sábado, abril 30, 2011

Marc Gasol y los osos que clavaron las espuelas a San Antonio

Más cosas. Tampoco podemos olvidar más gestas destacables dentro de un deporte que permanece incandescente más allá del fútbol. Lo de anoche en la NBA supone un hito. No sólo porque Marc Gasol haya sido decisivo para que los Grizzlies pulieran en el sexto partido al mejor equipo de la temporada regular, los San Antonio Spurs, dando la campanada más sonada de estos ‘playoffs’, sino porque es la primera vez en la historia del equipo que avanzan una ronda eliminatoria. El tridente formado por el jugador español, el ala-pívot Zach Randoph y el ‘rookie’ Greivis Vásquez está de moda. Han logrado anular a Duncan, Ginobili, Parker y compañía. El éxito es épico. Ahora está la duda en saber si la carrera de los de Memphis seguirá su curso ante Oklahoma City de un Kevin Durant imparable.

viernes, abril 29, 2011

Halcón Perfumerías Avenida, también campeón de liga


Entre tanto ajetreo deportivo con tanto énfasis mediático empañado por el ostracismo de eventos tildados de ‘clásicos’ que decepcionan y retrotraen la memoria un tiempo perdido donde la clase y el talento se superponían a este apego por la celebridad a golpe de talón, de nuevo, otra vez en dos semanas, el Halcón Perfumerías Avenida merece un destacado espacio en la plana deportiva. Obviamente, no va a ser así en el ámbito nacional, sumergido en polémicas baladíes y absurdos circos. Sin embargo, las chicas de Lucas Mondelo han convertido el sueño en realidad. Un triplete cuya singladura y esforzado trabajo comenzaran en octubre, con la consecución de la Supercopa, que cayó en Valencia, en la Fonteta, ante el Ros Casares, el equipo al que las charras han ganado en los seis enfrentamientos directos y al que ayer derrotó por 85-90 en el segundo partido de la final de liga, llevándose la victoria final y el trofeo de campeonas 2010-2011. Entre medias, nada más y nada menos, que el equipo salmantino se agenció, como un hecho histórico y meritorio, la Copa de Europa en Ekaterimburgo. Es la segunda vez que el Perfumerías obtiene el máximo título nacional. Y lo hizo por la vía rápida.
Anoche lo hizo con solvencia, reponiéndose de los diez puntos de desventaja con los que se fue el Ros Casares en el primer cuarto, para irse de trece en el segundo. El encuentro estuvo disputado y muy emocionante. Con diversas oportunidades de acercamiento de las de valencia en el marcador gracias a las invectivas de Rebbekah Brunson, Laia Palau o Marta Fernández. Pero no fue suficiente, la gran aportación atacante y defensiva del conjunto salmantino frenó las expectativas de remontada del Ros, fundamentalmente porque hasta cinco jugadores del Avenida superaron los diez puntos; De Mondt (12), Lyttle (13), Alba Torrens (11), Silvia Domínguez (11) y sobre todo Erika de Souza (19), que además se convirtió en la pieza clave al coger 12 rebotes. Con el relax de saberse superiores y campeonas, disminuyeron la marcha en exceso y el Ros recortó la distancia en el último minuto de partido, hasta ponerse a tres puntos cuando sólo quedaban ocho segundos. Pero el control de faltas y el acierto de la línea de tiros de libres apuntalaron la gesta del que ha sido el mejor equipo de baloncesto femenino continental y nacional de este año. El Triplete será muy difícil de repetir, pero ahora es el momento de disfrutarlo y de rendirse ante la épica alcanzada por las heroínas de Salamanca.
Enhorabuena CAMPEONAS.

jueves, abril 28, 2011

Marcin Jakubowski: la magia atmósferica de la ilustración

Las ciudades que todos conocíamos desaparecieron bajo un cataclismo que llevó a la extinción de ese concepto familiarizado de lo se llamó durante siglos urbe cosmopolita. Las grandes avenidas y los monumentos fueron pasto de la destrucción. La nueva era enterró el pasado, sumiendo el presente en un caos de tecnología y evolución involutiva. Desde entonces, los parques pasaron a ser desfiladeros de metal, el olor de las flores se convirtió en un hedor metálico de cables oxidados. La vida se sustituyo por un procesador y la muerte por un simple cortocircuito…
El ilustrador polaco Marcin Jakubowski recrea mundos que propagan la idea de un futuro cruel y gris, donde la humanidad ha dejado de ser como era. Compone sus obras con un trazo perfecto que delinea un estilo capaz de transmitir sensaciones con un tono terriblemente oscuro, aunque con espacio para lo caricaturesco. Su esencia poética y subversiva va desde esa visión fatalista del futuro a escenarios híbridos, maquinaria atemporal, hasta la recreación gótica de un pasado reconocible y cercano que demuestra su devoción por la conmutación de géneros. Cualquier categoría le sirve a Jakubowski tanto para transitar tanto por la emoción gráfica conceptual de un instante literario como para reavivar la magia de una animación tradicional infantilizada. “Me gusta usar mi imaginación para crear otros mundos”, afirma en su web. El ilustrador consuma su objetivo en una idea muy simple: crear deliberadamente un estado de ánimo y una atmósfera en el espectador de su obra.
Su página BalloonTree expone su arte.

martes, abril 26, 2011

'Kamikaze 1999 (Le dernier combat)', de Luc Besson; era post nuclear y deshumanización

Esa sensación de asfixia, de soledad, de no controlar el mundo, de sentirse en un universo extinguido donde la vida ya no es lo que era. Donde no existe rastro de mujer y la violencia se ha apoderado del hombre. Es cuando la necesidad de supervivencia es la única que promueve el instinto humano. Cuando la era post nuclear ha dejado al ser humano sin la capacidad de hablar, perdiendo la comunicación más allá de los gestos y las amenazas. Esto es, más o menos, lo que planteó Luc Besson a la hora de descontextualizar la ciencia ficción hacia un vértice despojado de ornamento con su intencionada visualidad ruda y esteticismo vehemente de ‘Kamikaze 1999 (Le dernier combat)’, transformada con gran pulso por Carlo Varini en un incómodo blanco y negro y donde la imperfecta música de Eric Serra y la ausencia de diálogo sostenían ese ímpetu radical que mezclaba el evento apocalíptico con cierta esencia europeizada de lo que supuso la saga de ‘Mad Max’, de George Miller o el cómic francés ‘Metal Hurlant’, donde la sombra de Moebius se intuía en la ópera prima del director de ‘El quinto elemento’.
Su ritmo pausado, lleno de acciones sin concreción, con la descripción de personalidad de sus personajes definida por el ungüento genérico se adecua a las exigencias de la historia; el héroe solitario, una mafia organizada que sobrevive en el desierto, un doctor que pasa el tiempo en un edificio fortificado y un enorme y embrutecido hombre que quiere asaltarlo. Entre sus tiempos muertos, Besson se las ingenia para deshumanizar el género, para llevarlo hasta el componente primitivo que parece querer transmitir dentro del filme y que rescate los planteamientos de Hobbes. De esta forma, la lógica de un mundo que debe volver a aprender a hablar, a salir de la alienación, a buscar un modo de sobrevivir, recurre a ése céfiro alternativo a la hora de reflejar un futuro donde la lluvia de peces es posible y la tecnología ha desaparecido junto a un rayo de esperanza que cierra la película y le otorga un desenlace circular que consuma el discurso central que inicia la primera imagen del filme. La de ese héroe fornicando apáticamente con una muñeca hinchable y que termina, como colofón a su trayecto vital, por descubrir a la única mujer sobre la tierra convertido en el nuevo capo de esa incomprensible horda de asesinos que buscan agua a través del sometimiento de un enano.

