lunes, 12 de diciembre de 2011

'La diligencia', el origen del 'western' moderno

Antes de comenzar a rodar ‘Ciudadano Kane’, Orson Welles aseguro haber visto varias veces ‘La diligencia’. Según sus palabras "Yo quería aprender a hacer películas y ésta la cinta de Ford era la ideal. No es que sea mi favorita de Ford, pero me la aprendí de memoria como si fuera un libro de texto. Cualquiera que quiera hacer cine, debería estudiarla". Fellini dijo una vez de John Ford que era un cineasta sin perjuicios e inmune a las tentaciones del intelectualismo. Antes de ‘La Diligencia’, Ford había dirigido más de una veintena de filmes, pero fue ésta la que marcó el inicio del ‘western’ moderno, donde articularía su evolución hacia el clasicismo americano, hacia el esplendor majestuoso que Ford desarrollaría desde ese clásico del género.‘La diligencia’ puede considerarse el inicio, aunque no sea cierto, la pionera del genuino ‘western’, la característica impronta con el sello de John Ford (aunque no fuera su primera cinta dentro del género), de la disposición a vampirizar lo mejor de sus obras anteriores, remodelando tipologías, evolucionando en su estilo, encaminando sus temas hacia una dimensión épica sin prescindir de un siempre pétreo humor y subvirtiendo gran parte de su ideología a la vena ‘lincolniana’ que confirió a su filmografía.
Constituye un reflejo de lo que sería su cine posterior dentro del género, en su descripción territorial y humana del viaje de una diligencia por el desierto de Arizona, área infestada de indios acechándoles, con el mismísimo Jerónimo a la cabeza. Un sheriff paternalista, un tahúr del Sur, un banquero estafador, un médico alcohólico, un viajante, un dama embarazada, una chica de mala reputación y el hilarante conductor de la diligencia son los personajes que, junto al prófugo pistolero Ringo Kid, sirven como metáfora de la sociedad de la época, como patrones del western posterior en el cine de Ford y de sus predecesores.
Por eso, aquí importa, más que la amenaza exterior que representan los indios, la interrelación entre los personajes, la descripción de sus antagónicas personalidades y los rasgos que distinguen a cada uno de ellos. La tipificación responde a una gran variedad de detalles, a la originalidad de la propuesta siguiendo unos cauces de unión donde se concilian el humor y la aventura, la disposición analítica de las clases sociales y los sentimientos pocas veces vistos antes en el western. Destaca así la capacidad de Ford para narrar varias historias que se entrelazan con armonía, concluidas con clímax en cada una de ellas, como John Wayne como Ringo Kid avanzando hacia Plummer con un sonido de amenazantes timbales según se acerca, el tiroteo final fuera de campo o la persecución de los indios hostigando a la diligencia.
Un western que reúne magia cinematográfica en su proliferación argumental de tiempos mayestáticos, en la evolución del estatismo en movimiento que tanto desarrolló Ford a lo largo de su carrera, en la definición del itinerario antiheróico como constante búsqueda de una identidad por parte de sus personajes, en la expresión emocional y composición artística…
John Ford revolucionó con ella las directrices de los grandes estudios debido a lo asequible de sus producciones, haciendo que a la aventura instaurada en las raíces de la serie B afectara a sus historias de idealismo familiar y cálido con otros temas de gran calado dramático que fraguaron su origen en los bellos parajes de Monument Valley, iconografía pura del western, donde el paisaje se hace tan necesario como cualquiera de sus personajes.