lunes, 19 de septiembre de 2011

Eurobasket 2011: La grandeza de un equipo irrepetible

Se acaban las palabras encomiables, los halagos, los adjetivos ponderativos y las loas desatadas cuando llega la hora de escribir sobre las hazañas de la selección española de baloncesto. Cuando los éxitos se han venido repitiendo una y otra vez parece que lo imposible ahora es rutinario y accesible. Sin embargo, sería un tremendo error dejar de enaltecer la glorificación de una generación de jugadores irrepetible, capaces de hacernos vivir la magia de un deporte que sólo se puede afrontar desde pasión y la emoción. Su juego, determinado en el equilibrio y la estabilidad, en el compañerismo y la disciplina, sumado a un portentoso talento y capacidad forja el milagro de ese juego de ensueño que consuma perfecta armonía y entendimiento colectivo. Desde ayer, España es bicampeona de Europa, una proeza que no sucedía desde que lo lograra aquella Yugoslavia de Dejan Bodiroga, Aleksandar Djordjevic y Predrag Danilovic en 1997. Y lo hizo dejando en la cuneta a Francia, con una contundencia absoluta (98-85) y un juego irrebatible en la que será recordada de nuevo como una nueva gesta deportiva.
A la final Francia llegaba con un juego venenoso y con ganas de revancha después de su “no-partido” de la segunda fase. Su táctica estaba clara desde el principio apoyada en la velocidad de un Tony Parker poderoso y letal, comandando a un equipo donde grandes figuras como Noah, Batum, Diaw, Pietrus o Gelabale. Todos querían hacer difícil la consecución de otro título para los nuestros. Fue misión imposible. Francia se vacío en un partido fabuloso. Y aún así, no logró más que ser testigo de excepción de otra victoria de esta España que consigue perpetuar un hermoso sueño. Los galos lo dieron todo. Hicieron un partido excepcional. Pero no fue posible parar las continuas embestidas de un equipo en estado de gracia, con Calderón asumiendo el mando, con el destructivo juego interior de los hermanos Gasol y las apariciones estelares de esa bestia llamada Juan Carlos Navarro, un Rudy revoltoso y lleno de furia y la aparición de un Ibaka portentoso e intimidador que puso cinco “pinchos de merluza” en apenas ocho minutos. En Kaunas España estaba destinada a ilustrar otra página de oro dentro del deporte de élite.
Cabe destacar, en una visión global, la descomunal actuación en el torneo de un héroe que hace magia cuando el baloncesto se apodera de él, alguien capaz de endosar casi 100 puntos entre cuartos de final y la final de ayer; “La bomba” Navarro, un jugador en constante estado de gracia, cuyo apodo le viene por dinamitar partidos, por destrozarlos y reventarlos haciendo que la balanza siempre caiga hacia su lado. Un talento donde el físico imperante actual se anula ante la grandeza de un tonelaje desprovisto de artificios. Así lo ha venido haciendo en este campeonato, donde su regularidad y acierto impresionante ha hecho que España haya fraguado su campeonato más perfectamente dibujado, cuyos partidos han constatado que este equipo también necesita respirar a través del reinado eterno de Pau Gasol, posiblemente, el mejor deportista español de la Historia. El 4 no parece ser de este mundo. Pertenece a una estirpe de ganadores que inocula la grandeza a sus compañeros de selección. Jugadores de talento inalcanzable que hacen posible la superioridad para convertir el juego en poesía. No olvidemos subrayar la estrategia y el funcionamiento como parte fundamental para esta conquista la figura de Sergio Scariolo, que en esta ocasión no ha dejado dudas en sus planteamientos tácticos. Este equipo sigue asentando su éxito en una mezcla de familiaridad, talento, respeto y ganas de obtener cotas nunca antes alcanzadas. Las aspiraciones de este grupo de amigos han hecho que esta selección borde cada partido para esa continua y dulce hora de los éxitos: la Era de España, la del reinado propio dentro de los fastos del deporte de la canasta.
Es la Selección de Oro, el equipo que desenvuelve su juego cristalizado en triunfos en los que prevalece el orgullo de un deporte donde la honestidad y el sacrificio se ensamblan con el espectáculo. Lo de ayer es otra gesta inolvidable, otra lección de pizarra que desemboca en el gesto humano y el guiño a la amistad y la confianza. La celebración de ayer volvió a definir al colectivo, al grupo de amigos que llevan el baloncesto de selección a la fraternidad de gente que se quiere y se admira. El reciente y triste fallecimiento de los padres de Felipe Reyes y Víctor Claver brindó instantes en los que se interiorizó la emoción y se exhibió el respeto y el cariño, cuando Reyes levantó la Copa de Campeones por decisión de Navarro o todos se fundieron en un abrazo de aprecio con ambos jugadores. La carga sentimental humaniza también a este conjunto de ganadores. Ricky Rubio, Víctor Sada, Juan Carlos Navarro, Rudy Fernández, José Manuel Calderón, San Emeterio, Sergio Llull, Víctor Claver, Pau Gasol, Felipe Reyes, Sergi Ibaka y Marc Gasol siguen siendo presente y el futuro. El ciclo no está cerrado. Ni mucho menos. Será el año que viene, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuando toque librar la batalla más grande jamás contada; el asalto a la medalla de oro. El trofeo más preciado y el único que se le resiste a esta generación tocada por la varita mágica de la divinidad y en la que no hay que olvidar, en este momento de gloria, a otros integrantes de la misma como Berni Rodríguez, Carlos Cabezas, Raúl López, Carlos Jiménez, Jorge Garbajosa o Àlex Mumbrú. Sin dejar de contar a Pepu Hernández y Aito García Reneses. El año seguirá el ciclo. No lo dudamos. Nuestra esperanza y nuestros sueños nunca pueden ser traicionados por el ímpetu y la grandeza de este equipo de prestigio y admiración popular. Por eso, confiamos en más hazañas y en más alegrías como las de ayer.