martes, abril 19, 2011

Los cines que murieron

Aquéllos sueños en forma de celuloide disueltos en el tiempo, sin espacio para el olvido. Las sensaciones perdidas desde una butaca que ahora se estremece desvencijada observando los restos de una pantalla que ya no existe. Las fantasías postergadas de las sesiones que concedieron cierto poder de imaginación surgido de un proyector y que hoy amontona polvo, descuartizado y víctima de la negligencia. El paso del tiempo hizo que la luz se apagara y sólo dejara la reminiscencia de tardes y noches de felicidad y entusiasmo, de intriga y pasión cinéfila por la sorpresa de la quimera del séptimo arte. Las largas colas y el gentío hace tiempo que dejaron de formar parte de la lógica naturaleza y funcional del gran teatro, que ha sido sustituido por el ahogo de la soledad y la decadencia que trae consigo el paso de los años. Un día, estos lugares sirvieron para alimentar la entelequia de los ojos que imaginaron historias como las que llenaban horas y horas con las diversas ficciones que se plasmaron en la enorme lona mágica con el continuo destello en la oscuridad. Lejos quedaron las olvidadas ‘matinées’, aquel estreno que avivó la llama de su propia leyenda, el primer beso, el sobresalto inquieto, el bostezo involuntario, la emoción irrefrenable, las lágrimas emotivas, la carcajada sincera, el debate exterior sobre el cúmulo de sensaciones interiores…
Aquellos recuerdos permanecerán al abrigo de las memorias individuales, confundiéndose y unificando el sentimiento de tribulación cuando alguien evoque lo que hace años fue un refulgente neón de novedades y estrenos, apagado en un nombre que forma parte del pasado. Un día imprevisto la taquilla dejó de funcionar y las puertas se cerraron para siempre, con toda la nostalgia destinada a extinguirse lentamente hasta el desierto del injusto abandono, llevándose consigo las pequeñas intrahistorias de los espectadores que dieron vida y esplendor a su existencia. Cuando un cine muere, miles de recuerdos e imágenes quedan encerrados entre sus paredes, durmiendo en las butacas sentenciadas a su progresiva extinción. Sin embargo, avivan su fuerza cuando alguien rememora la felicidad de aquellos días perdidos, en los que ningún centro comercial amenazaba aún con acabar con una tradición que hoy forma parte del pasado. El presente impone directrices y cambios que han terminado por destrozar entornos familiares y añorados. Son épocas de cambio arbitrarias contra las que se puede luchar únicamente con nuestros recuerdos. Que así sea.
Hasta después de Semana Santa, amig@s del Abismo.

