viernes, octubre 28, 2011

Tintín: un antihéroe antológico

Cuando en 1929 Georges Prosper Remi, el gran Hergè, lanzó a Tintín a las páginas del diario ultraconservador ‘Le Petit Vingtième’ no podía imaginar que su vida estaría voluntariamente hipotecada a este personaje. No le importó. Con él desarrolló un mundo de aventuras fascinantes, que fueron y seguirán siendo cumbre del noveno arte y referencia inagotable de importantes autores ulteriores. Su primera aventura fue ‘Tintin en el país de los soviets’, relato antibolchevique que parodiaba a los rusos comunistas de entonces. Tintín es un antihéroe difícil de catalogar, que podía ubicarse con la personalidad multifuncional de un chaval algo infantiloide, de rasgos adolescentes y discernimiento adulto. Esta poligénesis de personalidad matizaría los valores universales de un mito que hoy, con el paso de los años, ha sido injustamente olvidado hasta la llegada, esta misma semana, de la adaptación cinematográfica que han llevado a cabo dos de los grandes visionarios del cine contemporáneo: Steven Spielberg y Peter Jackson. Tintín forma parte de la memoria colectiva extendida a lo largo de innumerables generaciones que cayeron rendidas al culto de unas aventuras insólitas y originales, trufada de enigmas y secretos, simbolismos y testimonios históricos. El joven periodista no tenía ninguna peculiaridad que le hicieran especial, sólo su sagaz perspicacia, su arrojo y un atuendo abstracto y algo señorial que contrastaba con su rostro de crío sempiterno.
El acercamiento a Tintín llevaba a la incertidumbre de una dudosa empatía, pues en el fondo es un personaje algo antipático y sabiondo, con polémico aire asexuado que hizo que controvertidos argüidores sobre la figura del cómic como Matthew Parris aseveraran su inequívoca condición homosexual e incluso algunos ultracatólicos no dudan en elevarle a ejemplo paradigmático de verdadero héroe cristiano por su conducta y valores intachables. Sin embargo si nos tuviéramos que quedar con una hipótesis surreal sería la de Claude Cyr, profesor de medicina de la Universidad Sherbrooke, de Québec, que atribuía a los innumerables golpes en la cabeza y pérdidas de conocimiento que Tintín sufre a lo largo de sus aventuras el efecto nocivo llamado hipogonadismo hipogonadrotópico, que afectó a su reducción de hormonas del crecimiento y a un retraso de la pubertad. De ahí su aspecto algo infantil. Más allá de patrañas teóricas acerca de su oculta vida privada o sobre su genética, cierto es que Tintín jamás como reportero aparece escribiendo un artículo o ejerciendo la labor periodista que se le supone, lo que le da cierta neutralidad, atribuyéndole un inequívoco aire enigmático y reservado. En el fondo, su esencia se resume en la capacidad de seguir como factor de acompañamiento a los personajes secundarios, como si el lector asumiera la personalidad neutra de Tintín para acomodar los objetivos a la interacción con el grupo de personalidades más extravagantes del universo de Hergè.
Por eso, Tintín, acompañado de su inseparable fox terrier Milú (confidente y conciencia asumida de la realidad), se ve ensombrecido en parte de la obra ‘tintinológica’ por la figura del capitán Haddock, ese ‘bon vivant’ al que le gusta beber y que se perfila como el personaje con más enjundia de cuantos creó Hergé. El viejo lobo marino ostenta una opulencia de rasgos y personalidad que bien podría equipararse a grandes figuras novelescas de la Historia y que tan bien define el volumen ‘La estrella misteriosa’. Tampoco podemos olvidar a icónicos personajes como el científico loco y excéntrico Silvestre Tornasol, ideado gracias a una imagen del profesor Auguste Piccard (un amigo de Hergé) o a los obstinados Hernández y Fernández, esos compañeros mimetizados el uno en el otro pertenecientes a la policía judicial dispuestos a detener a nuestro héroe. El elenco podría completarse con Bianca Castafiore, único personaje femenino todo este entramado aventurero. Todos los que escoltan a Tintín constituyen un simbolismo a lo que fueron Gawain, Perceval, Parsifal o Galahad, entre otros, en su inapelable búsqueda del Santo Grial. Las aventuras de Tintín son, en el fondo, como un juego de tablero en el que ir conociendo más pistas sobre ese secreto a desvelar, siguiendo un intachable código de honor a través de sus viajes dentro de un entorno de deferencia a las culturas milenarias y el aprendizaje de las mismas, donde la arquitectura es tan fundamental en sus peligrosas travesías.
La extensa bibliografía protagonizada por el personaje de Hergè se compone de obras maestras, de volúmenes inspirados en relación a sus diversos puntos de vista que abarcan una temática de riqueza apasionante, cuestionando moral y razón, teorizando sobre el arte y la ciencia, incluso adelantándose proféticamente al Apolo XI catorce años antes con ‘Aterrizaje en la Luna’ en el año 1954. A lo largo y ancho del mundo, Tintín desgranó los más emocionantes misterios, desde América, con una descripción particularmente anacrónica de los Estados Unidos de la época, pasando por el Congo bajo una visión poco secular de África como tierra de misiones, el faraónico Egipto, una China ocupada por el Japón Imperial hasta llegar a un Tibet donde no podía faltar el Yeti. Los volúmenes de Hergè son auténticos tratados de enseñanzas ocultas y enriquecedoras; ‘El Cetro de Ottokar’, ‘El Secreto del Unicornio’, ‘Las Joyas de la Castafiore’, ‘Tintín y los Pícaros’, ‘El Asunto Tornasol’, ‘Vuelo 714 para Sidney’… imponen una percepción de la aventura en estado puro, incomparable y necesaria.

miércoles, octubre 26, 2011

'Lemmy contra Alphaville': Exégesis romántica de la Ciencia Ficción

El detective creado por Peter Cheney, Lemmy Caution, trabaja como agente 003 de los Países Exteriores haciéndose pasar por reportero del periódico Figaro Pravda. Lo que más le gusta en este mundo, son las bellas mujeres y el oro. Caution tiene un nuevo cometido: llegar a Alphaville, una ciudad nocturna y silenciosa, una capital de otra galaxia, futurista y lacónica, para realizar una importante y peligrosa misión: acabar con el villano Alpha 60.
Alpha 60 es un superordenador, anticipación de HAL 9000, que se comunica con los ciudadanos mediante una tremebunda voz, sumiendo en el miedo a toda una sociedad de humanos que viven bajo su yugo dictatorial. Los ciudadanos están atemorizados. Tanto es así, que llevan un número grabado en el cuello y los espacios donde se mueven son tan gélidos que apenas hay comunicación. El agente Caution llega a Alaphaville con la intención de atrapar al ‘Mad’ Doctor Nosferatu para llegar así hasta Alpha 60.
La iconografía del género de ciencia ficción poco habla de esta película de Jean Luc-Godard. En ‘Lemmy contra Alphaville’, el realizador galo expresa el futuro con una terminante simplicidad, sin recurrir a efectos especiales ni ficticias simulaciones estéticas. Le basta con mostrar Paris desde discordantes perspectivas, con fosforecidos trenes bajo la noche, mostrando a una sociedad que habla hieráticamente a través de pequeñas pantallas. Nada nuevo que destacar al respeto, pero sí cuando Godard confronta algunos códigos comunes universales, como la negación para afirmar y la aserción para refutar. Una ilógica que sigue constante en una película apasionante y extraña como pocas.
Tan extraña como romántica en su sentido de la regeneración argumental del género, ‘Lemmy contra Alphaville’, contiene un sentido lírico algo melindroso y arrogante, debido a ese deliberado esquema donde predomina lo bello, donde florece con fuerza el idealismo pasional dentro de un mundo glacial y hostil. A Godard más que importarle la ficción narrativa protagonizada por Lemmy Caution y el dúo malévolo Alpha 60 y Nosferatu, ahonda en la historia de amor y magisterio que se establece entre el agente y la hija de Nosferatu, Natacha, a la que alecciona sobre conceptos tan improcedentes en la ciencia ficción como son el amor y los sentimientos. Hermosa confección de una inolvidable antiutopía de un exótico clasicismo, cabe destacar también las estimulantes presencias de Eddie Constantine, Anna Karina, Akin Tamiroff y uno de los fetiches de la mejor época de Jess Franco, el ínclito Howard Vernon.

