miércoles, 23 de noviembre de 2011

Recordando 'Ten', veinte años después

Aunque ya tuviera quemado una y mil veces el ‘Cowboys from Hell’ de Pantera aparecido un año antes, dejando que mis oídos se deleitaran con el groove metal y el thrash metal del que, a día de hoy, sigue marcando mis pautas musicales en el extremo más neurasténico del rock y que otro de mis grupos favoritos de siempre, Skid Row, hubiera sacado un disco que marcaría mi adolescencia ese mismo año (‘Slave to the Grind’), varios grupos mitológicos habían lanzado en 1991 algunos de sus mejores trabajos; Soundgarden el ‘Badmotorfinger’, Nirvana y su iconográfico ‘Nevermind’, los Temple Of The Dog su fabuloso trabajo homónimo, el doble pelotazo de los Guns N’ Roses con los ‘Use Your Illusion’ o el ‘Sailing The Seas Of Cheese’, de Primus. Echando la vista atrás, nadie imaginaba que el año que transcurrió hace dos décadas iba a ser tan prolífico y tan lleno de recuerdos musicales como aquel año totémico para una generación volcada al descubrimiento de los diversos géneros flamantes que tambalearon los cimientos del rock y que han simbolizado algunos de nuestros más trascendentales recuerdos poniéndoles una inconfundible banda sonora. De Pantera y Skid Row ya escribiré de forma muchísimo más extensa. Mi deuda abismal con ellos sigue más que patente y cada día más activa cuando se enciende la nostalgia y se recapitula existencialmente cuáles eran los propósitos de aquel entonces y cuáles han sido las nefastas derivaciones vitales de ahora.
Pero… a lo que vamos. Hace poco volví a escuchar el ‘Ten’, de Pearl Jam. Por aquélla época tampoco es que fuera muy prosélito del ‘grunge’, de la simbología alternativa de aquel sonido de Seattle que simbolizaron grupos como Alice in Chains, Screaming Trees, Sonic Youth o Soundgarden, aunque reconozco que me atraían. Y mucho. Aquel disco supuso un acercamiento más que al ‘grunge’ al rock antémico hilado con una destreza imponente, con temas que nunca te cansabas de escuchar. Los incondicionales lo adoran, pero también hay cierta tendencia a acusarlo de formulista, lineal y con canciones para angustiados seguidores de la MTV debido al contenido lirismo algo deprimente de muchas de sus letras. Tampoco se les perdonó el tremendo éxito que alcanzaron que el que sigue siendo su mejor disco (15 millones de copias vendidas en USA), provocando la disección entre sus fans, que les acusaron de popularizar el rock alternativo como ejemplo de ‘mainstream’. En antitesis a esto, Pearl Jam se caracterizó musicalmente en aquel entonces por cierta misantropía y asociabilidad debido a su esencia lírica, avocada a la opacidad retraída de una insatisfacción en constante búsqueda de una epifanía que terminaba por acentuar su entidad de tristeza dramática.
Es de los pocos discos en que todas canciones forman un todo estremecedor, donde el conjunto sugiere un significado unitario de intenciones y sentimientos contradictorios. El grupo de Seattle que titulo ‘Ten’ en homenaje al jugador de los Supersonics Mookie Blaylock alcanzó la prodigiosa consecución de un discazo que atesora desde esa colosal ‘Once’ hasta el ‘Deep’ y ‘Release’, la canción que termina cierra el disco pero que, además, abre su primer tema y que hace que su órbita de calidad alcance el colofón esférico, pasando el himno existencial ‘Alive’, por la agresión externa que supone ‘Porch’, la emocional ‘Jeremy’, los impecables ‘riffs’ en la desesperanzadora ‘Even Flow’ que encuentra su extensión en temas como ‘Why Go’, ‘Garden’, ‘Oceans’ y la desgarradora ‘Black’, la que es, sin duda, la mejor canción de un disco trufado de genialidades, con una oscuridad soterrada en un discurso lleno de pesimismo, aislado en una soledad enaltecida con la poderosa rotundencia de la melancólica voz de Eddie Vedder, el valor de más intensidad de un disco que, si bien en su subfondo estaba lleno de incomprensión y rabia, es un testimonio sobre la supervivencia y que permite recurrir a él para viajar hacia el pasado y ver con más claridad cómo nos va en este viaje llamado vida.
No considero a Pearl Jam como una de mis bandas de referencia. Simplemente me apetecía escribir sobre este disco que pertenece a nuestro pasado generacional. Veinte años después.