lunes, enero 31, 2011

Se apagó la música del gran John Barry

(1933–2011)
Puede que John Barry haya musicado no sólo algunas de las producciones más recodadas de las últimas cinco décadas, también lo ha hecho en algunas de las etapas o instantes más entrañables de mi vida. Supongo que no seré el único al que le habrá sucedido lo mismo. A través de su música las horas de estudio, la preparación de proyectos inútiles, la escritura de todo tipo de relatos, guiones, críticas y dossieres siempre eran más llevaderos. Su pérdida me recuerda lo deteriorada que dejé, como ejemplos de muchas, la cinta de cassette original de ‘Bailando con Lobos’ que tanto me acompañó durante mi adolescencia. Me ha entristecido en especial la muerte de Barry porque junto a él, entre otros muchos elegidos, aprendí a percibir la grandeza de una partitura dentro del cine y extrapolarla para que pusiera música a mi rutina. Primero con el descubrimiento de algunos de sus clásicos de aquellos añorados 80; ‘Frances’, ‘Cotton Club’, ‘Memorias de África’, ‘Peggy Sue se casó’, la mencionada película de Costner… o ya en los 90 el magnífico ‘score’ de ‘Chaplin’ o en menor medida ‘Una proposición indecente’. Sin embargo, conocerle a través de las legendarias y universales notas de once películas de James Bond suponen un legado majestuoso, de carisma sinfónico lleno de grandeza clásica desde aquel iniciático ‘Desde Rusia con amor’ que le abriría las puertas de Hollywood al olimpo y le haría ganar cinco Oscars, cuatro Grammys, un BAFTA y un Globo de Oro. Siempre con esos ‘leit motives’ sugerentes y pegadizos, de suave conexión con el gran público. A menudo me descubría tarareando fragmentos de las notas de Barry para el cine, al igual que pueda haberlo hecho en infinidad de ocasiones con Williams, Morricone, Shore, Goldsmith, Herrmann, Mancini, Newton Howard o Elfman, por citar a algunos a vuelapluma. Desde ‘El león en invierno’, ‘La mujer maldita’, ‘Boom’, ‘Nacida libre’, ‘Cowboy de medianoche’, ‘King Kong’… Un hombre que, de un modo invisible, forma parte de nuestras vidas.
Es cierto que igual no ‘suceptibilizaba’ en exceso los matices, porque siempre buscaba una devoción hacia el punto reconocible, de melodías insinuantes y homéricas, donde el estilo de sus composiciones orquestales sugiriera al espectador la filiación musical con las imágenes y la narrativa visual del filme. Comenzó con el jazz y una banda llamada ‘The John Barry Seven’ para seguir con su singladura en la Meca del Cine arreglando la música de Monty Norman para ‘Dr. No’, filme en el que nunca estuvo acreditado, pero que le valdría la apertura a la fama como el innovador músico al que se reconoce como pionero en el uso de sintetizadores dentro de la historia de la música incidental cinematográfica. El hombre que dejó para el recuerdo las bandas sonoras de ‘La Jauría humana’, ‘La semilla del tamarindo’, ‘Abismo’, ‘Fuego en el cuerpo’ y cuyo último trabajo fue ‘Enigma’, hace justo una década, deja un testamento lleno de excelencia musical. Se ha ido uno de los grandes genios de la composición cinematográfica.
D.E.P.

Review 'Monsters (Monsters)', de Gareth Edwards

Amar en tiempos de aliens
El debut de Gareth Edwards se construye voluntariamente como un pequeño drama ‘indie’ e intimista donde la ciencia ficción es un contexto y una circunstancia para desarrollar una historia de amor entre los dos personajes protagonistas.
Los cauces del nuevo cine independiente se inscriben en una tipología de cine accesible y barato, alejado de las productoras y vendido como una elaboración de marketing que mercantiliza una película hecha con cuatro duros y que, a raíz de virales y sobre todo de renombre promovido por festivales que destacan su presencia, hace del término ‘numblecore’ un efecto rentable. ‘Monsters’ es la última muestra de esta corriente estrenada en España. Se trata de otro de esos compuestos de neorrealismo digital capaz de distanciarse de los estereotipos con ejemplo de revisión poco ortodoxo de cine de género. En esta ocasión, y no es la primera ni será la última, inscrito en el fantástico, ‘Monsters’ se propone desde un prisma divergente, poco convencional. Aquí México ha sido invadido por bestias exóticas con la fisonomía de unos cefalópodos que han aterrizado a bordo de una sonda de la NASA que se estrelló en la selva sudamericana. Una zona que está en cuarentena y en la que se ha construido un muro para salvaguardar la zona infectada. Entre el tumulto y el miedo, un reportero gráfico pretende regresar a casa con la misión de escoltar a la hija de su editor por ese antipático y extrapolado Tercer Mundo que muestra su director, el joven Gareth Edwards.
Por supuesto, no se trata de una historia de extraterrestres, aunque se plantee como tal. Lo importante aquí es relativizar la amenaza y hacer de la subjetividad al acontecimiento el motor de la historia. La ciencia ficción no tiene hueco. Es un contexto, una circunstancia para intimar con los dos personajes protagonistas, para observar de cerca sus sentimientos y una emergente historia de amor entre una chica que duda sobre si seguir adelante con una inminente boda y un hombre solitario que echa de menos a su hijo. Todo ello se antepone al falso núcleo con el que se incita el interés del espectador a través de una ‘road movie’ que deja el señuelo fuera de campo, dirigiendo la historia romántica hacia un paisaje paralelo y a la vez inscrito en esa esfera apocalíptica.
Es por tanto un viaje introspectivo al comienzo de un afecto, de una pasión que nace desde el antagonismo y va creciendo en sinceridad, que tiene como aliada una situación de constante terror y temor, relación donde los defectos y las virtudes van creando la querencia. ‘Monsters’ se construye voluntariamente como un pequeño drama ‘indie’ e intimista, en el que juegan un papel fundamental los contrastes de conflictos y desencuentros, primero de rechazo, luego existencial o familiar para llegar a la antítesis del temor por los temibles e incorpóreos aliens y la comprensión sobre lo que está sucediendo a su alrededor. La amenaza inminente no es más que otro subterfugio para hacer emerger el verdadero sentido de la historia.
De este modo, Edwards encuentra un marco ideal para doblegar esa historia de invasión alienígena a una de corte dramático, de búsqueda y huidas de los propios personajes, que acaban encontrándose y necesitándose. Su estilo documental y granulado aporta una atmosfera que no coarta el riguroso enfoque con el que el cineasta evita mostrar a los visitantes de otro mundo. Le bastan los sonidos, la inquietud y una biósfera selvática llena de enigmas para ir dibujando a sus protagonistas dentro de una intimidad silenciosa y concisa, a la cual contribuye con gran importancia la partitura de Jon Hopkins, muy necesaria para llenar los vacíos tanto emocionales como argumentales a lo largo de este éxodo hacia la falsa libertad que simboliza el regreso al país de origen. Hay algunas secuencias de poderosa atracción, donde ‘Monsters’ ofrece lo mejor de su decrecido y dudoso presupuesto, como ése amanecer observando el muro de contención desde la ruina de una pirámide azteca, la tensión que se despierta en el río a bordo de una embarcación tripulada por sicarios (que a la larga son elementos rehusados cuando podrían haber dado otro signo al filme) o esa extraña poesía que despierta el momento de cópula entre dos extraterrestres que digitaliza el sentido final de la trama.
Es una lástima que los matices ideológicos y subversivos sobre la inmigración, concretamente la que tiene lugar en la frontera de México y Estados Unidos como zona infectada esté descrita de una forma tan torpe. La descripción de esa gente que abusa de los precios a la hora de facilitar el viaje de la zona azteca a la yanqui o la visión de podredumbre que se lanza de México tampoco ayudan a la credibilidad del conflicto, por mucho que la química de la pareja formada por Whitney Able y Scoot McNairy. Lo mismo sucede en ese simbolismo de brocha gorda que se refiere a la utilización de un arsenal militar de alta tecnología ansioso por lanzar misiles contra unos enemigos casi invisibles y que abre otra reflexión acerca del cuestionamiento sobre si la respuesta militar de Estados Unidos y el terror y autoridad es más nociva que la propia contaminación alienígena.
Edwards presenta así un ejemplo de evidente simplicidad y falta de pretensiones, pero a medio camino se va dejando llevar por la obviedad en los puntos de partida y elementos narrativos que maneja. Su historia de amor en tiempos de Apocalipsis narrado en clave documental destila artesanía y signo autoral y encuentra su alcance más allá de la ‘monster movie’ de arte y ensayo, en esa historia de relaciones, donde miedo y sobre todo amenaza invisible se convierten en un tránsito de supervivencia emocional. Sin embargo, aunque la estética ‘vérité’ y objetivos se acerquen comparativamente a ‘Cloverfield’ y ‘District 9’, se deja ver una falta de propósitos puestos por encima de un contexto que hubiera funcionado como un exquisito cortometraje que como largometraje. A pesar de ello, se deja ver con complacencia y demuestra que con poco se puede lograr un producto competitivo y ejemplar.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
PRÓXIMA REVIEW: 'Red (Red)', de Robert Schwentke.