sábado, abril 16, 2011

Review 'En un mundo mejor (Hævnen)', de Susanne Bier

Melodrama al gusto de Hollywood
Lo que empieza siendo una reflexión sobre las responsabilidades éticas dentro de un entorno de violencia sufre un cambio de dirección hacia el melodrama de propósitos de redención y tesis didáctica.
La danesa Susanne Bier se ha caracterizado a lo largo de su nutrida carrera por establecer siempre su mirada hacia tragedias humanas con un fondo de desestabilización al que se ve sometido el núcleo familiar para despedazar su rutina con la irrupción de un acontecimiento imprevisto donde la violencia, desde un punto de vista multifuncional, está presente dentro de la impronta intimista en la que no suelen faltar elementos humanistas como la culpa y el perdón. Por supuesto que ‘En un mundo mejor’ sigue esta tendencia al melodrama sobre ambivalencias, sobre conflictos internos, en esta ocasión centrada en los niños, los verdaderos sufridores de las carencias afectivas que se traslada a una doble drama; la de Anton, un padre, médico idealista, que trabaja en un campamento de refugiados donde asiste diariamente a la vejación y violencia con mujeres embarazas por parte del líder mafioso de la zona al que todos temen. En su regreso a casa se tendrá que enfrentar a la distancia que se ha establecido con su mujer, a la que le ha sido infiel y la relación con uno de sus hijos, un adolescente confuso y aturdido por la situación vivida en el hogar y en el colegio, donde es víctima de acoso escolar. Por otra parte, Claus es otro padre de familia acomodada que acaba de perder a su mujer debido a un largo cáncer y le ha dejado sólo junto a un hijo resentido que le inculpa como responsable de la pérdida.
Ambas tramas rotulan desde su inicio a dos hombres marcados por el dolor de asumir un hogar desestructurado. Sin embargo, para Bier y su guionista, el prestigioso Anders Thomas Jensen, la jerarquía del sufrimiento radica en la afectación de un escenario emocionalmente hostil que incumbe a los dos chavales afectados por sendas situaciones, Elías y Christian, que unen sus frentes en un mismo destino. ‘En un mundo mejor’ la alianza de los débiles se refuerza en una autoconfianza que, llevada por un mal camino, puede degenerar en un desmedido sentido de la venganza ante la imposibilidad familiar por ordenar su vida privada, por aclarar sus ideas, antes que frenar una actitud represora en ciernes. En ese sentido, la adolescencia incomprendida lleva a todos los personajes a asumir o reflexionar sobre las responsabilidades éticas que les vertebran. Con ello, se discurre acerca de la violencia, tema central del filme, desde puntos ópticas divergentes, analizada de forma implícita, que transita en la poco sutil denuncia de vulnerabilidad de los derechos humanos en países del tercer mundo confrontándolo con la privilegiada sociedad danesa o señalando las conciencias dispares sobre ésta en contradicciones que carcomen los prototipos de justicia y de la no violencia.
Se ejemplifica con uno de los giros más trascendentes de la trama, cuando el hermano pequeño de Elías provoca que su padre desafíe verbalmente a un rudo mecánico que le propina una bofetada que no es respondida ante el asombro de los niños. Ellos esperaban un enfrenamiento como respuesta a esa idealización paterna e infantil. Anton intenta hacer ver que la violencia sólo pertenece a los miserables y que el que agrede siempre es el que pierde. Es la misma actitud deontológica que mantiene en el campo de refugiados, cuando llega la hora de tomar responsabilidades como el tener curar al psicópata al que todos temen.
Es en esta esfera de lo reflexivo es donde ‘En un mundo mejor’ universaliza las fronteras del ímpetu violento que anida en las personas. Siempre distanciando entre lo que pasa en Kenia y ese sentimiento de frustración iniciático que envuelve a los dos pequeños con respecto a una situación que hace sacar la rabia que llevan dentro. En esa doble relación paterno-filial se esconde esa comunión de desconcierto infantil. Mientras Anton escucha y advierte a Elías, intenta ser un buen padre, Claus no tiene tiempo para comprender la actitud violenta de Christian, compartiendo ambos un complejo de culpa sobre sus vástagos.
Lo que hace que ‘En un mundo mejor’ no naufrague por la manipulación del espectador es que Bier y Jensen dejan una distancia idónea para que los personajes tengan su espacio, dejando que respiren con sus decisiones y sin posicionarse ni juzgar sus actos, sobre todo con las acciones deliberadas de los pequeños, silenciando los sentimientos de dolor y utilizar así a los pequeños como vasos comunicantes de toda la contención emotiva del filme. Bier envuelve el filme con paisajes coloristas, donde los cielos con nubes de postal son la representación de ese sosiego que los roles no alcanzan. Su narrativa, como siempre, transita por la corrección sin grandes hallazgos, muy funcional y metódica en esos sus planos que aluden a la soledad, a la inestabilidad y a la tristeza.
Sin embargo, a medida que avanzan los acontecimientos, se empieza a intuir un cambio de dirección hacia el melodrama, debido a la forma de tejer el patrón dramático del doble entramado familiar, mostrando a esa madre solitaria que echa de menos a su marido pero no puede perdonar la infidelidad, el conflicto moral que encierra el doctor en Kenia y que provoca la reacción encontrada de su hijo que se siente desatendido o la incapacidad de Claus y Christian para canalizar el dolor por la muerte de la madre… Se va diluyendo esa relación de necesidad y admiración que se establece entre el niño débil y su amigo sediento de sacar afuera toda la ira que lleva dentro. Llega un momento en que la cinta, tamizada en su mayor parte con cierta atmósfera acertada, cercana y reconocible, se va concretando en algo bien distinto, cercano al tremendismo con que el que, en su tercer acto, envuelve en un discurso complaciente y artero que acaba por imponer una parábola instructiva y ejemplarizante.
Para Bier y Jensen el bien moral se arremolina dentro de un contexto de terrorismo infantil que al estallar provoca que la lógica y el equilibrio salten por los aires con un propósito de redención y tesis didáctica. Su tramo final deja un afectado discurso en el que si la violencia se apodera del mundo hay que poner la otra mejilla, puesto que las consecuencias de tomar medidas drásticas envenenan la incertidumbre y destruyen al ser humano. La ética parece ser la única solución y el perdón su enriquecedora derivación. Por eso, a Bier le puede ese ‘happy end’ que descoloca todas las piezas dispuestas para un final edulcorado y clásico, donde el didactismo desdibuja la realidad que ha ido proponiendo a lo largo del filme. De ahí, que los padres de Elías acaben reconciliados y que tras el acto extremo provocado por Christian y que deja a su amigo al borde de la muerte sea aceptado como un pequeño error humano, absolviéndole y poco menos que convirtiéndole en un miembro más de la familia. Ése el “mundo mejor” que imaginan Bier y Jensen, el de un modelo Hollywoodiense afectado por lo positivo, de ahí que el Oscar tuviera en esta aspirante adecuada a los gustos de la Academia fuera a parar a esta cinta danesa. Es como si, poco después del largo y traumático tránsito vital, todos hubieran aprendido la lección y pudieran ir cogidos de la mano, riendo y dándose abrazos, a comerse una hamburguesa a un centro comercial. Porque en su final los personajes terminan representando el tópico de familia unida gracias a la catarsis aleccionadora que han vivido.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011

jueves, abril 14, 2011

Cita con el cortometraje en el Capitol con la muestra '¡CÓRTATE'

Amigos y residentes de Madrid, hoy os traigo una buena noticia. De ésas que da gusto escribir por estos lares. Hoy tenéis una cita con el mundo del cortometraje, ése formato que vive de iniciativas a modo de muestras y festivales donde los jóvenes realizadores tienen la oportunidad d exhibir sus trabajos al gran público. Pues bien, esta misma tarde [The House of Films] y el cortometrajista Raúl Cerezo, codirector del Festival de Escorto, inauguran la muestra ¡CÓRTATE!, donde se tendrá la oportunidad de ver cinco trabajos de cortometrajistas que dan a conocer sus nuevos trabajos en esta sesión nocturna que tendrá lugar a las 22,00 horas en el Cine Capitol de Madrid, por primera vez en una proyección digital de trabajos de corta duración. Allí el público tendrá la oportunidad de ver, en estreno exclusivo, los trabajos ‘8’, de Raúl Cerezo, ‘El descenso, de Daniel Romero, ‘Ukemi’, de Jorge Antonio Molina, ‘G’, de Diego Puertas y ‘Quédate conmigo’, de Zoe Berriatúa.
El Capitol, dotado con más de 1.300 localidades, acoge así esta ilusionante celebración del cine de corta duración al simbólico precio de 2 € y pueden adquirirse las entradas en taquilla a partir de las 20:45 horas. No será un acontecimiento anecdótico. El objetivo de este proyecto es el de convertirse en una cita mensual para que cineastas y espectadores amantes del formato compartan la oportunidad de ver los últimos trabajos todos aquéllos que tengan un cortometraje de calidad para exponer. Los asistentes al evento también tendrán la oportunidad, una vez finalizada la proyección, de continuar la fiesta de cine en el Larios Café, muy cerca del cine Capitol, donde será obsequiado con una consumición solamente con mostrar la entrada.
¡CÓRTATE! arranca inicia hoy su singladura y espera tu presencia para disfrutar de una tarde memorable de cortometrajes y cine.
Página oficial de ¡CÓRTATE!.