viernes, octubre 21, 2011

Review 'Crazy, Stupid, Love (Crazy, Stupid, Love)', de Glen Ficarra y John Recua

Regreso a la adolescencia sentimental
Ficarra y Recua brindan una comedia romántica con componentes dramáticos que, pese a sus estupendos diálogos e inspirado reparto, se muestra demasiado inocente y conservadora bajo su aspecto de comedia sofisticada y vanguardista.
Glen Ficarra y John Recua sorprendieron hace años con su guión de locura navideña en ‘Bad Santa’, comedia irredenta de malsano humor negro sobre aquellos perdedores a los que el patetismo existencial que aúna la frustración y el fracaso en contra del conservadurismo propicio de las Navidades. Su paso a la dirección de carácter binómico llegó con ‘Philip Morris, ¡te quiero!’, de nuevo otra comedia dramática y carcelaria sobre el ‘amour fou’ entre dos hombres que escondía un cuestionamiento a las oscuras formas de poder de mano de las grandes corporaciones. Su tercera película, por supuesto, no podía inscribirse en otro género que no fuera la comedia. ‘Crazy, stupid, love’ gira en torno a un hombre gris que se replantea seriamente su situación personal cuando su mujer le confiesa su adulterio y su desaliento en una relación destruida por la rutina y la incomunicación.
Tras una reflexión sobre el tiempo perdido y la vida sentimental dilapidada por el fracaso, reformula su situación para lanzarse al noble arte de la seducción. Partiendo de esta base, la comedia va fluyendo desde el propósito de concebir a los adultos actuando como jóvenes sedientos de experiencias, recuperando torpemente un universo que se ha enmohecido con el paso del tiempo; es decir, ese tipo de enamoramiento juvenil en el que no importa el rechazo y la humillación si se cree en el amor. No falta el ligón compulsivo con necesidades afectivas que transforma, sin ningún tipo de pretexto y cual Pigmalión, a nuestro antihéroe emocional y torpe en un enérgico playboy de éxito, mientras su hijo adolescente quiere montárselo con la canguro que, a su vez, despierta su pasión arrastrada por el acomodado nuevo magnetismo del padre.
‘Crazy, stupid love’ es así una comedia de enredo, donde el diálogo y la superposición de tramas y fondo coral circula alrededor de la figura de un Steve Carell que constituye el sustentáculo del guión de Dan Fogelman, el escritor de las dos cintas de animación de ‘Cars’ y que fragua su solidez en la agilidad con la que se intercalan las tramas románticas; bien sean de amores perdidos, de pasión idílica, de sentimientos imposibles, de polvos pasajeros… Sin embargo, la gran atracción de la función se asienta en el incandescente Carell, que vuelve a componer con asombrosa facilidad ese papel por el que empieza a caer en la monotonía del encasillamiento; un tipo de buen corazón, algo despistado, con cierto aire burgués y representante de la pulcritud que esconde una vida vacía sin la capacidad de sostener un matrimonio consumido por la desidia.
Pero lo cierto, es que el cómico impone una clase y un talento por la cual que se le perdona cualquier reincidencia en sus roles, de los que siempre sale muy bien parado. El tono agridulce salpica su metraje de momentos de auténtica comedia de calidad, que empieza con la transformación de un hombre al que despojan de sus zapatillas New Balance y una anacrónica cartera de velero y alcanza su cúlmen con el momento ‘Dirty Dancing’, que condecora su tarea dentro del género con algunos trazos de brillantez que también tiene sus momentos de bajón con ese clímax (pelea incluida) para alcanzar su previsible ‘happy end’.
Es una pena que, de fondo, el filme venga sellado por algunos tópicos y artificios que hacen que el fantástico arranque se vaya convirtiendo en algo insustancial, debido, sobre todo, a la corrección política y al fondo moralista que lleva arraigado su mensaje esperanzador sobre el amor y su importancia dentro de nuestras vidas. El problema de ‘Crazy, stupid, love’ es que, bajo el aspecto de comedia sofisticada y vanguardista, es demasiado inocente y conservadora. Le habría echo falta algo más picardía y una pérdida de concesiones a la compostura. Un discurso sobre lo importante que es tomar la iniciativa en esta vida, no traicionarse nunca a sí mismo y la perseverancia son algunos de los mensajes tan apaciguadores inscritos en sus intenciones como propuesta romántica.
Destaca además un elenco que sigue a ese genio de la miscelánea cómica y patética con la que dota a su rol el gran Carell, el genial Ryan Gosling, que demuestra saber moverse fuera del ‘indie’ alejado de personajes de sobrepeso dramático para ofrecer una recreación chulesca y entrañable del ‘fucker’ de discoteca que anhela poder mostrar sus emociones para conquistar a una Emma Stone que se está labrando una estupenda carrera con el acierto de sus comedias. Julianne Moore, Kevin Bacon, una histriónica y siempre gratificante Marisa Tomei son también fundamentales para esta película que es efectiva debido al equilibrio que existe entre lo absurdo y lo trascendental, entre la comedia romántica y el drama familiar. Pero nada más.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
PRÓXIMAS REVIEWS: 'Mientras Duermes', de Jaume Balagueró.

martes, octubre 18, 2011

DIARIO DE RODAJE ‘3665’ (y V)