jueves, enero 27, 2011

El nuevo perfume de Lady Gaga, una sensación

Uno de los designios de los perfumes es el de alterar la percepción olfativa. Los olores suscitan el recuerdo, alteran la emoción o despiertan el instinto, acercando las sensaciones perceptivas hacia un vínculo o un estado de ánimo. Olores con personalidad que desprenden información sobre las personas, los ambientes y los contextos. Existe un extenso catálogo de fragancias y aromas, en definitiva, que exponen intenciones y matices dentro de un mundo olfativo cada día más extenso y heterogéneo dentro de un mercado inmenso.
Esto era así hasta la llegada de la nueva diva del pop Lady Gaga. El antiestético icono musical que va contra la norma pero que permanece establecida en el ‘mainstream’, ha anunciado una nueva línea de perfume que recordará, según sus palabras, a “sangre y semen”. Es decir un miasma de atributo primaveral que evocará a sexo, masturbación, menstruación, cortes en el cuerpo, violencia sádica y degradación. Es la nueva forma de adquirir nuevos matices en el correoso universo de insulsa provocación de este fenómeno de masas cuyo talento musical la ha convertido en nuevo icono postmodernista y estrafalario del mundo de la música. Además, combina perfectamente con ese controvertido diseño de un traje confeccionado con carne cruda que lució en los MTV Video Music Awards.
Así que nada, las ‘fans’ de la Gaga irán oliendo por ahí como burdas dominatrix o dejando un efluvio de libídine apagada en plena regla femenina. El olor que todo padre querría para su hija.