martes, abril 12, 2011

Tribuna de Salamanca dice adiós para siempre

Ésta es la última portada de Tribuna de Salamanca. Hoy es uno de los días más tristes en mi carrera periodística. La rutina, la fidelidad y el tiempo hacen que la adhesión solidifique la idea de pertenencia. Y ha así ha sido durante más de catorce años en los que he trabajado y colaborado en este medio que hoy desaparece. Recuerdo todavía aquel mayo de 1997, cuando Juanjo Quiñones y Jesús Inés nos cedieron su puesto de colaboración a José Luis Ramos y a mí como lozanos ‘currelas’ de la sección local de ‘Barrios’. Entramos con ilusión. No había otra. Se trataba de nuestro primer trabajo como periodistas remunerados en un medio local escrito. Tribuna de Salamanca nos brindaba la oportunidad. El hecho de estar todo el día de aquí y allá, en asociaciones de vecinos, en entrevistas callejeras, en las largas esperas en el Ayuntamiento mientras los concejales se tomaban su dilatado café mañanero y después de un largo día, de nuevo en la redacción, no era muy atractivo para un principiante. Esperábamos algo más de glamour. Sin embargo, paulatinamente, empezó la verdadera esencia del periodismo local a ser satisfactoria dentro del ‘colegueo’ con los compañeros de nuestro entorno, de otros medios y, sobre todo, siempre recordaremos los privilegios en las fiestas y verbenas patronales de los barrios y sus barbacoas con aquel ambiente jaranero de las ruedas de prensa. Era el contexto ideal para que un neófito se curta en la profesión. Mis prácticas se desarrollaron allí. Y nunca he estado más contento de que aquello fuera de aquél modo.
Aún recuerdo aquella fiesta multitudinaria de celebración de nuevas instalaciones, tres años después del nacimiento del periódico de Mariano Rodríguez. Llegué en el momento justo. Después de sus primeros pasos dentro de los medios locales, Tribuna había crecido lo suficiente como para mudarse a un dominio más espacioso. Recibí una invitación personalizada. Y allí me planté con mi amigo José A. González “Jimbo”. Mi satisfacción era doble; estaba invitado a una de las fiestas más épicas que recuerde y una semana antes, el ínclito Antonio Marcos, a través de mi jefe de sección, otro José Alberto González, el gran “Coqui”, había logrado ubicarme en mi soñada sección de cine dentro del periódico. Tan sólo tres semanas después de entrar en él. Estaba de celebración. No era para menos. Nos emborrachamos, le robamos nutridos platos de jamón ibérico al mismísimo alcalde delante de sus narices, bebimos vino de selectas bodegas, escuchamos de fondo el concierto de Niña Pastori y nos ligamos a unas azafatas. La profesión parecía la correcta. La indicada. Entonces sí.
Mi primer reportaje cinematográfico fue un reportaje sobre Abel Ferrara, que por entonces estrenaba ‘The Blackout’. Recuerdo haber leído mi nombre varias veces en el encabezamiento cuando salió publicado en el suplemento ‘Batuecas’ aquélla mañana de sábado. Una sensación comparable a la de un niño que abre sus regalos de Reyes. La inexperiencia juvenil es lo que tiene. Aquella ilusión inaugural, con el deterioro de los años, sigue siendo complaciente e inolvidable. Después llegarían los trabajos como enviado especial a los festivales de San Sebastián, Sitges o Valladolid o la etapa de ‘Guía de Salamanca’, sin duda alguna la más satisfactoria y divertida de todas. Y después, múltiples secciones en cultura, en suplementos más o menos reconocidos, hasta solidificar mis páginas que aguantaron la variedad de gerentes, directores y jefes de sección que han ido desfilando por los últimos tiempos. Desde hace catorce años he vivido mis mejores instantes periodísticos en este medio. Es así. He conocido a algunos de mis mejores amigos, algunos instructores del medio (pocos, he de decir) y a gente con la que no hubiera tomado ni una caña, pero siempre he tenido el cariño y la libertad necesaria para sentirme a gusto. Nadie me ha recriminado ni impuesto nada. Y siempre he sido autónomo en mi opinión cinematográfica, cultural o política sin exponerme a una línea editorial en absoluto restrictiva. Ser libre es uno de los pocos privilegios que quedan en la profesión. Y aquí, al menos en mi caso, lo han respetado.
Hoy, en el día de la muerte de este medio que tanto significa para mí, recuerdo a todos los que me enseñaron con su saber y su magnitud profesional que Tribuna siempre fue mi casa y sus inquietudes la mías. Desde los mencionados “Coqui” y Antonio, pasando por Ana Castellanos, Puri Contreras, Nunchi Prieto, el mítico Zamorano, Lucía Petisco, la entrañable Cristina Valladares, Luis J. Palomero, Álvaro Ortiz, Teresa Sánchez, Félix Corchado, Carmen Armijo, Carlos González, Óscar Rodríguez, Daniel C. Borrás hasta la jefatura en la redacción ejemplar de Félix Oliva o de Luis Barreda o la atención de estos últimos meses por parte de Luis Cadenas en redacción y de Miguel Ángel y Cristina en administración… así como tantos y tantos amigos y profesionales que se quedan el recuerdo. No obstante, quiero destacar a Fernando Bernal como ése cómplice de batallas, ése hermano de amor eterno, al que este periódico me entregó en inicio como adversario y quedó como uno de mis mejores amigos de siempre. Hoy aquél largo sueño, nunca ideal, se acaba para siempre y deja a tantos profesionales que hemos pasado por allí dejando nuestra pequeña impronta en su historia. En mi caso, finaliza otro de esos resquicios de actividad profesional, de vida periodística, añadiendo años a la experiencia. Es difícil decir adiós. Y aunque todos supiéramos que este desenlace era inminente, sigue siendo triste. Tribuna de Salamanca finiquita tu periplo y las críticas de ‘Un Mundo desde el Abismo’ se resentirán por ello. Fundamentalmente porque era este medio salmantino el responsable del discurrir semanal con la ‘review’ de siempre, que se dilataba desde las páginas del periódico al abismal blog.
Llegan tiempos procelosos con esta pérdida. Ahora ya no ejerzo de modo profesional. Ya no tengo el privilegio de la voz en prensa escrita. Aunque eso, da igual en este momento. Salamanca se ha quedado sin uno de sus más objetivos periódicos y el final del camino deja siempre el sabor amargo de los que han luchado hasta el final por su ideal deontológico contra viento y marea, incluso contra el frente interno que ha hecho que la utopía de continuidad se haya venido abajo. A pesar de su desaparición, Tribuna de Salamanca vivirá en el recuerdo de todos sus habitantes, quién sabe si con una resurrección futura (algo que parece inviable), pero que evocará el gran trabajo de todos los miembros que hicieron de él un medio honesto e íntegro con su opinión y legítimo como alternativa a lo conocido, a lo de siempre, a lo que queda. Mañana el panorama periodístico charro no será lo mismo. De eso, estamos seguros. Salamanca se queda un poco más huérfana en su amplitud de opiniones, de alternativas, de multiplicidad… Tribuna de Salamanca queda como una parte elemental en mi formación y en mi recuerdo. Como en el de tantos otros amigos y compañeros. Se cierra así una etapa básica para entender lo poco que soy como profesional. Desde aquí quiero agradecer a todos los que cruzaron su camino con el mío, los profesionales que hicieron posible este periódico, a todo de esfuerzo y a su talento por lograr que Salamanca tuviera otra disyuntiva informativa de calidad. Desde lo más profundo de mi corazón, echaré de menos seguir cada semana junto a un equipo de personas admirables.
Hasta siempre Tribuna, gracias por el viaje.

lunes, abril 11, 2011

¡Halcón Perfumerías Avenida, campeón de Europa 2011!

