, Viva o Candy Darling. Warhol revolucionó con su ideal no sólo el arte, sino otras disciplinas como la música, cuando la mencionada Velvet Underground de John Cale y Lou Reed le contrata como manager en una época donde la banda generó canciones que provocaban con sus temas escabrosos acerca de del sadomasoquismo (‘Venus in furs’), tediosas fiestas (‘All tomorrow’s parties’) o la autodestrucción (‘Heroin’). Una senda abierta por Warhol que inspiró al artista mediante la figura de la cantante alemana Nico.
En 1968 Valerie Solanas, una feminista que había formado parte de la Factory, intentó asesinarle disparándole varias veces. Justo dos días antes del magnicidio de John F. Kennedy. El metalenguaje de Warhol para denunciar situaciones sociales norteamericanas como su ‘Silla eléctrica’, sus serigrafías de Kennedy o del ‘Blaxploitation’ que irrumpió como grito social por parte de los afroamericanos fue diluyéndose y la obra del gran totém del ‘pop art’ se fue apagando a medida que avanzaban los años. Al igual que se creó a sí mismo también se fue extinguiendo al seguir los mismos caminos que le habían popularizado, limitándose, entre otras cosas a cotillear en revistas lamentables y a reírse de las chorradas que soltaba Truman Capote cuando se emborrachaban. Creó la revista Interview y en sus últimos años se dedicó a crear absurdos cuadros de encargo o aparecer en fiestas del Sudio 54 y relacionarse con otros artistas emergentes como Jean-Michel Basquiat, Keith Haring o Francesco Clemente.
Los “15 minutos de fama a los que todo el mundo tiene derecho” (según manifestaba en diversas ocasiones) duraron en su caso varios años. Unos años en los que supo crear arte de la vulgaridad que nos rodea y que con sus pupilos de la mítica Factory nadaron contra viento y marea en el mundo artístico y que, por azar de la vida o por sus ganas de hacer algo diferente, pasaron a la historia como uno de las pocos exponentes lúcidos en una década llena de utopías de buenas intenciones, de revoluciones que al final no sirvieron para nada. Warhol dijo una vez “lo que ves es lo que hay” y es lo que define su esencia artística. Su fama manifestó lo que había; sopas, refrescos, mitos del celuloide, cantantes... Es lo que dejo Warhol con su obra. Vendría a ser el prototipo de artista que llegara a corroborar que “todo lo que está es arte y el arte es para quien lo encuentra” y su arte fue eso: simplicidad. Un verdadero icono que nunca perderá su intensidad.

martes, diciembre 06, 2011

6 de diciembre: Día de la Constitución

Cada 6 de diciembre celebramos el aniversario de la Constitución de 1978. Algo apasionante ¿No os parece? Ya, bueno. A mí tampoco. Esta absurda tradición festiva me recuerda un poco a mi niñez, cuando éramos sólo pequeños inocentes llevados por las doctrinas y tradiciones del momento. En el colegio coloreábamos una banderita de España y la colgábamos en la ventana sin saber exactamente a qué respondía semejante gilipollez. Pero lo cierto es que, tanto ayer como hoy, es un día de fiesta. Y sea por la razón que sea, siempre es una fecha para marcar en el calendario porque no se trabaja.
Actualmente, poco importa que se conmemoren aquellos convulsos tiempos de la transición, de encomiar y garantizar la avenencia democrática devenida en un escrito en forma de la Constitución en 1978 y de unas Leyes que conformaran un orden económico y social ecuánime e imparcial. Tampoco que consolidara un Estado de Derecho, ni que se preocupara de velar por la justicia y el reciedumbre de unas relaciones pacificas y la cooperación entre todos los pueblos de la Tierra. Parece una utópica idea que se ha ido resquebrajando con el paso de los años. Hoy en día, insisto, parece que poco importa todo eso.
En cambio, la Constitución, más que nunca, debería servir de excusa para la colisión política. Pero no es así. Nunca lo ha sido. La constitución es ahora un instrumento para que unos intenten corregirla y modificarla siguiendo incoherentes preceptos manipuladores o un servilismo monárquico, pretendiendo operar sobre ella para que conduzca el país quien les plazca o cambiando palabras que significan lo mismo, mientras otros la utilizan vilmente como excusa ideológica y rancia, sin razón de ser, para lograr calentar los ánimos y acercar a los desinformados que se sienten muy españoles. Haciendo su trabajo. Todos a la vez. Un trabajo que consiste en manejar los hilos de las marionetas sociales en que han convertido al pueblo para su despreciable usufructo. También se les ha olvidado que la Constitución señalaba que todos los españoles tienen derecho a disfrutar, entre otras muchas cosas, de una vivienda digna. Aunque esto ya se la suda mucho a todos porque a ellos no les afecta.
La Carta Magna está de moda. Y no lo está porque simbolice una herramienta útil para continuar por el histórico camino del desarrollo, si no, como todo lo que tocan las impúdicas manos políticas (vengan del partido que sea –abogo por mi vena apolítica y desprecio por los representantes de cualquier partido-), ahora la Constitución es un dispositivo de instrumentalización. Otro 'gadget' de esos payasos que simbolizan el circo político que representan. Por eso, lo mejor es no profundizar en el asunto y disfrutar de la celebración, de la algarabía y asueto de un largo puente, ajenos a los entresijos de esta ciénaga ideológica que simboliza la inmundicia política que nos rodea.