miércoles, 27 de julio de 2011

Se acabaron las vacaciones 2011

Qué cortas se hacen las vacaciones. Podría ser una manida frase de catálogo, un arquetipo de locución idóneo al primer día de estrés post vacacional. Sin embargo, es una verdad como un templo. Durante estos días pasados hemos disfrutado de unas apacibles jornadas de asueto, de desconexión necesaria de la rutina y del desviamiento de tantos problemas y ahogos de diversa índole aunque sea por unos días. Necesitábamos un espacio de calma, de insubordinación a los vínculos laborales, a no aceptar el reloj como ese preboste tiránico que ordena nuestras vidas cada día. Y encontramos la calma en Bilbao, en ese clima inestable oceánico y templado que nos ha dado sol y lluvia, desde un contexto dócil y despreocupado. El norte es así. La playa y el sol es para aquellos que los buscan. Yo quiero otras cosas más importantes que el buen tiempo. Lo básico es evitar la coacción cotidiana encontrando un pretexto para sortear la servidumbre a los quehaceres y rebelarte contra el tiempo, aunque como siempre sea éste el que lo haga contigo.
Han sido unos días marcados por la esencia bilbotarra, tan cerca del corazón de mi Athletic del alma, en San Mamés, donde la familia Guerricaechevarría, con el cercano y extraordinario amigo Asier como maestro de ceremonias junto a Amaia e Iker nos han proporcionado todas las comodidades del mundo, abrigándonos con su cercanía y amistad eterna. Las jornadas gastronómicas se regaron con cerveza, con largas conversaciones y paseos por el Botxo y sus alrededores; desde el corazón de Indautxu hasta el casco viejo, con subida al funicular de Artxanda, visitas guiadas a Getxo y Portugalete. También con actividad social y festiva, como asistir a una barbacoa con amigos en Gorliz o la fugaz pero agradecida visita al celebérrimo Borja Crespo, durante las Paellas de Aixerrota, en Algorta. Unas vacaciones de imperturbabilidad relajante, donde hemos podido compartir algún instante con nuestra amiga Sonia y conocer de cerca de un maestro del guión como es Javier Echániz.
También hubo un día para reencontrarme con Donosti, ciudad a la que volver para recordar. Álvaro Manso y Susi hicieron de comitiva con el habitual cariño y afecto en los obligados paseos por la Concha, el Kursaal (al amparo donde esa misma noche tocaba el mítico B.B. King) y al venal acercamiento a la siempre espectacular gastronomía donostiarra. La pena es que todo se acaba enseguida, como lo bueno. Volver a reencontrarme con las pequeñas cosas que te ofrecen la vida y la diversión ha sido un lujo asequible por el momento. Sin embargo, habrá que esperar largo tiempo para aprovechar una oportunidad de dar la espalda a la realidad. La imposición de la vuelta a casa, en este caso, se puede metaforizar en esa desagradable Torre Iberdrola de Bilbao, horroroso mamotreto de discutible gusto arquitectónico que entorpece la vistosidad y benignidad de las vistas de de una de las ciudades que más placidez me ofrecen.
Eskerrik Asko y hasta la próxima.
Por último, tampoco podemos olvidarnos de la gratitud hacia Ruli y Geles, anfitriones siempre perfectos en nuestros viajes a Burgos, incluso cuando se trata de un tránsito efímero, pero ensalzado por la compañía de estos grandes amigos.