En una sociedad agobiada por lo global, por los grandes nombres autocráticos en las filias, por el ‘mainstream’, por la dictadura de lo común y los binomios dentro del ámbito deportivo, siempre es reconfortante, destacado y heroico el hecho de que haya pequeños oasis de reconocimiento, de épica, de merecida gratitud con las gestas alejadas del gentío y el popularismo. Un equipo de baloncesto femenino se consagró ayer mismo como campeón de Europa dentro de la Final Four disputada en la ciudad rusa de Ekaterimburgo. El Halcón Perfumerías Avenida de Salamanca obtuvo su primera Euroliga por 68-59 ante el Spartak de Moscú.
En un partido irregular, pero vibrante, donde las charras dominaron de principio a fin, las chicas de Lucas Mondelo se fueron hasta una diferencia de 20 puntos (30-50) en su tercer cuarto, para ir mostrando algo de titubeo y falta de precisión, pero manejando la situación en el último cuarto, sobre todo en los últimos minutos, gracias al aliento que dio un tapón épico de Alba Torrens, que fue la resurrección salvadora de un equipo que mereció ganar desde el inicio del choque más importante para un club dentro de una competición continental.
Hace dos años el equipo salmantino se enfrentó al Spartak en una final idéntica, pero con resultado adverso. La victoria de ayer supuso el desagravio y la cita con la Historia del deporte de la canasta. Silvia Domínguez, Anke de Mondt, Belinda Snell, Erika da Sousa, Sancho Lyttle, Alba Torrens, Marta Xargay, Laura Gil, Ana Montañana, Isabel Sánchez y Amaya Gastaminza son las heroínas de una ciudad que se mantuvo frente al televisor para la gran cita y no falló aunque fuera en el interesado y emocionante instante de una final. En el resto del país, tanto ayer como hoy, poco se ha hablado de esta importante victoria para nuestro deporte. Bastante tienen los medios generalistas con los “clásicos” que se nos echan encima como para distinguir logros y recompensar el esfuerzo con el que se transforman los sueños en realidad. La desatención mediática siempre ha configurado la tónica en los deportes minoritarios. Así nos las gastamos por aquí.
Enhorabuena desde el Abismo, GRANDÍSIMAS VENCEDORAS.

domingo, abril 10, 2011

Nos deja Sidney Lumet, gran clásico del cine

1924-2011
Cuando hace tres años se estrenó en nuestro país ‘Antes de que el diablo sepa que has muerto’, aludí al trabajo de Sidney Lumet como un ejemplo de juventud impresionante. La que quedará como último y excelente trabajo del director de Philadelphia se describía en este espacio como si se tratara de “una apasionada ‘opera prima’ de un joven cineasta con un talento fuera de lo común. El entusiasmo y la fuerza que anida en esta prodigiosa muestra de talento destilan admirable clarividencia y la fertilidad del atrevimiento”. Dicho filme fue elegido como la cinta más destacada de 2008 en el anual decálogo de lo mejor del año. Son virtudes que han vertebrado una de las carreras, pese a su irregularidad, más admirables y lúcidas del cine. Lumet es necesario para entender la evolución del Séptimo Arte desde los años 50, tras el declive del ‘studio system’, hasta el día de hoy. Fue uno de los motores clave para aquella transformación narrativa y conceptual que ofrecería un cambio radical a la hora de hacer cine junto a gente como Arthur Penn, John Frankenheimer, George Roy Hill, Martin Ritt, Robert Mulligan, Ralph Nelson o Franklin J. Schaffner que conformaron un grupo de perspicaces cineastas agrupados en la llamada ‘Generación de la televisión’, medio en el que realizaría trabajos como ‘Omnibus’, ‘Best of Broadway’, ‘Alcoa Theater’, ‘Goodyear playhouse’, ‘The iceman cometh’ o ‘All the King's men’.
Lumet comenzó en el teatro, hijo del actor Baruch Lumet, se erigió como uno de los primeros artistas en fundar un taller ‘Off Broadway’ para montar revolucionarios espectáculos y obras de vanguardia. Sus piezas de Chéjov, Tennessee Williams, Arthur Miller, Eugene O'Neill o Peter Shaffer pronto le hicieron despuntar como director teatral. Pero pronto su inquietud como realizador y su talento narrativo le llevarían a debutar en televisión, vía en la que muy pronto se ganaría un nombre de prestigio. En televisión fue uno de los mejores y más activos directores en las adaptaciones teatrales al medio catódico. Sus aportaciones visuales relativizaron la ilusión y la transparencia por el dominio del texto teatral a través de las imágenes realistas con las que confluían el tiempo, el lugar y la acción. Fue lo que hizo que su primera película tuviera la esencia del teatro, en la traslación del texto ‘Doce hombres sin piedad’, de Reginald Rose, con la claustrofobia necesaria y ese sutil componente de amargura y cuestionamiento moral que siempre ha tenido la filmografía de este clásico que nos ha dejado. Ese enfoque reflexivo y ético por los sistemas de presión y la pugna por la justicia y la integridad han conformado el corpus de una filmografía que ha mirado de frente y durante seis décadas a las diversas situaciones sociales que ha vivido Estados Unidos, desde un posicionamiento ideológico amargo y cínico.
A Lumet se le podría vincular con ese contestatario que a través de su cine abordaba la desaprobación contra la arbitrariedad social, sabiendo elegir proyectos en el que personajes imperfectos se veían envueltos en situaciones de violencia tiránica, de racismo acuciante, de autocracia castrante e incluso de holocaustos nucleares. Películas como ‘Llamada para el muerto’, ‘The Hill’, ‘El prestamista’, ‘La ofensa’, ‘Network. Un mundo implacable’ o ‘Punto límite’ le pusieron como paradigma de cineasta recalcitrante e incómodo, a la vez que su estilo iba fraguándose sobre la denuncia en un mundo sin valores y carente de justicia en el que se lleva viviendo a lo largo de las décadas. La sociedad urbana, su fauna característica, en continuo conflicto bajo el yugo de la irracionalidad y la desigualdad, vinieron a significar la continua predisposición a un tipo de género de denuncia con el que Lumet identificaría su carera y su cine durante las décadas de los 70 y los 80 con películas policíacas, judiciales o sociales; ‘Supergolpe en Manhattan’, ‘Tarde de perros’, ‘Sérpico’, ‘El príncipe de la ciudad’, ‘La trampa de la muerte’, ‘Equus’ o ‘Veredicto final’ se intercalarían con otro tipo de cine más adecuado a las exigencias comerciales con fracasos como ‘Asesinato en el Orient Express’ y ‘El mago’ o alguna obra destacable como ‘Un lugar en ninguna parte’ o ‘Negocios de familia’. Durante los 90 la carrera de Lumet fue apagando su estela con obras olvidables como ‘Distrito 34: Corrupción total’, ‘Una extraña entre nosotros’, ‘La noche cae sobre Manhattan’ ‘En estado crítico’ o el ‘remake’ de ‘Gloria’.
Sin embargo, la resurrección llegó cuando el cineasta, ya octogenario, decidió abandonar de nuevo el ostracismo de la televisión (rodando varios capítulos de la serie ‘Los juzgados de Centre Street’ o alguna ‘TV-movie’) para su regreso al cine, adaptándose a los nuevos modelos de cine de Hollywood, sin perder ese céfiro de autor y artesano que nunca perdió. Sus dos últimas películas, ‘Declaradme culpable’ y la antes mencionada ‘Antes de que el diablo sepa que has muerto’ abarcan la autenticidad del director con dos obras que devolvieron al mejor Lumet, al más inspirado y al más comprometido, con aquélla mirada trágica y cínica que dibujaron con trazo de genialidad la asfixia moral y existencial de la sociedad americana. Con Lumet el cine pierde a un gran cineasta, de los mejores, pero a su vez gana un clásico, un icono al que volver a redescubrir una y otra vez.