miércoles, enero 26, 2011

Homenaje: Santo Enmascarado de Plata

La leyenda del héroe azteca
El Santo Enmascarado de Plata es uno de los héroes más importantes del cine y un icono cultural y fenómeno sociológico en México.
Bien es sabido por los conocedores y amantes de los cómics y las leyendas que los superhéroes han encontrado sus raíces en la antigua mitología. Las grandes figuras legendarias, aquellos defensores de la masa popular que velan por la paz y la justicia han pasado a través del noveno arte, la literatura e incluso en la tradición oral a formar parte de la mal llamada cultura de masas, iconos sociales que se han acabado integrando en la erudición más inveterada. Es cierto que son sólo unos pocos son los que pasan con letras de oro a la profusa antología de héroes, mitos, celebridades que se aúnan en la memoria colectiva para traspasar así cualquier papel (ya sea de cómic como de literatura) para consolidarse como iconos en la vida de los que saben justipreciar el noveno arte; léanse los grandes clásicos como Batman, Superman, Iron Man, Spiderman... Seres de apariencia humana, algunos de ellos más humanos que el vecino que compra el periódico cada mañana y lleva una aburrida vida cotidiana, que ejercen una meritoria vocación de protección y defensa de la Humanidad vista eternamente desde una perspectiva idealista, adquiriendo poderes en circunstancias accidentales (cuando una explosión o la ingestión de una droga provocaron extrañas mutaciones en su estructura) o provenían de planetas lejanos.
También es indefectible que hayan sido productos basados en el mensaje subversivo (para bien o para mal) en la viñeta triunfalista instituida en un patriotismo exacerbado (generalmente de los yanquis) para deleite de las inquietas mentes sedientas de aventuras y sergas. Maravilloso, pero escasamente relevante. Por eso, más de cincuenta años después de su nacimiento, hay que reivindicar a uno de los héroes más desconocidos en estas lindes españolas, pero que ha marcado con su sencillez una leyenda en un país tan excepcionalmente atrayente (por su cultura, su gente y su entorno nigromántico) como es México. Un superhéroe que rompe los cánones, que ha sido capaz de delimitar su propio territorio ante la tiranía viñetística americana. Por supuesto, el mítico y poco valorado Santo Enmascarado de Plata, una de las efigies más fundamentales en la idiosincrasia azteca que debería ser conocido como un héroe ecuménico y significativo en cualquier parte del planeta. Nacido de la inspiración de ‘El fantasma’, personaje creado en 1955 por Lee Falk, Santo Enmascarado se ha consolidado como una figura imprescindible, símbolo de una tradición que ha llevado consigo la admiración y furor no sólo de los propios mexicanos, sino de aquellos que saben descubrir hipnóticos emblemas reveladores de otras culturas exóticas, fascinantes, mágicas.
Santo no se parece a los superhéroes a los que estamos acostumbrados a leer, a aquellos dibujos de contornos perfectos surgidos de la pluma de Stan Lee, Jack Kirby o Simon Bisley, sino que (salvando las distancias) está más cerca de los trazos violentos y decididamente bizarros de C.C. Beck e Infantino. Este héroe mexicano encuentra la grandeza que le rodea y le hace más extraordinario que otros ídolos en su nacimiento del pueblo, en la realidad social de la que surge. Santo es original, fundamentalmente, por su procedencia: un campeón de lucha libre que se enfrenta a sus regios enemigos cimentado exclusivamente en sus grandes facultades físicas, en unos poderosos y diestros puños preparados para la lucha y en esa peculiar e incomparable máscara que todo el mundo conoce, aún sin haberle visto nunca. Su mitología se acrecentó (eso sí, con escasa repercusión fuera de sus fronteras) al convertirse en el protagonista de un genial y desagraviado género cinematográfico que se sale de todos los referentes habidos y por haber. Un cine basado en los luchadores mexicanos. Algo que aquí puede sonar indiferente pero que en su tierra asigna una impronta bastante cardinal. Entre 1952 y 1983 Santo ha agrandado su figura a lo largo de medio mundo gracias a más de 150 películas centradas en esta enseña sudamericana.
Antes de que el luchador Rodolfo Guzmán Huerta encarnara al hombre que se ocultaba tras la máscara plateada y diera vida a ese ser fantástico combativo y aguerrido durante más cuarenta y cuatro años consecutivos, los cómics auspiciados por Jesús Lomelín y dibujados por José G. Cruz habían llenado de ocio y mitología una figura de gran envergadura tanto cultural como social, que alcanzó su máximo esplendor en los años 60, sin duda alguna donde residen las mejores películas de este icono mexicano.
La primera aparición de Santo tuvo lugar en 1952, cuando René Cardona adaptó uno de los cómics de G. Cruz y se llevó a cabo ‘El Santo Enmascarado de Plata’, una película de serie B que, a medio camino entre el experimentalismo y la viñeta más zafia, ofrecía la mejor perspectiva del luchador que nunca se plasmó en pantalla, un héroe (casi semidiós) protector de los menos favorecidos económicamente, un superhéroe atómico e invencible, lo más parecido al cómic visto en la gran pantalla que se ha creado en México (y en el fondo extensible a los fastos cinematográficos). El productor Alberto López vislumbró el potencial de aquella efigie de éxito fulminante y firmó un contrató exclusivo con un producto que se convertiría en el más rentable de la historia de México.
Desde su primer filme oficial, bajo el inconfundible sello de la productora de López llegaría ‘Santo contra el cerebro del Mal’, la inolvidable cinta de Joselito Rodríguez, que abrió un auténtico filón engrandeciéndose a continuación con numerosos filmes, entre los que destaca Santo contra los hombres infernales’, autentico génesis de una filmografía que acompañaría a Guzmán Huerta hasta su muerte en 1984. Tras siete filmes (sobresaliendo particularmente ‘Santo contra los zombies’) el luchador del antifaz dejó el cine para dedicarse a su verdadera vocación: la lucha libre. Pero ante el clamor de una enorme nación como es la chicana, volvería en 1962 con ‘Santo contra las mujeres vampiro’, bajo las órdenes del carismático Alfonso Corona Blake, una de las cintas con mejor acabado y guión sobre este personaje. El cine del Santo Enmascarado de Plata es un cine sin pretensiones, divertido, optimista, en la que la cultura mexicana se refleja a modo de radiografía social y convierte al Santo en la representación de una esperanza, de una quimera del México más pobre, del ideal de los estratos sociales más necesitados de héroes como Santo.
Por eso en películas como ‘Profanadores de tumbas’, ‘El hacha diabólica’ o ‘El tesoro de Moctezuma’ Santo siempre es derrotado temporalmente, como signo evidente de afinidad con el pueblo, pero que, en finales apoteósicos de lucha y violencia, el héroe logra vencer de forma indiscutible, con victorias a favor del bien y de los grandes valores occidentales y religiosos. Lo que es, en realidad, el anhelo del vulgo a quien iban dirigidas este tipo de filmes. Además, Santo siempre estuvo rodeado de bellas y exuberantes mujeres, algunas representadas también en inexorables adversarias, como las misteriosas Lorena Velázquez y Ofelia Montesco en ‘Santo vs. las mujeres vampiro’ o las turbadoras Maura Monti y Eva Norvind de ‘Santo contra la invasión de los marcianos’; otras, como las esculturales Elizabeth Campbell o Amedée Chabot fueron subyugadas por el donaire del hombre de la máscara plateada. Pero a todos los que hemos seguido desde nuestra infancia las aventuras de este peculiar héroe quedará en la retina el cuerpazo desnudo de Meche Carreño en los episodios de ‘El barón Brákola’.
Todo un género con su propia tradición. Lucha sin límite de tiempo y sin tregua, en constante actitud beligerante contra el mal, ante su impasible máscara de plata han desfilando los villanos más insospechados de la literatura o el cine: un estrangulador que opera en un teatro de variedades (‘Santo contra el estrangulador’), marcianos invasores (en estética muy hermanada a la de Edward D. Wood Jr.), villanos del ring, cazadores de recompensas, mafiosos terroríficos, momias vengativas (‘Santo contra las momias de Guacajanato’), Frankenstein, Drácula (‘Santo en el tesoro de Drácula’), monstruos, muertos vivientes, asesinos de otros mundos, secuestradores y el ‘asesino de la televisión’ (figura mítica en la cultura catódica mexicana), algunos de los muchos enemigos de este mítico superhéroe que vería su fuerza duplicada con otro mito del cómic mexicano como lo es ‘Blue Demon’ en filmes como ‘Santo y Blue Demon en el mundo de los muertos’ y ‘La Atlántida’.
Muchos fueron los grandes cineastas que compartieron filmografía con Santo, cineastas que con su desparpajo y gran visión de la aventura cinematográfica crearon uno de los géneros dentro del fantástico que muy pocos conocen de verdad y en toda su extensión: el cine ‘psicotrónico’ mexicano. Películas de serie B y Z centradas en los mitos alquímicos provenientes de la religión y creencia azteca que otorgaron creadores de la talla de Gilberto Martínez Solares, René Cardona, Alfredo B. Crevenna, José Díaz Morales o el mencionado Alfonso Corona Blake. Directores de culto que representan el ideal del auténtico sentimiento de lo que es el fantaterrorífico más genuino y valedero.