05 de SEPTIEMBRE de 2011: El jardín y el final
La mañana trazó un plan que debíamos seguir a rajatabla. Había que rodar con la luz de sol antes de que saliera más de la cuenta. Exigencia razonable de Álvaro, el director de foto, que cuidó con esmero la calidad luminosa de todas las imágenes con completa minuciosidad. Y así debía ser. A pesar de que “Zama” llegó tarde, todos estábamos apostados en una vía de tren abandonada, en las inmediaciones de Salamanca, cerca de donde rodamos la casi totalidad del corto. En ella se rodaron algunos de los primeros planos del cortometraje. Coincidió además con el primer día de calor real del rodaje, con un sol que empezaba a picar y una sensación térmica de esas de playa seca, sin agua, que confieren las zonas del centro de la península.
Es entonces cuando Raúl Prieto, que vino dejando a todos boquiabiertos con su interpretación llena de ‘fisicidad’ y entereza actoral abordando con una profesionalidad fuera de lo común cualquier reto que se le pusiera, ofreció una angustiosa composición interpretativa en un plano que dejó a todos boquiabiertos. Ver actuar a Raúl es como montarse en una montaña rusa. Observar sus ‘loops’ interpretativos ofrece una sensación alucinante; la forma en que acomoda y matiza el carácter del personaje, cómo se desvive por resultar creíble y real… Embobados, vimos cómo hizo que el sufrimiento del Hombre Errante fuera capaz de poner un nudo en la garganta de todos los que mirábamos. Raúl es un espectáculo interpretativo en sí mismo. El actor perfecto. El puto amo de este oficio.
Era un día de cambio de localizaciones. Comparado a los otros días de rodaje fue como una excursión continúa. Por la mañana, la vía abandonada. Y después, a otra vieja nave jamonera de Mercasalamanca, con el olor rancio de las patas de marranos aún impregnada en sus paredes, pero enmohecida por el paso del tiempo. Jorge Cáceres vino en nuestra ayuda para labores de producción. Lo cierto es que este amigo es el comodín perfecto en cualquier rodaje. Y no lo escribo de forma peyorativa. Todo lo contrario. Es proactivo y multifuncional. Tan pronto echa una mano en producción, como que cambia un foco, ayuda a ‘atrezar’, barre si hace falta porque la secuencia lo exige… echa abajo una puerta, ayuda en cámara… Un todoterreno que no se detiene ante la adversidad.
Salimos de la lonja para meternos en una enorme sala que hace las funciones de enfermería, donde transcurriría otra de las partes fundamentales del corto. El reparto se completaba con la aparición de la actriz Marta Benito (que estuvo desde primera hora de la mañana atenta a nuestros movimientos para familiarizarse con el equipo) y con el pequeño Ángel González Fraile, hijo de unos amigos (dueños del Bar Gema) y poseedor de un rostro muy agradecido a la hora de filmar. Marta lleva gran parte de su vida haciendo teatro en la Compañía Etón, junto a Ángel González Quesada, gran amigo y actor que fuera el oscuro Fred en ‘El Límite’. Y os puedo asegurar que es una de las mejores actrices que tenemos en esta ciudad, con una capacidad dramática absolutamente desbordante. Por cierto, que Quesada se pasó a saludarnos y se produjo el encuentro entre los dos actores de aquella experiencia cortometrajística de hace nueve años. El pequeño Ángel, por su parte, era la primera vez que se ponía delante de una cámara. Menudo descubrimiento. Qué magnetismo tiene su rostro. Los dos dieron lo mejor, su porte más triste y dramático, subyugando con miradas que darán el componente dramático al final de ‘3665’. Es una pasada trabajar con gente tan entregada. En otro orden de cosas, permanecer en un cementerio vacío de jamones debería haber ilustrado nuestros deseos culinarios para el último día, que se viviría como una pequeña fiesta. Pero el catering, compuesto por una menestra de verduras aceitosa y una carne guisada con patatas hizo la comida la más efímera y frustrante de todas.
De cualquier modo, y otra vez con prisa, había que abandonar para siempre Mercasalamanca. Antes, Hernán Martín (del que provienen la casi totalidad de las fotos que han ido apareciendo en este diario), que durante todos los días estuvo grabando y fotografiando cualquier movimiento que se produjera durante el rodaje, hizo la foto de familia. El siguiente objetivo era colarnos en un lugar bastante iconográfico de Salamanca: el Colegio abandonado de los Padres Paùles. El sitio es otro de esos hallazgos que pone los pelos de punta. Parece que en esta ciudad me he especializado en encontrar lugares que sean arquetipos de casas del terror, de muerte y aislamiento, de destrucción y símbolo del paso de los años. El abandono no es lo que le confiere un céfiro mortecino, sino su estructura claustrofóbica, sus pasillos interminables y su luz apagada que hacen de él un territorio idóneo para estremecerse de miedo. La verdad es que no había tiempo para este tipo de paridas. Cuando llegamos, intentamos acceder al jardín, desatendido desde hace décadas y lleno de maleza. Mala suerte. No había manera. Yo aseguré a todo el equipo que se podía entrar sin dificultad. Tengo que reconocer que les estaba mintiendo. Había recorrido varias veces el edificio, pero nunca había estado ‘in situ’ en aquel jardín. Siempre había supuesto que no sería difícil acceder a él. Me equivoqué. Buscamos una salida y por momentos pensé que el cortometraje se quedaba sin final. Así de fácil, en un suspiro. Por gilipollas. Empero, el destino me guardó un último as en la manga y después de que yo saltara por una ventana a más de dos metros del suelo para intentar buscar una solución, las voces del grupo se oyeron cercanas. Era la hora de poner a prueba el modo “guerrilla” del grupo. Había una ventanilla a ras del suelo por donde (en este orden) la Red One, Jairo, Álvaro y Álex consiguieron acceder. Lo habíamos conseguido.
Poco después, la sorpresa: un anciano paseaba ajeno a todo por allí, como si fuera su casa. Yo imaginé que sería un encargado o algún puesto similar y me dirigí a él con la intención de pedirle permiso para rodar cortésmente. “Yo estoy aquí como vosotros. Me he colado”. Cuando nos dijo por dónde había entrado, nuestro rostro definió muy bien una mueca de ridículo. Un acceso por la valla exterior, sin ningún obstáculo para entrar, era la puerta hacia el jardín. Nos dijo: “¿Habéis entrado como los topillos? ¿Arrastrándoos?”. Y se fue descojonándose de nosotros. Fue la última anécdota de un día que impuso de nuevo la premura que había golpeado cada día con un imperativo: la luz se iba. Los tres planos restantes entraron dentro del plan previsto. La luz del sol iluminó al caer la tarde el último plano del corto. Una coincidencia poética y casual que dejó ese emotivo golpe de la claqueta, la final, pero también la única de todo el rodaje, ya que se ha grabado todo sin sonido, en plan bilbainada.
Con la conclusión llegó el relax. Un trozo de empanada nos supo a gloria y las despedidas de parte del equipo se iban produciendo. Estábamos citados para la celebración ésa misma noche. Sólo unos pocos reunimos las fuerzas suficientes para bajar a dar lo poco que nos quedaba dentro. Muchos se levantaban muy pronto a la mañana siguiente. Yo, por mi parte, sabedor de las pocas horas acumuladas de sueño y la adrenalina quemada, tanteé la capacidad de aguante de mi cuerpo y no conseguí seguir el ritmo de la apoteosis. Álvaro, Jairo y el gran Jas se retiraron pronto. Estaban agotados. Sólo “Zama”, Hernán, Raúl y Alfonso fueron capaces de continuar la noche de fiesta. El agotamiento me abrazó y me tumbó, allí mismo, en el mítico bar Paniagua. Caí literalmente fulminado, muerto de felicidad. El cansancio venía en el ‘pack’ con la recompensa de haber terminado y la promesa de una cama que acogería mis sueños. Pero éstos habían tenido lugar como uno sólo, durante cuatro días atrás. A mí me hubiera gustado quedarme hasta el final y recomponerme para pillarme una merecida y colosal taja. No fue así. Lo reconozco: debe ser que estoy mayor.
La mañana siguiente, con algo de resaca incluida, despedí y ayudé a los que se fueron a sus respectivas ciudades después de compartir este tránsito vital. El rodaje de ‘3665’ había llegado a su fin. Aunque no fuera más que el principio de un largo periplo de postproducción que durará meses y meses hasta que vea la luz. Incluso hoy, más de un mes después de aquello, me siento extraño sin tener que volver a ir a rodar. La dura realidad se impone. Lógico, diréis. Lo bueno se acaba pronto, pero tengo un pedacito de sueño cumplido. Ha sido maravilloso trabajar con gente que pone tanto de sí misma por un bien común. Pero también descubro que las sensaciones han sido bien diferentes a las que viví cuando rodé ‘El límite’, nueve años atrás; la inocencia parece haber cambiado fugazmente. Sigue siendo la misma, sólo que ahora la ilusión parece haberse transformado en seriedad y profesionalidad a la hora de sacar adelante este proyecto. Queda mucho camino. Será una travesía llena de desencantos y obstáculos, de problemas y de monstruos que habrá que vencer. Lo que me lleva a luchar por ello es el sacrificio de los demás, que pasaron cuatro días con un deseo: disfrutar de este trabajo cristalizado en imágenes. Mi tesón por dibujar de nuevo una historia en formato de corto, una fábula que todos podrán ver tarde o temprano, ya está aquí.
Y la gesta de ‘3665’ no ha hecho más que comenzar…

viernes, octubre 14, 2011

DIARIO DE RODAJE ‘3665’ (IV)