viernes, abril 08, 2011

Review 'Piraña 3D (Piranha 3D)', de Alexandre Aja

Pero mira como muerden los peces en el río…
El filme de Alexnadre Aja es un continuo cóctel de referencias y gamberrismo que busca satisfacer a una audiencia especializada en el género. Y vaya si lo consigue.
Con vocación de serie B sin complejos, como aquellas aportaciones de ocio y olvido de la época de Samuel Z. Arkoff y Roger Corman. Así se presenta una película como ‘Piraña 3D’, la última del director de ‘Alta Tensión’ Alexandre Aja. Y lo hace dejándose guiar por los preceptos de divertimento del precedente de Joe Dante con guión de John Sayles, sí. Pero más que un ‘remake’, se trata de un pretexto para salirse del camino y gamberrear bajo el estigma de ‘enfant terrible’ ganado a pulso. Aja está acostumbrado a que se le tilde de ‘reformulador’ de obras antecedentes con ‘remakes’ acomodados a su evocador estilo discordante y radical, estético y rudo. Sin embargo, en esta ocasión, hablar de sus anteriores filmes americanos, bien sea la estupenda ‘Las colinas tienen ojos’ o la errónea ‘Reflejos’ aquí no tiene lugar, porque el cineasta francés se olvida de sus conexiones pretéritas para lanzarse a la aventura de la diversión inflexible dentro (y seguramente fuera) de su alocada adaptación de la ‘cult movie’ de 1978.
El hecho constatado oficialmente que designa a ‘Piraña 3D’ como la obra con más hemoglobina recreada que cualquier otra película antes rodada evidencia las intenciones sin filtro de su director. Estamos ante una película íntegra y honesta desde su prólogo, donde ya dejan ver sus resonancias emotivas al presentar a Richard Dreyfuss, que bien podría ser el Matt Hooper del ‘Tiburón’ de Spielberg (incluso canturrea la canción de aquélla, ‘Show me the way to go home’), pescando plácidamente y atiborrándose a cervezas. En pleno éxtasis dipsomaniaco, una botella cae al fondo del lago provocando la catástrofe… Y ahí comienza lo que todos sabemos; una espiral de matanza por parte de unas pirañas con ganas de zamparse al primero que encuentren. El espectador no se puede llevar a engaño; el filme es un continuo cóctel de referencias que encuentran una desvergonzada libertad en su búsqueda de un único objetivo: el de satisfacer a una audiencia especializada, a un ‘fan freak’ determinado, por lo que su perseguida imperfección se manifiesta con total integridad. Aja quiere que esa escandalosa sangre del 3D que se canibaliza además con los retazos detallistas del ‘gore’ y casquería más sanguinolento y amplificado sea la excusa para narrar una película para ‘gorehounds’, más allá de cualquier inquietud técnica o artística.
Y sin salirse del dictado de las pautas del verdadero espíritu subgenérico, promueve al tumulto de un discurso de exultación veraniega y muy yanqui, donde cientos de jóvenes recrean su versión del botellón en un fin de semana de lago, concursos de camisetas mojadas, mucha cerveza, vicio a granel, barbacoas de bergantín, mucho erotismo y sexo, música cañera y desprejuicio ante la poca ley que se da cita en ese paraíso convertido en pesadilla llamado Victoria Lake. Detrás de todo eso se esconde una indisimulada reflexión sobre las derivaciones a las que conlleva la falta de subordinación a cualquier jurisdicción que no sea el de la diversión y el cachondeo. Un núcleo anímico que Aja lleva hasta el extremo.
El filme está dividido en dos tramos; aquel en el que vemos los preámbulos de la fiesta de primavera pasada por agua, donde la sheriff condal Julie Forester (Elisabeth Shue) procura que su hijo adolescente (Steven R. McQueen –nieto del gran Steve-) cuide de sus dos hermanos pequeños. Entre medias, éste acepta la propuesta de Derrick Jones (Jerry O’Connell), un director de cintas eróticas inspirado en Joe Francis y su franquicia ‘Girls Gone Wild’, para encontrar localizaciones acompañado de dos estupendas señoritas de atributos encandiladores. Y, en segundo lugar, la descomunal dosis de ‘gore’ sin fin y desmembramientos varios que se suceden después de que Aja haya jugueteado con la tensión dramática y la evolución del suspense, que no incluye ningún tipo de sutileza más allá que la mordacidad que particulariza a esos prehistóricos peces mordedores. Entre medias, algunas pesquisas sobre los acontecimientos, la rebeldía de los hermanos pequeños, que abandonan la casa familiar para pescar y la aportación técnica de un enloquecido ictiólogo interpretado por Christopher Lloyd, el cual no escatima en tics y en gestos de su recordado Emmet Brown de ‘Regreso al futuro’.
Cuando llega la hora de mostrar carne despedazada y sangre tiñendo el pantano de marras, Aja se deja llevar por el radicalismo, sin filtros ni efectismos absurdos, saliéndose incluso de los impuestos confines de la complacencia del género en su estado contemporáneo. Al contrario que en ‘Las colinas tienen ojos’, aquí la justificación implícita del mensaje de supervivencia y defensa se anula por el simple deleite de la hemoglobina en abundancia creada con evidente maestría por el duplo Greg Nicotero y Berger Howard para esta reconfortante locura antiépica. Sin embargo, la vulgaridad no impone del todo su lógica ni renuncia a la poética o la belleza, como ese sugestivo ‘set piece’ que se regocija en un baile acuático, como un ballet de ópera entre dos mujeres desnudas, retozando en sus compases de espléndidas sirenas.
‘Piraña 3D’ es, ante todo, un guiño al cine de los 80, rescatando con soltura todos los símbolos y rúbricas de un cine sin terquedades morales ni escrúpulos arbitrarios. Aja tampoco se corta a la hora de tirar de iconos de otro tipo de culturas cinematográficas, en este caso la pornográfica, con la incursión de rostros del cine X como Riley Steele, Ashlynn Brooke y la breve y extraña (por el corte de plano) aparición de la contundente Gianna Michaels. Tampoco de cameos imprescindibles en este tipo de saraos como el director de ‘Hostel’ Eli Roth o la actriz Dina Meyer.
No deja de ser un cine cómplice y bestia, que recoge algunos instantes que quedarán en la retina del aficionado al género como retazos salvajes de violencia cáustica en altas cotas de inconformismo; desde la cruenta exhibición de un medio cuerpo con los huesos de la parte inferior colgando, hasta la pelea entre pirañas por un miembro viril que acaba siendo regurgitado por una de ellas, pasando por ese imbécil que quiere escapar a toda costa de la pesadilla llevándose a todo bañista por el camino hasta ese cable que corta diagonalmente a una explosiva hembra. Incluso el sarcasmo que se impone con la muerte de otra chica que se enreda su larga cabellera en una hélice de una lancha con destructoras consecuencias… El exceso es total, divertido e inmoderado, como ejemplifica la oda sanguinaria y enfatizada del heroico agente al que da vida el enorme Ving Rhames intentando destruir a las pirañas con un motor de combustión.
‘Piraña 3D’ es un producto inofensivo que a buen seguro recomendaría el crítico norteamericano de las ‘cult movies’ Joe Bob Briggs como una ‘drive-in movie’ instantánea. Una cinta de humor cruel y paródico, con mucha teta, mucha sangre y mucho absurdo. Un ‘grand guignol’ desmedido que recupera con suerte la desvergonzada y refrescante esencia de una ‘schlockmeister’ renovada, sin perder su tono de ofrenda al espíritu de ese tipo de producciones tan difíciles de encontrar en la actualidad. Se habla ya de secuela. A ver si James Cameron, como ya perpetró en su día, se anima y vuelve por sus fueros.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
PRÓXIMA REVIEW: 'En un mundo mejor (Hævnen)', de Susanne Bier.