lunes, enero 24, 2011

'Ronin', de John Frankenheimer y los daños colaterales

Una de las últimas grandes películas del artesano de la acción y la violencia John Frankenheimer es ‘Ronin’, tremendo homenaje al ‘McGuffin’ hitchcockiano que ha dado el cine de acción en sus últimas décadas. Una maleta cuyo contenido permanece durante todo el metraje oculto y misterioso sirve como excusa para generar un trepidante ‘thriller’ a la europea que escapa a los tópicos con una facilidad sujeta al entretenimiento y suspense de una compleja historia de espionaje internacional. Un filme en el que la acción sostiene cada uno de los resortes de un argumento sin la que la severidad áspera de género puro no se sostendría. ‘Ronin’ es adrenalina sin concesiones a dobles juegos, vertida sin filtros a velocidad vertiginosa, sin los esteticismos ni las ‘moderneces’ de cámara al hombro que tanto se dan hoy en día, asumiendo el montaje con los estrictos códigos de la narración para sortear de este modo cualquier compendio neurasténico que, por infortuna, nos estamos acostumbrando a ver.
La película de Frankenheimer, digámoslo ya, es una de las joyas del cine de acción clásico más genuinas de los 90. Un canto a la visceralidad de un suspense donde cada movimiento y la utilización de la música son casi elegíacos. Estamos ante las mejores persecuciones de coches que ejemplificar los valores de dirección de una ejecución perfecta, donde todo está estudiado al milímetro y la sensación de velocidad y aceleración imponen la lógica de la perfección en cuanto a este tipo de escenas se refiere. La clave: Frankenheimer nunca rodó este tipo de escenas con una segunda unidad, sino que era él mismo quien supervisaba hasta el más mínimo detalle todo el entramado automovilístico cuidando pormenorizadamente los modelos que aparecen en el filme; en este caso los Audi S8, Mercedes 450 SEL 6.9, BMW M5 o coches de cilindrada más baja como los Peugeot 406 y 605 o Citroën XM. De hecho, la película es una de las más reseñadas en los foros de coches que subsisten en la red.
Llama la atención, no obstante, algo que no suele ser habitual en el cine de género y que Frankenheimer utiliza de un modo avieso y divertido. Se trata de los daños colaterales que provocan los disparos perdidos de los protagonistas. Las personas anónimas que caen heridas o muertas por culpa del fuego cruzado de balas o que chocan con una situación ajena a ellos que les afecta con unas consecuencias funestas. Casi con un malévolo regodeo, el cineasta extrema la violencia llevándola a límites de perversión voluntaria. Nunca en otra producción hollywoodiense personajes que apenas aparecen dos segundos en pantalla habían caído espontáneamente de forma fortuita, fruto de tropezar con una situación aciaga en el momento menos indicado. Un toque de humor retorcido que puede pasar desapercibido en un primer visionado, pero que resulta muy acorde con ese fondo de la figura del rōnin, el guerrero que no responde ante nadie cuyos objetivos se mueven únicamente por dinero y bienestar del honor, caiga quien caiga. En este aspecto destacan las sencuencias en las que Gregor (Stellan Skarsgård) apunta a una niña con una pistola de mira telescópica con el pulso firme para poner a prueba a otro de los elementos que ansían la dichosa maleta o dispara sin compasión a la bailarina Natacha Kirilova en plena función de patinaje sobre hielo.
Un trabajo de artesano por parte del gran Frankenheimer que se beneficia de la narrativa argumental de David Mamet, que aquí se esconde bajo el pseudónimo de Richard Weisz. Una fascinante historia de persecuciones, traiciones y mucha acción en hermosos cónclaves como Venecia, el anfiteatro de Arlés o las calles de París. Un ‘thriller’ con vocación europeo que mezcla de ex agentes de la CIA, de la KGB y oscuros componentes de bandas irlandesas para proponer, en su final, un ficticio acuerdo de paz entre el Sinn Féin y el Reino Unido como resultado de la muerte de Seamus, el villano de la función interpretado por Jonathan Pryce. Un extraño ‘Happy End’ que cierra las vicisitudes de un elenco muy adecuado encabezado por Robert De Niro, Jean Reno, Natascha McElhone, Sean Bean, Michael Lonsdale y los mencionados Skarsgård y Price.

miércoles, enero 19, 2011

'The Walking Dead', una serie llena de incógnitas

Vale, ya está. Ya he visto la primera temporada completa de ‘The Walking Dead’, la adaptación televisiva (más bien cinematográfica) del cómic creado por Robert Kirkman. Ambos formatos muestran el pesimismo de una sociedad resquebrajada y mutilada por un evento global desconocido que ha provocado que la casi totalidad del mundo vague ahora por las calles convertida en desorientados zombies en busca de carne para satisfacer sus instintos básicos. Entre ellos, el sheriff sureño Rick Grimes, que después de ser tiroteado en cumplimiento del deber, despierta en un hospital que ha sido desvastado con esta plaga. Grimes, aturdido y desinformado, comienza a encajar las piezas del terrible puzzle que se le viene encima.
Los primeros compases, hasta la llegada del comisario a la ciudad de Atlanta, siguen escrupulosamente la guía del cómic, casi plano por plano. La utilización de un tiempo dilatado va componiendo el espíritu de la serie, que sigue a rajatabla las pautas de una serie televisiva que pronto empieza a variar respecto a su traslación del cómic original. La atmósfera, la acción y el taciturno brillo poético van envolviendo los movimientos de un episodio piloto que es la ejemplificación de todo el potencial que reside en el cómic y de la promisoria variabilidad de este nuevo formato, con un alejamiento que va a producirse dentro de unos parámetros de respeto muy adecuados de las páginas tebeísticas; en especial esa poderosa secuencia del tanque y su posterior desencadenante que promueve cierta inquietud en los fans de la creación de Kirkman.
Frank Darabont, retomando el pulso de la sensacional ‘La Niebla’ (amén de los directores que le suceden en esta primera toma de contacto) sabe transmitir ese sufrimiento y tortura en el que aguantan los supervivientes, tomándose su tiempo, dibujando con pequeñas pinceladas las torturadas personalidades de la fauna que subsiste ante el horror. Como ese hombre y su hijo que permanecen en el barrio suburbial esperando a poder olvidar la muerte de la madre de la familia, infectada por el virus de los zombies o los componentes de la avanzadilla de Atlanta, así como los que han compuesto una pequeña familia a las afueras de la gran ciudad. El panorama resulta descorazonador. Se presenta como una especie de ‘western’ postapocalíptico donde la ley del más fuerte dicta los movimientos de sus personajes. Darabont diseña con cuidado todo lo que rodea esa premisa absolutamente maravillosa, dejándose de sentimentalismos y dando libertad a los personajes para que protagonicen momentos en los que transmiten un sentido comprensivo de la devastación emocional que se traduce en lo que está pasando a su alrededor.
Ante todo, el paisaje de ‘The Walking Dead’ no aporta nada nuevo a la genealogía zombie. Los elementos estándar y reconocibles del género están todos aquí. No hace falta innovar en el modo de operar de los zombies para que éstos sigan siendo la amenaza referencial de un porvenir catastrófico e inquietante. Se destacan pequeños hallazgos soberbios, como ese cuerpo putrefacto con sus mandíbulas al aire, sin piernas, que se arrastra en una frustrada y constante búsqueda de comida imposible que desemboca en un acto de piedad inolvidable. Como sucedía en el cómic, una vez que intuimos el devenir de los acontecimientos, uno está preparado para engancharse a esta nueva propuesta de la cadena AMC y que La Sexta emite estos días con gran éxito de audiencia.
A la serie se le puede increpar, de entrada, la excesiva humanización de su protagonista, su voluntarioso empeño en ayudar a los demás, afrontando los riesgos innecesarios y los conflictos de un modo idealista, para que su integridad como persona componga el mejor valor de un rol que se superpone de inmediato a los demás. Algo que en el cómic se cuestiona desde su comienzo, haciéndole un héroe más ambiguo y menos cinematográfico. No tan homérico como el que aparece aquí. Existen otras diferencias respecto al cómic que vulneran demasiado la fuerza de la idea. Sin adelantarse a los acontecimientos, es mejor esperar a ver por qué senda se encauza la segunda temporada. ‘The Walking Dead’, por supuesto, es plausible dentro de una metáfora contextual presente en una época donde el caos y el desequilibrio diseccionan la sociedad en estratos muy diferenciados. Deja ver carencia en algún desequilibrio entre drama y acción, sin hacer pensar que se trata de un efecto premeditado.
En este terreno, el despido fulminante por parte de Darabont de todos los guionistas de estos primeros episodios abre la puerta a muchas incógnitas. El mejor ejemplo de ello, es el episodio final, que se toma a la ligera cualquier condicionamiento futuro, echando por tierra cualquier tipo de credibilidad y seriedad antes planteada. Da la impresión de que no saben cómo orientar muy bien lo que sucedía en el desenlace del primer tramo de la serie de cómics, que rompía inocencias y mentalidades para posteriores entregas de violencia bien racionalizada mucho más allá de los zombies. Sin embargo, aquí todo termina de una forma enloquecida logrando desubicar al espectador y extirpando cualquier tipo de ansía por recuperar las aventuras de estas víctimas del entorno devastado. Una variación que ocasiona dudas dentro respecto a ese fondo argumental a la hora de seguir traduciendo el universo ‘post-crisis’ de zombies y amenazas con un sentido de continuidad que, por lo menos en esta primera temporada, no han conseguido. Tal vez, porque necesitaban saber que el éxito debía ser multitudinario para afrontar con garantías un coste que reabra el camino de la serie televisiva a los cimientos narrativos y argumentales de un cómic que se transforma en un drama multigénero muy adictivo y coherente. De momento, el tiempo une como factor clave la viñeta y los designios de esta, de momento, prometedora serie de televisión. Esperemos a la segunda entrega para formular un veredicto.