04 de SEPTIEMBRE de 2011: Vivir rodando
Una de las personas más importantes de este cortometraje ha sido Myrian Trujillano. Ella ha sido el elemento fundamental para que muchas de las cosas sin las que el rodaje no se hubiera producido hayan estado en su sitio. Era la primera vez que volcaba sus esfuerzos en un proyecto de este tipo, pero no la primera en ejercer las funciones de producción. Lleva muchos años currando para que otros mastodónticos designios, sin ser cinematográficos, hayan emergido de la nada. ‘3665’ pertenece mucho a Myri, porque ha puesto todo su afán de trabajo y esfuerzo en que no faltara nada. Es inigualable y admirable a partes iguales.
Comenzamos el rodaje en el mismo momento en que el sol hizo su aparición. Ese instante en que los borrachos llegan a casa con una bolsa de churros en la mano y la desesperanza de la arcada en la boca, cuando los servicios de limpieza refrescan las calles de una noche de juerga interminable y hedionda y los más madrugadores aprovechan la soledad de la calles para pasear. Emprendimos la jornada entre escaleras, persecuciones y más disparos. Un señor mayor que iba a una nave adyacente asomo por una ventana y estuvo a punto de estropear un plano. Nos preguntó que si habíamos comprado el recinto. Una pregunta bastante estúpida. Cuando le dijimos qué estábamos haciendo, nos espetó con un acento muy charro “¡Aaah! Que sois los del cine, los del artisteo”. Nunca dejará de sorprenderme mucha de la gente que vive en esta ciudad.
Todo parecía indicar que no íbamos a pasar el trance del día anterior. Qué equivocados estábamos. Cuando uno trabaja al límite, ajustando la luz natural y rodando escenas de violencia y luchas, de disparos y sangre, el tiempo se reduce a la mitad. Estoy convencido de que rodando una conversación de una pareja en una calle a mitad de la noche o a un fulano soltando un soliloquio existencial en exterior y con lluvia no tiene tanta complicación técnica que vaya más allá de la de una buena iluminación y la modulación de unas buenas interpretaciones. Aquí no. Con escenas de este tipo se une todo; tienes que estar atento a la luz, a la interpretación, pero también a ver si la gestualidad física es la adecuada, el elemento de movimientos responde a la perfección, los efectos de sangre saltan a su debido tiempo, coordinar el forcejeo para que quede creíble, hacer la vida del foquista un infierno en el que ejerce casi de coreógrafo para no perder comba. Un caos que relativiza en ocasiones los grandes problemas y amplifica los pormenores. Creíamos que estaba todo controlado, sí. Pero fue un poco más de lo mismo. Terminamos con el tiempo justo. La luz se iba por el horizonte y aún no habíamos terminado la jornada y quedaban planos fundamentales para el montaje final.
David Maes, que personifica al Rastreador número 2, jamás se había puesto delante de una cámara. Podía haber supuesto otro conflicto. Pero todo lo contrario. No importó. Alguien como él era algo que había buscado desde el principio. El personaje debía beneficiarse de esta condición de inexperiencia e inocencia, pensado como un personaje de movimientos aparentemente mecánicos, pero de inquietud y sentimientos muy humanos. Su tesón y paciencia se verán recompensados con una legendaria composición. Hizo todo lo que le dijimos, con sorprendente imperturbabilidad y profesionalidad casi doliente. Una gran persona humana, como los chavales que se unieron a última hora al equipo, llamados con urgencia por un servidor, metiéndoles en el marrón de un cortometraje del que no sabían apenas ni el título.
Álex Vega ejerció de eléctrico, pero echó una mano en otros campos, activo y diligente en acatar decisiones y anticipándose muchas veces a la orden, haciendo de su esfuerzo un reconocido trabajo al límite. Increíble lo de este chico. También Raúl Flory, sin cuya ayuda Myri no podría haber abarcado su trabajo como lo ha hecho. Ellos simbolizan el futuro de esta profesión, no importa en qué rama. Me gustaría pensar que ‘3665’ será un escalón más en sus respectivas carreras y espero que hayan aprendido algo de todo esto. Yo, al menos, sigo sorprendiéndome de lo que puede dar la gente por este tipo de trabajos no remunerados y del empeño que se pone cada minuto que transcurre. El día que acabó con alguna que otra discusión sobre la luz y el eje, ése tema tan recurrente dentro de cualquier rodaje. De repente, cuando todo parece claro las brumas de la indecisión parecen caer cuando menos te lo esperas y se produce ese instante de confusión, de duda, de imprevisible acongojo por una variación extraña, por un encuadre que no se vincula en montaje con el anterior. Ése momento fatídico en el que unos piensan una cosa y los demás la antagónica. Dos flancos que defienden su postura realzando el conflicto con el tiempo. Una sombra de un brazo apuntando con arma se contrapone con una mejora estética del mismo plano desde otra perspectiva, pero imposible para que nos lo creamos. Que sí, que no… Y no hay más cojones que rodar dos versiones. Sucede en todos los rodajes. Y es algo contra lo que siempre habrá que luchar. Pero si unen posturas y se llega a buen fin, todo sea por ese componente didáctico que conlleva este tipo de sanos enfrentamientos que, a la larga, hace ver una cooperación colectiva más unida. Al menos, así lo veo yo.
Con la incertidumbre de la noche cayendo sobre Salamanca y la necesidad de que la luz diurna aún durara un poco más finalizamos con el tiempo justo con un largo y suave ‘travelling’ que nos deja a todos la satisfacción del trabajo bien hecho. Cuando nos vamos a felicitar por ello ¡un momento! “hay una mochila en uno de los habitáculos contiguos y sale en plano”. Nos miramos como si Jack Bauer nos estuviera apuntando a la cabeza con un bazoka. Sin embargo, ahí está Jas, el mago de los efectos especiales que se apresura a decir: “eso lo quito yo con la punta del rabo”. Bueno, seguro que no dijo esto exactamente porque es un chico muy educado y agradable, pero yo lo escuché así. O al menos, así necesitaba oírlo. Es lo que tiene tener a elementos humanos tan fundamentales en un rodaje. Solventada la jornada, el relax llegó en casa en forma de pizzas, algo de cerveza y amistosos diálogos sobre el cine, la vida y la jornada del día siguiente, que sería último y definitivo de un corto que estaba a punto de llegar a su fin. Un día más y el sueño del trabajo bien hecho conformaría mi deseo: saber que tenía una nueva vida fílmica cuando uno escucha la frase: “claqueta final”.
Me quedé un rato meditando, echando la vista atrás y analizando el recorrido que me había situado en ese momento, en ése instante de euforia y fruición que es lo más parecido a la felicidad que se puede encontrar dentro de este medio. Como vivir en Obvilion. Cuando todo el mundo dormía, fue cuando mejor entró otra de esas laxativas cervezas, revisando planes y reflexionando hasta altas horas de la madrugada. Es una de las pocas formas de liberar parte de la tensión acumulada. Parecía que no quería dormir. Pero lo cierto es que me regodeaba disfrutando el instante, absorbiendo cada minuto de estos días en los que quería saborear esta vida absurda y deliciosa que supone vivir rodando.

martes, octubre 11, 2011

DIARIO DE RODAJE ‘3665’ (III)