martes, abril 05, 2011

Zemeckis, el 'Live action' y la "Teoría del Valle Inexplicable"

El mundo de la animación digital, en su perfeccionamiento y su constante evolución hacia un realismo excesivamente reconocible, tiene un problema investigado. Se dice que cuando esa imagen pasa de lo simbólico, de lo animado, a lo falsamente real, provoca una reacción de rechazo en el público. Es lo que se llama la “Teoría del Valle Inexplicable”, una hipótesis robótica de los 70 que genera una respuesta emocional fuertemente repulsiva hacia aquellas recreaciones con apariencia humana que resultan excesivamente realistas pero que siguen siendo artificiales. Es también el fenómeno que explica esa sensación de miedo o inquietud que provocan las réplicas robóticas (como esa recreación que ha hecho de sí mismo el investigador danés Henrik Scharfe o esas muñecas Real Dolls a la que sucumben algunos solitarios algo necesitados) o los muñecos de ventrílocuo. Se trata de que cuanto más real parezcan, las pequeñas inadvertencias (los ojos inmóviles, algún movimiento mecánico) va a hacernos sentir incómodos.
A la película de animación digital ‘Marte necesita madres (Mars Needs Moms)’, de Simon Wells, parece que le ha pasado factura esta “Teoría del Valle Inexplicable”. Su presupuesto era de 150 millones de dólares. Y hasta el momento no ha logrado recaudar más de 12 millones. Las pérdidas han hecho que su estreno España se haya cancelado ¿El responsable? Podríamos señalar a Robert Zemeckis y su compañía de animación dentro de Disney. Ya con cintas como ‘Polar Express’, ‘Beowulf’ o ‘Cuento de Navidad’, las tres cintas que incorporaron el ‘Live action’, técnica que captura los movimientos reales de los actores para procesarlos digitalmente y dotarlos de autenticidad, hubo ciertas suspicacias ante la duda del éxito de este procedimiento para la animación digital.
Lo cierto es que este nuevo y desastroso fracaso del filme en 3D apunta a el empeño del director de ‘Regreso al futuro’ por renovar la animación con una técnica que, visto lo visto, parece que no da sus frutos va a desembocar en el lógico abandono de esta tecnología. Recordemos un par de ejemplos de antaño; aquel episodio especial de Halloween de ‘Los Simpsons’ titulado ‘La casa del terror VI’ de la séptima temporada en el que Homer Simpson termina en el mundo 3D y luego en el mundo real o cuando Profesor Fansworth convierte a Bender en humano. La sensación era extraña ante algo a lo que no estábamos acostumbrados ¿Puede que esa tendencia a representar la realidad con un detallismo extremo fuera lo que hizo que ‘Final fantasy: La fuerza interior’, de Hironobu Sakaguchi fuera un fiasco total o la razón por la que Pixar infantiliza siempre los humanos que aparecen en sus éxitos taquilleros? Muy posiblemente.
La pregunta es: ¿quién le dice a Steven Spielberg y Peter Jackson que su trilogía de ‘Tintín’ (también creada a partir del ‘Live action’) que la “Teoría del Valle Inexplicable” no va a destrozar sus intereses?