lunes, enero 17, 2011

68th Golden Globes: 'La red social' encaminada a los Oscar

Los Globos de Oro, un año más, pusieron en evidencia que no sólo que se trata de un evento con glamour pero informal, donde en cada mesa se ponen finos a Moët & Chandon y otros elixires y hasta donde el presentador sale cada dos por tres con un vaso en la mano, sino que en esta 68ª edición también ejemplifica la rubrica de avenencia de esa manida frase que la denomina “la antesala de los Oscar”. Esto es muy frecuente. Sin embargo, no lo es tanto el hecho de que Ricky Gervais apareciera en sus fugaces presentaciones como un maestro de ceremonias perfectamente inoportuno y sedicioso. Cada vez que salía al escenario, las risas se congelaban y la correspondencia a su humor dejaba helado al personal. Ante el asombro de todos, el actor británico soltó perlas sardónicas y bastante groseras sobre algunos de los aspectos más sutiles y silenciados de Hollywood, criticando películas y dando hostias verbales aquí y allá, le dio estopa al multimillonario dueño del imperio Playboy Huhgh Heffner, así como a algunas estrellas como Bruce Willis y Tim Allen, aludió filmes que ni siquiera estaban nominados, lanzó dardos a la cienciología y cuestionó la sexualidad de alguno de sus miembros, aludió al alcoholismo de algunas estrellas televisivas como Charlie Sheen y arguyó razones de preferencias en las candidaturas por parte de los integrantes de la prensa que montan el sarao a alguna película horrenda candidata en varias categorías (como ‘The Tourist’). Fue un rebelde que justificó que la línea de incorrección política es eficaz y divertida. Aunque claro, hoy todos los medios y Hollywood se llevan las manos a la cabeza. Con ello se evidencia que el mundo del oropel no entiende de críticas y dardos envenenados. No le gusta la verdad, ni el humor subido de tono. Y Gervais a buen seguro que no regresa el año que viene a presentar la gala. Una pena.
Por lo demás, esta edición de los Globos puede marcar una pauta clara que lo que sucederá el próximo el 27 de febrero en el Kodak Theatre, con Anne Hathaway y James Franco ejerciendo de presentadores (Hollywood respirará tranquila al no tener un Gervais que levante suspicacias), puesto que las apuestas se cumplieron de una manera armoniosa. ‘La red social’, el filme de David Fincher, fue la gran triunfadora de la noche. Se llevó cuatro globitos a casa (mejor música original, mejor guión, mejor director y mejor drama), ‘Los chicos están bien’, de Lisa Cholodenko se hizo con dos galardones (mejor comedia y actriz de comedia para Annette Bening) y ‘The fighter’ otros dos globos, los de mejores secundarios para dos excelentes intérpretes como Melissa Leo y un camaleónico Christian Bale. En apartado actoral las apuestas para los Oscar se consolidan en dos nombres; Colin Firth por ‘El discurso del Rey’ y Natalie Portman por ‘El cisne negro’. ‘Toy Story 3’ se llevó el de película de animación, pero hasta sería lógico que en los Oscar pudiera ganar el de mejor película del año. Eso sí que sería justicia y un dato para la historia. Obviamente, no será así.
En el apartado televisivo, ‘Glee’ y ‘Boardwalk empire’ acapararon los galardones más importantes, destacando la sorpresiva distinción al mejor actor de comedia para Jim Parsons, el Sheldon de ‘Big Bang Theory’. Otra de las cosas que destacó en un apartado más frívolo fue las impresionantes cirugías estéticas de gente como Jane Fonda (que con 70 años parece que tiene 40) o Jeremy Irons (más joven que hace veinte años). U otras, en su extremo negativo, como la de unas algo repelentes Nicole Kidman o Vanessa Williams, cada día más irreconocibles. Con algo más de “naturalidad” las bellezas de la noche fueron Emma Stone, la veterana Michelle Pfeiffer, Alicia Keys, la esquelética Megan Fox o actrices que no disimulan su edad y relucen con naturalidad, como Annette Bening y Helen Mirren. David Fincher le dio las gracias, entre otros, a Mark Zuckerberg como principal valedor de la que está llamada a ser la gran ganadora de los próximos Oscar. Eso sí, echaremos de menos a Gervais el años que viene.