03 de SEPTIEMBRE de 2011: La urgencia crea monstruos
Los sábados por la mañana uno está acostumbrado a dormir, a tener resaca, a ir de compras, de barbacoa, de turismo, de cañas… pero la satisfacción festiva se amplifica cuando uno tiene que rodar. Porque, no nos engañemos; todos los rodajes son duros y extenuantes, a veces pesadillescos, pero a la vez son como una fiesta en forma de desafío. El sábado estuvo marcado por una secuencia complicada para la cual hubo que componer una estrategia de trabajo y planificación pormenorizada. Por mucho que ésta fuera totalmente metódica, llevó un tiempo excesivo. El momento en que el Errante encuentra la clave del cortometraje en forma de caja de música se hizo eterno. Primero, con un plano master, después con una infinidad de planos en la que puede ser la secuencia mejor cubierta de la historia del cortometraje español. No montarlo bien sería imposible. Todo quedó estupendamente. Muy bien, sí. Sin embargo, se produjo un retraso de casi dos horas sobre el plan. Entre nervios, patatas fritas y refrescos variados, la mañana fue viniéndose con un cielo gris que no auguraba nada nuevo.
A primera hora vino a Mercasalamanca Néstor Gómez, un jovencísimo actor zamorano que sufrió la fría climatología y una larga sesión de maquillaje para un par de planos. A veces, la profesión actoral es así de ingrata. Interpreta a un hombre famélico, una especie de zombie enflaquecido que ha logrado sobrevivir a la Hecatombe que describe la historia y malvive en el edificio de ‘3665’ acuciado por el hambre y la desesperación. Ángel Zamanillo, el gran “Zama”, posiblemente el mejor artista de ‘make up’ y efectos de maquillaje que existe en esta ciudad y uno de los más capacitados para hacer lo quiera en este departamento fuera de aquí, bordó el aspecto desnutrido y escuálido del personaje. El problema es que el pobre Néstor tuvo que esperar como cinco horas para entrar en acción; muerto de frío, con ropa roída y sin apenas poder decir nada.
Cuando entramos con la secuencia de Famélico, íbamos con mucha demora. Algo que nos empezó a poner nerviosos, por mucha risa que me trajera yo con uno de los ayudantes de dirección, el mítico cortometrajista salmantino Javier Díez, ante la acuciante prisa del otro ayudante, el antológico Alfonso Antolín, un tío profesional hasta la médula, metódico y disciplinado, ambos chavales cordiales y afectivos. No hubo tiempo para comer apenas. Intentamos reunir fuerzas y volver a toda hostia a grabar otro segmento de suma importancia dentro del guión. Fue una tarde de rastreadores y sangre, de disparos y mucha tensión. Chema Guevara, amigo de antaño y coguionista de dos de mis largometrajes escritos, tuvo la gran responsabilidad en uno de esos planos que tienen que salir imperiosamente en una sola toma. Álvaro se empezaba a poner nervioso porque se iba la luz. Era lógico, veíamos cómo quedaba poco menos de una hora para rodar como unos ocho planos. El nudo en la garganta de la soga imaginaria que destruye un plan de trabajo se ceñía sobre nosotros, así que no podíamos dejar que esto sucediera. Había que dar lo mejor de nosotros mismos.
Después de que “Zama” volviera a lograr la proeza con sus efectos de maquillaje y Chema colaborara para que se llevara a buen puerto, todo fueron prisas y celeridad, como si alguien nos manejara en ‘Fast Forward’ desde un mando a distancia. La luz se iba y, al contrario que los vampiros, la necesitábamos para terminar la jornada. El desasosiego se podía cortar con un cuchillo y la complicidad de las miradas se había sustituido por un “puf…ya verás tú…”. Rodar acción exige mucho sacrificio. Te exprime hasta la depauperación emocional porque requiere una dureza especial y una autoexigencia que no se conoce hasta que se plantean este tipo de complejas bravatas. Y se engrandecen mucho más si son llevadas a cabo con pocos medios. A la carrera y dejando nuestra alma en cada plano. Y con alguno de ellos que se quedó en el camino por motivos de tiempo, cerramos una jornada llena de nervios y urgencias.
Una tarde de frenesí en la que no pude hacer caso a ni a mis padres, que vinieron a verme, ni a Nacho, Rafa o Feli, mis amigos de siempre, que estuvieron por allí, ni a Juan Miguel Ávila, el ínclito fotógrafo Darco TT, que también se acercó a echar un vistazo con su cámara. El hecho de que la Film Commission hubiera pasado por alto avisar a la policía local o que estos no hubieran gestionado bien la información provocó que unos agentes de incógnito, nos pidieran el permiso debido a que los vecinos de la zona habían visto mucha actividad en un lugar abandonado. “Los vecinos” ese concepto abstracto que, en la sombra, dan tanto miedo y se aburren sobremanera, teniendo que buscarse vías de escape a sus anodinas vidas a través de una ventana y sentirse parte del colectivo social llamando a la policía por el mero afán al que lleva la curiosidad. Casualmente, en ése mismo instante, no lo teníamos. Pero fue lo de menos. La complejidad del plan consumado, el trabajo bien hecho, había compensado cualquier contratiempo. Myrian llegó con el permiso mientras el amable agente que no sabía escribir ni “film” ni “commission” en un papel preguntaba sobre aspectos del rodaje. Una vez acreditados como un equipo con libertad de movimiento en aquéllas instalaciones, ya éramos dueños del sitio, de sus circunstancias y del tiempo.
‘3665’ estaba domado y nada ni nadie podría parar el vendaval de ilusión que desprendía el equipo por hacer que este proyecto saliera hacia delante de forma extraordinaria. O eso creíamos…

lunes, octubre 10, 2011

'La fábrica de Hits', nueva 'webserie'

“Por asociación de ideas. Cuanto más libres y locas sean, más cerca estarás del hit”. Es la definición que pone como ejemplo de lo que se avecina con ‘La fábrica de hits’, nueva ‘webserie’ creada por José Luis Baringo, Gonzalo Munilla y Juan Miguel Hdez. Nevado. La idea es tan sencilla como ardua; Poti y Gon son rastreadores de ‘hitmakers’ y potenciales innovadores que desean convertir una idea que viabilice el hecho de pegar un pelotazo, de llegar con un concepto lúcido a las grandes masas, configurar con una parida ‘freak’ o clarividente al status de ‘mainstream’. El reto es que toda esa simbología de hits que surja a lo largo de su desarrollo como serie pueda traspasar la ficción y hacerse realidad en cualquier momento.
En el episodio piloto ya dejaron claras sus aspiraciones: se busca un puñado de brillantes ‘geeks’ y ‘freakies’ de diversas disciplinas con los que aspiran a encontrar ese camino hacia el prestigio partiendo de lecciones teóricas del absurdo como búsqueda funcional del éxito. Hay que fomentar esa abstracción de pensamiento a contracorriente en la búsqueda de ese ‘hit’ que devendrá en un humor e ingenio apoyados en el desafío espiritual de obtener nuevos desafíos creativos y prácticos sobre los que orbita esta serie que se une al amplio catálogo de webseries y que dilata la producción audiovisual y la creación de contenido visual original en este nuevo modelo de audiovisual que se está destapando como el futuro de las series y que responde mucho más a la intencionalidad de rentabilizar a bajo coste con potenciales grandes ideas.
Rolando San Martín, Emilio Tomé y Remedios Gómez protagonizan esta nueva iniciativa que tendrá un nuevo capítulo cada lunes. Mikel Alvariño, Rafa Gil, Leiva, Kike Narcea y Bernardo Vázquez fueron las inefables “guest stars” en una serie a la que es muy pronto para valorar su desarrollo de la idea, se diferencia del resto tal vez por el contexto y la intención más que por la forma de otras series con reconocimiento mediático. Esperemos que vayan progresando y alcanzando sus objetivos. De momento, dejan constancia esta sana intención de innovar con ese fantástico videoclip de los 45 segundos “Me lo trago” para lo nuevo de Alamedadosoulna, un ejemplo de destreza, síntesis, velocidad y ‘freakismo’ incomensurable.
.- Página web oficial de 'LA FÁBRICA DE HITS'.