viernes, abril 01, 2011

Review 'Nunca me abandones (Never let me go)', de Mark Romanek

Cobayas humanas con fecha de caducidad
Basada en la novela de Kazuo Ishiguro, la película de Mark Romanek, bajo una atmósfera de tristeza y desesperanza, se centra en la frialdad con la que unos jóvenes llenos de vida aceptan y afrontan su condición de vidas de reemplazo.
La historia que nos ocupa se basa en el libro de Kazuo Ishiguro, autor de ‘Lo que queda del día’, ofreciendo un relato futurista ubicado en el pasado o en una hipotética realidad alternativa que anticipó en la década de los 50 el éxito de clonación y que amplificó su efectividad hasta la clonación humana. ‘Nunca me abandones’ se presenta alejada de cualquier explicación al respecto. No hay necesidad de hurgar en el cómo y el cuándo. Directamente nos sitúa en Hailsham, uno de esos colegios privados ubicados en un apacible bosque alejado del mundanal ruido. Allí se adoctrina y educa a un grupo de niños que asumen su encierro con normalidad, sin saber que son “dobles” creados en un laboratorio para ser donantes, reproducciones destinadas a merced de quienes necesiten de sus órganos.
Con esta inquietante trama, Mark Romanek pone en imágenes el triángulo amoroso de Kathy, Tommy y Ruth en un pasional trayecto donde los celos y la incógnita de una vida sin preguntas que profundiza en la personalidad divergente de sus roles; el de una chica intuitiva que quiere saber la verdad y ejercer de “cuidadora” en el agónico proceso de donaciones, un joven rebelde que bajo sus enfados vislumbra un futuro interrumpido y el de la envidiosa joven que se interpone entre ellos y se queda con el fugaz amor que podría haber tenido la pareja. La normalización del colegio, el día a día y su fluir rutinario se rompe con la llegada de una nueva profesora que les abre sus ojos ante su condición de cobayas humanas con fecha de caducidad.
Se construye una compleja arquitectura humana sobre una realidad alternativa de significado traslaticio y alegórico que abarca múltiples lecturas sobre el contexto y las metáforas dentro de una fábula que debe catalogarse dentro del género fantacientífico o de la propia ciencia ficción. Sin embargo, el subfondo de manipulación genética y convivencia distópica que encierra el monástico automatismo que llevan los críos dentro del colegio es sólo una excusa para describir la relación de Kathy, Tommy y Ruth y su relación con el mundo y con sus propias interrogantes. La amistad, el amor, la separación y la sombra de la muerte son requisitos que se superponen al entramado de prosperidad artificial y disfuncional. De este modo, el destino funesto, la pérdida de la infancia y la juventud y la consunción de un tiempo concreto abren el camino a un drama trágico y lírico, enfriado a propósito por un declive humano hacia la insensibilidad y el egoísmo, donde los protagonistas no son más que conejos de indias al servicio de sus clones, de aquellos que necesitarán un recambio de estos repuestos y cuyos sentimientos y miedos se equiparan a las de cualquier persona normal.
Romanek atempera la inminente tragedia con un estilo reposado, incluso anémico, que sabe transmitir la sensación del fluir temporal del relato de Ishiguro, con un carácter evocador y sosegado, elegante y distintivo a la hora de acoplar esa estética grisácea y triste al transcurso de una trama hermética y despojada de efectismos ni afectaciones. A veces, da la sensación de que sucumbe en exceso a un academicismo que vulnera la pasional tragedia de los protagonistas con demasiada frialdad en el recorrido vital de sus cobayas humanas, pero es la actitud visual necesaria para hacer verosímil todo el proceso de evolución de estos personajes que van dejando partes de su cuerpo hasta “finalizar” su función en este mundo, sólo dejando aflorar la emotividad cuando se descubre que puede haber una ilusoria fase de aplazamiento si alguno de los clones de demostrar un amor verdadero.
‘Nunca me abandones’ formula su habilidad en el detallismo con el que se acerca con fidelidad a su referente literario, en ese miedo infantil; la pelota que se acerca demasiado a ese confín impuesto por el miedo, a esas fichas con las que los niños compran en un mercadillo de juguetes y objetos obsoletos, el casete con la canción que da título al filme, el caballito que metaforiza el ansía de libertad o el barco encallado en una playa otoñal como las circunstancias vitales de estos cuya expiración está muy cerca. Alex Garland, el guionista ‘La Playa’ y ‘28 días después’ sabe sintetizar el espíritu de las páginas de Ishiguro y deja a un lado el cuestionamiento existencial sobre el sentido de la vida para imponer con frialdad el núcleo trágico de la película, que no es otro que la frialdad de unos jóvenes llenos de vida que aceptan y afrontan su condición de vidas de reemplazo. En la orfandad existencial de estos seres sin futuro no hay lugar para la rebeldía, porque acatan con resignación la adversidad de su naturaleza.
Un aspecto simbólico que parece adecuarse a los tiempos que vivimos, donde el conformismo ampara una sumisión acomodaticia que afianza las cadenas de una realidad alterada y rodeada de simulacros. De ahí, que en el colegio Hailsham se realicen ejercicios de sociabilidad donde los niños sólo saben repetir las frases del que antecede y que queda patente en el mundo exterior, cuando llega la hora de decidir el menú para comer. No son capaces de interpretarlo porque no han sido enseñados a pensar por sí mismos, admitiendo su carácter torpe en cuanto a su relación con el entorno. Se transmite así la terrible realidad de estos jóvenes descontextualizados con una misión que cumplir. En el camino dejarán ilusiones, capacidades artísticas, amores y una vida coartada por su intrigante índole. ‘Nunca me abandones’ remite con ello a ese deseo de libertad y vida, de dilatación existencial que proponía la clásica ‘Blade Runner’, de Ridley Scott. Aquí, como en aquélla, todos los momentos están destinados a perderse como lágrimas en la lluvia, al orquestar un universo de cómplices y víctimas que conviven separados en una sociedad que ampara el sacrificio de estos elementos sustitutivos a favor de un bien supuestamente común donde el egoísmo y la carencia del alma son sus cuestionables distintivos.
‘Nunca me abandones’ tiene la esencia de las fábulas morales con una ficción especulativa que subraya los riesgos de manipulación y donde hay que reconocer a las personas como fines en sí mismos más que como simples medios. Una magnífica cinta puntuada con la atmósfera de tristeza y desesperanza que Romanek logra gracias a esos paisajes llenos de luctuoso embrujo fotografiados por Adam Kimmel o la intensa partitura de Rachel Portman que roza lo poéticamente trágico en esa incertidumbre de un final pesimista y desolador, tan hermoso como cruel y melancólico de una distopía naturalista y creíble. Como esa conversación demoledora ante Miss Emily (Charlotte Rampling) en la que se observa el raciocinio residual de comprensión hacia unos seres que, lejos de resultar monstruosos por su naturaleza clónica, dejan la percepción de inocencia, de idealismo humano, marcado por ese injusto destino de sacrificio y entrega a una causa incomprensible.
Tampoco hay que olvidar la fuerza de dos prometedores talentos de carácter demostrado; Carey Mulligan y Andrew Garfield aportan el temple dramático necesario para no forzar el melodrama en el que sí cae una desacertada Keira Knightley. No obstante, los tres saben aportar la intensidad lacónica de un discurso reflexivo y didáctico sobre las profundas cuestiones que se ciernen sobre ese mundo inhumano que crea vidas para aprovecharse de ellas en beneficio de otras y del que, en estos momentos, no estamos tan lejos como creemos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
PRÓXIMA REVIEW: 'Piraña 3D (Piranha 3D)', de Alexandre Aja.