viernes, enero 14, 2011

'My Best Friend's Birthday', la primera película de Tarantino

En 1987, con sólo veintidós años, Quentin Tarantino (I) y (II) se propuso rodar su obra debut, la inédita ‘My best friend’s birthday’. Le costó tres años de rodaje y casi cinco mil dólares de su propio bolsillo. Se rodó con una vieja Bolex de 16 mm. que le prestó su amigo Craig Hamann, que también protagonizaba la cinta junto a Tarantino y que trabajaba con éste en el Video Archives de Manhattan Beach. También se unieron al proyecto otros currantes de videoclub como Rand Vossler y Roger Avary. La leyenda cuenta que no pudo acabarla y que se extravió uno de los rollos finales de metraje. También se cuenta que el entusiasmo del futuro genio del cine se cercenó al ver el producto final de lo que había rodado, pues no se esperaba algo tan decepcionante. Tarantino pensó en rodarla de nuevo, pero Hamann, bastante harto de trabajar de forma agotadora con Quentin, se negó a repetir la experiencia.
Fue le primer golpe de efecto. La lección que un cineasta con el arrojo y la valentía de meterse de lleno en un rodaje de principiante sin tener muy claro cuál sería el resultado necesitaba para abrir lo ojos a lo que supone el sacrificio y el riesgo de rodar de forma independiente. Después llegaría la escritura de ‘Amor a quemarropa’ y de ahí a ‘Reservoir Dogs’. Lo que sucedería después pasaría a la historia popular y particular del que es uno de los cineastas más brillantes y destacados del cine moderno.
36 minutos de los 70 que duraba el total del filme se pueden ver en Youtube. Juzgad vosotros mismos.

martes, enero 11, 2011

Nominaciones XXV Premios Goya. Grandes olvidos.

Echando un vistazo las nominaciones de estos XXV Premios Goya, uno se para a pensar cosas. Fenómenos sin lógica que evidencia algo de incoherencia dentro de los círculos que componen esa férrea y enclaustrada industria que se da en llamar Cine Español. Un poco como esa cutre exhibición de colegueo que se ha dado a la hora de presentar la gala de nominados con Jorge Sanz, Marta Etura y la voz en off del Presidente de la Academia apuntando en una hoja con un fluorescente como si estuviera haciendo una quiniela deportiva ¿Cómo es posible que la controvertida ‘Balada triste de trompeta’, de Álex de la Iglesia, más allá del aluvión de candidaturas que ha obtenido, no vea recompensada la mejor labor dentro del cómputo de la película? Me refiero a la incongruencia de no ver a Carlos Areces nominado a mejor actor (que bien podría haber sido a la mejor actor revelación, vistos los arbitrios que siguen a la hora de nominar en esta categoría). Su labor es lo más brutal y brillante de un filme radical. En él nace el interés de la historia, representa el acierto mayúsculo con el que el actor da una lección de mutación, de crecimiento interpretativo en pantalla pasando de ser un ingenuo y apocado personaje hasta convertirse en una bestia temerosa. Me atrevería a decir que incluso supera la magnífica composición de Javier Bardem en ‘Biutiful’.
Tampoco entiendo muy bien porqué la labor de dirección artística de ‘Agnosia’ no está, al menos, mencionada como una de las más sobresalientes del año. Ni porqué Emilio Aragón opta como mejor director novel por una de las películas más paupérrimas de la temporada en el que, precisamente, la peor parte se la lleva uno de los mandamases de ‘La Sexta’. Aunque me lo imagino. También es triste que una de las mejores producciones nacionales, ‘El Gran Vázquez’, de Óscar Aibar, haya quedado fuera de la carrera final por llevarse algún Goya. Tampoco está ‘Héroes’, ‘Entrelobos’, ‘Secuestrados’… Por lo demás, estamos de acuerdo. A ver si ahora porque se echen de menos algunos nombres vamos a abominar los premios del cine español. Vale, las películas que acumulan más candidaturas son las esperadas, los grandes títulos de este año; además del acopio de la obra de De la Iglesia, el riesgo y la voluntad recompensados a Agustí Villaronga de ‘Pa Negre’ y la lógica (si no hubiera sido absurdo enviar la película como representante española a los Oscars) de ‘También la lluvia’, de Icíar Bollaín, tampoco hay sorpresas en los restantes apartados, aunque, por ejemplo, las nominadas a mejor actriz dejen un poso de despreocupación sobre el consecución del galardón. Habrá que ver qué sucede en la velada del 13 de febrero.
Vamos a hacer una cosa. Independientemente de los antojadizos resultados de esta, al fin y al cabo, competición por dejar sobre el papel la que se considera mejor película española del año, podemos considerar ‘Enterrado (Buried)’, la película de Rodrigo Cortés, cinta americana de vocación, española de espíritu y producción, como la película más destacada del año. Por encima de cualquier otra. Sin paliativos. Así no nos llevaremos sorpresas ni decepciones.
Lista completa de nominados.
(Fuente: EL PAÍS).