jueves, octubre 06, 2011

Review 'No habrá paz para los malvados', de Enrique Urbizu

¡Rock and Roll!
Enrique Urbizu compone una extraordinaria coalición de ‘western’ crepuscular y sucio y desalmado ‘noir’ con una admirable visión fílmica construida de forma personal y calculada con metodología milimétrica.
El cine de Enrique Urbizu viene caracterizado por haber definido con su talento una carrera de honestidad intachable tras las cámaras, de una madurez forjada en una filmografía en la que empezó luchando contra los elementos (después de ‘Todo por la pasta’ tuvo que filmar algún encargo de comedia poco autoral) para redirigir su estilo a un cine mucho más personal y dinámico, constantemente en busca de la disconformidad y la pureza del género que acometía. Buen ejemplo de ello son ‘Cachito’ y, sobre todo, ‘La caja 507’ y ‘La vida mancha’, magníficas cintas que certificaron la valía de un autor privilegiado, de un cineasta comprometido con un metodismo genérico que pocas veces se han visto en el cine español.
‘No habrá paz para los malvados’ no es ajena a esta cosmología de autonomía y control creativo que Urbizu, merecidamente, ha logrado. El comienzo de la película es una muestra de esa capacidad y lucidez para enfocar con imágenes una narrativa artesanal que bucea en la complejidad del género. Presenta así, con total aridez expositiva, a Santos Trinidad, un policía en estado de embriaguez que engulle cubatas generosos de ron con un chorro de Coca-Cola que acaba una mala noche en el momento y el lugar equivocados, en el puticlub Leidy’s. Por azar del destino, coincide con el encargado del local, un colombiano vinculado posiblemente a su pasado con el que mantiene una tensa conversación. La velada se salda con un triple asesinato por parte del agente. Es el detonante que sirve de excusa para ir abriendo la caja de Pandora, ya que Trinidad destapa involuntariamente una trama de colaboración entre narcotraficantes colombianos y un comando islamista seguidores del salafismo yihadista que esconde los latidos de la herida aún abierta del 11-M y el terrorismo global que se vivió en aquella aciaga fecha.
Lo que emerge del texto es una parte sumergida que va aflorando según avanzan las pesquisas de ese personaje antológico y desapaciblemente entrañable que es Trinidad, un perdedor despojado de heroísmo y moral, que simboliza los peores valores humanos que pueden caracterizar a un agente de la ley. Un policía alcohólico y desarraigado, que maniobra al margen de sus compañeros en beneficio propio y personifica una arteria antisocial e ignominiosa de la ley por la que late la grandeza de ‘No habrá paz para los malvados’. Santos Trinidad, perro de presa con placa, astuto y escurridizo, es el centro de gravedad sobre el que orbita todo el atractivo de la historia, jugándose con ello la antipatía del espectador que, en efecto antitético, acerca su querencia a este cerdo desalmado que vive de las transgresiones morales, pero que asume su condición de superviviente en un mundo de falsedades e hipocresía. A esa excelencia contribuye en su totalidad un Jose Coronado en estado de gracia, componiendo un papel complejo y arriesgado, dotando de credibilidad y proximidad el rastreo de este neurótico policía.
Mientras tanto, Urbizu y su coguionista, Michel Gaztambide, juegan a resguardar la personalidad de sus personajes principales, de los cuales poco se sabe, ni de su pasado ni de su vida privada, sutilizando además los giros, un tanto avocados en función de su final, sin hacer alardes de piruetas argumentales, dejándose llevar por la lógica de la investigación en su trama de búsqueda, donde las piezas van encajando solas, siguiendo una intención de confusión voluntaria. Interesa centrarse en el momento presente, en la rutina policiaca de un hombre amargado y oscuro cuyas motivaciones personales no van más allá de su ímpetu y fiereza para salvaguardar sus espaldas. Y ese interés va asumiendo su protagonista con el cuidado y destreza con el que se esgrimen dos facetas; la de unos diálogos veraces, sin enfatizar más allá de la verdad que rezuman las palabras que se exponen y la violencia tratada como un comportamiento, como un concepto narrativo cuyo alcance debe ser proporcionado para que obtenga su efecto dentro de la historia y aumente su carácter exegético dentro del relato para esa detonación conclusiva de contundente salvajismo. Con ello, ‘No habrá paz para los malvados’ alcanza una atmósfera insana, llena de mugre y amenaza.
Sin embargo, para ser sinceros, hay cierta arbitrariedad en el conjunto del libreto donde se echa de menos algo de carga dramática, en la que sobresale demasiada indeterminación en ciertos pasajes, en el exceso de personajes pincelados con gran facilidad. Es una película de intenciones que rehúsa de explicaciones para que el espectador vaya descifrando algunas subtramas prescritas sobre el pasado de Santos y su relación con las fuerzas especiales y su experiencia traumática en Colombia. Pero no importa, porque Urbizu se encarga de calcular milimétricamente de que todo esto quede como menoscabos menguados hasta la impercepción por una impronta artesanal a la hora de dotar de ritmo e interés a su filme. Todo bascula con excepcional engranaje y eficacia. El cineasta vasco sabe acomodar su visión fílmica y personal sobre un marco genérico reconocible como el thriller’ de componente policiaco, consciente de las posibilidades de expresión del género con algo de ascesis, de evasiva actitud y austeridad buscada, para ir dilatando la tensión con la que va descubriéndose el caso en una vertiente de investigación paralela. Nadie va a descubrir ahora la excepcional ejecución visual de este director que filma con brutalidad visceral, con un ensalzado realismo para retratar situaciones y contextos.
Urbizu contribuye con la oscuridad necesaria, llevándola al límite, en la que la disyuntiva ética se barniza con la sombría lírica de una geografía atemperada y poco vistosa, exhumando los fantasmas de la soledad y la miseria que anidan en los bajos fondos de un Madrid decadente, que alberga solitarios y miserables policías que conviven y saben encontrar lo que buscan en lugares llenos inmigración, corrupción y procacidad. De ahí, el contrapunto que supone esa segunda vía de investigación llevada a cabo por la juez Chacón (Helena Miquel), madre y esposa que pide disculpas por llegar tarde a casa y desconoce el turbio universo que investiga y Leiva (Juanjo Artero), repeinado agente de pulcritud en su vestimenta y en sus formas. Es la forma de entender un cosmos policial que se muestra inoperante, sumido en ridículas burocracias que hacen que Trinidad escarbe, como perro viejo, las corruptelas de los islamistas y la conexión con los carteles de la droga en busca de venganza mientras los demás avanzan lentamente.
‘No habrá paz para los malvados’ revela esa redención del mártir con un predecible destino fatal, que expía sus pecados con una matanza sangrienta y transforma al miserable hijo de puta en héroe accidental, dejando entrever que, en cualquier rincón, por inesperado que sea, se esconde una bomba a punto de estallar, lo simboliza la figurativa presencia del miedo en la amenaza que seguirá vigente en nuestras pequeñas vidas vulnerables sin hombres como Santos Trinidad. Supone una extraordinaria coalición de ‘western’ crepuscular y sucio y desalmado ‘noir’ que escupe con rabia en las doctrinas y tendencias idiotizantes del cine español moderno para entregar una película marginal, desprovista de mensajes moralizantes y asumiendo el riesgo de una victoria segura. La de la dignidad de un director que cree férreamente en cada plano que rueda. Un modelo a seguir. Esperemos que pronto Urbizu vuelva con más… ¡Rock and Roll!
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011

DIARIO DE RODAJE ‘3665’ (II)