lunes, enero 10, 2011

Homenaje Juan Piquer Simón, icono del cine fantástico y de terror español

1935-2010
Es una pena que los medios de comunicación, en su habitual y decadente deterioro, no se hayan hecho eco de la muerte de Juan Piquer Simón, uno de los cineastas referentes del cine fantástico y de terror español. Uno de esos directores trascendentales en la consecución de un cine de género que ha sido ignorado por el gran público y por parte de la crítica. Este valenciano que nos ha dejado a los setenta y cuatro años, víctima de un cáncer, irradia el recuerdo de aquellos fans irredentos que nunca podrán olvidarle. Una pieza fundamental dentro de un estilo poco avivado, de un amor por la variedad hacia un tipo de cine que parece ajeno a lo español, como también lo han sido Paul Naschy, Jesús Franco, Leon Klimovsky, Carlos Aured o Amando de Ossorio.
Piquer Simón fue un trabajador del medio, un temerario que usaba la fantasía como arma, cuyo estilo se asentaba en la trinchera. Invariablemente de los medios y presupuestos, hizo de la ilusión su mejor aliada. La serie B fue un terreno de crecimiento personal y artístico que le valió que su nombre fuera conocido más allá de nuestras fronteras y lo que le convirtió aquí en un cineasta de culto, un realizador irrepetible. Películas como ‘Viaje al centro de la tierra’, ‘Supersonic man’, ‘Misterio en la isla de los monstruos’, ‘Mil gritos tiene la noche’ (que llegó a recaudar 25 millones de dólares sólo en Estados Unidos), ‘Slugs’, ‘La grieta’, ‘La mansión de Chtulu’, ‘La isla del diablo’, ‘El escarabajo de oro’… representan el ideal de un hombre y su lucha contra los elementos de la indolencia nacional hacia este tipo de productos audiovisuales arrinconados en la memoria. Con la inquietud del entretenimiento como fuente de energía, con afán esteticista y noble, con vocación de artesano y espíritu ambicioso en un entorno industrial que le dio la espalda, Pique Simón chocó de bruces con el desarrollismo y con el exitoso destape, que hicieron imposible el resurgir de un género irrecuperable en el clasicismo fílmico de un país que ahogó la serie B y los productos de género tan dados a la ilógica marginación. En España somos dados a ningunear figuras importantes y a exaltar otras que no merecen reconocimiento. Mitos a recuperar que han trabajado en función del amor por el cine. Gente que lo ha dado todo porque el cine español no cayera en el ostracismo y la apatía con la que sucumbe con gran facilidad. En esta categoría es donde hay que ubicar una figura importante en l a Historia del Séptimo Arte español.
El entrañable Piquer Simón arriesgó su carrera con la posibilidad de mostrar otros contextos que le equiparan a los grandes nombres del cine contemporáneo patrio. Ahí es donde merece estar, máxime con aquellas producciones donde el terror supuso un cenit con cotas insuperables, que no renunciaron a un propósito comercial alejado de lo reiterativo, sin traicionar el testimonio genérico tan fascinante como ignoto, de vocación ‘pulp’, de esencia honesta, donde horror y fantasía pudieran proponer una alternativa novedosa. El cineasta valenciano deja un buen puñado de obras a reivindicar, donde la aventura, la acción, la ciencia ficción y la hemoglobina encuentran su nobleza dentro de la cinematografía nacional. Nunca ganó un Goya, ni siquiera honorífico. Pocos se acordaban de su nombre. Tampoco hacía falta. Porque los que aman el cine de género le recordarán siempre con cariño y devoción. La memoria histórica le debe su sitio como el gran nombre de cine que ha sido. Y así debería ser.
D.E.P. maestro.

viernes, enero 07, 2011

El Abismo 2010

2010 ha sido un año nefasto. Por muchas razones. Sin embargo, recopilando textos, echando un vistazo atrás, merece la pena destacar algún que otro texto que simbolice un poco lo que ha sido este ‘Un Mundo desde el Abismo’ en términos de blog veterano con achaques, como todo lo viejo que sobrevive entre la novedad y nuevos vicios cuya finalidad común es la pérdida de tiempo. Intentando diversificar, seleccionando de entre tanta referencia cinematográfica, el blog ha dejado algún momento emotivo, algunos ‘posts’ llamativos y muchos absurdos.
Este podría ser el repaso del año 2010 abismal.
- ‘El milenio del desencanto’: Reflexión sobre el futuro que nos vendieron y el futuro que tenemos.
- ‘El inesperado adiós del abuelo Manolo’: Las despedidas son siempre tristes. Empezar el año así, no fue una buena forma.
- ‘El 'irish' hardcore de los Dropkick Murphys’: Viaje a uno de los grupos más entusiastas del momento.
- ‘35: Y ahora... ¿qué?’: La típica reflexión absurda cuando uno cumple años.
- ‘Los textos y los cheetos’: Letras, snacks y alguna revelación con o sin sentido.
- ‘Crónica Final Mundial Sudáfrica 2010: El partido más importante de nuestras vidas’: La narración subjetiva del día deportivo más importante del año.
- ‘Búscate la vida (Get a life)’: La mejor serie de la Historia cumple 20 años’: Homenaje a una de las series televisivas más añoradas.
- ‘2k11: El alucinante juego de la nostalgia’: Más que un juevo, un viaje al pasado.
- ‘Homenaje a Luis G. Berlanga’: Unas palabras de adiós al mejor director español de toda la Historia.
- Dossier especial aniversario 'Regreso al futuro': Un repaso por la trilogía que cambió nuestras vidas.

Las 10 de 2010 de Harry Knowles

Harry Knowles publica cada año la lista de diez películas más relevantes desde su punto de vista a través de la página Ain’s cool news. Una de las sorpresas es la inclusión dentro de ella de una película española como ‘Balada triste de trompeta’, de Álex de le Iglesia, en la siempre particular tentativa del crítico más rebelde de Hollywood por diversificar su inventario anual. Llama la atención, más allá de los títulos habituales en casi todas las listas (Fincher, los Coen, David O. Russell, Mark Romanek, Aronofsky…) la colocación en ese número siete de la controvertida ‘A serbian film’, de Srdjan Spasojevic. Para Knowles, este filme, que ha sido censurado en varios festivales y que no deja indiferente a nadie, atiende a unas consideraciones subjetivas por parte del crítico que mezclan a medio camino entre Fincher y Schrader y el entramado de ‘thriller’ de reconstrucción a lo ‘Resacón en Las Vegas’. Su mejor película de 2010 es ‘Scott Pilgrim contra el mundo’.

miércoles, enero 05, 2011

Postlethwaite's End

1946–2011
Ha muerto el actor Pete Postlethwaite, el hombre que haría inmortal en la gran pantalla a Giuseppe Conlon en ‘En el nombre del Padre’, de Jim Sheridan cuando ya tenía una carrera de más de dos décadas en el mundo del cine y la televisión. Un actor británico de cine y teatro cuya pureza interpretativa nunca pasaba desapercibida gracias a un talento perfilado en la capacidad de ser prolífico, escapando a cualquier etiqueta, capaz de interpretar cualquier papel. Su mirada humana, tierna y profunda, hizo de él un secundario perfecto, el hombre indispensable para ser recordado, entre muchos otros, por sus papeles, primero en cintas donde su presencia pasaba un tanto desapercibida, como en ‘Los duelistas’, ‘Alien 3’ o ‘El último mohicano’ para ser una figura de poderosa atracción física en ‘Sospechosos habituales’, ‘Romeo y Julieta, de William Shakespeare’, ‘Tocando el viento’, ‘El mundo perdido: Jurassic Park’, ‘Amistad’, ‘Atando cabos’, ‘El jardinero fiel’ o más recientemente en ‘The Town: ciudad de ladrones’.

domingo, enero 02, 2011

Ley 42/2010: el fumar se va a acabar. Claves y consejos.