02 de SEPTIEMBRE de 2011: Recuperando el olvido
La mañana nos ofreció un día aparentemente soleado. No había estado tan atento al tiempo en las semanas precedentes como cuando veía las predicciones de Minerva Piquero durante mi adolescencia. Parece ser que iba a ser un tiempo variable, así que todo el mundo se encomendó a Saturno, sobre todo, cuando tuviéramos que rodar en exteriores. Así fue, aunque nos hubiera gustado tener algo más de luz en algunas secuencias decisivas en la resolución de las claves narrativas del corto no hizo excesivamente mal tiempo. ‘3665’ estaba a punto de comenzar y yo permanecía más atento a la suciedad creíble del vestuario de Raúl que a otra cosa. También atento porque había ocurrido un pequeño error en el plan de citaciones y algunos llegarían más tarde. No importaba, porque que estaba todo listo. Miré en ralentí, suspiré y algo incorpóreo pareció insuflarme una chispa de vida que hacía años que no sentía dentro de mí. La luz, el reflejo de la cámara en mis ojos entusiasmados llevaron a gritar esa palabra que a algunos nos da la vida eterna: “¡ACCIÓN!”. Y comenzó el juego, lleno de ímpetu y mucha más serenidad de la esperada. Todo bajo control. Nada debería salir mal. La providencia iba a ser una aliada perfecta, dejándome disfrutar de esa sensación perdida, arrinconada durante años en un cajón de mi propia conciencia, desoxidada a la vez que en la claqueta iban apareciendo escritos nuevos números y se grababan nuevos planos.
La mañana estuvo marcada por las llamadas de los medios. En principio, yo quería que el rodaje no tuviera más trascendencia de la necesaria. Necesitábamos algo de sosiego porque había mucho que rodar en poco tiempo. Aún así, Salamanca Film Commission (que gestionó los permisos para el lugar del rodaje por medio de Enrique Cantabrana) y El Corte Inglés (que, a través de Luis Barreda, hizo posible que comiéramos decentemente aportando el catering) habían enviado a todos los medios un comunicado escueto que debió correr como la pólvora, porque durante un rato mi teléfono parecía el de Justin Bieber con tanto ajetreo. Una vez solventados los protocolos mediáticos y hablando maravillas del proyecto, era hora de volver a ese sueño interrumpido. El antiguo Mercasalamanca es un sitio alucinante. Lo descubrí un día de pinchos y cañas, cuando leí su situación depauperada en un periódico local. Es entonces cuando supe que esta historia debía rodarse allí.
Furtivamente, me colé al poco tiempo en aquellas dependencias municipales con mi amigo Álvaro Ortiz. Quedé sorprendido cómo aquel lugar, otrora símbolo del ajetreo mercantil, del movimiento de transacciones diarias dentro de lonjas y puestos de todo tipo, hoy era un desierto de hormigón, donde sus enormes naves habían muerto para siempre, con un silencio sepulcral, olvidando la vida y los negocios por la mugre y el éter insano. Un lugar en el que una historia futurista es posible, debido a que da la sensación, como en el antiguo edificio de La Salle donde rodamos ‘El límite’, de que todo el mundo ha huido de una catástrofe nuclear, símbolo del abandono y la muerte de un recinto que un buen día ofreció la vida en forma de productos de primera necesidad a toda una ciudad. Este Mercasalamanca, como dice Francisco Rodríguez en ‘El norte de Castilla’ haciéndose eco del rodaje, es “una metáfora en sí mismo de las consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria (hace años que debería haber sido derribado para construir una zona residencial, pero el viejo complejo permanece en ruinas expuesto al tiempo)”. No encuentro mejores palabras para definir el presente y el futuro de unas instalaciones que han pasado a formar parte de mi vida.
Tuvimos un problema con la escopeta recortada que lleva el Hombre Errante, el personaje al que da vida Raúl. Uno de los ejes del gatillo, a priori, dijo adiós. Si algún día tenéis pensado comprar algún arma o réplica en armasdecoleccion.com pensáoslo dos veces. No es buena idea, porque apenas tienen trato con el cliente y sus productos (carísimos) dejan bastante que desear. Son esos pequeños problemas que retrasan una hora el rodaje y cuando vuelves con tu arma arreglada todo el mundo parece alegrarse como si trajeras un jamón para degustarlo entre todos. El primer día transcurrió sin ningún altercado. El factor suerte y la divinidad hicieron que el plan de rodaje se cumpliera de tal manera que pudimos rodar una secuencia del día siguiente. Incluso vimos a los Rastreadores en vivo y en directo (interpretados por Chema Guevara y David Maes), los malvados soldados del futuro armados hasta los dientes que amenazan con su sola presencia. Increíble. El hecho de que sean creíbles sostenían parte de funcionalidad de la historia. Y acojonaban. Vaya que sí acojonaban. Sí, sé que esperáis alguna instantánea, pero es parte del secreto para cuando se estrene el corto.
Tantas horas fulminan la energía, por lo que el cansancio hizo mella en todos los miembros del equipo y esta vez no quedaron ganas para ese lapso de relax que siempre supone una cervecita fría. Eso sí, a mí no hay quien me quite este lujo y cuando llegué a casa preparé todo lo del día siguiente con una lata en la mano, a la vez que recibí una noticia inesperada del departamento de producción: estaba en bancarrota. Era el primer día de rodaje y no me quedaban ni tres euros en mi cuenta corriente. Lo he puesto todo en este proyecto. Y aún así, no ha sido suficiente. Afortunadamente, gente como Jairo (con el apoyo de su productora Pixel Films) y amigos eternos que creyeron en el proyecto como Asier Guerricaechevarría, Joseba Gorordo o Ángel Zamanillo “Zama”, así como mi mecenas y padre, José J. Refoyo, habían invertido sus respectivos “Bin Ladens” para que ‘3665’ siguiera su curso y no hubiera complicaciones económicas. No recordaba lo duro que era esto. Con otra cerveza entrando por el gaznate, me vi como Coppola como cuando se metió en ‘Apocalypse Now’, sumido en la ruina, sin viñedos, pero con un duro rodaje por delante ¿Por qué preocuparse? Caí rendido para dormir otras cuatro horas, las necesarias para afrontar otra jornada intensa de trabajo. La que sería la más dura que he vivido en años.

Ha muerto Steve Jobs, el hombre que cambió el mundo

1955-2011
Un gurú de la informática y la tecnología, un líder nato, un hombre inigualable con olfato para los negocios, un innovador avanzando a su tiempo, el visionario que, sentado en el garaje de su casa, creó un ordenador de uso personal que cambió el mundo. Aquella máquina llamada Macintosh 128K, lanzada el 24 de enero de 1984, y posteriormente el sistema operativo Mac OSX revolucionaron el mundo de la tecnología. Steve Jobs siempre fue un ‘geek’ que no perdía el tiempo en hacer uso de los avances comunicativos, si no que seguía trabajando en perfeccionar y conquistar nuevas metas, avanzar evolutivamente dentro de la dura competencia de los nuevos mercados y productos con su todopoderosa Apple, el coloso de la manzana. El adalid que creó un nuevo modelo de presentación, de reinterpretación de las conferencias convertidas en puro espectáculo dialéctico, será por siempre uno de los ejemplos más poderosos y mediáticos del marketing.
Jobs llegó a tocar el cielo con su desarrollo informático, con su ideología llevada por una privilegiada intuición. El hombre que compró Pixar por casi 5 millones de dólares y la vendió a Disney por 7.400 en 2006 ejemplarizó la consecución de los sueños, como expuso en aquélla antológica ceremonia de graduación en la Universidad de Stanford en 2005 durante su magistral discurso: “No perdáis nunca la fe. Tenéis que encontrar qué es lo que queréis... Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis”. El mundo ha perdido una figura que logró cambiar la cultura y el pensamiento mundial en la forma de aplicar la tecnología a la vida cotidiana. Sin su fundador y guía espiritual, Apple deberá encontrar su propio camino y reinventarse. Habrá muchos más “One more thing” dentro del progreso del gigante informático. Sin embargo, ya no será lo mismo.

martes, octubre 04, 2011

DIARIO DE RODAJE ‘3665’ (I)