A partir de hoy la controvertida Ley 42/2010 entra en vigor, lo que significa que está prohibido fumar en todos los espacios públicos cerrados. Una medida aplaudida por muchos y maldecida por otros tantos. El caso es que, como hicieron anteriormente otros Estados comunitarios en los que también se obstaculiza el consumo de cigarros para beneficiar la salud pública, ya no hay marcha atrás. Por mucho que aquellos que le dan al pitillo sin reparos ni miramientos hacia el prójimo lo discutan, es un hecho intangible que si quieren fumar deberán hacerlo al aire libre, disfrutando del viento, del ambiente exterior, de la vía pública… Pero hay excepciones. El uso del tabaco en interior se circunscribe a habitaciones de hotel habilitadas para ello, prisiones y hospitales psiquiátricos. Así que los que fumen, si quieren seguir optando a esta regalía, podrán alquilar una habitación de hotel de paredes amarillentas corrompida por el humo, delinquir con penas mayores o volverse definitivamente locos para poder disfrutar de este peculiar libertinaje con total impunidad. Parece que es un tema significación trascendente, que ofrece una oportunidad perfecta para tener tema de conversación de tintes poco menos que ecuménicos. Sin embargo, la cosa es más importante de lo que parece. Se llevaba tiempo persiguiendo este ajuste. En Irlanda se decretó en 2004, en el Reino Unido entre marzo de 2006 y julio de 2007, en Alemania desde 2008, Turquía en 2009, el año pasado año en Chipre e Italia y Francia entran con nuestro país en el modelo de cuidado de los espacios cerrados sin humo.
Hace seis años emergió la Ley 28/05, una medida sanitaria frente al tabaquismo que regulaba la venta, el suministro, el consumo y la publicidad del tabaco. Los propietarios de bares, restaurantes y otros locales de ocio elegían si sus clientes podían fumar o no. Los establecimientos con una superficie de más de cien metros cuadrados deberían indicar también la opción elegida ¿Cuál fue el resultado? Que ambas modalidades decidieron saltarse la ley y dejar que sus negocios siguieran siendo fumaderos con olor y sabor a ceniza. La pregunta era ¿un bar iba a cerrarle las puertas a los que fuman decretando que en su establecimiento no se podía fumar? Evidentemente, no. Nadie quería perder clientes, por lo que no había diatriba posible ¿Para qué seguirla? Generalmente, a los que fuman les zumba el pepino si al individuo que está al lado le molesta su humo o les afecta a su salud como fumadores pasivos.
Es una medida polémica que, a buen seguro, será tildada de totalitarista y prohibicionista. Aunque también, siguiendo ese razonamiento, es totalitarista el uso del cinturón de seguridad en las normas automovilísticas. El 14,7% de las muertes que se producen en España apuntan al tabaco como principal factor. De forma directa o indirecta (los fumadores pasivos también encuentran el fatal destino gracias al daño colateral) el humo supone un riesgo que se comparte entre todos de una manera unilateral, impuesta y arbitraria por parte del que fuma. El fracaso de aquella ley Ley 28/05 establecía su principal traba en que era demasiado permisiva. En esta nueva Ley 42/2010 nadie está prohibiendo el uso del tabaco, su adicción, su consumo o la elección de esta paulatina muerte deseada. Se coartan una serie de privilegios “no escritos” que beneficien al resto. No se prohíbe fumar en la calle, ni espacios reservados únicamente al nocivo vicio cancerígeno. Durante la historia del tabaco, el civismo de este acto de fumar ha brillado por su ausencia. Los fumadores (no todos, pero casi) no han respetado en absoluto a los no fumadores, que no han tenido más remedio que tolerar y sobrellevar los malos humos con mayor o menor resignación. Son dos posiciones enfrentadas, irreconciliables. Ahora, la tortilla se ha dado la vuelta y es de recibo, casi de justicia poética, que las tornas se cambien. Los fumadores ya han jugado su parte del juego. Siempre han ganado. Ahora les corresponde perder un poco. En este momento, les toca el turno a los que se han tragado el humo en silencio y van a disfrutar de los mismos espacios libres de humo.
¿Alguno cree que esta prohibición se llevara a cabo y tendrá éxito? Muchos creen que será una moda pasajera y que con el paso de los días, los que fuman podrán seguir haciéndolo pese a quien le pese. El caso es seguir con el vicio egoísta y seguir pensando esa recurrente frase de fumador “si el humo les molesta, que se jodan”. Muy bien. Pues esto no tiene porqué ser así. Ahora el fumador pasivo es el que tiene el deber de hacer valer su privilegio y derecho, su diligencia para ver que la libertad de vivir sin humo en los lugares públicos sea un hecho. Nuestro deber, si es cierto que nos molesta el humo y no lo soportamos, es evitar que el fumador vulnere la salud pública y se incumpla la ley. Hay que evitar que el que fuma se ría de la sociedad y del conciudadano con impunidad. Eso se acabó si uno quiere.
El no fumador DEBE utilizar sus derechos (en este caso el RD 192/1988) y la correspondiente ley autonómica para impedir que esta oportunidad de vivir con salud caiga en el olvido. Es muy fácil. Cuando veamos a alguien perpetúa su insidioso hábito lanzando el humo a nuestra cara o simplemente con observar el gesto de ese mechero encendiendo el cigarrillo en un local cerrado:
A) Hay que pedirle amablemente al fumador que apague el cigarrillo.
B) En caso de éste siga con su actitud ilegal, hay que comunicárselo al responsable del lugar.
C) Si a su vez, éste no insta al sujeto a apagar el cigarro, es cuando tomamos medidas.
- Tendremos que pedir una hoja de reclamaciones para hacer un llamamiento formal sobre la vulneración de la ley y protegiendo la defensa de los derechos de los consumidores. Con esto, el establecimiento está obligado a darte un formulario con tres páginas autocalcantes. Una vez completada y rellenada la hoja de reclamaciones, una de éstas tres copias debe quedársela el responsable del local, las otras dos son para el cliente. Un es para ti. La otra se llevará o enviará a las Oficinas Municipales de Información al Consumidor o bien a las Delegaciones Provinciales de Consumo. Es muy importante saber que si el encargado se niega a suministrar este impreso, tenemos la potestad y la obligación de llamar a la policía para que se cumpla la ley.
- Con el anterior punto, el amigo del bar debería acceder a las exigencias y haría apagar todos los cigarros que hubiera encendidos, puesto que entonces el establecimiento se enfrenta, sí o sí, a la multa establecida por quebrantar la ley.
- Si queremos hacerlo más fácil, la página nofumadores.org se ofrece un MODELO de DENUNCIA On-line para hacer más fácil el trámite a cualquier ciudadano que se vea en la necesidad de hacerlo.
Con ello, aquel que tenga la tentación de no cumplir la ley tendrá que enfrentarse a multas que van desde los 30 euros por cigarrillo hasta 600.000 euros según la gravedad y la reincidencia.
Que la gente fume o no en los establecimientos públicos depende de los que no fumen. Yo, por mi parte, pienso ejercer mi derecho y llevar mi derecho, que para eso es mío, hasta las últimas consecuencias. No por fastidiar al que fuma. Si no por el bien común. Mi salud bien vale unos cuantos minutos rellanando una hoja de reclamaciones para evitar que no se repita la negligencia. La salud pública tiene que prevalecer por encima de otras consideraciones. Esto es lo que hay. Se quiera o no.