01 de SEPTIEMBRE de 2011: El día antes
Las semanas anteriores a este día fueron un auténtico despropósito para el lógico equilibrio racional y la cordura. La enajenación mental estuvo a punto, en varios instantes, de apoderarse de mí y dejarme en un estado catatónico de por vida. Hubo problemas gordos, conflictos de todo tipo, especulaciones negativas y un sinfín de contrariedades que finalmente sólo tenían un único objetivo: hacer posible que el sueño llamado ‘3665’ se materializara en un cortometraje. Por eso, que se solventara todo el entramado de producción apenas unas horas antes de rodar definen que este proyecto iba a tener que ser una realidad frente a cualquier trance o dilema, superando obstáculos y sin oportunidad de pensar en el desaliento. La búsqueda de todo el material de iluminación por los confines que van más allá de este mundo, el trípode con cabeza O’Connor de los huevos, el generador que no fluctuase y que tuviera estabilizador para evitar picos de luz, luego que si no tenemos eléctrico, que hace falta un auxiliar de dirección, que si se cae esto y lo otro y hay que buscar por donde sea nuevas alternativas… me llevaron a tomar una decisión: había que recomponerse para llevar con estoicidad tanta oscilación hacia la locura.
Supongo que todo formaba parte de un siniestro plan ideado por algún villano para que aprendiese una nueva lección vital. Pero todo tiene un ‘happy end’ en algún momento. Con una cerveza en la mano, apaciguante néctar de lúpulo, los problemas parecen componer otra de esas macabras sinfonías que suenan a instructivas nociones de enseñanza práctica. Sin duda alguna, lo peor, la pesadilla del conflicto, la pugna con los elementos, había pasado. La noche anterior la preparación del personaje de Raúl Prieto, protagonista del corto, consistió en una distendida charla en algunos bares de Van Dyck poniéndonos finos a pinchos y cervezas, extendiéndose la noche hasta altas horas de la madrugada, recordando viejas hazañas y hablando pormenorizadamente del corto y la interpretación. Un efecto que provocó una bola de nieve en lo que concierne a dormir, ese verbo que se esfuma cuando hay que rodar. De eso, todavía me acuerdo. La hiperactividad no deja apenas un lapso de tres o cuatro horas en brazos de Morfeo para rendir al máximo en estas condiciones. No importa. Todo fuera por volver a vivir esa pleamar de emociones perdidas. Los nueve años desde que rodamos ‘El límite’ no han pasado en balde. Mis niveles de nerviosismo y desorden mental, llegaron a extremos jamás alcanzados, aplacándose cuando se acercaba el momento de la verdad: la liturgia de un rodaje.
Parte del equipo llegó sobre las cinco de la tarde. Por entonces, todavía estaba cerrando el dossier de rodaje, solventados ya los flecos más determinantes. Era el momento de terminar la confección del patrón de seguimiento que fui trabajándome exhaustivamente, hasta meterme en labores propias de ayudante de dirección y de otros departamentos que poco tienen que ver con la dirección o la producción. Es lo bonito de este tipo de proyectos pequeños sobre los que tienes un control total. Es la retribución a la indolencia nerviosa, el único modo de quemar adrenalina antes de la tormenta. José Ángel Soto (Jas para los amigos), ha sido un factor determinante antes y durante el rodaje (y lo será después) y sin él esto no hubiera sido posible. Un gran amigo y un valedor que no ha cejado en el empeño de que yo volviera a rodar. Su ahínco ha sido decisivo y su trabajo de aplauso colectivo. Tampoco hubiera sido posible sin el gran Jairo Iglesias, que se embarcó en la aventura con su productora Pixel Films, trayendo consigo desde Galicia el equipo de Red One, ese fantástico invento que concibió la imagen del corto y filtró todos nuestros deseos fotográficos con la mano maestra de ese mago de luz que es Álvaro Martín Blanco, el director de fotografía, el cual llegó con una acuciante debilidad de salud provocada por problemas estomacales que fue superando como un titán y realizando una labor totalmente encomiable. Un tridente perfecto que supuso la médula espinal de todo el engranaje dentro del equipo. Una última vuelta de reconocimiento por las dependencias abandonadas de Mercasalamanca, ese entorno post-apocalíptico que apenas hubo que atrezar para imponer una visión del futuro desolador que nos esperaba. Todo correcto. El plan de rodaje estaba medido, la definición de todos y cada uno de los apartados del rodaje meticulosamente adaptados a las condiciones de lo que sería un rodaje extenuante y a contrarreloj. Eran muchos planos para pocas horas de luz. Pero lo íbamos a intentar, porque tendríamos cuatro días por delante para exprimir lo mejor de un equipo que incluso un día antes no estaba cerrado, pero que fraguó un colectivo volcado en un propósito común.
La noche se echó encima dejando un par de jarras en el Bar Francia, junto a las localizaciones del corto, siempre con la atención y simpatía de Chuchi, memorable amigo de conversación inacabable y entrañable persona. Esperamos a que Dani C. Borrás hiciera un esfuerzo fraternal para que estuvieran listos los dossieres a todo color gracias a su trabajo desinteresado en su papelería Picasso. Perfectos. Jairo, Jas, Myrian y yo dedicamos las últimas horas pre-rodaje a dar buena cuenta de una suculenta cena en la mítica Pulpería de Paco, mientras Álvaro, en constante lucha contra la tecnología, seguía enfadado con su iPhone, mientras procuraba conciliar el sueño antes de la guerra. A mí, en cambio, me quedaban algunas horas para dejar preparado todo y que nada fallase. O eso deseaba. Ejercer como productor en todos los flancos es lo que tiene; pones dinero, no duermes, ordenas todo, procuras que no falte nada y estas a mil temas a la vez. Pero, qué cojones… al día siguiente iba a realizar un sueño tan esperado que aunque me hubiera clavado una estaca en la mano no la hubiera sentido. Las palabras sonaban en mi cabeza como una melodía, como una canción de cuna: “Mañana comienza el rodaje de ‘3665’”.

lunes, octubre 03, 2011

Análisis PES 2012

Ya el año pasado, Konami había dejado claras sus intenciones de mejora en su producto estrella. El PES 2011 era un salto de calidad, un manifiesto intencional que exponía de un modo práctico hacia dónde debía encaminar sus pasos el simulador para ir avanzando en sus avances. PES 2012 sigue en esa regeneración progresiva, explorando las posibilidades técnicas de sus objetivos por recuperar la primacía del fútbol binario. Este PES es, de entrada, el mejor de su generación, el más completo y más jugable, despejando las dudas que despierta ante su eterno rival, el FIFA de EA Sports y que abre esa dicotomía de filias y fobias que despiertan entre los usuarios.
Sin embargo, por segundo año consecutivo, podemos concluir que el incremento de calidad del producto de la empresa asiática de Seabass convence por su paulatino esfuerzo por acercar la fiabilidad que Konami ha ido imponiendo en su titánica lucha por mantener su sello e idiosincrasia. La modalidad de ocio futbolístico que propone PES este año no va por los derroteros gráficos. En este apartado, quizá, no se ven casi novedades respecto al año anterior. O al menos no se perciben muchas mejoras visibles. El año pasado ya abordaron concienzudamente este terreno con sensibles adelantos técnicos, por lo que se ha matizado la iluminación y se han esmerado en el aspecto facial de los jugadores, en el que las estrellas de turno guardan gran parecido con sus análogos reales. En este apartado, siguen sin encontrar rival y así seguirá siendo.
Pero, más allá de eso, por lo que convence este nuevo PES 2012 es por seguir definiendo la corrección de esa rotación de 360º en el jugador, que en esta ocasión se beneficia de una IA mejorada de los jugadores, con la implantación de un sistema de pases libre y control de espacios que se nota tanto en el ataque como en la defensa. Lo más atractivo de este modelo de PES es que, como en la pasada edición, se obtiene la fluidez de movimientos y reacciones sutiles y realistas, donde la velocidad de transiciones y los giros hacen del juego una experiencia muy gratificante. El simulador de Konami ha apostado por el juego al toque, de control, imperando la lógica y dejando que el espectáculo se tenga que construir a base de bascular hacia las bandas, buscando huecos por el centro, pasando y tocando en busca del desmarque sin balón, defendiendo con coherencia o cambiando al extremo débil de forma inteligente. El control del juego parecer ser la meta primordial, lo que va a caracterizar el nuevo PES y la funcionalidad que hace que se acerque a la tentativa verídica del fútbol moderno.
Por eso, las novedades de este año vienen de la mano de dos particularidades internas como son el “Teammate”, función totalmente manual, que propone el desafío para el usuario más avanzado de controlar a un segundo jugador que puede desmarcarse, buscar espacios y arrastrar a jugadores rivales abriendo el juego del equipo y aumentando la sensación de libertad dentro del campo. Y, por otra parte, existe la opción ‘Off the ball control’, relacionada a su vez con movimientos sin balón, esta vez a balón parado, donde también podremos mover jugadores en un saque de falta, de banda o un córner para buscar la mejor opción de remate o de pase. Otra de las ventajas en progreso que nunca defraudan de PES es el estudio de la física del balón, con un esférico muy realista en sus contactos y disparos, que se mueve con naturalidad y se beneficia a su vez del acortamiento temporal que transcurre entre el movimiento y la jugada, elaborando oscilaciones estratégicas que mejoran en función de la capacidad de reacción de los jugadores.
El interfaz no ha variado, siendo exactamente igual que el del año pasado ¿Para qué cambiar si algo funciona? Es decir, que podremos hacer los movimientos de nuestro equipo en unas simbólicas pizarras de entrenamiento que facilitan el acceso y los cambios en las plantillas y el movimiento tanto táctico como estratégico, muy asequible y sencillo para el usuario. En cuanto a las modalidades de juego, se ha dado más cancha y ha estudiado a fondo su apuesta por la Liga Manager (sobre todo en su disciplina Online –punto clave de este juego-) y la característica Ser una Leyenda en este mismo apartado, que ha mejorado respecto a sus ediciones anteriores. Es una opción global que ha venido en llamar ‘Football Life’, que también se une a la clásica Champions o la novedosa Copa Libertadores, que aporta una nueva variante al reto de conocer de cerca la competición más célebre al otro lado del charco.
Otra mejora que agradecerán los fans de la saga: por fin, los penalties vuelven a recobrar sus sentido y lógica con una vista frontal y una accesibilidad de gol mucho menos compleja que en 2011. Así mismo incluye entrenamientos dinámicos con desafíos y muchas más alternativas que hacen de este PES el mejor de muchos años. Lo importante de la franquicia es que Konami sabe que cada año tiene que seguir corrigiendo errores y puliendo ese PES que va camino de ofrecer las garantías suficientes para gobernar el reino del fútbol de ocio de consolas y ordenadores. Los cambios que prometían este año se han cumplido y la renovación sigue en la trayectoria de convertirse, si no lo es ya, en la experiencia de un fútbol total en cuanto a simulador se refiere. Este PES 2012 convence con rotundidad.